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PINTURA
Hacia calor. Sus pantaloncitos cortos se pegaban a su cuerpo como una segunda piel y la camiseta suelta parecía un trapo humedo. Habían estado rascando, lijando, limpiando, preparando aquellas imposibles paredes para la pintura, con la increible moral que da la edad, intentando convertir aquella ruina de piso en un lugar habitable.

Era lo mas dificil que hubiera hecho nunca, aunque claro nunca habia intentado arreglar un piso donde había entrado el agua del rio hasta una altura de un metro o metro y medio del suelo...

Tarea de titanes pero Marc y ella tenían ilusión y carencia absoluta de recursos económicos. Y ella una vitalidad inmensa que la hacía acometer empresas asi, imposibles. El estaba ahora sentado en el suelo, con la espalda recostada contra la pared, bebiendo lentamente una cerveza a pequeños sorbos. Si no tiene cuidado se le subirá a la cabeza, pensó ella. No ha comido en todo el dia. Rectificó con una sonrisa: no hemos comido en todo el dia. Ella estaba tirada en un sillón desvencijado, pensando solo en una ducha y tumbarse,

La voz de Josep la sacó de sus pensamientos. El salía de la ducha ahora, fresco, con su negro pelo revuelto, cayéndole de forma atrayente sobre los ojos. Como un perrito de aguas, pensó. Josep era atractivo, quizá más que Marc, en cierto modo. Y la miraba de una manera que le provocaba un cosquilleo en el estómago. Hacía solo ocho meses que Marc y ella vivían juntos, meses en los que aun no habían quemado todo el fuego, pero si se habían habituado bastante el uno al otro, acomodándose a una rutina. Ella odiaba la rutina.

Josep se sentó a sus pies sonriente, mientra miraba de reojo a Marc, su amigo. Pensó que seguramente esperaban que ella hiciera algo para cenar, era quizá lógico teniendo en cuenta que Josep les había estado ayudando todo ese caluroso dia de verano, pero malditas las ganas que ella tenía de hacer nada.

Con deliberada malicia se estiró hacia atrás tensando su cuerpo y dejando que la camiseta al levantarse mostrara una porción generosa de su piel desnuda y escuchó el suspiro de Josep con bastante placer. Espiando entre el filtro espeso de sus pestañas observó a los dos muchachos. Se sentía extraña, se sentía capaz de cualquier cosa, como si hubiera sido abducida por una antepasada mucho mas atrevida que ella.

Quereis ver una película?, dijo . Y ellos la miraron sorprendidos, como si fuera la última cosa que hubieran esperado oir. Que clase de película?, que película? dijeron casi a duo. Ella les miró descaradamente y respondió: pues una peli porno, creo que tenemos alguna por ahi.

Se levantó y se subió a la única silla medio decente que habia en el revoltijo de cosas que eran todas sus pertenencias. Tenian un video y tenian sus cintas asi que rebuscó entre ellas hasta encontrar aquella que sabía estaba por ahi: Las excursionistas calientes.....

Se la dio a Marc y le dijo: preparad alguna cosa, voy a ducharme y ahora vuelvo. Marc estaba un poco sorprendido pero habia una luz diferente en su mirada. Josep tenía su mirada traviesa, esa que a ella le gustaba.

Dejó que el agua se llevara el polvo, la suciedad, pero no los deseos inquietos que bullían dentro de ella. Después de secarse ligeramente con una toalla y aplicarse crema, se puso una camisola de tirantes muy cortita, de color negro, que sabía favorecia su blanca piel, y que la hacía aparecer muy apetecible.

Secó un poco su pelo alborotado, y lo dejó caer suelto como una nube sobre sus hombros. Se aplicó un poco de hidratante en los labios, lo justo para que se vieran suaves y frescos. Aplicó un poco de perfume en el pliegue de sus brazos, en un lado de su cuello, en el hueco de sus rodillas, en el surco entre sus pechos.

Apareció justo cuando ellos habían terminado de improvisar algo de cena y se habían arrellanado en el sofa, un tanto a la expectativa. La miraron Marc parecía algo borracho, Josep estaba pasmosamente tranquilo.

Se sentó entre los dos, sintiendo el calor de sus cuerpos y excitándose con el roce accidental -o no- de sus piernas o brazos. La película era solo una excusa para estar ahí entre esos dos. Era la maldita luna, esa luna llena que convertía su mente en un polvorín. Sonrió al pensar en una frase que decía siempre su padre: la dinamita viene en paquetes pequeños.



 
Comentario:
esa historia continua verdad???
No