Retroalimentación y raíces
Sales a caminar, un día típico en que no tienes nada mejor que hacer y no deseas hacer nada, pasas una y otra vez por las mismas calles, son tu entorno, tu vida esta sumergida en esa cotidiana visión, pasas tantas veces por el mismo sitio que todo se te hace normal.
De pronto, una mañana de esas en que te levantas viendo más intensos los colores, sientes una estrechez en el pecho que te seduce a buscar el aliento tumultuoso del asfalto, cierras la puerta apresuradamente y una vez afuera, descubres como se abalanzan sobre tí los edificios, escuchas por primera vez los murmullos de doña celestina, te dan ganas de acariciar al pitbull del vecino, entablas un dialogo interior de inusuales incongruencias...sientes que algo va a pasar, y en efecto, los músculos de tu rostro se contraen sospechosamente -algo va a pasar-, sin estar preparado, sin tan siquiera haberte lavado los dientes, emerge una sonrisa absurda, es más, se contrae hasta tal punto que una inevitable carcajada retumba en el eco de la multitud, es cuando descubres, que llevas un calcetín de otro color, cuando buscas a tu alrededor y encuentras cuanto habías perdido, cuando estas susceptible de encontrarte un amigo, cuando metes las manos en los bolsillos del pantalón, para deambular silenciosamente sin destino.
[ Fuente: Papel Continuo ]
Comentario:





