- Vacio -
Es difícil imaginar hasta donde se puede llegar cuando enfrentas el límite de los demás y cuan cerca esta el tuyo propio. No es posible culpar un hecho tan simple y efímero como el domingo en la noche, o quizá los domingos en la noche confluyen las angustias de todos en colectivo, no, no, no deseo comenzar de nuevo con esta historia y repetirla para mi corte de magníficos lectores, pero tampoco puedo evitar confesarles, que ni yo ni mi alma, ni nada en mi vida son algo original ni novedoso, es quizás simple, si llega a serlo.
De pronto me entran unas ganas de precipitarme al vació y usar palabras reencauchadas, y en sueños, beso, bailo y canto fracturando la imbecil realidad cotidiana que significa que soy estable y productivo, gracias a Dios existen los sueños, el resto del tiempo soy un inbecil con nombre, deambulando entre los batallones de pies y conciencias lívidas de los túneles.
Desde hace muchos años renuncie a buscar ideales, renuncie desde lo más profundo de mi ser negándome a vivir entre las fantasías de lo que no tengo, porque iba a querer seguir el ritmo de un mundo poco generoso que me miente con sus imágenes y me quiere volver un comprador de baratijas... Tanto miedo, tanto que deseaba no parecerme a esto o aquello y con el paso del tiempo no soy otra cosa, se ha asimilado en mí todo esto del entorno, soy vulnerable y susceptible, descaradamente permeable.
Aún creo que lo ideal es verdadera mentira y pienso en las palabras de un amigo que una vez me dijo: "si tu y yo nos hubiésemos conocido en la edad media, seriamos un par de monjes de clausura de esos que se pasan la vida luchando contra el demonio porque se masturban a escondidas". Vaya amigo.
No necesito ir tan lejos.
No quiero precipitarme al vació, ni que nadie me deje mensajes sin más palabras que -Animo Cápitan Patera-. Estoy aquí arrancándome los granos y el pelo, convertido en un cuasimodo sumido en un campanario de sueños, acobardado ante el abismo.
Menudo Cioran estoy hecho, solo falta que me de por hablar con alguien y le suelte mis rollos al menor atisbo de confianza, que delicia de patetismo. Quedas advertido, no te acerques a mi, que estoy a punto de causarle nauseas a un transeúnte.





