Francesca (II)
Nos fuimos pronto de la biblioteca. El sexo en los lavabos estuvo bien, pero hoy el cuerpo nos pedía algo más tranquilos, mullidos, en una cama, desnudos.
Fuimos hacia mi casa. Por el camino paramos a tomar una cerveza. En el pub en el que paramos nos acomodamos en una esquina y casi no hablamos: nos besamos, nos acariciamos y nos bebimos nuestras pintas de la boca del otro.
Ya en casa, fuimos directos a mi habitación, y sin preámbulos, nos desnudamos y nos tendimos abrazados, enredados, enrollados, unidos por nuestras bocas, mezclados en nuestra piel, atados por nuestros brazos y por nuestras piernas.

Veníamos excitados, y cada movimiento de Francesca le procuraba un delicioso roce con mi pierna, dejándomela untada de sus deliciosos jugos.
Me tumbé y ella se puso encima de mi, a 4 patas, y acarició mi pecho con sus deliciosos pezones. Siguió más hacia arriba y acercó primero uno, luego el otro, a mi boca. Los devoré, los succioné, los lamí al ritmo que ella me marcaba, notando su erección en mis labios y su textura en mi lengua.
Bajó y de nuevo dirigió sus pezones a mi pecho, vientre y a mi polla, dejándolos empapar uno a uno, rozando mi capullo, golpeándolo levemente, rodeándolo. De nuevo los acercó a mi boca y lamí el sabor de mi polla. Ella se excitó aún más.
De nuevo recorrió mi cuerpo, esta vez con su boca, alcanzando mi pierna y lamiendo esta vez el sabor que había dejado en ella su coño. Ascendió lentamente buscando mis huevos, los lamió y sin mucha interrupción dio unos deliciosos lametazos a mi polla.
Se incorporó, buscó un condón y me lo colocó. Inmediatamente se sentó a horcajadas sobre mi verga erecta, penetrándose lentamente.
Francesca comenzó a moverse lentamente, marcándose un ritmo y acariciándose a su vez el sabroso y excitado clítoris.
La visión de mi polla entrando en ella con cada subida y bajada, y sus dedos en su clítoris me estaban volviendo loco de excitación. Estiré mis manos, y cogí sus pezones pellizcándolos entre mis dedos. Francesca estaba muy excitada, su lubricación era bestial y nuestros sexos estaban totalmente empapados. Estábamos los dos a punto de corrernos.
Francesca bajó el ritmo un poco. Yo pensé que quería alargar nuestro polvo, pero de repente ella se clavó mi polla hasta el fondo, comenzó a moverse imperceptiblemente, casi retorciéndose, aceleró el movimiento de sus dedos y lanzó unos gemidos deliciosos, sublimes, húmedos, que la dejaron casi exhausta.
Entonces comenzó de nuevo a moverse, cada vez más rápido, buscando mi orgasmo. Esta vez el movimiento abarcaba mi polla entera. Notaba mi capullo a punto de escapar de ten deliciosa guarida cuando de nuevo se clavaba hasta el fondo. Yo casi no podía más, comencé a gemir, a suspirar, a prepararme a una corrida deliciosa cuando rápidamente se levantó, me arrancó el condón y terminó con su mano.
Mi corrida fue fantástica, sintiendo oleadas de placer acrecentada por la visión de la boca de Francesca recibiendo los impulsos de mi eyaculado y devorando cada gota de mi semen.
La verdad es que ese día nos quedamos abrazados y dormimos hasta casi media noche. Preparamos algo de cena y Francesca se quedó a dormir conmigo. Aun teníamos que probar más cosas juntos.

Fuimos hacia mi casa. Por el camino paramos a tomar una cerveza. En el pub en el que paramos nos acomodamos en una esquina y casi no hablamos: nos besamos, nos acariciamos y nos bebimos nuestras pintas de la boca del otro.
Ya en casa, fuimos directos a mi habitación, y sin preámbulos, nos desnudamos y nos tendimos abrazados, enredados, enrollados, unidos por nuestras bocas, mezclados en nuestra piel, atados por nuestros brazos y por nuestras piernas.

Veníamos excitados, y cada movimiento de Francesca le procuraba un delicioso roce con mi pierna, dejándomela untada de sus deliciosos jugos.
Me tumbé y ella se puso encima de mi, a 4 patas, y acarició mi pecho con sus deliciosos pezones. Siguió más hacia arriba y acercó primero uno, luego el otro, a mi boca. Los devoré, los succioné, los lamí al ritmo que ella me marcaba, notando su erección en mis labios y su textura en mi lengua.
Bajó y de nuevo dirigió sus pezones a mi pecho, vientre y a mi polla, dejándolos empapar uno a uno, rozando mi capullo, golpeándolo levemente, rodeándolo. De nuevo los acercó a mi boca y lamí el sabor de mi polla. Ella se excitó aún más.
De nuevo recorrió mi cuerpo, esta vez con su boca, alcanzando mi pierna y lamiendo esta vez el sabor que había dejado en ella su coño. Ascendió lentamente buscando mis huevos, los lamió y sin mucha interrupción dio unos deliciosos lametazos a mi polla.
Se incorporó, buscó un condón y me lo colocó. Inmediatamente se sentó a horcajadas sobre mi verga erecta, penetrándose lentamente.
Francesca comenzó a moverse lentamente, marcándose un ritmo y acariciándose a su vez el sabroso y excitado clítoris.
La visión de mi polla entrando en ella con cada subida y bajada, y sus dedos en su clítoris me estaban volviendo loco de excitación. Estiré mis manos, y cogí sus pezones pellizcándolos entre mis dedos. Francesca estaba muy excitada, su lubricación era bestial y nuestros sexos estaban totalmente empapados. Estábamos los dos a punto de corrernos.
Francesca bajó el ritmo un poco. Yo pensé que quería alargar nuestro polvo, pero de repente ella se clavó mi polla hasta el fondo, comenzó a moverse imperceptiblemente, casi retorciéndose, aceleró el movimiento de sus dedos y lanzó unos gemidos deliciosos, sublimes, húmedos, que la dejaron casi exhausta.
Entonces comenzó de nuevo a moverse, cada vez más rápido, buscando mi orgasmo. Esta vez el movimiento abarcaba mi polla entera. Notaba mi capullo a punto de escapar de ten deliciosa guarida cuando de nuevo se clavaba hasta el fondo. Yo casi no podía más, comencé a gemir, a suspirar, a prepararme a una corrida deliciosa cuando rápidamente se levantó, me arrancó el condón y terminó con su mano.
Mi corrida fue fantástica, sintiendo oleadas de placer acrecentada por la visión de la boca de Francesca recibiendo los impulsos de mi eyaculado y devorando cada gota de mi semen.
La verdad es que ese día nos quedamos abrazados y dormimos hasta casi media noche. Preparamos algo de cena y Francesca se quedó a dormir conmigo. Aun teníamos que probar más cosas juntos.






