ALGO MÁS QUE OCHO LETRAS...
Hoy, detengo el tiempo entre el reloj y mi escritura, para escribirte... algo más que ocho letras...
Tú que conseguiste que olvidase el miedo a amar y me lanzase sin pensarlo a la aventura de tus brazos. Tú, eres quién llena con tu amor, cada uno de los huecos de mi espacio. Tú que me has llenado de caramelo las heridas, que has endulzado cicatrices quitándome con besos las espinas, y que inyectaste en mis venas tu dulzura. Tu mi sal y mi pimienta, mi chocolate con menta.
Tú, con quién solamente mi corazón se ha sincerado. Tú que conoces a fondo los secretos que he llevado más guardados. Tú que eres cómplice exclusivo de mi pasado y a quién le cuento lo que a nadie le he contado. Tú, me has dejado el corazón hipnotizado.
Tú mi pañuelo, mi consuelo, mi refugio, mi esperanza. Eres quién me conoce como nadie y sabes del verdadero olor de mi fragancia. Tú, qué sabes que a pesar de que intento ser valiente, me caigo y me tropiezo con constancia. Tú, que conoces mi inocencia, mi debilidad y mi ignorancia. Tú, eres quién ha bebido a sorbos lentos cada una de mis lágrimas. Tú que buscas mis sonrisas, tú que me llenas el alma de caricias, tú que cuelgas en mi vida la alegría. Tú eres mis dulces sueños, mis buenos días.
Tú, que con una mirada me haces cosquillas. Tú que me peinas el alma desenredándomela a besos. Tú que me derrites y me haces desaparecer para moldearme luego con tus manos. Tú eres quién me ha enseñado a querer, quién me enseña a amar. Tú, que me has enseñado a contemplar la desnudez. Tú que has descubierto el firmamento de mis lunares. Tú que has planchado con tus manos cada uno de los pliegues de mi cuerpo. Tú, que me has robado los vestidos para abrigar con tu calidez cada escalofrío de mi piel. Tú, que me has mostrado de tu mano el laberinto interminable del deseo. Tú, que me enseñaste los instintos. Tú, el que ha sabido desabrochar todos mis botones, eres el autor que ha firmado todos mis rincones.
Tú, mi mariposa, mi gusano. Tu las guerras insaciables de mi boca y de tus labios. Tú, con quien sueña mi almohada, sabes bien que mis días abrazan tus madrugadas. Tú, que detienes mi tiempo en el océano de tus ojos, que llenas mis cuadernos. Tu que invades mis fotografías de recuerdos, y entre besos me adivinas sentimientos. Tú, serás mi príncipe azul, mi cuento cumplido, mi realidad hecha delirio... porque me besas y me haces despertar entre tus sueños.

ESPEJISMOS.
No digas nada, amor mío, no me interrumpas. Hoy deseo hablar contigo. Tengo algo importante que contarte.
Te quiero. Sí, ya sé que lo sabes, te lo he dicho mil veces a lo largo del tiempo que llevamos juntos. Lo que no sabes, es que a veces lo dije con más ligereza, bajando la mirada, aguantando en el alma el llanto y la vergüenza. Por eso ahora lo quiero volver a repetir: te quiero. Y voy buscando las letras que se desprendieron de mis orquillas en otros jardines para recomponer el sonido de esas dos palabras. Necesito y deseo volver a hacerlas mías sobre tus oídos. Creer en ellas sin tener que cerrar los ojos y volver a pintarlas sin temblar en el vaho que empaña los cristales de tu coche cuando me abrazas desnudo.
Déjame contarte que hubo un día en que apoyé mi barbilla en otra ventana. El viento me jugó una mala pasada y se llevó una de mis plumas hasta aquellos cristales. A través de ellos me descubrí llorando cuando entendí que el espejismo de aquella alcoba me había hipnotizado. Desde entonces hay noches que sueño con desvestir mis besos sobre aquella almohada, aún sabiendo que en aquella cama no hay ningún suspiro perdido por mí. Y entonces, me siento perdida entre tus dedos y mis fantasías.
No sé si he llegado a enamorarme de mis propias ilusiones, pero tengo la certeza de seguir amándote, aunque no lo entiendas. No puedo darte ninguna explicación ahora, ni puedo tampoco pretender que me comprendas cuando ni yo misma lo hago. Sencillamente, estoy intentando pedirte que me escuches, sin reproches, sin juzgarme, sin lamentos, solamente, óyeme...
No puedo negarte que algunas noches me acuesto en la alfombra de los sueños que até con él y despierto saboreando el café de un desayuno imaginado a su lado. No te puedo negar tampoco que lloro de coraje, de desesperación, de confusión, de melancolía, de impotencia... qué mis sentidos se han vuelto locos intentando descifrar qué extraña fuerza me imanta a su existencia y que he sufrido en el alma la herida del desconcierto. Pero también he de decirte que cada vez que sobrevuelo otros tejados tengo la extraña sensación de observar mi suicidio. Que vuelvo siempre al calor de tu puerta porque cuando me alejo de tu vida me congelo. Qué no concibo el aire si no es dentro de tu jaula. Que ironía.
Desorden. Entre mi vida, tus besos y los que no le he dado, sólo hay desorden. Por eso necesito tu paciencia. No creas que he dejado de quererte, tan solo se me han caído las vocales, y te quiero así, ni más ni menos, sencillamente de otra forma. Pero te quiero, todavía, aunque no tenga la certeza de poder escribírtelo en mayúsculas. Te quiero, aunque suene a sarcasmo, y lo escribo a tinta negra para que no se nos olvide, para que no se me pierda, para que sigamos guardándole el sentido.
Porque aún me estremece desnudarme cuando me miras y siento el chocolate de tu piel en mi lengua. Porque me besas y mis relojes de arena se detienen, y no hay dolor, ni lágrimas ni suspiros perdidos. Porque tus ojos se pierden en mis labios y olvido que existe el universo más allá de tus pies. Porque me abrazas y sólo recuerdo que te quiero a mi lado para amarte, morderte, besarte, abrazarte, rodearte, respirarte, beberte, desearte, evaporarte... y entonces lo demás, es sólo un sueño...
Y no obstante, no puedo dejar de soñar... no todavía... aunque mis risas se embarquen en tus bromas, aunque mi corazón se acelere con tus sorpresas, aunque tenga miedo a perder el castillo en el que bailo contigo y no desee herirte, ni herirme contigo...
Y sigo soñando despierta algunas veces cuando duermo, y en sueños me oirás susurrar que le echo de menos. Es la añoranza de suspirar por aquello que sabes que nunca tendrás. No me despiertes. Déjame soñar con él en mi melancolía mientras duermo a tu lado y arrópame, que a la mañana siguiente cuando amanezca te besarán mis labios. Y en mi locura me entregaré a tu aroma sin medida.
Toma mis manos y sujétalas con fuerza mientras bailamos juntos sobre las olas. Ahora más que nunca necesito que me quieras. Si logramos despertar acunándonos en el sol, nuestro amor será más fuerte todavía.
Y permíteme que mientras tanto alguna noche te bese a oscuras, y apague la luz para proteger el silencio de mis secretos. Y déjame llorar de medio lado ocultando la cara entre las manos. Cierra los ojos si me ves a media noche abrir el balcón y saltar al vacío, no temas ni vengas tras de mí, finge que duermes que yo solamente voy a correr desnuda sobre el lado oculto de la luna, y después, cuando sienta el alba calentando mis manos...
Volveré, y haremos el amor de madrugada...
porque...
Te quiero.

MI VIAJE
Querido compañero de viaje...
Olvidé cerrar la maleta. Ahora recuerdo que dejé la llave en tus bolsillos rotos. Y me fui, decidida a alejarme para siempre del oscuro rincón en el que a mares me bebí la tristeza de amarte a solas, sin saber que aún no había desatado todos los lazos que quise anudar a tus muñecas.
Será por eso que el aire se me escapa de los huesos ahora que no te veo ocupar el asiento de mi lado de este autobús que me lleva rumbo a un lugar que no lleve tu nombre, y será por eso también que del equipaje se me derraman suspiros que vuelan contigo, y yo, que no quiero volver a buscarte, amor, en realidad muero en el deseo de volver a recoger mi oxígeno sobre tus párpados con la primera letra del te quiero que tiembla en mis labios.
Por eso me bajé del autobús y me encuentro parada en el kilómetro cero de una carretera que no sé a dónde lleva. Tan perdida sin ti, como contigo. Sin rumbo, ni dirección, ni pasaporte, sólo con el deseo de seguir adelante y dejar a mis espaldas tu frontera. Tal vez, por eso, me subí a bordo del coche que siempre llega a recogerme cuando hago autostop y viajo al lado del conductor que tiene en su matrícula las letras de mi vida. Lo que no sabe él. Lo que no sabes tú. Lo que no sabe nadie... es que, aún, cuando cae la tarde, me sorprendo mirando el horizonte por el retrovisor derecho y te regalo mis lágrimas. Supongo que todavía sostengo la esperanza de verte a lo lejos correr a rogarme que no te abandone, y es que, ya ves, aunque tu amor y el mío nunca se tocaron, hoy mi corazón te echa de menos.

LOS POSOS DEL CAFÉ.
“Hace falta que te diga, que me muero por tener algo contigo...
Es que no te has dado cuenta, de lo mucho que me cuesta, ser tu amigo”...
Contigo enredé mi rutina de ilusiones que no veré cumplidas.
Contigo planee viajes a un atardecer dónde el sol nunca se pondría derritiendo el hielo en nuestros ojos, pero jamás emprendimos el vuelo.
Contigo desayuné sintiendo las cosquillas de un piropo, pero mis yemas no tocaron tus dedos, y no me abrazaste.
Contigo bailé descalza sobre cristales, pero mi miedo y tu indiferencia me cortaron el paso.
Contigo bordé mis lunares de tu empatía, pero no desciframos el amor.
Contigo paralicé el reloj en las palabras, pero no se detuvo el tiempo en las miradas.
Contigo quise escapar en la noche y hacer el amor en una estrella, pero nunca tuvimos una cita.
Contigo soñé todas mis lunas, pero no te encontré al despertar.
Y mi vida, desde que tú llegaste a ella, se ha dedicado a beberse a cucharadas mi amor disuelto en la amargura de un líquido espeso. Pero hoy, ya sólo queda un trago por dar al café que preparé contigo, porque en los posos de mi taza he leído que entre tu y yo, no se forjará un exceso.
Los posos de café me han dicho que deje de soñarte, y yo, heroicamente he decido obedecer, porque no siempre renunciar es de cobardes. Y es que, para despedirte así como lo hago, ahogando sollozos que gritan por dentro. Así, sonriendo aunque sienta que sin ti me enveneno. Así, disimulando, para que nadie descubra que muero en secreto. Para decirte adiós así, de esta manera, también hace falta ser valiente.
Y yo voy a beber ese último sorbo de tu ausencia y me despediré de ti acurrucándome en ese brindis que no dimos. Yo por cobardía a desestabilizar el equilibrio de la jaula dorada de un sueño de princesa. Tú por mirar otro cielo, y otros pies, y otros ojos y soñar que hay dragones que se pueden vencer. Ahí, donde el dulzor del azúcar quedó sin disolver, ahí, me arrodillo para dejar caer mi última lágrima.
Porque yo, que me muero de ganas de decirte, que me muero de ganas de decirte que, te quiero. Sólo sé suspirar. Y te lo digo así, a mi modo, hablándote muda, hablándome con palabras que crecen hacia dentro. Así, para que tu no me escuches, para que a mí se me olvide.
Y tal vez, yo desvanezca intentando borrar las palabras que hoy arrestan mis labios...
Y tal vez tú nunca descubras que este te quiero que hoy no pronuncio lo escribí con tu nombre...

BAÑO DE IDEAS.
Las voces no dejaban de martillear mi cerebro. Volaban como cuervos en la noche de mis días tapando la luz del sol y las estrellas, ocultando las fases de la luna y haciendo ensombrecer mis sueños. De nuevo los fantasmas llamando a mi puerta, pero... no los quiero abrir y he cerrado bajo llave. Llaman al timbre, qué llamen todo lo que quieran que hoy he decido darme un baño.
Seguramente pensarás que estoy loca. Pues no, nunca he creído estar más en mi sano juicio que hoy. Mira tú, cada uno es que tiene sus manías. Me he mirado en el espejo repitiendo “no tienes miedo” porque las ideas a base de repetírmelas en voz alta me las termino creyendo, y decidida he mirado la bañera y me he desvestido de la ropa para limpiar mis sensaciones y salir del agua desvestida de esas manos invisibles que apretaban mi garganta.
He puesto el tapón, y mientras el cauce de mi improvisado océano aumentaba he puesto boca abajo el frasco del jabón. Miles de burbujas flotaban sobre la cuna de transparencia que estaba creando, después las sales de baño, rosas y amarillas, y el agua se ha vuelto dibujo de arcoiris bajo la luz de la lámpara. Primero un pie, luego el otro... y toda yo cubierta por las gotas agrupadas que formaban mi pequeño charco.
Había olvidado lo que se sentía... Cuando haces las cosas repetidas veces caes en la estúpida inercia de dejar de percibir las emociones que te provocan y todo parece insignificante. La rutina vuelve las cosas que cubre bajo su pecho tan insignificantes...
El timbre sigue sonando, no importa, ya se cansarán de llamar, sigo decidida a no abrir y como no quiero escuchar ese idiota ding, dong... sumerjo mi cabeza bajo el agua. Cierro los ojos tapada por la cristalinidad de mi refugio y siento rozar los dedos de cada partícula de agua y jabón sobre mis mejillas. El calor me hace cosquillas. Sonrío y con esa sonrisa vuelvo a asomar mi cabeza a la superficie.
Ya no suena el timbre, ahora es sólo un toc, toc de nudillos en la puerta de casa. Sé, que si sigo ignorándolos, después vendrá el sonido de unos pasos que se alejan y finalmente el silencio. Ningún ruido en mi cerebro. Así que sigo con mi meticuloso baño.
Pienso en mi vida, en cuando llegaron a ella los fantasmas que me reclaman una partida de ajedrez y en el último baile de disfraces que tuve con ellos. Pienso en mis dudas y en mis certezas y recuerdo una conversación en el foro y pienso en mis heridas, las que dudas y certezas me han provocado. Entonces recuerdo que estoy dejando volar mis recuerdos demasiado atrás, y vuelvo al presente. Heridas y cicatrices de certezas, de saber que lo que es, es, y seguirá siendo inevitablemente. Resignación, me digo a mí misma. Y heridas y cicatrices de las dudas, de no saber lo que será, de saber que será el mismo cuento de fantasmas sin saber si mi paciencia resistirá el juego de la indiferencia.
Y con estas ideas me acurruco en ellas porque no me matarán ni la duda, ni la certeza, ni los fantasmas que envían a pedir cuentas a mi dirección, porque llevo la experiencia de los años buscando sonrisas en bolsillos rotos y recogiendo ilusiones perdidas por caminos sin asfaltar. Así que les saco la lengua mientras les burlo disfrutando de mi soledad en la bañera y la relajante compañía del ruido del agua al chapotear con las manos.
La vida está llena de metáforas. Y el agua, el agua me parece ser reflejo de mi vida. Estoy quieta y se relaja y no se mueve y puedo hasta flotar. Levanto el brazo despacio y veo resbalar pequeñas gotas de agua que desaparecen, como lágrimas, en el trayecto que va desde mi muñeca hasta el codo. Zas, bajo el brazo de golpe, rompo la línea recta que separa el aire del agua y mi mano queda sumergida. De un solo movimiento rompí la tranquilidad. Un manotazo seguro y el agua se mueve a mi alrededor en un vaivén de pequeñas olas. Si permanezco inmóvil todo volverá a la quietud de siempre. Pero puedo bucear, mover los pies, volver a alzar el brazo... y así dibujar nuevas formas de mirar el oleaje. Pero siempre termino quieta, inmóvil en el mismo agua, dentro de la misma bañera.
Me concentro entonces en sentir. Cierro los ojos y abro los oídos para comprobar que ni siquiera mi respiración rompa mi silencio. Levanto el pie. Juego a pisar el cristal de burbujas, y lo levanto de nuevo, ahora más, sintiendo resbalar hasta las rodillas la humedad de mi baño.
Respiro, despacio, dejando que los aromas de la limpieza entren por mi nariz hasta el estómago, porque he aprendido a respirar y dejar que el oxígeno no se quede solo en el pecho sino que penetre hasta el estómago. Me lleno del olor a jabón que tanto me gusta y sonrío. Siento como el calor del agua abriga todo mi cuerpo y me arropo con él. Me dejo adormecer en busca de mis perdidos sueños y mientras las gotas se evaporan, a medida que el agua se enfría, mi cerebro se llena del sol que taparon los cuervos. Mi corazón se quema de nuevo con ilusiones. Tranquilamente lo dejo tumbado llenándose de los rayos de la luz que harán que se ponga morenito.
Y al final, me levanto, salgo de la bañera y tiro fuerte del tapón. Por el desagüe se pierden el ruido de ideas que olvidaré, al menos por un rato, de miedos que aprendí a vencer respirando profundo y oscuridades que se hacen invisibles con el agua que se marcha en remolino por los huecos abiertos de la bañera.
Ya no llaman a la puerta. Miro por la mirilla para asegurarme de que no hay nadie. Es hora, entonces, de abrir la puerta y dejar el viento penetrar en todas las esquinas ventilando los recovecos de sucios rincones.
Mañana volverán los fantasmas, pero ya no tengo miedo porque mañana encontraré un arma blanca de sueños con el que volver a hacerlos desaparecer.






