Tras las vacaciones (y II)
Estaba totalmente sorprendido. Sorprendido y excitado.
Ella seguía agachada, mirándome con la lengua en mi capullo y el dedo tentando en mi culo.
"¿Te gusta? Parece que sí..."
Se lavantó y me llevó hacia la trastienda. Buscó por entre unas cajas y sacó una colchoneta. La extendió en el suelo y me hizo tumbarme.
"Déjame hacer un poquito..."
Ella se colocó a cuatro patas, como para hacer un 69 con ella encima, pero no acercó su coño a mi boca. Su lengua siguió lamiendo mi polla, pero esta vez desde mi glande hacia su base.
No paró, sino que siguió hacia mis huevos. Aquello me puso a mil. Su lengua recorrió la sensible piel que los proteje, despacio, arrancándome gemidos con cada caricia. Poco a poco se acercó tímidamente a mi perineo, arrancándome con cada pequeño avance sensaciones casi olvidadas por mi.

Me dejé llevar en la nube de placer que me estaba proporcionando con su húmeda caricia. Pronto se detuvo en mi culo. Comenzó apenas humedeciéndolo, y creí morir con ese primer contacto. Me sorprendió que no me diera ningún reparo lo que me estaba haciendo, ni lo que previsiblemente me hiciera...
Su lengua fue ganando espacio y comenzó a lamerme descaradamente. De veras que creí morir con el placer que estaba descubriendo, y en algún momento creí que me pordía correr así.
Se incorporó un poco y trazó de nuevo todo el recorrido con un dedo, a la par que, en sentido contrario, de nuevo la lengua desandaba el camino hacia mi capullo. Justo cuando comenzaba a lamerlo, su dedo volvía a jugetear en mi ano, pero esta vez sin remilgos, sin reparos, rodeándolo y penetrándolo ligeramente.
Ahora su coño estaba al alcance de mi boca. Ella supo como colocarse para que su clítoris recibiera mis atenciones, a la par que un dedo mío jugaba tambié en su delicioso culo Lo humedecí con sus jugos y penetré fácilmente su agujero.
Ese 69 me estaba volviendo loco. Mi capullo estaba a punto de estallar de placer, su sexo chorreaba y mis lamidos estaban arrancándole pequeños gemidos ahogados por mi polla. Mi dedo follaba su culo mientras el suyo hurgaba en el mio.
De repente dió un paso más al introducir todo su dedo. Di un repingo y ofrecí un poco de resistencia al principio, pero noté un delicioso masaje en mi interior que estaba a punto de matarme de gusto. Acompasó el masaje con el movimiento de su boca en mi polla, y en apenas unos instantes, noté como me inundaba el orgasmo más intenso de mi vida, y me derramaba en su boca en una segunda corrida sorprendentemente intensa.

Yo seguí lamiendo su clítoris, y poco a poco aumentó la intensidad de sus gemidos, hasta que noté como se derrumbaba sobre mí y se retorcía de placer con mi lengua y mi dedo todavía dentro de su culo.
Nos quedamos un momento recobrando el aliento, y cuando por fin nos incorporamos, la besé, nos vestimos, y nos fuimos cada uno a nuestra casa.
Ella sabía perfectamente que me había regalado el mejor orgasmo de mi vida.
Ella seguía agachada, mirándome con la lengua en mi capullo y el dedo tentando en mi culo.
"¿Te gusta? Parece que sí..."
Se lavantó y me llevó hacia la trastienda. Buscó por entre unas cajas y sacó una colchoneta. La extendió en el suelo y me hizo tumbarme.
"Déjame hacer un poquito..."
Ella se colocó a cuatro patas, como para hacer un 69 con ella encima, pero no acercó su coño a mi boca. Su lengua siguió lamiendo mi polla, pero esta vez desde mi glande hacia su base.
No paró, sino que siguió hacia mis huevos. Aquello me puso a mil. Su lengua recorrió la sensible piel que los proteje, despacio, arrancándome gemidos con cada caricia. Poco a poco se acercó tímidamente a mi perineo, arrancándome con cada pequeño avance sensaciones casi olvidadas por mi.

Me dejé llevar en la nube de placer que me estaba proporcionando con su húmeda caricia. Pronto se detuvo en mi culo. Comenzó apenas humedeciéndolo, y creí morir con ese primer contacto. Me sorprendió que no me diera ningún reparo lo que me estaba haciendo, ni lo que previsiblemente me hiciera...
Su lengua fue ganando espacio y comenzó a lamerme descaradamente. De veras que creí morir con el placer que estaba descubriendo, y en algún momento creí que me pordía correr así.
Se incorporó un poco y trazó de nuevo todo el recorrido con un dedo, a la par que, en sentido contrario, de nuevo la lengua desandaba el camino hacia mi capullo. Justo cuando comenzaba a lamerlo, su dedo volvía a jugetear en mi ano, pero esta vez sin remilgos, sin reparos, rodeándolo y penetrándolo ligeramente.
Ahora su coño estaba al alcance de mi boca. Ella supo como colocarse para que su clítoris recibiera mis atenciones, a la par que un dedo mío jugaba tambié en su delicioso culo Lo humedecí con sus jugos y penetré fácilmente su agujero.
Ese 69 me estaba volviendo loco. Mi capullo estaba a punto de estallar de placer, su sexo chorreaba y mis lamidos estaban arrancándole pequeños gemidos ahogados por mi polla. Mi dedo follaba su culo mientras el suyo hurgaba en el mio.
De repente dió un paso más al introducir todo su dedo. Di un repingo y ofrecí un poco de resistencia al principio, pero noté un delicioso masaje en mi interior que estaba a punto de matarme de gusto. Acompasó el masaje con el movimiento de su boca en mi polla, y en apenas unos instantes, noté como me inundaba el orgasmo más intenso de mi vida, y me derramaba en su boca en una segunda corrida sorprendentemente intensa.

Yo seguí lamiendo su clítoris, y poco a poco aumentó la intensidad de sus gemidos, hasta que noté como se derrumbaba sobre mí y se retorcía de placer con mi lengua y mi dedo todavía dentro de su culo.
Nos quedamos un momento recobrando el aliento, y cuando por fin nos incorporamos, la besé, nos vestimos, y nos fuimos cada uno a nuestra casa.
Ella sabía perfectamente que me había regalado el mejor orgasmo de mi vida.





