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También es cierto, si hay que ser fieles a la verdad, al menos a la mía, que no conozco mucha gente, ni normal ni anormal, que sea feliz.
Se supone que lo que más se parece a la felicidad es la fidelidad a uno mismo.
(Y tal.)
De hecho, pensándolo bien, no conozco gente normal.
A lo sumo, gente convencional. Al fin y al cabo, la convencionalidad es una convención (ehem) a la que uno se pliega si quiere. O si puede.
El problema no es no dormir. El problema es no dormir y perder el tiempo mientras tanto (que, en puridad, es lo que no hacía Picasso).
En fin.
Debería ponerme a escribir. Eso es lo que debería hacer.
Suena mientras escribo: Human touch, Bruce Springsteen.





