Firmin
Recomendación:
Firmin, por Sam Savage.
...Una rata culta es una rata solitaria...

“Mamá había formado el nido desmenuzando con sus dientes el libro más gordo que encontró [...]. Mi querida madre ha convertido en confeti el Finnegans Wake. Joyce fue uno de los Grandes, quizá el más Grande de todos. Yo nací, fui acogido y me amamantaron en el armazón deshojado de la obra maestra menos leída del mundo”.
Así llega al mundo Firmin, el más canijo de trece hermanos, que pronto empezó a comprobar en su propio pellejo la dureza de la vida...:
“La mía era una familia numerosa, y pronto fuimos trece los apelmazados entre las ruinas de Finnegan, o, por decirlo como se diría en el libro, trece “moléculos mamalúculos amasajados, lampando por sus mamadas” [...]. Enseguida nos pusimos todos a pelearnos por las doce tetas [...]. A zarpazos, empellones, mordiscos, chillidos, los trece nos lanzamos simultáneamente a por los doce pezones. En las raras ocasiones en que me las apañaba para ser el primero, no tardaba en verme desplazado por alguno de mis más fornidos hermanos, mientras me arrastran hacia atrás por las patas traseras. La gente identifica la desesperación con una sensación de vacío en las entrañas, pero para mí siempre ha sido ese escapárseme el pezón de la boca y las encías”.
Firmin, o cómo expresar la suprema desdicha con la esencial cuestión de la falta de una teta que llevarse a la boca. Literalmente.
Eterno perdedor, adorable, cabroncete pero sin maldad; melancólico y enamoradizo como Chaplin... Firmin se va describiendo en función de lo que conoce: los libros que devora y posteriormente lee en “su” librería. Y de hecho, vive su vida soñando que forma parte de ellos. Quijotesco hasta el extremo, se resigna: “lo que pasa es que yo no ataco molinos de viento. Hago algo peor: Sueño con atacar molinos de viento”. Y sueña...: “Hice que mis sueños entraran en los libros. Puse a Baudelaire en la balsa con Huck y Jim. Le vino estupendamente bien. Hice que Keats se casara con Fanny antes de morirse...”.
Y hay una enorme lucidez en la cabecita de Firmin, que hace combinar mágicamente el humor sincero con la acidez crítica. “La única literatura que no soporto es la de ratas y ratones. Me carga el Rata de el Viento en los Sauces, tan bondadoso y tan bueno. A Mickey Mouse y Stuart Little me dan ganas de mearles en la boca. Van por ahí arrastrando los pies, afables, primorosos, se me hincan en el gaznate como espinas de pescado”.
[...] “Ahí estaba yo: bajito, ancho de cintura, peludo y sin barbilla. La barbilla, su ausencia, era lo que más daño me hacía. Era, en pocas palabras, el rostro de un personaje verdaderamente bajuno. Pero los detalles –cero barbilla, nariz puntiaguda, dientes amarillentos etc.– carecían en sí de importancia, comparados con la impresión general de fealdad. [...] Puse todo de mi parte para no verme reflejado nunca. Como me fue imposible, se me ocurrió un pequeño truco mental: Cuando esto sucedía, en lugar de decir “soy yo”, y estallar en sollozos, decía “es él”, y salía corriendo”.
Firmin, o cómo alterar la realidad para adaptarla a tus necesidades.
Pero la vida vuelve a enseñarle el verdadero sufrimiento, pasando de la idealización más absoluta de Norman al desengaño atroz de la realidad... Y un Firmin que se refugia en la continua evasión volcando sus deseos en el cine y las Beldades...
“Roo y contemplo, contemplo y roo, totalmente en trance, totalmente feliz. A veces pienso que lo único que nos hace falta en esta vida es un montón de palomitas y unas cuantas Beldades”.
¡Y qué razón tiene...!
Su amigo Jerry le rescató del mundo y le devolvió la esperanza en el Ser Humano. Por primera vez en su vida, dejó de sentirse solo. Una de las frases favoritas de Jerry era “después de la Revolución”. Explicaba que los libros serían gratuitos después de la Revolución. Esta parte es de las más conjuntadas y acertadas del libro. La obra va perdiendo humorismo y chispa literaria, pero exponencialmente gana en interés y en narración para conjuntar una historia entrañable de una calidad enorme y un final exquisito.
“Infestar es una palabra interesante. La gente normal no infesta, por más que se empeñe. Nadie infesta nada, sólo las pulgas, las ratas y los judíos”.
Firmin, o cómo ser polémicamente brutal, con un sentido del humor soberbio.
El final, con Ginger Rogers haciendo las veces de Dulcinea, o Armanda, o Sibila, o Beatrice, o... , y la vuelta a casa de este pequeño Quijote con las dentelladas de delirio de Hesse. Firmin es un sentimental que nos recuerda al Fantasma de la Ópera, y que no duda en recurrir a Cervantes, Joyce o Miller para explicarnos cómo se siente. Un final como el que nos ofrece Firmin, puede gustar o no gustar... pero lo que no cabe ninguna duda, es que ése tenía que ser el final, no podía ser de otra manera.





