Elena (I)
Aquella agradable tarde de octubre quedamos pronto. Era jueves, buen día para ir al cine y tomar algo.
Quedamos en el bar que hace esquina en una céntrica plaza. Un bar con amplios ventanales, y con una panorámica perfecta del devenir de la gente en ese pequeño universo peatonal.
Acababa de recoger mi caña de la barra, cuando le vi llegar. Paso firme, segura, seductora, femenina. El pelo largo castaño ondulaba a cada paso. Su delicada figura embutida en un chaqueton de cuero largo, muy largo, que acababa centímetros por encima de su rodilla, que a su vez escapaba por dos dedos de unas botas altas, de medio tacón.
Me quedé un poco hipnotizado recordando la noche que pasamos juntos hacía un tiempo (ver las historias de agosto). Tanto que casi me sobresaltó su mano en mi hombro, su ligero beso en mi mejilla, el delicioso olor de su perfume y la sedosa voz que me dijo "tenía ganas de verte".
Elena no tomó nada. Me ayudó a terminar mi cerveza, me cogió de la mano y me dijo "vamos, ya he elegido la peli".
El cine casi estaba desierto. Elena me aseguró que aunque hubiera poca gente, me iba a gustar. Nos sentamos en la última fila, y a pesar de la calefacción, ella no se quitó el abrigo. No creo que estuviésemos más de 10 personas en la sala.
La peli era un absoluto peñazo. Se veía desde el principio... pero no me acuerdo de mucho. A los cinco minutos, sentí su mano en mi pierna, y con pocos preámbulos, con su uña, empezó a dibujar por encima de mi pantalón caminitos que se dirigían hacia mi entrepierna, cada vez más arriba.
Me giré hacia ella y me acerqué para besarla. "No. Imagina que somos desconocidos. Nada de besos".
Yo dirigí mi mano a su rodillla. La acaricié y sin mucho preámbulo ascendí hacia su muslo. El abrigo me estorbaba un poco, y desabroché un par de los botones de abajo. Esperaba encontrarme con su falda, pero ese obstáculo no apareció. Ascendí por la cara interna de su muslo, cada vez más excitado, y alcancé su sexo, cubierto por le delicada tela de su braga.
Su dedo ya estaba centrado en el bulto que marcaba mi polla en el pantalón. Buscó la bragueta, el botón, y se deshizo de obstáculos. Buscó por debajo de mi boxer y agarró mi capullo duro, húmedo, delicadamente.
Mi mano buscó un hueco hacia su sexo. Estaba excitada. Húmeda, espectante.
"Quiero correrme así. Despacio. No hay prisa"
El resto fue muy muy sencillo... pero muy muy excitante.
Me acomodé para dejar totalmente expuesta mi polla, en la oscuridad del cine, al tacto de su mano. Elena se deshizo de su braga.
Los dos teníamos nuestros sexos expuestos para el otro. Expuestos a nuestras manos, a nuestras caricias.
Elena agarró firmememente mi capullo. Lo tenía húmedo, excitado, expectante. Acomodó sus dedos expertamente rodeándolo y comenzó a mover su mano de arriba abajo, ayudada por la lubricación que le brindaba mi incipiente secrección.
Yo acomodé mi dedo entre sus labios húmedos, hinchados, calientes y deslicé mi dedo buscando humedad que llevarme a la boca. Lamí mi dedo empapado de su secrección y volví a colocarlo en su surco pero esta vez buscando su clítoris.
No era nada tímido. Su clítoris no tenía verguenza y estaba totalmente expuesto, esperando mi caricia, desafiante al placer que se le avecinaba, dispuesto a transmitirle miles de estímulos al resto del cuerpo de Elena.
Mi dedo se apoyó levemente, y lo comencá a mover ligeramente, en círculos. Aumenté le presión guiado por los gemidos y movimientos de Elena, identificando el ritmo, la presión y el tipo de movimiento que aceleraba su respiración.
Su mano abrazaba mi capullo y se movía firme pero lentamente. Del borde de mi capullo nacían corrientes que ascendían por mi espalda hasta mi nuca. En la punta, con un ligero movimiento circular con la muñeca, conseguía nublarme la vista de placer.
Nos masturbamos el uno al otro despacio, alargando en lo posible el placer al otro, retrasando nuestro inevitable orgasmo... orgasmo que cuando llegó fue delicioso, tambien largo, placentero, abundante, húmedo, ahogado, silencioso, divertido, prohibido.
Los dos nos corrimos casi a la vez. Primero me retorcí yo cuando tres bocanadas de semen salieron despedidas hacia mi otra mano, intentando proteger mi ropa. Mis gemidos ahogados despertaron aun más la excitación de Elena, que aceptó de buen grado el semen que le ofrecí de mi mano. La lamió entera y en el último momento, la última gota, un temblor despertó del centro del clítoris y desplazándose por todo su cuerpo, desencadenó unos espasmos silenciosos, ahogados por mi mano en su boca, paralizantes al final, hasta que violentamente retiró mi mano de su sexo.
"Creía que iba a gritar" me dijo jadeante. "La película es interesante, pero creo que es mejor que veamos el final en casa".
Salimos del cine, me cogió del brazo, y con paso rápido nos dirigimos a su casa.
Quedamos en el bar que hace esquina en una céntrica plaza. Un bar con amplios ventanales, y con una panorámica perfecta del devenir de la gente en ese pequeño universo peatonal.
Acababa de recoger mi caña de la barra, cuando le vi llegar. Paso firme, segura, seductora, femenina. El pelo largo castaño ondulaba a cada paso. Su delicada figura embutida en un chaqueton de cuero largo, muy largo, que acababa centímetros por encima de su rodilla, que a su vez escapaba por dos dedos de unas botas altas, de medio tacón.
Me quedé un poco hipnotizado recordando la noche que pasamos juntos hacía un tiempo (ver las historias de agosto). Tanto que casi me sobresaltó su mano en mi hombro, su ligero beso en mi mejilla, el delicioso olor de su perfume y la sedosa voz que me dijo "tenía ganas de verte".
Elena no tomó nada. Me ayudó a terminar mi cerveza, me cogió de la mano y me dijo "vamos, ya he elegido la peli".
El cine casi estaba desierto. Elena me aseguró que aunque hubiera poca gente, me iba a gustar. Nos sentamos en la última fila, y a pesar de la calefacción, ella no se quitó el abrigo. No creo que estuviésemos más de 10 personas en la sala.
La peli era un absoluto peñazo. Se veía desde el principio... pero no me acuerdo de mucho. A los cinco minutos, sentí su mano en mi pierna, y con pocos preámbulos, con su uña, empezó a dibujar por encima de mi pantalón caminitos que se dirigían hacia mi entrepierna, cada vez más arriba.
Me giré hacia ella y me acerqué para besarla. "No. Imagina que somos desconocidos. Nada de besos".
Yo dirigí mi mano a su rodillla. La acaricié y sin mucho preámbulo ascendí hacia su muslo. El abrigo me estorbaba un poco, y desabroché un par de los botones de abajo. Esperaba encontrarme con su falda, pero ese obstáculo no apareció. Ascendí por la cara interna de su muslo, cada vez más excitado, y alcancé su sexo, cubierto por le delicada tela de su braga.
Su dedo ya estaba centrado en el bulto que marcaba mi polla en el pantalón. Buscó la bragueta, el botón, y se deshizo de obstáculos. Buscó por debajo de mi boxer y agarró mi capullo duro, húmedo, delicadamente.
Mi mano buscó un hueco hacia su sexo. Estaba excitada. Húmeda, espectante.
"Quiero correrme así. Despacio. No hay prisa"
El resto fue muy muy sencillo... pero muy muy excitante.
Me acomodé para dejar totalmente expuesta mi polla, en la oscuridad del cine, al tacto de su mano. Elena se deshizo de su braga.
Los dos teníamos nuestros sexos expuestos para el otro. Expuestos a nuestras manos, a nuestras caricias.
Elena agarró firmememente mi capullo. Lo tenía húmedo, excitado, expectante. Acomodó sus dedos expertamente rodeándolo y comenzó a mover su mano de arriba abajo, ayudada por la lubricación que le brindaba mi incipiente secrección.
Yo acomodé mi dedo entre sus labios húmedos, hinchados, calientes y deslicé mi dedo buscando humedad que llevarme a la boca. Lamí mi dedo empapado de su secrección y volví a colocarlo en su surco pero esta vez buscando su clítoris.
No era nada tímido. Su clítoris no tenía verguenza y estaba totalmente expuesto, esperando mi caricia, desafiante al placer que se le avecinaba, dispuesto a transmitirle miles de estímulos al resto del cuerpo de Elena.
Mi dedo se apoyó levemente, y lo comencá a mover ligeramente, en círculos. Aumenté le presión guiado por los gemidos y movimientos de Elena, identificando el ritmo, la presión y el tipo de movimiento que aceleraba su respiración.
Su mano abrazaba mi capullo y se movía firme pero lentamente. Del borde de mi capullo nacían corrientes que ascendían por mi espalda hasta mi nuca. En la punta, con un ligero movimiento circular con la muñeca, conseguía nublarme la vista de placer.
Nos masturbamos el uno al otro despacio, alargando en lo posible el placer al otro, retrasando nuestro inevitable orgasmo... orgasmo que cuando llegó fue delicioso, tambien largo, placentero, abundante, húmedo, ahogado, silencioso, divertido, prohibido.
Los dos nos corrimos casi a la vez. Primero me retorcí yo cuando tres bocanadas de semen salieron despedidas hacia mi otra mano, intentando proteger mi ropa. Mis gemidos ahogados despertaron aun más la excitación de Elena, que aceptó de buen grado el semen que le ofrecí de mi mano. La lamió entera y en el último momento, la última gota, un temblor despertó del centro del clítoris y desplazándose por todo su cuerpo, desencadenó unos espasmos silenciosos, ahogados por mi mano en su boca, paralizantes al final, hasta que violentamente retiró mi mano de su sexo.
"Creía que iba a gritar" me dijo jadeante. "La película es interesante, pero creo que es mejor que veamos el final en casa".
Salimos del cine, me cogió del brazo, y con paso rápido nos dirigimos a su casa.
Comentario:
Que bueno empezar el lunes leyendote y disfrutando con los recuerdos que tu lectura ha traido a mi mente.....Que tiempos aquellos de cine, sudor y excitación!
Besos.
Besos.
Comentario:
Arnand... buena manera de comenzar un sábado, sí señor. Sigue así, nos excitas con tus post.
Besossss
Besossss
Comentario:
vayavaya, no está mal.





