Carta Abierta
Hoy escribo sabiendo que mañana las leerá su correcto destinatario...
Acerca de
Las cartas quedaron abiertas junto a la ventana y el viento las arrastró dejándolas tendidas con las letras mirando al cielo...
Sindicación
 
El retorno
Tengo la firme impresión de que en nuestros recuerdos quedan mejor grabados los actos que nos hieren más que aquellos que nos agradan, por eso quizás sentimos estar lejos de la felicidad en circunstancias que ella se encuentra a nuestras espaldas, muerta de la risa jugando naipes con la suerte. Como la oportunidad en que sintiéndome desgraciado por la falta de dinero caminé abatido mirando el suelo hasta que mi vista tropezó con una billetera llena de dinero que cambió mi triste expresión por una duradera y materialista sonrisa (sonrisa que perdió el dueño de tal botín) y que se diluyó en el tiempo en la medida que el dinero se acabó.

Caminando por la vida, me he tropezado con penas y alegrías, propias y ajenas; entre ellas las de la señora María, que vivía sola en un viejo rancho frente al puerto, después de quedar viuda de su marido capitán, abandonada por sus hijos en la punta de aquel cerro coloreado, adoptada por los gatos y confidente de sus perros. Sus ventanas dominaban todo el puerto y más allá, trayéndole la brisa marina, los recuerdos a granel de su hombre, de sus abrazos y de la abundancia, sabiendo que no volverán, difuso su futuro ahora por la tenue bruma que invade el ambiente de su pobre hogar, oscureciendo las paredes y dejándoles olor a viejo.

Los dolores calan hondo en nuestros recuerdos y quedan grabados a fuego, nos moldean la personalidad y enriquecen nuestros valores haciéndonos seres humanos sensibles.

La señora María dejó su huella en mi corazón cuando vi el futuro en los ojos de esta anciana mujer curtida de sol y de sal, apaciblemente sentada mirando el horizonte, buscando en el viento las palabras que ayer con erotismo la amaron y que hoy esquivas, montadas en los cerros guardan silencio sepulcral.
 
El Primer Beso
Después de leer mi primer borrador, me quedó la leve impresión de ser un tipo atormentado por el pasado. Así que para cambiar esa impresión, esta vez les voy a traer al recuerdo ese momento mágico que todos hemos vivido y que dificilmente podremos olvidar.

A mi inolvidable Paula:

Queridisima Paula, no sabes con cuanto placer escribo estas líneas para decirte que el beso que me diste por la tarde en aquel salón de clases vacío, hizo hervir mi sangre, desbocó mi corazón, despertó mis instintos carnales y me hizo tomar conciencia de mi esencia masculina.

El roce de tu piel tersa, el tibio olor de tu cabello, tus manos acariciando mi nuca, mis brazos rodeando tu espalda, fuimos uno en un abrazo solos, frente al pizarrón, existiendo el uno para el otro, deteniendo el tiempo hasta perder la razón.

La tenue luz entra curiosa por las rendijas buscando iluminar nuestro incipiente amor, nosotros escondidos de todos al abrigo de las sombras, damos rienda suelta a la imaginación y reimos con las manos enlazadas llenos de vida y buen humor, pensando quizás en llegar juntos a viejos.

¿Que será de ti, de tu vida, cómo estarás?, ¿estarás casada?, seguro que si, siendo bella como eras, ¿Cuantos hijos tendrás?, ¿recordarás nuestro beso?, es más probable que no; yo si, cómo olvidar un beso tan tiernamente infantil.

Un beso cala hondo en un hombre en formación, incluso un beso en el rostro, como el que yo recibí, todavía lo recuerdo con una sonrisa en los labios que nunca buscaron los tuyos; me hizo flotar todo el camino de regreso del colegio y sentí tus labios tibios en mi mejilla incluso horas después.

A los seis años esas cosas pasan con frecuencia, no te averguences eramos niños, un pedacito de vida aprendiendo a querer, felices y despreocupados sin saber lo que nos espera con el correr de los años.

Espero te encuentres bien al leer estas letras, te deseo suerte y lo mejor, para la mujer que abrió de par en par mi corazón con un primer beso de amor dibujado en la mejilla.
 
Primer borrador
Será mejor que nos separemos le dije a mi mujer, esto no va a terminar en nada bueno y ella me hizo caso; al llegar una tarde a la casa; la más completa desolación llenó la habitación que arrendabamos y no quedó nada más que la soledad y yo. Parado en medio de esta nada se atragantó una despedida que habría querido decir a mi hija de siete años de quién quedó un dibujo garabateado en las tapas de un libro y un montón de recuerdos de su cabecita rubia correteando dentro de la mía.

Hoy que los dolores cesaron y las heridas dejaron hace rato de sangrar, puedo decirte que bueno, que bueno que te fuíste y me dejaste solo enfrentado a la verdadera realidad; a tu verdadera esencia, a tus inconfesables secretos, a tu falta de honestidad.

A nadie le falta Dios, ni a ti que pasados estos años tres hijos te ha dado y has llevado una vida ejemplar, de madre intachable y mujer irreprochable que tu oscuro pasado supiste ocultar. Según tus palabras sin arrepentimientos.

Quiero decirte que perdono tus infidelidades; que por más que te esforzaste en ocultarlas, el tiempo soltó las lenguas cuyo peso en las conciencias no podían soportar; como ves, somos muchos más que dos los que conocemos de tu dudosa fidelidad; quizás no fuí un amante ejemplar y tu naturaleza homnívora te obligó a cazar.

También decirte que estoy feliz de caminar junto a una mujer brillante y hermosa, franca y honesta como nunca soñé; feliz de compartir con ella la vida que me quede por vivir.

Gracias por abrir mis ojos, hacerme hombre en una tarde y darme fuerzas para enfrentar la vida con el optimismo y la alegría que en tí no conocí.