Que la luna te guíe e inspire
Llega noviembre...

Llega noviembre. Asomándose tras la luna llena, llega noviembre con su frío castaño oscuro, con el ocaso cambiante de un otoño perezoso que morirá en un nuevo invierno de manta y antigripal. Se nos fue el sol naranja del septiembre que nos vio nacer, y ya se va despidiendo octubre estirado, hastiado y agotado. Noviembre va asomando hasta que se establece sin darnos cuenta. Un noviembre cambiante, como yo mismo y como el viento que trae el norte. El mismo viento que trae las dudas que caracterizan a este mes.
Llega noviembre. Llega con flores de quienes ya no están, con cruces enlutadas de blanco y con amores nuevos. Luego llega la duda, después la flor marchita, el rocío estático en las yemas desnudas del cerezo, la mentira por último, y el luto se congela con el sueño malherido.
Malherido el sueño, seca la vid, sólo se contempla el aire ya, y diciembre pronto llegará con su feliz falsedad y su papel de regalo... sólo eso: papel. Yo, ya sabéis, reivindico otra cosa.
Ahora caminamos firmemente sobre el aire, volamos a ras de tierra durmiendo vigilias y hablando en sueños. Hoy, el ritmo lo marcan las gotas de lluvia. Los cuerpos se van sicronizando a ellas... el parpadeo, primero; el latido, cuidadosamente, después. Los segundos del reloj se ralentizan hasta coincidir con la gotera del callejón... tac, tac, el ritmo hoy lo marca la lluvia, y ahora se acelera... las pupilas dilatan, los puños se cierran, los ojos se abren, la boca se seca, y el alma se empapa de ritmo, ...ya desbocado el corazón.
Cesa la lluvia, para en el corazón cesar, luego, de ser.
Para ser feliz sólo necesito un escalofrío,
e ignorancia.
Feliz noviembre.





