Experiencia Carnal
Cuando cae la máscara que uno lleva, ocurren dos cosas:
VES todo claro, sin velos que enturbien la insuficiencia de tus sentidos, sin cortapisas para tu campo de visión. La ceguera desaparece y VES la realidad.
Suele ser bastante triste.
Por otro lado, TE VES, porque al mostrarte como eres puedes darte cuenta de lo que hay en tu interior; a manos desnudas, con ojos sinceros.
Puede ser bastante interesante.
Tal vez no son horas de escribir, ni sobre mí ni sobre nada...
Me doy cuenta de que prefiero asumir una culpa ajena y sufrir consecuencias a dar excusas -válidas o no- para explicar situaciones absurdas que en cualquier caso me resecan la piel y me añaden cicatrices. No es la primera vez que lo hago. No será la última.
Tiene que ser bastante doloroso.
Don Carnal diría que las sombras llegan con la noche... a veces, inexplicablemente, resulta que quien no lleva ningún disfraz puesto es precisamente el que va disfrazado. Los lobos suelen ser bastante sumisos en estas situaciones. Para no herir. Tienen un poder suficiente y desgarrador, y que no lo utilicen es precisamente lo que los hace grandes.
Aseguro que es bastante desesperante.
Kaizen... dos de la mañana... un martes cualquiera después de carnaval. Desenmascarado, sin espejos, sin filtro ni tamiz.
No sé si con ganas pero sin fuerzas, o con fuerza pero sin ganas. (Tampoco sabría elegir).





