Blogs.ya.com Quitar publicidad
Casado de noche y solo
Soy casado, pero por por la noche estoy solo... ¿qué hago? Pues imaginarlo...
Acerca de
Hola majet@s. Soy un casado de 37 tacos, sin hijos, que por la noche a veces navega y ha decidido crear su blogg. Lo que meobsesiona un poco es el sexo, por que lo practico poco con mi mujer, y no me queda más remedio que hacerlo solo... Me teneis tambien en arnand32es@yahoo.es
Sindicación
 
Sin muchas palabras
Hay temporadas en las que no me apetece escribir. No encuentro palabras, ni imaginación, ni relatos, ni fantasías ni realidades que contar.

Hay días, semanas, en las que prefiero ser observador anónimo de otros blogs, cotilla de posts y comentarios, silencioso.

Hay momentos en los que me cautiva una imagen, y es lo mejor que os puedo ofrecer.



Directa. Desenfadada. Luminosa. Con movimiento. Una delicia sin las curvas voluptuosas de otros planos, pero viva y expontánea.
 
Messenger
Querías que lo contara, y no puedo menos que dejarlo escrito aquí.

Fue un placer conocerte. Primero tu blog, comentarios a nuestros posts, y alguna conversación inocente de messenger.

Fue precisamente aquí donde ocurrió. Me encantó dejarme llevar por tu encanto y provocación, disfrutar de tu placer y del mio. Y desde entonces le debo un pequeño tributo al messenger y otro a ti.

Aquel día me invitaste a conectar con tu webcam, otro invento maravilloso. No tardó en embrujarme tu mirada, tu sonrisa, tu frecura. La conversación ya no fue por los mismos derroteros. Me provocaste y me dejé llevar, hipnotizado por lo que aquella pequeña ventana me ragalaba de tí.

Me extasié cuando tus manos se dirigieron a tus pequeños y deliciosos pechos, los mostraron para mi, y rozaste juguetonamente tus pezones. Me excité intuyendo su dureza, su tacto, su calor, su sabor.

En aquel momento tu no me veías, pero yo estaba empalmado observándote.

Seguiste mostrándome como te desprendías de tu pantalón, y cuberto por un gracioso tanga me enseñaste el culo en el que en aquel momento quería bucear, quería palpar, acariciar y morder.

Te comenté que me estaba excitando, que mi verga estaba grande y dura. Te conté como estaba en aquel momento, desnudo, acariciándome, masturbándome, viéndote.

Te quitaste el tanga, te sentaste y orientaste tu webcam. Allí estaban tus muslos entreabiertos para mi, tu coño semienfocado en la penumbre de tu habitación. Tu mano, su movimiento, su caricia... Me regalaste tu masturbación, y yo acompasé la mía a la tuya.

Fue excitante. Maravillosa paja, increible corrida observando tus movimientos, tus dedos en tu clítoris, su recorrido por la rajita húmeda, los movimientos de tu pélvis en la silla cuando se acercó el momento, y mientras, mi mano en mi capullo erecto, húmedo, sensiblre, ansioso, moviéndose lentamente, disfrutando de cada segundo que te veía.

Me corrí inmediatamente despues de ti, lamentando inmediatamente no haberme mostrado, no tener esa cam con la que haber compartido ese momento de placer contigo.

Fue un regalo maravilloso. Y espero poder repetirlo algún día.
 
Toy malito...
...y no tengo muchas ganas de escribir.
Necesito cuidados...
 
Inspirado
... leyendo leyendo, un blog me ha recordad esta preciosa foto.


 
Anoche
Anoche me quedé sólo en casa. No me apetecía mucho salir, y el tiempo no acompañaba.

Pasé un buen rato revisando blogs de medio mundo, y un buen rato escribiendo en el mio.

La verdad es que me excitó tanto una cosa como la otra. Imaginar mi historia y leer otras. Escribir, buscar fotos, leer, sexo, pasión, ternura, humedad, erección.

Para cuando llegó mi mujer yo estaba excitado. Me apetecía descargar la tensión sexual acumulada. Nos fuimos a la cama, le abracé, acaricié, besé... "estoy cansada, no me apetece". Echó mano a mi entrepierna y comprobó como estaba. Totalmente empalmado.

Me sorprendió: "hazte una paja aquí conmigo". Se acomodó para verme. Humedecí mi mano con saliva y la dirigí a mi capullo, totalmente erecto. Ella miraba curiosa. abracé mi glande con mi palma y mis dedos, y comencé a masajearme, a masturbarme. Aquello me gustó. Ella acariciaba mi pecho, mis piernas, mis huevos, pero dejaba que fuera mi mano la que trabajara mi polla.

Con mis caricias comencé a moverme, a respirar proundamente, a gemir. La verdad es que no tardé en correrme. Correrme con movimientos lentos, intentando alargar mi orgasmo, con una generosa y potente expulsión de semen que alcanzó mi pecho.

Me excitó masturbarme así, siendo observado. Pero me falta hacerlo y que lo haga(n) para mi.
 
Fin de la 3ª parte.
Nos quedamos acurrucados un buen rato. Charlamos, descansamos, nos acariciamos, bebimos, recuperamos. Era ya tarde y habíamos pasado un buen rato juntos. Me había encantado tener sexo de esta manera contigo, disfrutando de nuestros cuerpos y nuestros sexos. Creía que me ibas a decir que ya te ibas, cuando me dijiste "ahora me toca jugar a mi".

Me quedé un poco sorprendido. "Voy a atar tus manos. No quiero que las utilices para nada". Dicho y hecho: ataste mis manos al cabecero de la cama, no muy fuerte, pero en tu juego yo no podía utilizarlas.

Me tenías totalmente a tu disposición. Y me regalaste uno de los momentos más placenteros de mi vida.

Te acercaste a mi oido. Me susurraste "déjate hacer", e inmediatamente, tu boca comenzó un delicioso recorrido por todo mi cuerpo. Sentí tus labios en mis orejas, en mi cuello, mis labios, mis hombros. Seguiste por mi torso, buscaste mis pezones, los mordisqueaste, los sorbiste disfrutando de su coqueta erección. Recorriste mis costados, mis caderas, mis muslos, mis piernas. Sentí como cada movimiento de tus labios y de tu lengua en mi piel arrancaba pinchazos de placer de cada milímetro.

Mi respiración, mis movimientos, animaban tu recorrido. Subiste de nuevo desde mis pies, esta vez buscando la cara interna en tu camino. Entreabrí mis piernas dejándote via libre.

Noté tu lengua en la cara interna de mis muslos, llegando casi hasta mis huevos. Los rodeaste. Yo me arqueé buscando tu contacto. Te hiciste de rogar pasando tu lengua siempre cerca, nunca rozando.

Por fin noté tu lengua en mi escroto, en la sensible piel que cubre mis testículos. Primero uno, luego otro. La zona media, sensible, delicada. La recorriste desde muy atrás hasta el nacimiento de mi polla. Levanté mis piernas, arqueé mi cintura y facilité que tu boca sorbiera un tetículo, el otro. Mi excitación empezaba a ser agobiante. empezaba a necesitar tu lengua, tu boca, tu vagina en mi verga.

Por fin lamiste el tallo de mi polla, pero a dos milímetros de mi sensible y erecto capullo, paraste.

"Yo tambien estoy excitada, ¿sabes?". Yo estaba loco por sentir tu lengua, pero te incorporaste y, a horcajadas sobre mí, entreabriste tu coño y me lo enseñaste. "Estoy muy mojada, ¿te gustaría tocarlo?".

"Por supuesto, y lamerlo... me encanta lamerlo". Me moría por sentirte y lamerte, por saborearte. Pero querías seguir jugando.

Estaba absorto, deseando como un loco sentir el sabor de tu sexo en mis labios, y no me defraudaste... lo sentí pero no como esperaba.

Así, a horcajadas sobre mi, me quedé extasiado cuando dirigiste una mano a tus pezones y comenzaste a masajearlos, y la otra a tu sexo húmedo. Primero recorriste con un dedo tu raja entreabierta. Se notaba lo húmeda que estabas en el brillo que recubría tu travieso dedo.

De repente lo hundiste en tu vagina, y pronto le acompañó un segundo dedo. Te miraba extasiado. Esa es una visión que me vuelve loco. Me excitaba sobremanera ver como tus dedos rondaban tu sexo. Me volví de nuevo loco cuando los acercaste a mi boca, los lamí, los limpié completamente. Volviste a introducirlos y esta vez los dirigiste a tu boca y los saboreaste.

Mi polla estaba a punto de estallar. Me volvía loco por tocármela, por desahogar la terrible excitación que se apoderaba de mi con esa visión.

La cosa fuá a más cuando tus dedos abandonaron el hueco de tu vagina para buscar la sensibilidad de tu clítoris. Así, sin decirme nada, encima de mi, a horcajadas, disfrutando de mi excitación, de mi desesperación por tocarme, por que me tocaras, por que me follaras o porque mi polla encontrase desahogo, comenzaste a masturbarte.

Mi excitación crecía, por segundos, viéndote disfrutar con tus dedos, con el sabor de tu sexo. De vez en cuando acercabas un dedo a mi boca, como dándome un pequeño premio. Mi boca secuestraba tu dedo, buscando cada molécula de tí, saboreándolo, chupándolo, lamiéndolo. Yo te rogué que pararas, que dejaras que me masturbara, que me masturbaras, que me la mamaras, que me follaras. Tú cada vez te excitabas más con mis ruegos, pero alargaste tu placer al máximo.

Por un par de veces me pareció que te corrías, al sentir tus jadeos, tus gemidos, el movimiento de tus dedos ligeramente acelerados.

La visión de tu sexo, tu clítoris encendido, el roce con el que lo premibas, tus jadeos, la humedad que empapaba tu sexo, tus dedos y tu entrepierna. Estabas disfrutando con el espectáculo que me estabas dando. Y yo estaba gozando con su visión, sufriendo con mi represión, excitado, atado, erecto, húmedo, necesitado, hambriento.

De repente introdujiste dos dedos de una mano en tu vagina. O tres. La otra, mientras tanto, seguía masajeando tu botón, tu delicioso punto, tu clítoris. Me mirabas de vez en cuando, y me encontrabas extasiado y desencajado. Tus dedos entraban y salían de tu vagina, brillantes, húmedos. Tus dedos aceleraron ligeramente, aumentaron su presión. Tus jadeos se aceleraron, aumentaron de intensidad, de tono, haciéndose más agudos,. Los dedos de repente disminuyeron su velocidad, y sin relajar su presión, te regalaron un largo, delicado, profundo, agónico orgasmo. Tus jadeos y tus gemidos poco a poco se apagaron. Te quedaste extasiada encima de mi, dejándote caer.

"¿Te ha gustado, cariño?". Yo no podía hablar. Estaba excitado como nunca. Mi polla estaba a punto de reventar, húmeda, cubierta del líquido transparente que delata su excitación.

De nuevo sentí tu boca en mi cuello. Y de nuevo su recorrido hacia mi torso y mi vientre. Esta vez fue más directa. Sentí tu lengua recorriendo mi glande, lamiéndolo, saboreándolo. Sentí como crecía un poco más con tus lametazos. Me deshacía de placer con tu lengua y tus labios.

Acomodaste tu mano alrededor de mi capullo, y dirigiste tu boca hacia mis huevos. De nuevo los saboreaste, pero esta vez, tu lengua buscaba más profundamente. Doblé mis piernas para facilitarte el acceso a zonas más escondidas. Buscaste la parte más recóndita de mi escroto, pero querías llegar más allá.

Elevé un poco las caderas, y entonces pudiste seguir tu camino hacia lo más escondido. Yo creía que estallaba con cada avance, con cada sensación nueva, con la humedad de tu lengua.

Me sorprendió la sensación de tu lengua en mi culo. Jamás pensé que se pudiese despertar tanta sensibilidad. Noté como recorría la delicada piel que rodea mi estrecha entrada. Notaba la reciente humedad. Notaba el movimieno y las placenteras oleadas que recorrían mi cuerpo con cada lametazo.

Tu mano no abandonaba mi verga. Lubricada con tu saliva, tenía cogido mi glande, y a ratos lo estrujabas, a ratos movías de arriba abajo. Mi respiración era jadeante, profunda. Gemía cada vez que tu lengua atacaba mi culo, con cada movimiento de tu mano. Notaba mi corazón a mil, mi respiración se entrecortaba con el placer que me proporcionabas.

Entonces cambiaste. Tu boca buscó mi polla. La introdujiste, poco a poco, saboreándola, y la aprisionaste con tus carrillos, tu lengua, tus labios, comenzando un lento movimiento de arriba a abajo.

Entonces buscaste mi culo de nuevo, con la mano. Tu dedo encontró la lubricación que había dejado tu lengua. Yo me tensé un poco, pero pronto me dejé llevar. Noté como tu dedo se introducía lentamente en mi culo. Para mi sorpresa, aquello aumentaba mi placer, mi excitación, profundizaba mis jadeos. Me estaba volviendo loco.

Tu dedo se acomodó dentro de mi. Sabía donde buscar. Encontró su punto y comenzaste un leve movimiento que masajeaba mi recóndito punto.

Mi polla estaba a punto de reventar. No podía más. Las placenteras sensaciones que recorrían mi cuerpo eran de una intensidad inimaginable. Tu boca, tus dedos, la excitación a la que ma habías provocado me estaban llevando al límite.

Quería dejarme llevar, llegar al orgasmo que me diese por fin reposo. Jamás había estado tan excitado.

Tu boca y tu dedo lograron lo que deseaba. Sentí como una deliciosa sensación emanaba desde el interior, desde donde presionabas, subiendo por mi polla, alcanzando mi capullo aprisionado en tu boca. Sentí como quería hincharse un poco más justo en el momento en que sentía que me corría de la manera más deliciosa que había experimentado nunca.

Tú exprimiste mi polla, recogiste cada gota de semen que eyaculé, mientras me retorcía con un placer y en un concierto de jadeos y gemidos que me sorprendieron a mi mismo.

Me quedé extasiado. Exhausto. Rendido. Lamiste cada centímetro de mi polla.

Te acercaste a mi y me besaste. Te confesé "Cielo, esto que me has hecho es lo más delicioso que he sentido nunca".

Te acurrucaste junto a mi, y nos quedamos dormidos.
 
No tengo tiempo de escribir
... pero no dejo de desear, de imaginar, de soñar, de buscar.
Deseo tu cuerpo. Imagino tu boca. Sueño con calor, con tus besos húmedos. Te busco a ti.


 
Los comienzos...
Pues sí, así comenzó todo...

 
Imagino...
... y no puedo evitar imaginarte así.
 
Dedicado (II) (Sin fotos)
Llegamos a la habitación del hotel. Durante el trayecto en el ascensor nos abalanzamos el uno sobre el otro, besándonos, buscando bajo las ropas la piel del otro, acariciando lo imaginado y ahora deseado.

Una vez dentro nos quedamos de pie, igual que en el ascensor, besándonos, acariciándonos, pero ahora ya, sin furtivismos, yo desabroché tu blusa, la deslicé por tus brazos y alcancé el cierre de tu sujetador, desprendiéndome del último impedimento para disfrutar de la visión, del tacto y del sabor de tus deliciosos pechos.

Seguí con tu falda. Dejé que se deslizara hasta el suelo, y, agachándome, deslicé tu tanga hasta el suelo, despacio, acariciando tus muslos conforme bajaban mis manos y de nuevo conforme subía para besar tu cuello.

Tus manos lucharon con los botones de mi camisa y con los de mi pantalón. Tiré mi camisa al suelo, y tiraste hacia abajo de mi pantalón y mi calzoncillo. Nos quedamos expuestos, el uno para el otro, besándonos y acariciándonos.

“Galilea, me dejas jugar un poco contigo”

Me miraste curiosa. “Sí”.

Te tumbé en la cama. Me quedé mirando, disfrutando del festín que me iba a dar. Quería devorarte.

Cogí un pañuelo negro y vendé tus ojos. Me acerqué a tu oído y te susurré: “Sólo quiero que tengas un sentido. El tacto. Tacto de mi boca y mis manos recorriéndote. Tacto de mis labios y mi lengua saboreándote”. Lanzaste un suspiro excitado y te dejaste hacer.

No me moví mucho. Mi boca buscó tu cuello, la delicada piel detrás de tu oreja, besándote mientras mis manos recorrían tus axilas hacia los brazos primero, para volver por el mismo camino buscando tus pechos, suavemente, delicadamente, hasta rozar tus pezones semi erectos.

Recorrí toda tu piel con mis labios y mi lengua, camino de los pezones que ahora abandonaban mis manos. Los besé, los lamí, los succioné. Jugué con su erección en mi boca, con la excitante sensación de su suave piel en mis labios.

Mis manos avanzaban por tu vientre y tus caderas, como abriendo camino a mi boca, que no dejaba poro ni centímetro sin recorrer, sin saborear.

Me situé entre tus piernas. Las entreabriste expectante. La visión de tu sexo húmedo y expuesto para mi me hizo que tuviera que reprimir el impulso de dedicarme a el… pero todavía no.

Quería recorrer tus muslos, tus piernas, tus pies. Acariciarlos y besarlos, avanzar con mi boca lentamente, besando tus rodillas, subiendo por la sensible cara interna de los muslos, acercándome peligrosamente a tu sexo expectante.

Recorrí con mi lengua los pliegues que marcan la excitante frontera hacia tu sexo. El olor de tu sexo era embriagador. Tú te retorcías levemente, intentando adelantarte a mí.

Tu sexo estaba totalmente abierto, húmedo, expectante. La turgencia de tus labios y de tu clítoris eran una sabrosa invitación a saborearlos, y no quería ni podía esperar más.

Coloqué mi lengua en la entrada de tu vagina, buscando su sabor, su calor. Avancé lamiendo, golosamente, casi compulsivamente, robándote cada gota de flujo sexual que cubría tu coño, el delicioso surco que me llevaba al casi pulsante botón que coronaba mi recorrido.

Lo alcancé con mi lengua y diste un respingo, un suspiro, un gemido. Comencé a mover mi lengua en la suave superficie y tus movimientos y tus gemidos se aceleraron. Me nombrabas, me pedías que no parara, te retorcía con cada lametazo. Mis dedos buscaron la entrada de tu vagina, y, mientras mi lengua no se separaba de tu clítoris, te penetré primero con uno y luego con dos.

Estabas disfrutando. Me lo transmitías, y no pensaba dejar de lamer hasta que te corrieras. Tus manos avanzaron y tocaron tus pechos. La visión desde mi posición entre tus piernas me excitó tremendamente.

Seguí lamiendo y penetrándote con mis dedos a la par que tus jadeos se aceleraban, tus gemidos aumentaban en intensidad. El movimiento de tus caderas delataba de la inmediatez de tu orgasmo. Tu coño destilaba sexo, sabía y olía a sexo, y se preparaba para el orgasmo.

No tardó en llegar ese delicioso momento de placer que recorrió tu cuerpo desde la punta de mi lengua hacia tu clítoris, y desde allí como un tremendo escalofrío se extendió por cada uno de tus nervios.

Quedaste exhausta y mi boca saciada. Lamí el aporte extra de flujo que me regaló tu orgasmo, y avancé hasta tu boca. Te besé compartiendo el delicioso sabor de tu sexo. Bebiste de mi boca el sabor de tu orgasmo, y, sin quitarte todavía el pañuelo de tus ojos, abriste tus piernas y me dijiste “penétrame”.

Fue fácil penetrarte. Estabas deseosa de sentir mi polla totalmente erecta dentro de ti. Me aprisionaste con tus piernas alrededor de mis caderas, tus brazos alrededor de mi espalda y tu vagina aprisionándome.

Comencé a moverme, primero despacio, disfrutando del roce de tus paredes en mi capullo, notando el avance de cada embestida dentro de ti. Mis gemidos se mezclaron con los tuyos. Con cada embestida, nuestros alientos nos delataban. Delataban nuestro goce, nuestro placer.

Mi polla estaba a punto de estallar. Creía que me podía ir en cualquier momento, y me separé de ti.

Te di la vuelta. Quería tenerte así de espaldas. A cuatro patas, con el culo en pompa, con tu sexo hambriento de nuevo de mi.

Busqué tu clítoris con mi mano. Lo rocé un poco y comprobé el delicioso efecto que te producía.

Antes de metértela quería seguir lamiendo. Sin dejar de acariciar tu placentero botón, hundí mi lengua entre tus nalgas, recorriendo el camino que me dejó en tu secreto y sensible agujero. Recorrí haciendo círculos la estrecha entrada, acercándome con cada vuelta al centro, humedeciendo y empujando con mi lengua hasta lograr acceso a tu delicioso culo.

Tus movimientos delataban tu placer. Mi mano y mi lengua excitaban tus zonas sensibles, despertando de nuevo deliciosas sensaciones.

Me retiré e introduje un dedo. Tu movimiento hacia atrás facilitaron que desapareciera dentro, que se hundiera con facilidad. Aquello me estaba excitando mucho.

Era momento de volver a follarte. Así, de espaldas, busqué de nuevo la entrada de tu coño. Cogí tus caderas y volví a sentir la deliciosa sensación de mi glande, sensible y tremendamente erecto, aprisionado en tu cálida vagina.

Te enderezase un poco y pude alcanzar tus tetas, deliciosas, sujetas ahora por mi mano. Pellizqué levemente tus pezones, arrancando un gemido de tu garganta. Seguimos así, jadeando de nuevo. Mi polla estaba a punto de estallar, y por mis jadeos y mis movimientos intuiste la inmediatez de mi corrida. Yo estaba a punto de irme, cuando me cogiste la mano y la dirigiste a tu clítoris. Entendí y continué mi fricción, aunque por poco tiempo.

Noté como mi polla se llenaba con la inmediatez de mi eyaculación. Tus gemidos se aceleraban cuando un gemido casi ahogado salió de mi garganta. Noté como me derramaba en tres tiempos dentro de ti, inundando tu vagina con mi semen caliente. No dejé de empujar y de acariciarte, y cuando los estertores de mi delicioso orgasmos me abandonaban, y mi polla bombeaba con más fuerza, te derrumbaste con una larga y sonora serie de espasmos y gritos nada disimulados.

Quedamos quietos, jadeando, callados, durante unos minutos. Te quité la venda de los ojos y besé tus labios.

“Quieres beber algo” “Sí”.

Y así, bebiendo unas cervezas, nos quedamos charlando un rato.

Sin embargo, tú aun tenías una sorpresa para mí.
 
Experimento
Hoy conduciendo, y acordándome del blog de las locas, pensé en qué tal saldría un blog escrito así pero por dos personas de distinto sexo: contando historias, provocándose, inventando una fantasía juntos, en abierto, accesible a cualquier lector de blogs. Cada uno en un sitio, pero posteando juntos.

Puede ser complicado, pero quizás interesante... puede quedar algo majo y excitante.

Aquí lanzo el guente.