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Carballo Torto
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Ser útil

Le he estado dando muchas vueltas. No digo últimamente, sino bueno, llevo dándole vueltas muchos años. Más o menos desde que en 1992, primavera, pasé una temporada durante la cual me dormía por las noches pidiéndole a la vida no estar en este mundo al amanecer.

En aquel entonces me preguntaba cuál era el sentido de la vida. La pregunta era filosófica, tendente al existencialismo, y la respuesta desesperada, con tintes nihilistas. La respuesta era “ninguno”, claro. Cosas de la adolescencia. También me preguntaba para qué me servía la inteligencia. A ver.

Afortunadamente, ese tiempo quedó atrás. Ahora tengo probablemente menos inteligencia o menos conciencia de la misma, y otras respuestas para esas preguntas, y son respuestas que me consuelan más que aquélla. No creo que haya sido una revelación súbita (no soy dada a tales excesos, diría Sabina). Pero andando el tiempo, creciendo, viendo, viviendo o qué sé yo, lo cierto es que ahora hay algunas cosas que me dan la sensación de un sentido, de un norte o de algo a lo que agarrarme, adonde tender. La familia, por ejemplo, es una de las más importantes. De eso voy sacando conclusiones con respecto a la posteridad, pero da tema para otro día. Las conclusiones dan miedo.

Y en fin, la tesis que laboriosamente he construido con los años para darle un por qué, o un para qué, a esto que tantas veces me resulta absurdo que es levantarme cada mañana, desayunar, salir de casa, volver a casa, cenar e irme a dormir, es que es necesario ser útil.

Tener, por ejemplo, un quehacer diario que ocupe tiempo y neuronas y que esa actividad tenga una finalidad, suponga un servicio para alguien. Para mí o para quien sea.

De modo que eso es para mí el trabajo. Un lugar al que acudo diariamente para sentirme útil y dotar a mi existencia de un sentido.

Quimeras, supongo. Otros creen en dios.

Suena mientras escribo: Ese espanto que es el canal 40 Latino, Presuntos Implicados o algo así
 
Madre mía

A punto de olvidar la existencia de este rincón, del modo de abrir un mensaje nuevo, del usuario y la contraseña, segura de haber sido olvidada del mundo y tal vez por todos esos motivos o a pesar de ellos, he vuelto.

No sé, comme d'habitude, ni por qué ni por cuánto tiempo ni (desde luego) para quién.

Perdidos los lectores, soy libre por el momento. Veremos qué soy capaz de hacer con la libertad.

Aquí os espero.

Suena mientras esc ribo: Prefiero el trapecio, Manolo García