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Carmona Otero...cosas para enseñar y contar
mi dia a dia... diario de un exhibicionista
Acerca de
Sobre todo me gusta vivir...de gustos sencillos...amante del deporte y las artes...debilidad, la pintura la fotografia y el cine... me gusta pasear... y sentir sensaciones...Jerez...Sevilla...Londres... Charo mi mujer... Juan y Manuela, mis hijos... mis gentes...mi perro Remo y mis gatos Felipa y Baco...Real Madrid...Jerez Industrial...
Sindicación
 
Ella siempre fue provocativa (Premio relato erótico Radio Nacional de España)
Ella siempre fue provocativa. Disfrutaba con el juego de la provocación. Eso le hacia feliz y le excitaba. Se sentía bien.
Al fin y al cabo regalaba placeres.
También le gustaba la ropa interior blanca. Minúsculas bragas blancas cubrían siempre su pubis.
Lisas, de encajes, de seda o algodón, transparentes o tupidas y a veces con lindas florecillas como mariposas.
Era un derroche de insinuación.
Cada mañana, al vestirse, bajo las faldas, cortas muy cortas, elegía cuidadosamente el motivo de tentación.
" Hoy de sedas, porque veré a ..." "Hoy de encajes para variar..." " Hoy estas caladas tan..."
Así día tras día, mañana tras mañana.
Camino de la oficina se regodeaba en sus voluptuosos pensamientos, en sus pícaras intenciones.
Y allí todos la disfrutaban. El conserje nervioso según subía las escaleras y divisaba en el horizonte las inmaculadas braguitas. El nuevo compañero, que llegó hace solo unas semanas y aun no salía de su dicha, nunca fue tan feliz al trabajo. Y don José el gerente, al que le gustaba dictar personalmente las cartas, mientras ella tomaba nota con las piernas entreabiertas. Era una excitación permanente.
Todos gozaban de sus encajes, de sus flores y sus sedas...
Una mañana, en el ritual de su elección, una diabólica idea le surcó su mente.
¿Y si aquel día no llevaba bragas? ¿ Y si aquel ida, todos pudiesen contemplar a pleno placer, su enmarañada selva negra?...
El culmen de la tentación. Paladeó sus pensamientos.
Por el camino, ya sin bragas, se sintió la portadora de la esencia del gozo.
Al llegar, como siempre cruzó sus piernas... y fue el hombre de los cafés, el camarero de la cafetería de enfrente, el primero en sentir tamaña provocación, luego el compañero de unas semanas tan solo..., el conserje... y mas tarde por fin don José con su carta.
Pensó en una explosión en una tormenta de sensaciones eróticas...
Mientras ellos perdían la mirada e intentaban descubrir el aporte de la nueva situación. De algo tan novedoso. Miraban pronfundamente, bañando sus ojos en la negrura de un pozo sin fondo.
Pero ya nada era igual. Ya no podían descubrir si de seda o algodón, si calada o lisa. Ni siquiera como serían las florecillas con pinta de mariposas. Ya nada era igual...
Claro, hoy eran negras.

No