Triste y genial herencia
¿Quieres oír una historia triste? Un jovencísimo cantante folk (folk a priori) debuta con un disco a los 19 años y al mismo tiempo tiene un hijo; pero se marcha lejos de él y su madre. Ocho años y un buen puñado de discos después, padre e hijo pasan unas horas juntos tras un concierto, y vuelven a separarse. Unos meses después, este cantante muere de sobredosis con sólo 28 años. Su hijo crece y con 27 años publica un prometedor álbum de debut, elogiado por artistas como Robert Plant, McCartney, Dylan..., y tres años después, muere ahogado en el Río Wolf (Tennessee), con sólo 30 años.

La voz de Tim Buckley era capaz de transmitir con exactitud cualquier estado de ánimo, fantásticamente influida por los grandes crooners del blues y el jazz de su época. Rondaba un rango de cuatro octavas, comparable a grandes figuras conocidas por su versatilidad y virtuosismo vocal, como Freddie Mercury o Bobby McFerrin, o su propio hijo, Jeff Buckley. Sabía elegir el tono preciso, el volumen y la musicalidad adecuados en cada momento.
Enmarcado en el folk-rock americano, Buckley exploró durante toda su carrera otros terrenos como el jazz, la psicodelia o el blues, como podemos descubrir al recorrer su discografía. Podemos comprobar su predilección por elegir palabras para sus canciones, más por su sonoridad que por su significado, como hace, por ejemplo, en “Song of the magician”. Rarezas para la época como “Moulin Rouge” (cantada en francés) expresan su carácter innovador. También podemos leer una especie de carta abierta a su ex mujer y su hijo Jeff en “I never asked to be your mountain”. Hay que destacar la poesía y aparente sencillez de “She is”, la divertida “Peanut man”, la escalofriante “Martha”, con una letra muy emotiva. Buckley deja su voz contenida al máximo en “Phantasmagoria in Two” y en la tristísima “Chase the blues away”. Podemos degustar los cinco temas del disco conceptual “Lorca”, absolutamente entregado a la psicodelia y totalmente anticomercial. Sus temas más conocidos probablemente sean “Morning Glory”, “Sing a song for you” y la joya “Song of the siren”, en la que Buckley hace una interpretación magnífica, evocando al espíritu de “Starsailor” que tenía, y manteniendo la voz casi hasta el infinito... Una de las canciones más emotivas que he escuchado (A destacar la versión que hicieron This Mortal Coil hace años).
Las últimas palabras de Tim Buckley fueron: "Bye bye, baby", pronunciadas -según dicen- con la reminiscencia del "Drifting Blues" de Ray Charles.
((PD: gracias Andaya)).

La voz de Tim Buckley era capaz de transmitir con exactitud cualquier estado de ánimo, fantásticamente influida por los grandes crooners del blues y el jazz de su época. Rondaba un rango de cuatro octavas, comparable a grandes figuras conocidas por su versatilidad y virtuosismo vocal, como Freddie Mercury o Bobby McFerrin, o su propio hijo, Jeff Buckley. Sabía elegir el tono preciso, el volumen y la musicalidad adecuados en cada momento.
Enmarcado en el folk-rock americano, Buckley exploró durante toda su carrera otros terrenos como el jazz, la psicodelia o el blues, como podemos descubrir al recorrer su discografía. Podemos comprobar su predilección por elegir palabras para sus canciones, más por su sonoridad que por su significado, como hace, por ejemplo, en “Song of the magician”. Rarezas para la época como “Moulin Rouge” (cantada en francés) expresan su carácter innovador. También podemos leer una especie de carta abierta a su ex mujer y su hijo Jeff en “I never asked to be your mountain”. Hay que destacar la poesía y aparente sencillez de “She is”, la divertida “Peanut man”, la escalofriante “Martha”, con una letra muy emotiva. Buckley deja su voz contenida al máximo en “Phantasmagoria in Two” y en la tristísima “Chase the blues away”. Podemos degustar los cinco temas del disco conceptual “Lorca”, absolutamente entregado a la psicodelia y totalmente anticomercial. Sus temas más conocidos probablemente sean “Morning Glory”, “Sing a song for you” y la joya “Song of the siren”, en la que Buckley hace una interpretación magnífica, evocando al espíritu de “Starsailor” que tenía, y manteniendo la voz casi hasta el infinito... Una de las canciones más emotivas que he escuchado (A destacar la versión que hicieron This Mortal Coil hace años).
Las últimas palabras de Tim Buckley fueron: "Bye bye, baby", pronunciadas -según dicen- con la reminiscencia del "Drifting Blues" de Ray Charles.
((PD: gracias Andaya)).
Comentario:
Por finnnnnnnn!!! anda que no dan por saco las letritas esas del antispam. Ahora... a escribir!





