PRISIONERA DEL TIEMPO.
Desde que era pequeña he crecido entre fantasmas y ahora soy prisionera del tiempo.
Tú no sabes lo que es eso, por eso te asustas cuando te hablo de mis pequeños amigos, -No temas, en el fondo son inofensivos- te digo mientras intento agarrar tu mano para presentártelos; pero entonces tu ya estás demasiado lejos de mi cueva.
Crees que mi vida resulta excesivamente grande y te estremece no saber dónde guardar el instinto protector que no sabes usar conmigo. Y entonces huyes. Y yo, me quedo llamándote. Intentando explicarte que no quiero que me cuides. Pero tú no me entiendes y yo ya no sé cómo decirte que no pretendo que luches por mí, que tan sólo quiero enseñarte mis cicatrices para que puedas conocerme a fondo.
Quería enseñarte la voz de mis ánimas, pero te asusta caminar entre tinieblas y no logras acompañarme en mis juegos oscuros. Lo siento, pero ésta es mi vida y has de entenderla si quieres amarme. A veces mis menudos demonios me cogen la mano y me llevan a bailar en el infierno y tú temes que me abrase los pies; pero después de tantos bailes con ellos mis pies flotan sobre las ascuas inmunes al fuego. ¿No te das cuenta?
Yo también me asustaba al principio, es normal. Las primeras noches que mis queridos espíritus se colaron en mi cuarto yo no pude dormir. Tapada bajo las mantas y conteniendo la respiración esperaba entre sollozos que amaneciese para perderlos de vista. Una y otra noche no quise verlos hasta que un día les planté cara. Entonces fue cuando descubrí que no son tan malos. Y nos hicimos amigos. Por eso quiero que tú también los conozcas.
Con ellos me hice fuerte y crecí, hasta tocar el cielo. Forman parte de mi vida y como pequeñas partículas de mi alma que son a veces he de jugar con ellos al escondite inglés y aunque cuando los miro se detienen, si me doy media vuelta avanzan conmigo. Por eso, si decides seguir mi rumbo, tendrás que acostumbrarte tu también a su presencia.
No temas, danos tu mano y déjanos hablarte. Verás que tan solo es un tablero de ajedrez y que al final de la partida, los dos, tu y yo, quedaremos a solas sobre el sendero. Juega conmigo, comprueba que los relojes algún día marcarán la hora de despertar y veremos la luz. Pero de momento no me abandones, déjame demostrarte que no es tan difícil convivir con mis dragones y no te asustes si llevo los bolsillos repletos de sombras.
La oscuridad viene conmigo, pero mis soplos te alumbrarán si me das la mano.
¿Me acompañas?

TAREA DE HOY...

Lo escribí en mayúsculas, para que mis letras tengan la fuerza de las letras grandes...
Lo escribí en una cuadrícula, para que no se notasen mis frases torcidas cuando me tiembla el pulso al pensarte...
Lo escribí varias veces, para terminar creyéndo en aquello que me ordeno...
Lo escribí a rotulador, para que no pueda borrarse...
Y aún así... se me olvida que no debo quererte
Y aún así... te quiero
pero no importa... mañana empiezo de nuevo!!!
ALGODÓN DE AZÚCAR.
Llegas, me sonríes y te vas, leve como un suspiro detenido.
Mientras, yo extiendo mis dedos para rozar suavemente la pluma que flota en el aire. La recojo fielmente para dejarla en la cajita en la que voy guardando todas las plumas que pierden tus alas al irte. Si las pongo entre mis manos se convierten en algodón de azúcar...
A veces, me lo bebo a mordiscos lentos, como si fueran mis labios pintando tu ombligo y así me inyectas tu etérea dulzura que al instante se transforma volátil en invisibilidad. Es entonces cuando me quedo saboreando la abstracción de tu hipnosis, persiguiendo las moléculas de azúcar que resbalan en mi sangre mientras las siento disolverse en mis ventrículos esperando el instante en el que mi corazón comienza a bombear con tu nombre...
Y así me quedo esperándote con la boca vacía, mudos los ojos y sordos mis sabores, repleta del tacto ausente de tu estado gaseoso... Anhelando volver a descubrirte en la próxima feria.

FÓSILES.
Quieta.
Inmóvil.
Petrificada...
Respirando las primeras gotas de luz que ventilan mis pulmones vacíos de tu ausencia...
Dejándote marchar sin querer siquiera cerrar los puños para agarrar la última hebra de tus recuerdos...
Sin ganas de mover la mano para despedir lo que nunca tuve...
Viéndote marchar.
Estática...
Sin un ápice de movimiento en ningún pequeño rescoldo de mi cuerpo. Quietos los pies, las manos, la mirada. El corazón agazapado aprendiendo de nuevo a respirar y el alma desperezándose de las noches que durmió esperándote.
Uno a uno voy viendo deslizarse por las rejas de mi ventana todos los suspiros que quise regalarte. Terminada su función se marchan en silencio resbalando por el trapecio de mis brazos caídos. Pequeños equilibristas en busca de nuevas cuerdas para tensar.
Y no es que se me acaben los sueños, que aún conservo muchos en las entrañas... pero esta vez ya no son contigo. Me ha desilusionado tanto tu distancia que ya no me entretiene apostar a números impares.
Cogí mis delirios con forma de calcetín y los coloqué minuciosamente sobre mis pies de puntillas. Pasee con ellos y jugué a moldear todas las posturas con tus telas y mis talones. Te soñé, de todas las formas que puedas imaginar. Te soñé del derecho y del revés.
Y viceversa...
Pero hoy no encuentro la manera de abrigar mis tobillos contigo y me quedo compacta observándote pasar de largo por mi vida. Perdiendo el color que pinté en la hebilla de tus cinturones.
Fosilizándome entre los rosales de mi jardín...
Convertida en estatua de sal, de tanto pensarte...






