Verano (Fantasía)
Me gustaban esos capichos tuyos. A veces me sorprendías de una manera inimaginable para mi.
Recuerdo aquella noche de verano en tu ciudad. Sí, aquella calurosa noche en la que no dormimos solos. Aquella calurosa noche en la que, en un bar semidesierto, en la mitad de agosto, entablamos conversación con la camarera.
Fue una tontería. Ella nos pidió fuego y tu le contestaste que eso no, que otra cosa quizás le podías dar, pero fuego no, que no fumábamos.
Ella te contestó riendo "pues dame a tu chico", y tu le contestaste un lacónico "vale".
Pegué un bote en el taburete. La camarera me miró sonriendo pícaramente. "No lo dirás en serio". Tu contestación me remató: "sí, ¿por qué no?".
Seguimos hablando los tres. Tu, Raquel y yo. Temas insustanciales. Un par de cervezas, quizás tres. Unas risas. Unas cuantas miradas.
Raquel era una morena muy guapa, de pelo corto, alta, casi 1.80. Vestía un top ajustado y escotado (mi vista se me perdía en la fantástica visión que me ofrecía) y una faldita corta, muy corta, que apenas cubría unas piernas largas, muy largas.
Cerró el bar y decidimos echar una copa en tu casa. Ella accedió encantada. Nos sentamos en el cuarto de estar y nos servimos unos gin tonics. Seguimos charlando, y en un silencio de esos que se dice que pasa un ángel, Raquel te preguntó "Bueno ¿me dejas a tu chico o no?".
Yo estaba sentado entre las dos. Me cogiste la cabeza, te acercaste a mi y me sorprendiste con un largo y cálido beso. Me soltaste y contestaste: "lo compartimos, ¿vale?" y seguiste besándome.
Me dejaste al momento y dijiste "Raquel, ahora tú". Ella no dudo. Se acercó y sentí su lengua en mi boca entreabierta. La mía salió a su encuentro, y nos lamimos lentamente, sintiendo el sabor, la humedad, el tacto de nuestras lenguas.
Sentí tu mano en mi bragueta. Desabrochaste los 6 botones, de arriba abajo, y metiste tu mano buscando mi polla. La cogiste, la sacaste, y como si tan solo trataras de comprobar que estaba erecta, la dejaste estar. Cogiste una mano de Raquel y la acercaste a mi capullo para que ella tambien comprobara su estado.

Raquel se detuvo unos segundos en ella. Mi mano se había lanzado por debajo de su top buscando sus lujuriosas tetas. Tenía ganas de comérselas, de estrujarlas, de saborear sus pezones. Ella se quitó la prenda que me dificultaba disfrutar y me sorprendió con unas aureolas grandes, rosadas, sensuales. Me acerqué a lamérselas y gocé de la sensación de tenerlas en mi boca.
Me volví hacia tí, sin dejar de tocar las tetas de Raquel con una mano, y vi que te habías despojado de tu blusa y de tu pantalón. Acaricié con la otra mano las tuyas y sonreiste pícaramente.
Me volví de nuevo a Raquel y busqué esta vez por debajo de su falda. Sus muslos me parecieron firmes, suaves, perfectos, la deliciosa antesala a su sexo. Esto no podía seguir así: me levanté, me quité mi polo, mis pantalones y mi boxer, mientras tu te despojabas de la única prenda que te quedaba y ella hacía lo mismo.
Me senté y te agachaste delante de mi, buscaste mi polla con la boca, bajando por mis pechos, mordisqueándolos, haciéndome esperar un poquito. Sacaste la lengua y empezaste a recorrerla desde mis huevos hasta la punta. Cada lametazo me generaba aguijonazos de placer.

Raquel comenzó a besarme, acomodada a mi lado, mientras mi mano buscaba su entrepierna y hundía un dedo en su sexo. Estaba húmedo, caliente, excitado. Busqué la entrada de su vagina y jugueteé un poco en ella. Luego ascendí buscando su clír¡toris, recorriendo un sexo húmedo, lubricado.
Su botón estaba duro, expectante. Comencé a masajearlo lentamente, disfrutando con tus lametazos y con la sensación de un clítoris tan predispuesto, tan agradecido a mis caricias. Cada roce, cada movimiento de mis dedos se acompañaba de un quejido de Raquel.
Me sorprendió que se corriera tan rápido. Fue cuestión de pocos minutos el sentir sus espasmos, sus jedeos y unos pequeños grittitos que luego comprobamos eran característicos de ella.
Raque se agachó, se colocó a tu lado, y comenzó a lamer mi polla contigo. A mi me ponía veos a las dos alllí, agachadas, lamiéndome, peleándoos por mi miembro. Raque cogió con una mano mis huevos y comenzó a masajearlos. A ti te sorprendió buscando tu sexo y acariciándotelo. No sé que sensación te produjo el notar la caricia de otra mujer, pero por la reacción de tu cuerpo, no fue nada desagradable.
Tu y yo nos corrimos casi a la vez. Vuestras lenguas en mi capullo desencadenaron una corrida intensa, un orgasmo delicioso, una producción de semen abundante. Vosotras seguisteis lamiéndome, recogiendo cada gota de esperma, lamiéndolo, peleándoos con vuestras lenguas por el rastro que había dejado en mi vientre, en mi polla y en vuestras manos. En ese momento os besasteis y tu sentistes un orgasmo intenso que casi te deja sin aliento.
Yo tenía ganas de comerme el coño de Raquel. Me había sorprendido su humedad, su tacto. Quería olerlo, saborearlo y sentirlo con mi lengua.

Le hice tumbarse en el sofá. Entreabrió las piernas y hundí mi cabeza entre ellas. Mi lengua se llenó de sensaciones, de sexo, de lujuria, de sabor, de placer, de devoción por lo que lamía. Raquel, de nuevo agradecida comenzó a gemir y moverse con cada lametazo.
Tu no querías perder comba. Te sentaste a horcajadas sobre la cara de Raquel, mirándome. Primero un poco alta, ella no llegaba, me miraste y comenzaste a masajear tu sexo entreabierto.
Raquel, al darse cuenta, intentó incorporarse un poco, sacó la lengua, y tu le dejaste hacer. Era delicioso ver como te lamía, como su lengua recorría tu sexo y como tu cara se transformaba en un poema de placer y entrega a los sentidos. Una de tus manos pellizcaba tus pezones y la otra se dirigió a los de ella, cosa que agradeció con una erección inmediata de ambos.
Esta vez fue de nuevo Raquel, con su lengua parece que experta, la que te llevó al extasis. Casi te caes con los movimientos y espasmos de tu cuerpo. Parece que era toda una experta con la lengua.

Raquel se incorporó un poco y me dejó seguir haciendo. Tu te quedaste sentada en el suelo mirando unos minutos. Pronto nos sorprendió Raquel con una nueva orquesta de sonidos, temblores y grittitos a la par que echaba la cabeza muy hacia atrás y tu le pellizcabas un poquito, sonriendo, sus deliciosos pezones.
"Raquel, ¿no quieres que te la meta?" Ella, todavía jadeando, sonrió. "Por supuesto":
Me incorporé. Ella levantó las piernas, casi verticales, y mi polla buscó la entrada de su vagina. Estaba muy abierta, muy expectante, muy húmeda, y penetró limpia y rápidamente. Ella se notó llena y casi de inmediato comenzó a gemir de nuevo, con cada uno de mis movimientos. Tu nos mirabas, desde el suelo, las piernas entreabiertas, tus dedos en tu sexo, penetrándote a ratos con dos dedos, masajeándote a ratos el clítoris, suspirando con tus propias caricias.
Nos separamos y Raquel se puso a 4 patas, con el culo levantado. Me encanta esa postura. Antes de metérsela, mi lengua no quiso perderse el tacto de su culo. Me puse a 4 patas y comencé a lamer su delicioso ano. Se dejó hacer y me ayudó con su postura a que mi lengua penetrara un poquito en el. En ese momento tu hiciste lo mismo conmigo. Sentí tu lengua en mi culo, rodeándolo, humedeciéndolo.
Tambien sentí tu dedo penetrándome. Hice lo mismo con Raquel, penetrarla con un dedo, moviéndolo lentamente mientras tu hacías lo mismo conmigo. Era delicioso, casi orgásmico.
Me incorporé un poquito para clavar de nuevo mi polla en Raquel. La cogí de las caderas y comencé a bombear, intentando alargar el placer de ese momento. Ella comenzó a masajear su clítoris y tú, por detras, acariciabas con una mano el tuyo y con otra jugabas con mis pelotas, inspeccionabas la entrada de mi verga en Raquel y hurgabas de vez en cuendo en mi culo.
Primero los grititos de Raquel. De seguido mi corrida dentro, deliciosa, casi brutal, empujando como un animal, buscando poseer el último centímetro de su vagina. Luego tú, tumbada, y las lenguas de Raquel y mía terminando un orgasmo en tu clítoris que te terminó de dejar exhausta.
Fue deliciosa la noche. Fuimos a la cama y nos quedamos los tres dormidos. No había pasado mucho cuando me despertasteis con vuestros besos y pronto vuestras caricias, vuestros cunnilingus, 69, penetraciones vaginales y anales con vuestros dedos. Os dejé hacer. No quería deshacer el encanto de lo que veía. Preferí quedarme mirando, masturbándome y dejándome llevar por el espectáculo que tenía ante mi.

A vosotras os excitó tenerme de expectador, verme masturbarme excitado con vuestros juegos, y fue genial correrme de nuevo con vosotras en un último orgasmo de la noche.
Una noche, desde luego, inolvidable.
Recuerdo aquella noche de verano en tu ciudad. Sí, aquella calurosa noche en la que no dormimos solos. Aquella calurosa noche en la que, en un bar semidesierto, en la mitad de agosto, entablamos conversación con la camarera.
Fue una tontería. Ella nos pidió fuego y tu le contestaste que eso no, que otra cosa quizás le podías dar, pero fuego no, que no fumábamos.
Ella te contestó riendo "pues dame a tu chico", y tu le contestaste un lacónico "vale".
Pegué un bote en el taburete. La camarera me miró sonriendo pícaramente. "No lo dirás en serio". Tu contestación me remató: "sí, ¿por qué no?".
Seguimos hablando los tres. Tu, Raquel y yo. Temas insustanciales. Un par de cervezas, quizás tres. Unas risas. Unas cuantas miradas.
Raquel era una morena muy guapa, de pelo corto, alta, casi 1.80. Vestía un top ajustado y escotado (mi vista se me perdía en la fantástica visión que me ofrecía) y una faldita corta, muy corta, que apenas cubría unas piernas largas, muy largas.
Cerró el bar y decidimos echar una copa en tu casa. Ella accedió encantada. Nos sentamos en el cuarto de estar y nos servimos unos gin tonics. Seguimos charlando, y en un silencio de esos que se dice que pasa un ángel, Raquel te preguntó "Bueno ¿me dejas a tu chico o no?".
Yo estaba sentado entre las dos. Me cogiste la cabeza, te acercaste a mi y me sorprendiste con un largo y cálido beso. Me soltaste y contestaste: "lo compartimos, ¿vale?" y seguiste besándome.
Me dejaste al momento y dijiste "Raquel, ahora tú". Ella no dudo. Se acercó y sentí su lengua en mi boca entreabierta. La mía salió a su encuentro, y nos lamimos lentamente, sintiendo el sabor, la humedad, el tacto de nuestras lenguas.
Sentí tu mano en mi bragueta. Desabrochaste los 6 botones, de arriba abajo, y metiste tu mano buscando mi polla. La cogiste, la sacaste, y como si tan solo trataras de comprobar que estaba erecta, la dejaste estar. Cogiste una mano de Raquel y la acercaste a mi capullo para que ella tambien comprobara su estado.

Raquel se detuvo unos segundos en ella. Mi mano se había lanzado por debajo de su top buscando sus lujuriosas tetas. Tenía ganas de comérselas, de estrujarlas, de saborear sus pezones. Ella se quitó la prenda que me dificultaba disfrutar y me sorprendió con unas aureolas grandes, rosadas, sensuales. Me acerqué a lamérselas y gocé de la sensación de tenerlas en mi boca.
Me volví hacia tí, sin dejar de tocar las tetas de Raquel con una mano, y vi que te habías despojado de tu blusa y de tu pantalón. Acaricié con la otra mano las tuyas y sonreiste pícaramente.
Me volví de nuevo a Raquel y busqué esta vez por debajo de su falda. Sus muslos me parecieron firmes, suaves, perfectos, la deliciosa antesala a su sexo. Esto no podía seguir así: me levanté, me quité mi polo, mis pantalones y mi boxer, mientras tu te despojabas de la única prenda que te quedaba y ella hacía lo mismo.
Me senté y te agachaste delante de mi, buscaste mi polla con la boca, bajando por mis pechos, mordisqueándolos, haciéndome esperar un poquito. Sacaste la lengua y empezaste a recorrerla desde mis huevos hasta la punta. Cada lametazo me generaba aguijonazos de placer.

Raquel comenzó a besarme, acomodada a mi lado, mientras mi mano buscaba su entrepierna y hundía un dedo en su sexo. Estaba húmedo, caliente, excitado. Busqué la entrada de su vagina y jugueteé un poco en ella. Luego ascendí buscando su clír¡toris, recorriendo un sexo húmedo, lubricado.
Su botón estaba duro, expectante. Comencé a masajearlo lentamente, disfrutando con tus lametazos y con la sensación de un clítoris tan predispuesto, tan agradecido a mis caricias. Cada roce, cada movimiento de mis dedos se acompañaba de un quejido de Raquel.
Me sorprendió que se corriera tan rápido. Fue cuestión de pocos minutos el sentir sus espasmos, sus jedeos y unos pequeños grittitos que luego comprobamos eran característicos de ella.
Raque se agachó, se colocó a tu lado, y comenzó a lamer mi polla contigo. A mi me ponía veos a las dos alllí, agachadas, lamiéndome, peleándoos por mi miembro. Raque cogió con una mano mis huevos y comenzó a masajearlos. A ti te sorprendió buscando tu sexo y acariciándotelo. No sé que sensación te produjo el notar la caricia de otra mujer, pero por la reacción de tu cuerpo, no fue nada desagradable.
Tu y yo nos corrimos casi a la vez. Vuestras lenguas en mi capullo desencadenaron una corrida intensa, un orgasmo delicioso, una producción de semen abundante. Vosotras seguisteis lamiéndome, recogiendo cada gota de esperma, lamiéndolo, peleándoos con vuestras lenguas por el rastro que había dejado en mi vientre, en mi polla y en vuestras manos. En ese momento os besasteis y tu sentistes un orgasmo intenso que casi te deja sin aliento.
Yo tenía ganas de comerme el coño de Raquel. Me había sorprendido su humedad, su tacto. Quería olerlo, saborearlo y sentirlo con mi lengua.

Le hice tumbarse en el sofá. Entreabrió las piernas y hundí mi cabeza entre ellas. Mi lengua se llenó de sensaciones, de sexo, de lujuria, de sabor, de placer, de devoción por lo que lamía. Raquel, de nuevo agradecida comenzó a gemir y moverse con cada lametazo.
Tu no querías perder comba. Te sentaste a horcajadas sobre la cara de Raquel, mirándome. Primero un poco alta, ella no llegaba, me miraste y comenzaste a masajear tu sexo entreabierto.
Raquel, al darse cuenta, intentó incorporarse un poco, sacó la lengua, y tu le dejaste hacer. Era delicioso ver como te lamía, como su lengua recorría tu sexo y como tu cara se transformaba en un poema de placer y entrega a los sentidos. Una de tus manos pellizcaba tus pezones y la otra se dirigió a los de ella, cosa que agradeció con una erección inmediata de ambos.
Esta vez fue de nuevo Raquel, con su lengua parece que experta, la que te llevó al extasis. Casi te caes con los movimientos y espasmos de tu cuerpo. Parece que era toda una experta con la lengua.

Raquel se incorporó un poco y me dejó seguir haciendo. Tu te quedaste sentada en el suelo mirando unos minutos. Pronto nos sorprendió Raquel con una nueva orquesta de sonidos, temblores y grittitos a la par que echaba la cabeza muy hacia atrás y tu le pellizcabas un poquito, sonriendo, sus deliciosos pezones.
"Raquel, ¿no quieres que te la meta?" Ella, todavía jadeando, sonrió. "Por supuesto":
Me incorporé. Ella levantó las piernas, casi verticales, y mi polla buscó la entrada de su vagina. Estaba muy abierta, muy expectante, muy húmeda, y penetró limpia y rápidamente. Ella se notó llena y casi de inmediato comenzó a gemir de nuevo, con cada uno de mis movimientos. Tu nos mirabas, desde el suelo, las piernas entreabiertas, tus dedos en tu sexo, penetrándote a ratos con dos dedos, masajeándote a ratos el clítoris, suspirando con tus propias caricias.
Nos separamos y Raquel se puso a 4 patas, con el culo levantado. Me encanta esa postura. Antes de metérsela, mi lengua no quiso perderse el tacto de su culo. Me puse a 4 patas y comencé a lamer su delicioso ano. Se dejó hacer y me ayudó con su postura a que mi lengua penetrara un poquito en el. En ese momento tu hiciste lo mismo conmigo. Sentí tu lengua en mi culo, rodeándolo, humedeciéndolo.
Tambien sentí tu dedo penetrándome. Hice lo mismo con Raquel, penetrarla con un dedo, moviéndolo lentamente mientras tu hacías lo mismo conmigo. Era delicioso, casi orgásmico.
Me incorporé un poquito para clavar de nuevo mi polla en Raquel. La cogí de las caderas y comencé a bombear, intentando alargar el placer de ese momento. Ella comenzó a masajear su clítoris y tú, por detras, acariciabas con una mano el tuyo y con otra jugabas con mis pelotas, inspeccionabas la entrada de mi verga en Raquel y hurgabas de vez en cuendo en mi culo.
Primero los grititos de Raquel. De seguido mi corrida dentro, deliciosa, casi brutal, empujando como un animal, buscando poseer el último centímetro de su vagina. Luego tú, tumbada, y las lenguas de Raquel y mía terminando un orgasmo en tu clítoris que te terminó de dejar exhausta.
Fue deliciosa la noche. Fuimos a la cama y nos quedamos los tres dormidos. No había pasado mucho cuando me despertasteis con vuestros besos y pronto vuestras caricias, vuestros cunnilingus, 69, penetraciones vaginales y anales con vuestros dedos. Os dejé hacer. No quería deshacer el encanto de lo que veía. Preferí quedarme mirando, masturbándome y dejándome llevar por el espectáculo que tenía ante mi.

A vosotras os excitó tenerme de expectador, verme masturbarme excitado con vuestros juegos, y fue genial correrme de nuevo con vosotras en un último orgasmo de la noche.
Una noche, desde luego, inolvidable.
Comentario:
Cierto que me dejas sin habla, menos mal que después de leer solo tengo que escribir (te lo crees??, jajajaa).
Tienes una fantasía que para mí quisiera, te montas unas situaciones super excitantes y los finales...... qué decir...... apoteósicos.
Tendrías que poner un contador de visitas, estoy segura de que muchísima gente que no comenta te lee, es imposible leerte una vez y no dejarse caer otra vez por tu rinconcito, eres tentador......
Besurris.
Tienes una fantasía que para mí quisiera, te montas unas situaciones super excitantes y los finales...... qué decir...... apoteósicos.
Tendrías que poner un contador de visitas, estoy segura de que muchísima gente que no comenta te lee, es imposible leerte una vez y no dejarse caer otra vez por tu rinconcito, eres tentador......
Besurris.
Comentario:
Y so que hago ahora? estoy sin aliento, extasiada e imaginando la escena, y me encanta..... ummmm
Un besito.
Un besito.
Comentario:
Uffff, sr. Arnand... prometí no leerle más en la oficina pero mi curiosidad me ha podido más. Perjudicada me ha dejado, muuyyy perjudicada. Esto habrá que solucionarlo, je je.
Besossss
Besossss