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Carballo Torto
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Mantener eso

A veces pienso en cerrar definitivamente esta ventana. Normalmente al final del razonamiento concluyo que por el momento, no. Que, aunque últimamente no le hago mucho caso (no encuentro tiempo o ganas de escribir, no encuentro nada que decir), realmente, si hay algo en mi vida que puede salvarme, es escribir.

El otro día un amigo mío comentaba que la música le había salvado. En otro sitio alguien se preguntaba si la literatura ayuda a vivir.

Yo no sé qué cosas salvan vidas o ayudan a vivir. Supongo que cada uno tiene las suyas; que algunas cosas que te salvan también pueden hundirte. Pero está claro que si algo te sirve para agarrarte a ello y salir del paso, aunque sólo sea hasta el día siguiente, ya es bueno que esté.

A día de hoy, muchas cosas van bien, otras cuantas no van tan bien. Desde luego, lo que va mal es una cuestión de tan dentro que no quiero ni mirar. No sé si se podrá arreglar desde fuera, a distancia. Bueno. El caso es que sigo mirando a mi alrededor, sigo mirando mi vida desconcertada, sigo sin tener muy claro nada. Hay cosas que nunca cambian y espero sinceramente que ésta no sea una de ellas. Pero por el momento el asunto sigue así. No tengo nada claro y no sé qué hacer ni hacia dónde dirigirme. Vale.

Y cuando lo veo así, siempre aparece un único camino ante mí, una única salida, casi diría una esperanza, aunque suena un poco excesivo. Y es escribir.

Lo malo es que no escribo.

¿Por qué no escribo?

¿Por qué no me lo creo?

Tengo que encontrar ese preciso fallo en el mecanismo. Tengo que arreglarlo.

Y ni muerta cierro esta ventana.

No surrender.

 
Las cosas como son

Cuando era niña, uno de mis mayores sueños era conseguir el carnet de conducir. Conducir era el símbolo de la independencia. Veía a las personas mayores e interpretaba en su forma de mover el volante o de cambiar las marchas una expresión de su libertad.

Cuando conseguí aprender a conducir y a hacerlo relajada y sintiéndome segura (entre ambos éxitos tuvo que transcurrir un tiempo), mi sueño avanzó un poco delante de mí: deseaba tener mi propio coche. Guardar en el bolso mis propias llaves, pagar mi propio seguro a mi nombre. Me harté de conducir el coche de mi padre, el coche de mi pareja. La independencia se veía ensombrecida por presencias ajenas.

Ahora ha pasado un poco más de tiempo y ya conduzco mi propio coche. Creo que ya he hablado de él alguna vez.

A veces deberíamos pararnos a pensar en los sueños que sí logramos alcanzar. Aunque sean pequeños. A poco que nos paremos a mirarlo, no son en absoluto insignificantes. Son nuestros propios logros.

Tengo una licenciatura conseguida con varias matrículas de honor, uno de mis grandes orgullos. Tengo un recuerdo sin precio, aquel profesor diciéndome "podrás conseguir todo lo que te propongas en esta vida". Tengo un hombre bueno que me abraza sin ahogarme. Tengo personas que me aprecian y nada de lo que me falta depende de nadie que no sea yo.

A veces me pregunto qué cojones le pido a la vida.

Es la vida quien debe pedirme a mí.

 
Carajo

Y no ser capaz de sentir sin pensar que cada día que nace el sol naces con él de nuevo.

Tener que sentarte, obligarte a mirarlo, razonarlo, comprenderlo.

Y no poder sentirlo así, sin querer.

Con lo fácil que es todo. Lo sencillo, carajo.

Qué manía, ésta de cagarla constante y deliberadamente.

Morgan Freeman en Cadena Perpetua: "empeñarse en vivir o empeñarse en morir"


 
Y así pasa octubre, noviembre

Veo futuros que esperan impasibles o que pasan de largo delante de mis ojos, que se pierden en el mar de las posibilidades que no llegarán a término.

Veo mucho gris en medio del otoño multicolor, una vida como un agujero que se alarga tanto que se convierte en un camino subterráneo. No quiero que mis ojos se acostumbren a la oscuridad.

Y me aferro a lo bueno, al color y a la luz, pero no sé cómo auparme hasta el oxígeno.

Y me canso de cansar a los demás. De fingir y todo eso. Me gustaría que el viento entrara en mi cabeza y barriera todo. Arar la tierra y volver a empezar.

(Luego pienso, "total, para volver a meter la pata".)

Mira, mejor no digas nada.