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Carballo Torto
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Y digo yo

Muchos amigos me preguntan dónde pueden leerme ahora. La penúltima vez contesté que en los pocos sms que envío. Por lo menos en ellos no cometo faltas de ortografía... Lo sé: el chiste no tiene gracia.

Tengo ganas de escribir. Pienso en escribir. Le doy vueltas a los temas del Tintero, por ejemplo. También me planteo regresar aquí de forma un poco más asidua. Echo de menos dedicarle tiempo a las teclas. Me he comprado un ordenador nuevo (qué ilusión).

Y no lo hago no sé por qué. Es decir, sí sé por qué. El motivo es que siento que no tengo nada que decir, nada que transmitir. Leo otros blogs, leo algunos relatos del Tintero, leo novelas y me muero de envidia. Aunque sean chorradas, la gente tiene cosas que decir. Aunque a nadie le importen. Aunque nadie las lea. Y yo, no.

Sé que tengo cosas dentro. Cosas que para unos serían interesantes, para otros aburridas, cosas que no entenderá nadie. Pero no encuentran su camino hacia fuera. Ay, horteras del mundo, uníos, su camino hacia la luz...

Es desesperante.

La solución, me dirá uno (al menos) que yo me sé: siéntate a sudar la silla.

Y joder. De eso no tengo ganas. De sentarme sin tener a priori pensado decir nada.

(Así cualquiera, pensarán... si Cervantes hubiera sabido.)

Fito. No tengo nada que decir; no tengo nada que decir, no tengo nada que decir, NO! tengo nada que-de-cir.

 
Comentario:
Y digo yo...

Te había escrito un comentario cojonudo. En serio. LLeno de sensibilidad gallega, emociones arraigadas, tentaciones escondidas, y todo ¿para qué?

Pues para que desaparezaca. Si. Por un error en una letra medio oculta en esa especie de clave/contraseña que hay que escribir. ¡Leches!

Decía algo como que a veces todo lleva a pensar que sólo son los infelices, los deprimidos, los más desgraciados, inconformistas o tarados los que encuentran su salido a bello mundo de las artes. (Pero lo decía mucho más bonito)

Pero que aun embebiéndose de felicidad y placidez, todavía somos capaces de encontrar nuestro camino a traves, quizá, de otros lugares que debemos explorar. Mirando al pasado. Mirando al futuro y sobre todo, mirando todos esos mundos paralelos que se arremolinan a nuestro alrededor.

A veces para encontrar el camino simplemente debemos escribir letras al azar.

En fin. Que pena. Ya sabes lo complicado que es intentar hacer una réplica digna de un discurso no memorizado, espontáneo. Así que dejo este churrillo añorando todavía mis primeras e inspiradas palabras.

Pero te mando, como antes, bicos e unha aperta moi forte da nosa parte.

A y F
 
Comentario:
¿Qué clase de mundo sería aquél donde sólo hablasen los que tuviesen cosas que decir?...

A mí me pasa más o menos lo mismo. No tengo mucho que decir. Leo los temas y, simplemente, no se me ocurre nada.

¿Será quizá la pubertad, la madurez, la vejez o la demencia?...

¿Qué clase de mundo nos espera si esto es una epidemia y nadie tiene ganas de decir algo?...

Arriba los esemeeses. Abajo los teclados convencionales.

¡Somos pocos, pero somos resistentes!
No