PALABRAS MÁS, PALABRAS MENOS.
Días difíciles, y ahora el mundo del revés. No es que el mundo se haya dado media vuelta, es el suelo que hay bajo mis pies el que se agrieta y me pone boca abajo. ¡Y a mí, así, me duele tanto la cabeza!
Los cajones de mi memoria están llenos de tus recuerdos y éstos se abren paso entre mis venas para hacerme latir con ellos, pero me siento vacía del impulso vital de tu presencia.
Realmente me cuesta asimilar que ya nada va a cambiar, que hay despedidas que son para siempre, que el amor que nos hemos tenido ahora debe vivirse de otro modo.
He tenido que llorar para asumir que te has ido de mi vida. En tus calcetines sin gomas resbalan mis lágrimas. Tenía que desahogar la tristeza que me has dejado en el alma. Lo siento, no me hago a la idea de no volver a sonreírte. Ahora, nuestro café de los miércoles se me vuelve amargo porque sé que no volveremos a tomarlo juntos. No serán lo mismo esas tardes sin una cita contigo.
Mis labios, mis manos y mi piel aún recuerdan la calidez de tu cuerpo. Por eso, duele comprender que nuestro beso del sábado, definitivamente, es el último que voy a darte.
Echaré de menos tu sentido del humor, tus bromas, tu estupendo apetito, tu preocupación por los demás y hasta tu mal genio. Echaré de menos tenerte a mí lado. Echaré de menos tus besos, las conversaciones contigo, tus abrazos, verte pasear y observarte con dulzura en tu sillón frente a la tele.
Resumiendo,
Voy a echarte de menos,
Abuelo.






