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Carballo Torto
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Tal vez un día de éstos...

Es una pena que las pajas mentales no conduzcan, como las otras, a más o menos satisfactorios orgasmos mentales; es una pena que conduzcan a más bien desasosiego, insatisfacción y ansia.

Y esta sensación como de reloj de arena.

Día acabado. Mañana empieza otro. Y con él empieza la vida, como todos los días.

Construyámosla.

Suena mientras escribo: Ni una maldita florecita, Christina y los Subterráneos.

 
Al hilo de una entrevista

Hoy he estado viendo televisión. Estos días la veo más a menudo, pero aún así procuro ser selectiva. He visto la entrevista que le hizo Julia Otero al mismo tiempo a Sabina y a Gallardón.

(Por cierto, que todas esas imágenes bucólicas y estupendas de Madrid me han dado ganas de darme una vuelta por allí. El poder de los medios, diría yo que es eso. Al final sucumbo, como todos.)

Han dicho muchas cosas (sobre todo Gallardón, nobleza obliga), algunas hasta divertidas y graciosas... (Sabina: "¿Cómo que no tenemos nada en común? A ninguno de los dos nos quieren en el PP"... a lo que responde Gallardón: "No puedo menos que discrepar contigo; a ti te quieren mucho en el PP... te queremos mucho". De hecho, esta última apostilla ha sido lo mejor del jocoso intercambio.)

Más comentarios divertidos. Gallardón, desplegando una envidiable verborrea, el propio Rajoy estaría orgulloso aunque supongo que echaría de menos un poco de esa ambigua demagogia tan gallega (... o no... tal vez habría deseado que fuera más visible, menos sutil, porque haberla, habíala), decía que la política, el ejercicio del poder, le da a uno la posibilidad de "transformar" las cosas. Me hizo gracia que no dijera en ningún momento "mejorar". No sé si fue un lapsus o un ejercicio de modestia.

Estaba, pues, don Alberto hablando quijotesca y bucólicamente del conjunto de posibilidades (¿es idealista de verdad o se lo hace? yo casi me lo creo, eh), de que la política se parece a un cuento de hadas porque, aunque no hay varitas mágicas, con paciencia y presupuestos puedes convertir una calabaza en una carroza y un páramo en un hospital, cuando vino don Joaquín (aquí los madrileños de Úbeda no son menos ni para el don, faltaría más) a interrumpirle: "Y entonces... ¿por qué todo el mundo identifica político con caca? ¿Me explico?"

Reconozcamos que no ha estado brillante pero tiene sus cosas el andaluz. Madrileño, perdón.

(Asombrosamente, el alcalde le echó la culpa a la oposición. Así en general. La mía, la tuya y la otra.)

Cosas veredes.

Bueno. Todo esto venía a que han hecho un comentario. Fue Sabina, el filósofo, aunque vino el otro a darle la razón. Le cayó en suerte la muy original pregunta de si se hizo escritor de canciones para ligar (fascinante encuesta). Él contestó que sí, claro, en el principio era el verbo con la finalidad que más o menos todas las mentes calenturientas suponen. Luego había que pagar el colegio de las niñas (cosa que me hace gracia... verás que al final lleva a sus hijas al Amor de Dios, hay que joderse... yo pensaba que el colegio era gratis... es que no tengo hijos, ustedes perdonen); y al final, como quien no quiere la cosa, dijo algo como: "Y después, bueno, hay que dejar algo hecho en esta vida".

Y de eso, en teoría, iba la parada técnica de hoy antes de irme a dormir: de la necesidad de trascender. Esta misma mañana, sin ir más lejos, pensaba que mi epitafio, si me muriera hoy, sería "No hizo nada". Y la verdad es que no me hizo jodida la gracia. También podría ser "Incumplió sus promesas, faltó a su palabra y se cruzó de brazos".

Soy dura conmigo misma. Si no lo soy yo, ¿quién lo va a ser? Pero no miento. No miento. No sé si es bueno o malo.

¿Se puede pasar sin dejar ninguna huella en el mundo? ¿Es posible? ¿Es lícito? ¿Es siquiera humano?

Suena mientras escribo: Cerrado por derribo, Joaquín Sabina.

 
Berenjenales

No falta quien cree que con sus propios ojos crea el mundo. (Video, ergo mundus est.) Y ésta es la mayor relación que yo veo entre el mundo físico y la conciencia y la injerencia de la segunda en el primero.

Y bueno... una reflexión de todo a cien de las mías respondiendo (intentándolo) a los comentarios de mis dos científicos y sapientísimos amigos... Una cosa es que éste sea el único universo existente y otra muy distinta que todos los universos posibles se desarrollen en paralelo... no me cabe en esta dura y pequeña mollera mía porque, del mismo modo que puede usted estar ahora contemplando un amanecer en Tokio, podría también estar viendo una puesta de sol en Copacabana en un mundo donde Tokio no existe... y no sé, no concibo tal cantidad de posibilidades... sé que mi mente es limitada. Y sin embargo es todo lo que poseo, por el momento, de modo que le tengo un cierto aprecio.

(Lo que yo creo es que aquí se podría hacer un estudio: De cómo la física cuántica puede ser el germen de la poesía; multiversos y amaneceres en Tokio.)

Creo que esto de la física cuántica no es para mí, lo que ya tenía claro desde antes, por otra parte. También tenía claro, diré en mi descargo, que no se explica en dos palabras. En ningún momento pretendí tal cosa.

(Cuentan de Einstein que una vez, en el pasillo de una universidad, un estudiante le pidió que le explicara la teoría de la relatividad; él amablemente lo hizo, y cuando concluyó, el estudiante le confesó que no lo había entendido; el sabio volvió a explicárselo de un modo un poco más sencillo, pero el estudiante no lo entendió; continuaron hablando durante un rato, Einstein simplificando cada vez más la explicación hasta que el estudiante, supongo que con cara de alegría, exclamó: "¡Ahora lo entiendo!". "Ya", contestó Einstein, "lo que pasa es que esto ya no es la teoría de la relatividad".)

Pues eso.

Me quedo con la poesía y con la música. Ojalá bastara con cerrar los ojos y sentir la física cuántica. Me consuelo pensando que uno que entiende la teoría (o el principio) de la indeterminación probablemente no llorará con Dylan. Sé que hago mal cultivando los prejuicios en los tiestos de la ventana, donde debería haber plantado geranios naranja. Pero qué sería de nosotros sin ellos. Sin los prejuicios, sin los geranios, sin la física cuántica, sin la música, sin el invierno.

Dicen que mañana nieva. Dicen, dicen...

Suena mientras escribo: The man in me, Bob Dylan.

 
Que no...

... que esto no son horas, hombre. El exceso de sueño (es decir, dormir en exceso, no el exceso de ganas de dormir) provoca insomnio. Se lo digo yo, que si sé de algo (cosa improbable), es de eso. No sé si sé más de insomnio o de sueño. Tengo insomnio de noche y sueño de día. A esto también se le llaman desarreglos horarios o vida muelle (es decir, relajación de costumbres... no vayan a pensar que voy y vengo, qué va).

Es que tenía ganas de soltar una soplapollez. Las cuatro de la mañana es una hora para hacer esto tan buena como otra cualquiera.

Hoy salen unas siluetas oscuras en las ventanas del edificio. ¿Bomberos? ¿Pirómanos? ¿Super Coco? Fenómenos poltergeist en Azca.

Como sigamos así voy a empezar a leer el periódico. Y entonces sí que nos vamos a cagar todos, yo la primera.

El otro día lo pensaba. Es que yo pienso mucho. Hay en física una teoría que se llama algo así como de la indeterminación (¿puede ser?). Bueno, si no recuerdo mal lo que intenté leer al respecto este verano en la enciclopedia larousse y lo que colegí de mi interrogatorio a mi (estupendo y adorado, por otra parte) primo físico, la cosa se resume en que el observador modifica lo observado. (Luego había algo de un gato en una caja, pero no sé si tenía que ver con el asunto o si más bien lo soñé... siempre he sido horrible para la física y todas las demás ciencias inteligentes...). Bueno. El asunto es que le he estado dando vueltas y he decidido con mi libre albedrío (del que dispongo a espuertas, si necesitan sólo tienen que pedirlo) aplicar ese fascinante principio (o esa fascinante teoría, o lo que quiera que sea) a este blog. Y compruebo que funciona. Desde que sé que me leen (ayer, 30, bueno, descontando mis cinco visitas, 25, ustedes no imaginan la clase de récord que significa este número para mí) no escribo igual. A veces me da hasta vergüenza quejarme.

No sé si realmente es por eso o si tal vez (por fin) no tengo nada de lo que quejarme. Es fantástico. Les agradezco la observación, en cualquier caso.

No dudo que con mi nuevo buen humor perderé calidad literaria y lectores. Me arriesgo.

Suena mientras escribo: Insurrección, El Último de la Fila.



 
Palabras

Veo en los medios de comunicación al señor Fernán Gómez cabrearse (mucho) porque una periodista obvia la utilización del adverbio "casi" ante el adjetivo "unánime", de modo que da una interpretación nueva y distorsionada de unas palabras previas del actor-escritor-director, que además de ser viejo (lo que permite toda una serie de libertades extra) es un hombre inteligente y de carácter.

Leo y oigo comentarios sobre la reacción del anciano. Algunos son pretendidamente benevolentes, en plan justificación del tipo "Decidí cultivar la antipatía para que no me molestaran demasiado" y similares. Son los que vienen a decir "Bueno, el viejo chochea y no hay que hacerle mucho caso, tiene su gracia el cascarrabias". Otros son decididamente intolerantes, "Vamos, no hay que ponerse así por tan poca cosa (tan poco 'casi'), pobre chica, la puso pingando en un momento, que seguro que ahora está con antidepresivos, vaya rapapolvo, este hombre debería tener un poco más de educación y respeto".

(Hay que reconocer que el tipo tiene un temperamento de ésos que hacen necesario medir a la micra lo que se le dice, pero yo conozco mucha gente que no soporta la estupidez; es cuestión de carácter, supongo.)

Pero me gustaría entrar en lo que a mí me interesa de esta insulsa anécdota... y es dónde está llegando (aunque ya puestos, podríamos preguntarnos de dónde salió y por dónde ha pasado) el periodismo en este mundo nuestro. Extraño mundo en el que los medios de comunicación deciden cuál va a ser el siguiente fichaje del Real Madrid antes de que a sus responsables se les pase siquiera por la imaginación el planteárselo, en el que de repente se pone de moda una forma de morir y se multiplican como conejos los muertos por intoxicación de monóxido de carbono o los edificios con grietas por culpa de las obras; el extraño mundo en que las informaciones dizque serias sobre las cosas de la política internacional pasan con discreción y elegancia por encima de detalles sin importancia como la propiedad de los oleoductos en los países en guerra (preventiva), por ejemplo; el extraño mundo donde se despelleja públicamente a un hombre por algo que ha dicho (o no).

Pues no sé. Yo amo las palabras y lo que significan, amo los símbolos y su utilidad. No puedo evitar entender lo que leo y escuchar lo que oigo, buscar el fondo y buscar la verdad. Para mí, "casi unánime" no es lo mismo que "unánime". Y me parece muy bien que se respete hasta la paranoia la palabra dada: hablada, escrita, susurrada o gesticulada, privada y pública. Me parece estupendo que el señor Fernán Gómez le diga a la joven que si va a hacer mal su trabajo, mejor no lo haga en absoluto. Porque resulta que esa persona, como todos los periodistas (menos mal que hay algunos que sí respetan y aman lo que hacen), trabaja con un material sagrado, que son las palabras de los demás y, por extensión, las vidas de los demás, los sentimientos de los demás y las opiniones de absolutamente todos los demás.

Y con eso no se juega.

Suena mientras escribo: Sittin' on the dock of the bay, Otis Redding.

(Pido públicas disculpas por el enlace para la última novela que estoy leyendo, no encontré nada mejor... es lo malo de los best sellers... que nadie se los toma en serio. Intentaré hacer una reseña que pueda aclarar algo ese delirante argumento, pero no prometo nada.)


 
Desorden (again)

Puede conmigo. Los objetos se me acumulan en las esquinas, en las sillas y sobre las estanterías, cambian de lugar sin el concurso de mi voluntad, y aunque en mi descargo podría decir que siempre sé dónde lo tengo todo (o más bien casi siempre, tampoco debo negar que a veces pierdo las gafas de sol y no las encuentro aunque las tenga delante, misterios de los objetos perdidos), lo cierto es que me desespera la tendencia al caos de mis posesiones muebles.

De modo que sí. Por más esfuerzos que hago, en este momento hay dos pares de botas en medio del pasillo junto al cubo de fregar lleno de agua sucia (uno de ellos, mi última adquisición fruto del vicio de las rebajas unido al vicio de los zapatos, hace por lo visto y según el último recuento el par número veinticuatro, unas botas acojonantes, altas, negras, de punta afilada, un delirio fetichista que haría las delicias de más de un psicoanalista), un fregadero lleno de platos y tazas de desayuno (porque hoy antes de desayunar a las dos y media de la tarde me dio por fin por fregar los platos de la comida, la merienda y la cena de ayer), cuatro o cinco cazadoras y otras prendas de abrigo en el salón, cuatro o cinco (o más bien ocho o nueve, si contamos los cajones) libros repartidos en las dos mesas de noche de mi dormitorio, calcetines en la alfombra (por supuesto, la cama sin hacer) y unas cuantas manchas de ceniza en el mantel con que cubro (disque pulcramente) la tabla de aglomerado que me hace en la pobreza las dignas funciones de mesa de ordenador.

(Eso sin contar otro orden de desorden en las horas a las que me acuesto, me levanto, desayuno, como, meriendo y ceno, en los tres o cuatro niveles de mi escasa escala de valores, en los cuadros y las fotografías desperdigadas por mis armarios y mis cestas de mimbre, y bueno, así vamos).

Pero brilla el sol y ahora mismo suena Moondance con ritmillo de jazz, el tiempo de esta tarde de domingo se desliza despacio y en paz y bebo zumo de naranja.

No sé si tal vez el truco estará en tolerarse uno mismo. Yo, que soy de natural tolerante (hasta la náusea, añado), tengo serias dificultades para tolerarme yo, con lo sencillo que parece.

En ello estamos.

Suena mientras escribo: Moondance, Van Morrison with Georgie Fame and Friends.

 
Miércoles de ceniza



"Serán ceniza..."

Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre.
El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o de su nada.

Hay una luz remota, sin embargo,
y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento
capaz contra la muerte,
no estoy solo.

Toco esta mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.

Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.

José Ángel Valente.

Serán ceniza, mas tendrán sentido.

Otro domingo y otro
lunes más que agoniza,
y otro martes y otro
miércoles de ceniza.

Rutinas.

Ciclos que se abren al cerrarse y al revés hasta el infinito.

Es ceniza y lo proclamo: ceniza.

Repites la palabra hasta que el sonido de sus sílabas se torna absurdo.

CE – NI – ZA

Espuma del río.

Pasos en la hierba.

El rumor.

Patos sobrevolando el agua.

Un gallo canta (a lo lejos).

Ociosos perros de caza.

Ladrillos rotos.

Y una margarita mentirosa.

(Esto ha sido mi paseo de esta tarde por el río. Brillaba el sol y la brisa era templada. El aire estaba lleno de ruido de pájaros y había un componente nuevo: una cierta serenidad. Quiero ser otra. Soy otra.)

Suena mientras escribo: Veinte años, Diego el Cigala y Bebo Valdés.

 
Contestando a los últimos comentarios

Nunca los contesto, aunque a veces pienso en hacerlo.

Por ejemplo, el otro día pensé en contestar esto a Omar Muharib: Dices que te asusta mi tendencia al cambio... ¿qué tendencia al cambio? Si mi mayor problema es precisamente que no tengo ninguna tendencia al cambio. De hecho soy toda yo un enorme campo de inercia. De lo que hablo es de la necesidad de mostrar mis otras caras, porque como tú, como todos, tengo varias. Tal vez sea la parte esquizofrénica de todo ser humano, tal vez es sólo que somos poliédricos, como le decía el otro día el señor Sardá a la (mi muy admirada) señora Milá (si hasta de vez en cuando pongo la tele y veo Crónicas, ¿ves a lo que me refiero?) Y mira que me inventas: yo no rechazo la tristeza ni la alegría; lo que rechazo es no entender los porqués.

A Lau le contestaría algo así como: Pero eso no vale. Tú tienes un espejo en tu lado del mar, en tu hemisferio, que de manera incomprensible me refleja, y así tienes ventaja sobre los otros lectores. Ya sé que es esencial la calma y que a veces hay que dejar que las cosas pasen a su tiempo, pero estoy empezando a pensar que de vez en cuando no viene mal darles un empujoncito, precisamente por aquello de la inercia, y que la mayor parte de las veces las oportunidades están esperando que vayas a buscarlas y no, como nos empeñamos en creer, se aparecen así nomás en el camino por su cuenta; de todos modos, si alguna vez camináramos juntas, ese camino u otro cualquiera, ten por seguro que no me adelantaría por un ataque tuyo de ésos de no llego o no puedo o cualquier otro derrumbe; no sé si lo has sacado de esta bitácora o de dónde coño, si quizás tu espejo es más sabio de lo que debería serlo un espejo, o si tal vez hay atravesando el mar algo más que corrientes oceánicas y aviones, pero cada vez tengo más claro que si alguna vez se dobla en dos el mapamundi, tú y yo nos damos de morros.

A Paristd, a quien por cierto le agradezco que se deje ver, ya que yo no lo hago, le diría: Lo que necesito no tiene nombre ni palabras para describirlo, porque en el momento que algo es descriptible y/o nombrable, ya tiene una existencia, y si no, fíjate en dios. De modo que te quedarás con las ganas, a no ser que tal vez mires un día dentro de tu propia alma, en el cajón de atrás, el de los deseos que no se cumplen jamás, y encuentres que tampoco existe lo que tú necesitas.

A Jota le digo: Ya, pero no desesperes.

Al Lagarto le contesto esto: Una de mis relaciones de amistad más queridas empezó con esta frase: 'Dios no existe. Tú, no sé. Pero yo, sí, no jodas. Si hay algo que tengo claro...' Y es que es cierto. Es una de las pocas seguridades que atesoro, tal vez porque si todo fueran dudas, esto sería invivible, de modo que ni siquiera me lo planteo. Y sí, la insatisfacción es el motor, o tal vez el combustible, y nos hace buscar cosas que buscar y buscar cosas y querer y no conformarnos y no detenernos nunca. Comerás ese pulpo porque hay mucho pulpo y muchos ojos hermosos y resultará que en la salida 400 de la carretera del trueno estará esperando tal vez algún día la calle melancolía debajo de una lluvia púrpura. Y te afeitarás porque no te quedará más remedio y después te calzarás esa corbata no sin antes haber dejado sobre la mesa tal vez un billete de avión y unos caramelos o un plano de Londres.

Al Yunque, además de la sonrisa de medio lao: Yo debo de ser masoquista, porque sí existen esas dos hostias y tengo ganas de ir a que me las des... o de que vengas a dármelas. Así para entrar en calor.

A Meyer, que cuando se pone filósofo y metafórico a un tiempo me echo a temblar: Bastante tengo con el yo que tengo, o con el tú o lo que coño sea este ente desdoblado que se refleja a sí mismo hasta el agotamiento, que ni es el que quiero ni el que debo ni el que busco, como para encima buscar otro. No hay tiendas de repuestos para estos casos de emergencia.

Esto, más o menos, es todo lo que hoy tengo para decir.

Gracias también a los que no firman sus acertadas intervenciones y a los que no dicen nada.

Suena mientras escribo: Blood brothers, Bruce Springsteen.

 
Los tiempos están cambiando

Tengo que cambiar un poco la orientación de este asunto de la bitácora. Yo misma a veces me aburro. Me siento aquí y me digo, bueno, cómo estamos hoy, que parece que la pantalla del ordenador es el psicólogo, ocultando unos cuantos pares de ojos atentos, y esta silla (por lo demás bastante incómoda, y mira que he tardado en darme cuenta) el típico diván. O miro por la ventana y pienso "hace sol", "hay niebla". O busco en la carpeta de música algo para escuchar y que no se repita mucho. Circunstancia por otra parte bastante imposible porque tiendo a repetirme en ese aspecto y no me suelo salir de mis propias costumbres. Son las peculiaridades de los seres sedentarios. Que sedemos (de sedere) en cualquier sitio y de ahí no nos movemos. Total para qué. Nihil novum sub sole, que le dicen a la cosa.

Pienso que ustedes que por aquí asoman no saben que yo tengo facetas también de otro tipo. Por ejemplo, tengo una sesuda y reflexiva, pero no en el plan de siempre (sí... ése que conocen de ay qué dolor de vida, etc.) sino en el plan más filosófico sobre la amistad o sobre la existencia de dios o el asunto del eterno retorno o el otro no menos enjundioso del río irrepetible de Heráclito o incluso, si me apuran, sobre la situación en oriente medio (... ehem... reconozcamos que sobre este último particular tengo más opiniones que reflexiones fundadas, pero alguna opinión tengo, que ya es algo, no sé).

Luego también tengo un sentido del humor. No sé si bueno o malo, si agudo o mellado. Pero bueno, tengo uno. También es más de lo que pueden decir muchos, eh. Éste a veces lo saco en otras bitácoras, pero no es común que vea la luz. A veces suelto una chorrada y la gente se ríe. El otro día incluso me dijeron que cuento bien los chistes (no hay que dar mucho crédito porque la persona que me lo dijo no es muy de fiar en lo que concierne al modo en que me juzga... un gusto que les deseo a todos ustedes).

El tema del sentido del humor es el que más me preocupa. No saber mostrarlo, digo (por supuesto, si no me preocupara por algo no sería yo, las cosas como son). El que se asome aquí probablemente imagina un rostro más o menos serio. Probablemente incluso amargado, un ceño fruncido y una lágrima en la recámara. No es para menos y me lo he ganado a pulso, me lo merezco. Qué esperar de una persona que está peor cuanto mejor está (el otro día a propósito de esto escribí lo siguiente, entrecomillo y pego: " Estoy perdida, sí. Ahora, en los buenos momentos, en la calma, es cuando más desorientada me siento. No sé quién soy. Es una sensación que me llena de desasosiego. Creo que no sé estar bien. La falta de problemas me tiene completamente desconcertada. Son demasiados años, si miro atentamente es toda mi puta vida. Y ahora no sé. Será que no soy una mujer de paz. Tengo la piel dura y no soporto la bonanza. Me pica. No sé qué hacer con esta incómoda felicidad. Es como la canción de Joaquín Sabina. La cumbre se me está clavando por momentos en el culo. Hay que joderse." No lo colgué por razones obvias de hartazgo de mí misma y si lo cuelgo ahora es para que se hagan ustedes una idea de todo lo que les ahorro).

Así que me propongo hacer un esfuerzo en ese sentido. No muy grande, que estoy en paro y me lo estoy tomando como unas vacaciones. Las vacaciones no las inventaron para hacer esfuerzos, por lo menos no en mi trozo de hemisferio, y no seré yo quien destroce años de buenas intenciones.

Pero se hará lo que se pueda. Si se hartan, si veo que la cosa prospera tan poco que bajo de la media de quince visitas diarias, me plantearé un nuevo cúmulo de tormentos pessoanos.

No les prometo nada. Una tiene sus penduleos.

Suena mientras escribo: Gun Street Girl, Tom Waits.