Vacaciones
Sí, vale, ya se... que si no me las merezco, que si falta 1 mes para el verano, que si que morro, que si, que si, que si... pero me voy unos dias de vacaciones. No os preocupeis, luego me tocará currar a mi en verano mientras muchos de vosotros las disfrutais (y os juro que en mi trabajo no hay aire acondicionado, imaginad lo que significa en julio-agosto).
NOS VEMOS!!!
Bueeenos....

NOS VEMOS!!!
Bueeenos....

El stand (y 2)
Durante los dos días siguientes apenas nos pudimos saludar. Fueron días de mucho ir y venir de clientes a los que atender, pero nos cruzamos un buen número de miradas furtivas llenas de complicidad.
El último día la cosa cambió. Había mucha menos gente, y pudimos charlar un rato. Por la tarde, ya viernes y víspera de puente, apenas sólo quedábamos expositores, y pasé a tomar un café con Eva.
Hablamos de chorradas un rato, sobre temas profesionales y sobre la marcha de la feria.
"La feria ha estado bien, Arnand. Sobre todo el primer dia".
Me miró pícaramente, coquetamente. Yo, cada vez que me acordaba del primer dia y del cuartillo de su stand, tenía una erección.
"Sí, el primer día fue el mejor, pero el último puede acabar muy bien".
Estábamos en una especie de barra, sentados en dos taburetes. Ella cruzó las piernas y levantó ligeramente la falda. Dirigí mi mirada hacia sus muslos, y comencé a notar la presión de mi polla dentro del pantalón.
Luego metió la mano detrás de la barra y sacó el bolígrafo del primer día.
"Te dejaste esto el otro día. Te he de confesar que hace muy bien su papel..."
Me guiñó un ojo a la vez que me alcanzaba el super boli-consolador. Lo cogí y lo acerqué a mi nariz. Olía intensamente a su sexo, y aquello me excitó mas.
Puse mi mano en su pierna. No había gente pero aun circulaba algún despistado por allí. Subí por su muslo y alcancé su braguita. Ella estaba también excitada.
Eva me paró, se puso de pie y de nuevo me cogió la mano y me llevó al cuartito. Los dos estábamos absolutamente excitados.
Al entrar fue directa al grano. Se agachó delante de mi, me desabrochó el pantalón y me desnudó de cintura para abajo. Cogió mi polla erecta con una mano, mientras agarraba mis huevos con la otra. Me miró. Yo veía sus piernas abiertas, sus muslos, su falda arremangada por la posición, el vello de su sexo dibujado en su semi transparente braga.
Lamió mi capullo unos instantes. Casi se deleitó pasando su lengua como quien saborea el mejor de los helados, despacio, disfrutando.

Se levantó, y ahora yo me agaché, busqué el cierre de su falda y se la quité. Bajé su braga y acerqué mi boca a su sexo. Estaba completamente húmedo y excitado. Eva me sujetó la cabeza allí, implorando con sus dedos enredados en mi pelo que no me moviese de allí.
Me acordé de la tumbona e hice que se sentara en ella. Yo me agaché y me situé entre sus piernas abiertas. De nuevo sus dedos en mi pelo, esta vez más fuerte. Ahora sí que apliqué mi lengua en la raja entre abierta, y comencé a saborear yo su sexo.
Recorrí despacio toda su raja, cada pliegue, la húmeda entrada a su vegina, antes de enfrentarme a un clítoris casi desafiante, duro y terriblemente excitado.
La punta de mi lengua comenzó a rozarlo suave pero rápidamente, y el cuerpo de Eva comenzó a estremecerse. Primero fueron unos suspiros, luego unos jadeos que acompañaban los contorneos de placer de su cuerpo.
Mi lengua lo notaba terriblemente duro. Sobresalía ligeremante de su escondite y respondió a un ligero aumento de presión. La intensidad de sus gemidos crecieron y su cuerpo se revolvió en la tumbona.
Con una mano alcancé a desabrochar su blusa y a acariciar sus tetas. Primero por encima del sujetador, pero con su ayuda, las liberamos y comencé a acariciar sus pezones totalmente duros y erectos.
Eva estaba muy excitada, y yo quería que se corriera así. No disminuí el ritmo, y aumenté gradualmente la presión de mi lengua, hasta el momento en que sus manos me separaron ligeramente de su sexo. Esa es la presión que quería y la que le di hasta que sus gemidos se convirtieron en pequeños chillidos, su clítoris se endureció un poquito más, la humedad inundó su sexo, y los músculos de su cuerpo se tensaron mientras se corria al ritmo de mi lengua.
Se quedó unos segundos jadeando, medio tumbada. Se levantó e hizo que me sentara ahora yo. Me recliné, se agachó y engulló mi polla. La tenía dura y húmeda. Disfruté unos minutos de su lengua y de su boca alrededor de mi capullo, de sus manos en mis huevos, acariciando y presionando. Me abandoné ahora a mis gemidos, al placer de su felación. Pero quería follarla.
Me incorporé un poco y le dije:
"Quiero sentirla dentro de ti".
Me levanté y quité la funda acolchada de la tumbona, echándola al suelo. Ahora teníamos un mullido.
Me tumbé y ella se puso a horcajadas sobre mi. Agarró mi polla y comezó a sentarse sobre ella, penetrándose con ella, lentamente.
Comenzó a moverse despacio, recorriendo toda mi verga con sus movimientos. Aceleró lentamente el ritmo, a la vez que se aceleraba el de mis gemidos y el de sus jadeos. De repente paró, se sentó del todo, con las rodillas apolladas sobre al suelo. Comenzó a acariciar su clítoris. Aquello me escitó más si cabe. Comenzó a moverse lentamente, pero noté que su vagina estaba apretando mi polla, casi succionándola. Jamás había sentido algo así.
La sensación era exquisita. Los músculos de su vagina se contraían abrazando mi miembro de manera que el menor de sus movimientos me arrancaba sensaciones casi desconocidas.
Ella seguía tocándose y se movía un poco más rápido. Yo jadeaba y gemía al ritmo de los movimientos de su cuerpo, a la par que ella echaba la cabeza hacia atrás y disfrutaba de la penetración y de sus dedos.
Eva dirigió casi a la perfección nuestros orgasmos. Estuvo un buen rato llevándome hasta el límite. En ese momento disminuía la presión y la intensidad de sus movimientos, y vuelta a empezar. Me volvía loco como cada vez que me acercaba al clímax.
Finalmente no paró. Se acercaba mi orgasmo y siguió moviéndose, acariciándose. Mis jadeos y gemidos aumentarón en intensidad, casi hasta gritar por la intensidad de las sensaciones que me invadían y que desde el mismo capullo prisionero de aquella vagina recorrían el resto de mi cuerpo.
Me corrí abandonado a gritos y espasmos cuando ella me dejó irme, justo cuando ella se tensó y entre grititos que se fundían con los mios se corrió y desplómó encima de mi.
Fue un polvo increible, casi irrepetible.
Al año que viene hay otra feria...
El último día la cosa cambió. Había mucha menos gente, y pudimos charlar un rato. Por la tarde, ya viernes y víspera de puente, apenas sólo quedábamos expositores, y pasé a tomar un café con Eva.
Hablamos de chorradas un rato, sobre temas profesionales y sobre la marcha de la feria.
"La feria ha estado bien, Arnand. Sobre todo el primer dia".
Me miró pícaramente, coquetamente. Yo, cada vez que me acordaba del primer dia y del cuartillo de su stand, tenía una erección.
"Sí, el primer día fue el mejor, pero el último puede acabar muy bien".
Estábamos en una especie de barra, sentados en dos taburetes. Ella cruzó las piernas y levantó ligeramente la falda. Dirigí mi mirada hacia sus muslos, y comencé a notar la presión de mi polla dentro del pantalón.
Luego metió la mano detrás de la barra y sacó el bolígrafo del primer día.
"Te dejaste esto el otro día. Te he de confesar que hace muy bien su papel..."
Me guiñó un ojo a la vez que me alcanzaba el super boli-consolador. Lo cogí y lo acerqué a mi nariz. Olía intensamente a su sexo, y aquello me excitó mas.
Puse mi mano en su pierna. No había gente pero aun circulaba algún despistado por allí. Subí por su muslo y alcancé su braguita. Ella estaba también excitada.
Eva me paró, se puso de pie y de nuevo me cogió la mano y me llevó al cuartito. Los dos estábamos absolutamente excitados.
Al entrar fue directa al grano. Se agachó delante de mi, me desabrochó el pantalón y me desnudó de cintura para abajo. Cogió mi polla erecta con una mano, mientras agarraba mis huevos con la otra. Me miró. Yo veía sus piernas abiertas, sus muslos, su falda arremangada por la posición, el vello de su sexo dibujado en su semi transparente braga.
Lamió mi capullo unos instantes. Casi se deleitó pasando su lengua como quien saborea el mejor de los helados, despacio, disfrutando.

Se levantó, y ahora yo me agaché, busqué el cierre de su falda y se la quité. Bajé su braga y acerqué mi boca a su sexo. Estaba completamente húmedo y excitado. Eva me sujetó la cabeza allí, implorando con sus dedos enredados en mi pelo que no me moviese de allí.
Me acordé de la tumbona e hice que se sentara en ella. Yo me agaché y me situé entre sus piernas abiertas. De nuevo sus dedos en mi pelo, esta vez más fuerte. Ahora sí que apliqué mi lengua en la raja entre abierta, y comencé a saborear yo su sexo.
Recorrí despacio toda su raja, cada pliegue, la húmeda entrada a su vegina, antes de enfrentarme a un clítoris casi desafiante, duro y terriblemente excitado.
La punta de mi lengua comenzó a rozarlo suave pero rápidamente, y el cuerpo de Eva comenzó a estremecerse. Primero fueron unos suspiros, luego unos jadeos que acompañaban los contorneos de placer de su cuerpo.
Mi lengua lo notaba terriblemente duro. Sobresalía ligeremante de su escondite y respondió a un ligero aumento de presión. La intensidad de sus gemidos crecieron y su cuerpo se revolvió en la tumbona.
Con una mano alcancé a desabrochar su blusa y a acariciar sus tetas. Primero por encima del sujetador, pero con su ayuda, las liberamos y comencé a acariciar sus pezones totalmente duros y erectos.
Eva estaba muy excitada, y yo quería que se corriera así. No disminuí el ritmo, y aumenté gradualmente la presión de mi lengua, hasta el momento en que sus manos me separaron ligeramente de su sexo. Esa es la presión que quería y la que le di hasta que sus gemidos se convirtieron en pequeños chillidos, su clítoris se endureció un poquito más, la humedad inundó su sexo, y los músculos de su cuerpo se tensaron mientras se corria al ritmo de mi lengua.
Se quedó unos segundos jadeando, medio tumbada. Se levantó e hizo que me sentara ahora yo. Me recliné, se agachó y engulló mi polla. La tenía dura y húmeda. Disfruté unos minutos de su lengua y de su boca alrededor de mi capullo, de sus manos en mis huevos, acariciando y presionando. Me abandoné ahora a mis gemidos, al placer de su felación. Pero quería follarla.
Me incorporé un poco y le dije:
"Quiero sentirla dentro de ti".
Me levanté y quité la funda acolchada de la tumbona, echándola al suelo. Ahora teníamos un mullido.
Me tumbé y ella se puso a horcajadas sobre mi. Agarró mi polla y comezó a sentarse sobre ella, penetrándose con ella, lentamente.
Comenzó a moverse despacio, recorriendo toda mi verga con sus movimientos. Aceleró lentamente el ritmo, a la vez que se aceleraba el de mis gemidos y el de sus jadeos. De repente paró, se sentó del todo, con las rodillas apolladas sobre al suelo. Comenzó a acariciar su clítoris. Aquello me escitó más si cabe. Comenzó a moverse lentamente, pero noté que su vagina estaba apretando mi polla, casi succionándola. Jamás había sentido algo así.
La sensación era exquisita. Los músculos de su vagina se contraían abrazando mi miembro de manera que el menor de sus movimientos me arrancaba sensaciones casi desconocidas.
Ella seguía tocándose y se movía un poco más rápido. Yo jadeaba y gemía al ritmo de los movimientos de su cuerpo, a la par que ella echaba la cabeza hacia atrás y disfrutaba de la penetración y de sus dedos.
Eva dirigió casi a la perfección nuestros orgasmos. Estuvo un buen rato llevándome hasta el límite. En ese momento disminuía la presión y la intensidad de sus movimientos, y vuelta a empezar. Me volvía loco como cada vez que me acercaba al clímax.
Finalmente no paró. Se acercaba mi orgasmo y siguió moviéndose, acariciándose. Mis jadeos y gemidos aumentarón en intensidad, casi hasta gritar por la intensidad de las sensaciones que me invadían y que desde el mismo capullo prisionero de aquella vagina recorrían el resto de mi cuerpo.
Me corrí abandonado a gritos y espasmos cuando ella me dejó irme, justo cuando ella se tensó y entre grititos que se fundían con los mios se corrió y desplómó encima de mi.
Fue un polvo increible, casi irrepetible.
Al año que viene hay otra feria...