CITA A CIEGAS

Ella permaneció ante la puerta de la habitación indecisa sin saber que hacer a continuación. Tenía grabadas a fuego las instrucciones que le había dado él pero le faltaba el impulso final para lanzarse.
Respiró hondo, abrió su bolso y sacó de dentro un pañuelo negro de seda y se vendó los ojos firmemente. A continuación llamó con los nudillos a la puerta y alguién abrió. Una voz masculina le dijo que entrara (una voz firme y grave) y ella recordó las palabras del Conde Drácula en la novela de Bram Stoker:
"Entrad por vuestra propia voluntad a mi morada".
El la cogió de la mano y la guió por la habitación, le dijo que se detuviera y ella lo hizo. Ponía el alma en obedecerle, adoraba esa complicidad que les unía. Notó como él cogía el bolso y lo dejaba en alguna parte. Luego en el denso silencio solo percibia su presencia, su aroma de hombre, allí rondándola.
Estaba un poco asustada y al mismo tiempo extraordinariamente serena y tranquila. Llevaban meses planeando esa cita, hablando sobre ella. El y ella parecían congeniar en mil cosas. Ella, por extraño que pudiera ser, confiaba en él, a pesar de no conocerle, de no haberle visto nunca, ni él a ella.
En sus interminables charlas diarias habían hablado de todo. El la conocía muy bien, conocía sus gustos, los libros que ella amaba. Sus peliculas favoritas. Como le gustaba el café. Las cosas que la sublevaban y las que la emocionaban. Y ella sabía del amor de él por la música de Wagner. Conocía de su pasión por la historia y las matématicas. Sabía lo importante que era para él ayudar a la gente y que la gente confiara en él.
Era un amigo -por incongruente que pareciera- y por eso estaba en esa habitación con los ojos vendados, a ciegas.
En su poder.
Había un fuerte componente erótico en el hecho de estar totalmente indefensa en manos de un desconocido. Ella era una mujer apasionada si, pero no muy promiscua (cuando se daba a alguien se daba por entero) y normalmente no se sentía excitada en una primera cita. Sin embargo ahora temblaba de deseo.
Notó que sus manos acariciaban su cuello con suavidad y sus labios la rozaron ahi -en ese punto especialmente sensible- . Esa inesperada caricia la enervó aun mas. Ella estuvo a punto de romper el silencio acordado -aunque sabía que no debía hacerlo- pero un dedo posandose sobre sus labios y un ligero murmullo en su oido la volvió al orden.
El desabrochó lentamente los botones de su blusa y manipuló la cremallera de su falda, haciéndola caer al suelo en un remolino de seda. Le dijo que sacara los pies y ella lo hizo obedientemente. Le hizo levantar los brazos y le sacó la blusa. Debajo llevaba un sujetador de encaje blanco y un tanga del mismo color. Ella sintió la mirada de él como fuego recorriéndola. Pero no la tocaba.
Podía sentir la humedad mojando su entrepierna. El le sujetó las manos detrás de la espalda y con algo que parecía una cuerda de algodón las sujetó con firmeza. La dejó allí sola, ella oyó como sus pasos se alejaban y un sudor perlino abrió todos los poros de su piel. Se sentía como un animalito cautivo.
Cuando volvió, oyó el tintineo de hielo en un vaso y un liquido cayendo. Le acercó un vaso a los labios y la conminó a que bebiera hasta la ultima gota. Ella lo hizo.
Las manos de él volaron a su espalda y saltó el corchete del sujetador. Ella gimió cuando se apoderó de sus senos, como un ladrón suave en la noche, y le apretó los pezones rudamente, pellizcándola con fuerza.
El tiró con fuerza del elástico de su tanga y lo arrancó por la parte mas fina, rompiéndolo. Ella gimió. Al mismo tiempo unas fuertes palmadas en sus nalgas le arrancaron nuevas oleadas de placer. El la guió hasta la cama y una vez allí le dió a beber mas agua fria hasta la ultima gota.
La hizo sentar en la cama, desató sus manos y la hizo tender totalmente desnuda en el lecho con los brazos y las piernas extendidos, como una estrella de mar. Los cabellos sueltos y libres, extendiéndose por la almohada. Ella no podía ver nada, excepto alguna sombra, aunque si podía imaginarlo, y todo lo que notaba era terriblemente intenso, con una intensidad tan acentuada que ella pensó si no estaría a punto de tener una sobrecarga sensorial.
Sentía encima de su cuerpo el tacto suave y algo aspero de sus manos, al extender sus brazos y atarlos separados a los barrotes de la cama. Lanzó un gemido gutural al notar como separaba sus piernas y las acariciaba desde el tobillo hasta el centro mismo de su ser, antes de atarlas muy separadas.
Mas tintineo de cristal y vasos y de pronto el frio agudo del hielo despertando aun mas sus pezones enhiestos. Su calor interno derritia el hielo casi al momento y hacia que rios de agua helada recorrieran su vientre y se perdieran en su pubis.
El esta inclinado sobre ella y tenia un cubito de hielo en cada mano y con ellos trazaba circulos de fuego sobre sus pechos. Con uno de ellos trazó un camino que seguia por su vientre y bajaba y bajaba.
Gritó cuando la frialdad absoluta se instaló en su clitoris, rodeandolo, acariciándolo, poseyéndolo. El combinaba las caricias con los hielos con pellizcos de sus fuertes dedos -pellizcaba sus pezones y su clitoris de modo ritmico y enloquecedor- Ella era ahora un desmadejado, un lánguido cuerpo ardiente entre las sabanas mojadas.
Gemia y gritaba y le rogaba que continuara. La lengua de él abria surcos y luego se detenía y a continuacion el hielo mordiente la taladraba.
Ella no estaba preparada para lo que sucedió. El de pronto introdujo un cubito de hielo en su sexo y luego lo manipulo hacia dentro con los dedos, masturbándola, con aquel fuego dentro. Ella sintió el placer llegarle como un trallazo, como un rayo, y se abandonó a él. La recorrió y la llevó a esas playas ignotas a donde vamos cuando tenemos un buen orgasmo.
... CONTINUARÁ....
Comentario:
No sé, no sé.....que creo que estás algo díscola ultimamente por no decir otra cosa, que ya te dije en privado, jajajajjaa
Y tu mario...disfruta leyendo, que total, son dos dias.
Besossss
Y tu mario...disfruta leyendo, que total, son dos dias.
Besossss
Comentario:
me quedo con la del metro, pero esta tampoco se queda atras, vamos escribe esa continuacion que tengo muchas ganas de leerte.





