El no poder
Leo lo que he escrito. Lo que escribía, por ejemplo, en el año 2004, al principio de mi nueva vida, en aquel paréntesis maravilloso que además, se produjo en verano. Volví a fumar y fui libre en un cierto modo, y me di cuenta de que "si todo me estuviera permitido, me perdería entre tanta libertad".
Leo lo que escribía y constato asombrada que hay mucha mayor calidad, está feo que lo diga yo pero quién puede decirlo si no, en lo que escribo sin querer que en lo que escribo a propósito. Invento una frase, expreso una idea. Después intento construir el relato y es cuando me pierdo. Pierdo mi propia voz, el hilo, la calidad, el gancho.
Pierdo el hilo, la relación con los personajes, con la historia, con la idea, cuando empiezo a narrar, cuando pongo nombres de persona, cuando intento pergeñar un diálogo.
¿Qué significa esto? ¿Que no puedo escribir lo que me gusta leer? ¿Que existen determinadas habilidades que me están negadas?
Lo mejor que he escrito está en mi correspondencia. ¿Tendré que publicar mis cartas? Tiene gracia. No. No la tiene.
Y aún peor. Repaso lo que he escrito últimamente y no hay nada que pueda rescatar.
¿Una sola frase? Ésta: "Si pudiese elegir (si no tuviese la sensación de que jamás podré ser quien quiero ser) viviría en una ciudad grande y luminosa. En un apartamento con mucho espacio y pocos muebles. Con grandes ventanas con visillos blancos. En el último piso de un edificio alto del centro de la ciudad. Viviría sola y ningún tierno enamorado me obligaría a compartir mis noches." Lo escribí el 10 de mayo.
Psé.
Suena mientras escribo: Village idiot, Van Morrison.





