SIETE VIDAS
Después de una larga etapa de letargo, vuelvo a despertar. Tarde o temprano siempre hay un sol naciente detrás de la ventana; y yo, aun conservo cinco vidas y media. Mi lado felino todavía tiene muchas garras que clavar.
Me rompí dos costillas y tres uñas al saltar del tejado para ver tus ojos negros, aunque, si he de ser sincera, volvería a intentar trepar a tus caderas aun a riesgo de perder el homoplato. Siempre he sido impulsiva y las cicatrices de guerra no consiguen ahogar mi lado aventurero.
Mi recuperación, lenta y dolorosa, ya va dándose por finalizada. El diagnóstico, después de tres radiografías y un electrocardiograma dice que he de abandonar mi dosis diaria de mutismo y volver a ser quién era...
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Para que engañarte, voy dejando el teatro, no has sido tú el único culpable de mis últimos cuatro silencios... son tantas cosas! Pero tranquilo, respira con alivio, no voy a empezar a enumerarte las causas de mis desdichas porque, ya empiezo a comprender que te importa un bledo...
A mí también me da igual, quiero decir... que me es indiferente tu falta de preocupación. Empiezo a asumirla como un inseparable síntoma de tu conducta.
Ya no me inquieta saber o sentirme sola... he crecido, a lo ancho, a lo alto y hasta del revés... tanto, que si quedásemos mañana para tomar unas cervezas no me reconocerías, de guapa, claro!
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Soy una mujer completamente renovada. Y ahora que sé dónde estoy y, con un margen de error de un radio de treinta grados puedo encontrar mi sitio, aunque no sepa exactamente dónde ubicarme y sin tener muy claros mis esquemas, sé que me gusta el chocolate y el color blanco y que, a fin de cuentas, sigo siendo la misma cabra loca de siempre. Vuelvo a conocerme, a valorarme y a quererme y eso, querido mío, no tiene precio!
Me siento nueva, más leal, más serena, más auténtica, más sabia, más mujer! Por eso ahora vuelvo a silbar aunque no sepa, me guiño un ojo ante la mirada cómplice de los escaparates y salto sobre los charcos sin miedo a ensuciarme los zapatos. Porque los días siempre tienen el color que quieras darles, y esto no sólo te lo digo yo, también lo dice un anuncio de la tele.
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Y ahora, perdóname que no siga escribiéndote, pero he de ir de compras. Quiero pintar las paredes!






