EL HOMBRE DEL METRO
Yo tan solo tenía unos 15 años, salía del instituto y volvía en metro a casa a muchas paradas del cole. Vestía con mi uniforme, faldita a cuadros, calcetines hasta la rodilla, camisa blanca y pullover oscuro. Apretaba una carpeta enorme contra mi pecho. Este día había tenido problemas en la clase de Filo y salí tarde, por esa razón pillé el metro sola y no arropada por mi grupo.
Era hora punta y estaba a tope. Sabía que tenía que pillar el que llegaba o no llegaria a tiempo a las clases de luego. Me situé estratégicamente en la parte de delante de la puerta que se abria porque sabía que la presión de la gente me entraría en volandas. Y asi fue. Me encontré prensada en la cabina de entrada , mas o menos en el centro.
A mi alrededor casi todo eran hombretones (aqui aclaro que yo soy menuda). Yo estaba comprimida entre sus cuerpos, sin poder hacer el menor movimiento. Mis brazos seguían rodeando la carpeta con mis apuntes de filo y la presión de la gente a mi alrededor los mantenía sujetos, como si estuvieran atados a los lados. Aun quedaban muchas paradas para bajarme y sabía, por otras veces, que la cabina no se vaciaría hasta al menos unas 8 paradas mas. Me evadí con la mente, pensando en mis cosas y mirando al aire, sin ver nada mas que bultos a mi alrededor.
De pronto noté alguna cosa extraña. Una mano ascendía por mi cuerpo, rozaba mis muslos y un dedo hábil encontró mi botón mas sensible. Yo dí un respingo sorprendida. Era evidente que el que me tocaba tenia que ser uno de los tres hombre que yo tenía delante, uno de los que me prensaban y no me dejaban apenas mover. Pasé la mirada sobre ellos, de la forma mas altiva y furiosa que yo se, para hacer sentir mal al culpable. No observé la menor reacción en ninguno de ellos. El que estaba justamente delante de mi era un tipo trajeado, de rostro granítico y frios ojos claros. De una treintena larga de años aproximadamente, aunque quiza tenía mas o menos, no se :). No le encontré especialmente atractivo ni tampoco desagradable. Un tio corriente.
Yo intenté una maniobra evasiva, aunque mi capacidad de movimiento estaba seriamente limitada. Me levanté sobre las puntas de los pies y moví ligeramente las caderas a fin de hurtar mi cuerpo al dedo perturbador. Pensé que esa maniobra debería ponerle mas dificil acceder a los rincones mas intimos de mi cuerpo. Sin embargo la mano del desconocido y su dedo implacablemente preciso, siguió mi movimiento imperceptible.
A mi me ocurría algo muy extraño, empezaba a tener mucho mucho calor. La situación era tan rara y sorprendente para mi que me descentraba. Por una parte sabía que tenía que estar enfadada y resistirme, clavarle -si podía- a ese hijoputa los codos. Mirar de pisar sus pies o montar un pollo en el vagón. Pero por otra parte una cálida excitación me recorría y no solo era debida a la precisa y circular presión de ese dedo masculino acariciando mi clítoris por encima de la ropa, con un ritmo que iba ascendiendo, siguiendo lo que le marcaba algo impreso en mi, siguiendo mi calor interior.
Yo empecé a abandonarme. Relajé mi cuerpo y me abandoné a la increible sensación. Nunca me había sentido tan excitada, tan llena de un fuego que amenazaba con desbordar y cubrirme por entero. El hecho de saber que "estaba mal" lo que hacía ese tio, y aún mas mas mi "anormal" reacción, no hacía mas que empeorar las cosas. La situación -el morbo increible de la situación-, el hecho de estar siendo usada, acariciada, "violada" en cierto modo, en público y sin que nadie pudiera notar nada. Y sin mi permiso, si, pero también sin que yo pudiera apenas hacer nada para impedirlo, me ponía muy muy muy caliente. Fuera de mi. Me sentía "prisionera", me sentía utilizada. Era sencillo para mi evadirme de cualquier responsabilidad y sencillamente ..... gozar.
El hombre -al que todavía no tenía yo identificado aunque empezaba a estar segura que era el ejecutivo trajeado de cara de piedra- seguía manipulandome y tocándome, pero se había dado cuenta, claro está. Se daba perfecta cuenta de mi complicidad, de mi abandono. De que ya no intentaba evadirle, ni hurtar mi cuerpo. Eso me avergonzaba pero yo no estaba para muchos análisis. De pronto el placer me cruzó como un rayo. Brutal. Estremecedor. Y fui consciente de que la cabina se estaba vaciando a un ritmo acelerado y que pronto sería imposible continuar con aquello sin que la gente se diera cuenta.
También me di cuenta que me había pasado de mi parada y en un momento de lucidez, justo cuando llegaba el metro a la próxima parada, salté del vagón. Justo cuando se abrían las puertas. Y empecé a correr escaleras arriba. Era consciente de que el hombre me perseguía. Noté que se había sorprendido por mi rápida acción de evasión -no lo esperaba-, pero aún asi, me había seguido corriendo y bajado del metro. Yo era joven y veloz y sorteando a la multitud llegué arriba mucho antes que el y me colé inmediatamente en el andén de regreso. El hombre salió a la calle -lo ví de reojo-. Me buscaba, lo se. Quería encontrarme. Pero no imaginó que yo me metería en el andén contrario. Eso, supongo, le despistó.
¿Que hubiera ocurrido si me hubiera alcanzado?
No lo se. Sinceramente, no lo se..:)
Pero si se que eso me dió la clave de mi especial sexualidad, aunque entonces no fui totalmente consciente de ello.

Era hora punta y estaba a tope. Sabía que tenía que pillar el que llegaba o no llegaria a tiempo a las clases de luego. Me situé estratégicamente en la parte de delante de la puerta que se abria porque sabía que la presión de la gente me entraría en volandas. Y asi fue. Me encontré prensada en la cabina de entrada , mas o menos en el centro.
A mi alrededor casi todo eran hombretones (aqui aclaro que yo soy menuda). Yo estaba comprimida entre sus cuerpos, sin poder hacer el menor movimiento. Mis brazos seguían rodeando la carpeta con mis apuntes de filo y la presión de la gente a mi alrededor los mantenía sujetos, como si estuvieran atados a los lados. Aun quedaban muchas paradas para bajarme y sabía, por otras veces, que la cabina no se vaciaría hasta al menos unas 8 paradas mas. Me evadí con la mente, pensando en mis cosas y mirando al aire, sin ver nada mas que bultos a mi alrededor.
De pronto noté alguna cosa extraña. Una mano ascendía por mi cuerpo, rozaba mis muslos y un dedo hábil encontró mi botón mas sensible. Yo dí un respingo sorprendida. Era evidente que el que me tocaba tenia que ser uno de los tres hombre que yo tenía delante, uno de los que me prensaban y no me dejaban apenas mover. Pasé la mirada sobre ellos, de la forma mas altiva y furiosa que yo se, para hacer sentir mal al culpable. No observé la menor reacción en ninguno de ellos. El que estaba justamente delante de mi era un tipo trajeado, de rostro granítico y frios ojos claros. De una treintena larga de años aproximadamente, aunque quiza tenía mas o menos, no se :). No le encontré especialmente atractivo ni tampoco desagradable. Un tio corriente.
Yo intenté una maniobra evasiva, aunque mi capacidad de movimiento estaba seriamente limitada. Me levanté sobre las puntas de los pies y moví ligeramente las caderas a fin de hurtar mi cuerpo al dedo perturbador. Pensé que esa maniobra debería ponerle mas dificil acceder a los rincones mas intimos de mi cuerpo. Sin embargo la mano del desconocido y su dedo implacablemente preciso, siguió mi movimiento imperceptible.
A mi me ocurría algo muy extraño, empezaba a tener mucho mucho calor. La situación era tan rara y sorprendente para mi que me descentraba. Por una parte sabía que tenía que estar enfadada y resistirme, clavarle -si podía- a ese hijoputa los codos. Mirar de pisar sus pies o montar un pollo en el vagón. Pero por otra parte una cálida excitación me recorría y no solo era debida a la precisa y circular presión de ese dedo masculino acariciando mi clítoris por encima de la ropa, con un ritmo que iba ascendiendo, siguiendo lo que le marcaba algo impreso en mi, siguiendo mi calor interior.
Yo empecé a abandonarme. Relajé mi cuerpo y me abandoné a la increible sensación. Nunca me había sentido tan excitada, tan llena de un fuego que amenazaba con desbordar y cubrirme por entero. El hecho de saber que "estaba mal" lo que hacía ese tio, y aún mas mas mi "anormal" reacción, no hacía mas que empeorar las cosas. La situación -el morbo increible de la situación-, el hecho de estar siendo usada, acariciada, "violada" en cierto modo, en público y sin que nadie pudiera notar nada. Y sin mi permiso, si, pero también sin que yo pudiera apenas hacer nada para impedirlo, me ponía muy muy muy caliente. Fuera de mi. Me sentía "prisionera", me sentía utilizada. Era sencillo para mi evadirme de cualquier responsabilidad y sencillamente ..... gozar.
El hombre -al que todavía no tenía yo identificado aunque empezaba a estar segura que era el ejecutivo trajeado de cara de piedra- seguía manipulandome y tocándome, pero se había dado cuenta, claro está. Se daba perfecta cuenta de mi complicidad, de mi abandono. De que ya no intentaba evadirle, ni hurtar mi cuerpo. Eso me avergonzaba pero yo no estaba para muchos análisis. De pronto el placer me cruzó como un rayo. Brutal. Estremecedor. Y fui consciente de que la cabina se estaba vaciando a un ritmo acelerado y que pronto sería imposible continuar con aquello sin que la gente se diera cuenta.
También me di cuenta que me había pasado de mi parada y en un momento de lucidez, justo cuando llegaba el metro a la próxima parada, salté del vagón. Justo cuando se abrían las puertas. Y empecé a correr escaleras arriba. Era consciente de que el hombre me perseguía. Noté que se había sorprendido por mi rápida acción de evasión -no lo esperaba-, pero aún asi, me había seguido corriendo y bajado del metro. Yo era joven y veloz y sorteando a la multitud llegué arriba mucho antes que el y me colé inmediatamente en el andén de regreso. El hombre salió a la calle -lo ví de reojo-. Me buscaba, lo se. Quería encontrarme. Pero no imaginó que yo me metería en el andén contrario. Eso, supongo, le despistó.
¿Que hubiera ocurrido si me hubiera alcanzado?
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Pero si se que eso me dió la clave de mi especial sexualidad, aunque entonces no fui totalmente consciente de ello.

Comentario:
Ummmmmmmmmmmmmmm.........,excitante.
Seguire leyendo....
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Comentario:
Jummmmmmmmmm, que divertido!!!!!
Y más o menos tenías razón.....hubiera actuado igual, al menos en parte, no estoy muy segura si me hubiera bajado del metro sin llegar a tener un orgasmo, aunque para ello hubiera tenido que pasar 10 paradas mas. Jajajajajja
Total....que aklguna vez sí que vivi algo parecido, aunque yo soy mas de autobuses, que por aqui no hay metro XDD. Y al contrario que a mis amigas, que se cabreaban y se apartaban, o al menos eso decian ellas, cuando alguien apretaba su entrepierna contra el trasero de ellas, a mí, que quieres que te diga, me excitaba :)))))).
Luego....hace ya no tanto, tuve un pasaje muy divertido con un chico en un autobus, un día te lo contaré.
Me haces reir niña, por eso...también te quiero.
Y más o menos tenías razón.....hubiera actuado igual, al menos en parte, no estoy muy segura si me hubiera bajado del metro sin llegar a tener un orgasmo, aunque para ello hubiera tenido que pasar 10 paradas mas. Jajajajajja
Total....que aklguna vez sí que vivi algo parecido, aunque yo soy mas de autobuses, que por aqui no hay metro XDD. Y al contrario que a mis amigas, que se cabreaban y se apartaban, o al menos eso decian ellas, cuando alguien apretaba su entrepierna contra el trasero de ellas, a mí, que quieres que te diga, me excitaba :)))))).
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Comentario:
mira se que suena poco original, pero no puedo decirte mas que WUAW,,,yo escribo enectodotas que me pasan con las minas pero con tu relato quede con la boca abierta...muy interesante tu pag y si te interesa http://blogs.ya.com/horaciorojasreyes
shaw
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Comentario:
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shaw
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shaw
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Bienvenid@ al mundo blogero, muchas veces sabemos que todo lo que escribamos puede ser simplemente para desahogarnos, unas palabras echadas al aire, pero a veces esas palabras caen en manos de alguna persona que si le pueda interesar. Un saludo desde mi blog
Comentario:
guau sin palabra, me muero de ganas por volverte a leer
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