Der Steppenwolf
Apenas recuerdo las palabras de Harry Haller que leí hace años... Ya casi olvidé el tractat, los versos escondidos y aquel teatro mágico... sólo para locos. Pero quedó la huella de un lobo en mi puerta, con un aroma inconfundible. Todos tenemos un alma de lobo (y de tigre, y de búho, y de ratón...), pero muchos no se dan cuenta, o no la tienen en cuenta, o no quieren cuentas con ella. Prefieren dejarse estar. Personalmente, prefiero fluir.
Desempolvo el libro y mis anotaciones... Todos, de una u otra manera, nos identificamos con el lobo estepario. Harry Haller y yo compartimos iniciales (También Hermann Hesse). Mi nombre es Harry. Convivo con el dolor hace años. Me conozco bien, me desenvuelvo bien cuando estoy solo. Soy socialmente atípico, qué le vamos a hacer. En mí, además de las cosas en común con Haller, está la aceptación de mi alma de lobo.
Ocurrió algo... La lectura de la historia de Harry Haller fue uno más de los cauces por los que llegué a sentir mi parte animal de lobo. Otro de esos cauces, mi total admiración por el Lobo como especie, la fascinación que me hizo aprender cómo viven, cómo cazan, cómo se relacionan, cómo siguen un rastro, cómo matan sin sutilezas ni teatralidad. Y cómo no matan cuando no tienen que hacerlo. Por último, siempre me identifiqué con esos comportamientos que el lobo tiene en su vida, y que uno no puede mostrar habitualmente en su vida de asfalto y cristal. En ocasiones me sorprendo mostrando cierta agresividad –que no violencia– y cuando pienso en mi comportamiento me siento orgulloso. A veces, inexplicablemente, resulta que quien no lleva ningún disfraz puesto es precisamente el que va disfrazado. Los lobos suelen ser bastante sumisos en algunas situaciones en las que son superiores. Para no herir. Tienen un poder suficiente y desgarrador, y que no lo utilicen es precisamente lo que los hace grandes. Ese es el carácter del lobo. El Lobo no es el asesino sanguinario de películas y cuentos infantiles. Mata, sí, pero esa es su Naturaleza. No abusa de su poder; ese es su carácter.
Harry se interpreta a sí mismo; se conoce, se reconoce. La aceptación de la parte animal que lleva dentro es un mero trámite. Harry lo sabe, la conoce, la acepta y, finalmente, se deja llevar por ella. Hombre aferrado al dolor y anhelante de la muerte y el sufrimiento; vive una obsesión constante por el sufrimiento en una relación de dependencia. Un potencial suicida (aparentemente), un casi enamorado de la muerte, como diría Oscar Wilde. Vive al impulso. Sufre por la vida, pero no desespera. Convive con el dolor, pero se puede reconocer y aceptar el dolor sin caer en la desesperación. Así lo aprendí.
"... desde sus ventanas oye vivir al mundo y a los hombres y se sabe excluido, pero no se mata, pues un resto de fe le dice que tiene que apurar hasta el fin dentro de su corazón este sufrimiento; este tremendo sufrimiento, que es de lo que, a la postre, habrá de morir".
En lo social, Harry rechaza las convenciones. El vacío y la falta de esencia en lo que hacemos. En lo que somos. Es lo que yo llamo la estandarización de las personas. Unos gustos estándar de música popular, Fúrbol con Tomate, playa y domingos incongruentes de misa mañanera y feria al anochecer. Unos objetivos de dejarse vivir con novia, boda, la parejita de niños, porque es lo normal. Conformarse con lo normal. La ropa estándar, el reloj estándar, el colgante con el símbolo celta de turno –sin conocer el significado–, o la flecha, o la pluma o el dragón; el cuadro estándar en la pared, y los best-sellers en la repisa. Y El Quijote bien visible, que viste mucho. El culmen de la estandarización son los muebles de Ikea. Soy socialmente atípico, qué le vamos a hacer.
Harry Haller se emociona con las Artes, la belleza le embarga y se embriaga con ella. Pero en un principio no disfruta el humor, la locura y el desenfreno. No es capaz de disfrutar la carne, el pecado –que no la maldad–, ni la compañía. Tras su encuentro con Armanda y María, se encuentra con el cuerpo, el pecado, la sangre, el almizcle; y Harry da rienda suelta al lobo... que afila sus dientes y consigue el equilibrio que da felicidad al hombre porque le otorga plenitud. Hombre y animal no sólo no son incompatibles, sino que se necesitan y alimentan mutuamente. La boca dice “bésame”, pero los ojos dicen “muérdeme, devórame” (curiosamente los ingleses traducen devorar así: “wolf down”).
El problema de Harry era que sus dos naturalezas no sabían convivir. Siempre recelosas, envidiosas, queriendo ser la naturaleza dominante en todo momento. Esa lucha interna le hacía completamente infeliz, salvo por algunos breves instantes en los que se ponían de acuerdo, dejaban de luchar y confluían. Entonces Harry sí era feliz, y se sentía poderoso. “...y hasta la vida más desgraciada tiene también sus horas luminosas y sus pequeñas flores de ventura entre la arena y el peñascal”. Para Harry Haller, soledad era independencia. Pero conoció a Armanda... y todo esto cambió. Armanda es diametralmente opuesta a Harry, y eso la hace exactamente igual a él. Es su alter ego, tampoco desespera pero también sufre por la vida. Su sinceridad abismal y su pasión atrapan a Harry. Ella es toda libertinaje, juego y emoción salvaje. Ella es la pasión que nos mueve. Es justo lo que Harry necesita. Harry es carácter, ternura, templanza, sabiduría y misterio. Él es puro pensamiento. Es justo lo que Armanda necesita. Ambos se dan cuenta de que hombre y animal no sólo no son incompatibles, sino que se necesitan y alimentan mutuamente.
Lo que motiva a Harry es hallar la forma de vivir, las formas de actuar, la filosofía o la búsqueda de un sentido a la existencia. O tal vez simplemente quiera justificar el comportamiento de alguna manera. No compadezco a Harry, debería decir lo mismo que Armanda, que le conozco porque soy como él. Comprendo su naturaleza y la respeto. Admiro su personalidad y su carácter, tanto humano como lobuno.
Al mundo alucinógeno del Teatro mágico Harry acude porque tiene fe. No le importa lo que pueda pasarle, nada puede perder salvo la vida. Quiere, necesita ese algo que le muestre caminos nuevos. No se trata de un deus ex machina que le diga por dónde tiene que ir, sino una mano que le muestre dónde están las intersecciones de su vida. Elegir es su elección. Al mundo alucinógeno del Teatro mágico Harry llegó para, al final, sufrir (ésa es la palabra, sufrir) la catarsis que le revela el juego de la vida. Vio las piezas y los jugadores. Vio las reglas del juego. Vio los premios y los castigos... Y decidió volver a jugar.
...al fin y al cabo, Mozart le estaba esperando.
Kaizen, un lobo, Harry,... lo mismo es. 12-10-2007.
Para todo aquel que reconozca un espíritu de lobo.
Para la mala, que cuando es buena es muy buena, pero cuando es mala... es mucho mejor.
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PD:
"Cuando todos los lobos esteparios comprendan que nuestra Naturaleza Humana está hecha de carne y memoria, de paladar y voluntad, de instinto y trascendencia: cuando alimentemos por igual la cabeza, el tronco, el tronquillo y las extremidades, habremos aprendido a vivir". R.H.S.
Comentario:
Bárbaro Kai, me has transportado durante unos minutos a no sé muy bien donde... A querer ser un lobo más.
Gracias :)
Gracias :)





