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Casado de noche y solo
Soy casado, pero por por la noche estoy solo... ¿qué hago? Pues imaginarlo...
Acerca de
Hola majet@s. Soy un casado de 37 tacos, sin hijos, que por la noche a veces navega y ha decidido crear su blogg. Lo que meobsesiona un poco es el sexo, por que lo practico poco con mi mujer, y no me queda más remedio que hacerlo solo... Me teneis tambien en arnand32es@yahoo.es
Sindicación
 
Lasagna...
Algunas tardes, sobre todo de primavera hasta noviembre, aprovecho los días que llego temprano del trabajo y voy a correr. Mi lugar preferido es el Parque Grande: un rincón perfecto de la ciudad para perderte por paseos de plátenos, subir hacia unos tranquilos pinares y acompañar unos metros al cauce del viejo canal.

Un día, al terminar la carrera, me dispuse a hacer unos ejercicios de
estiramiento. Era tarde, ya de noche. Me acerqué a una zona de cesped con bancos ideal para estos menesteres y a los pocos minutos llegó ella corriendo, paró casi en seco cerca de donde yo estaba y se tumbó muy cerca jadeando, sudorosa.

Vestía un top deportivo ajustado y una mallas que dejaban al aire sus
pantorrillas. No se veía excesivamente atlética (yo tampoco, no penséis), pero su indumentaria de deporte se ajustaba a su cuerpo de tal manera que mi imaginación no tuvo que trabajar mucho para regalarme imágenes de ella sin ropa: sus pechos firmes, generosos, sus muslos turgentes, firmes, un culo redondo y sugerente, un cuerpo delicioso.

"Estiramos juntos". Me sorprendió. Me fijé en su sonrisa, su mirada
clavada en mis ojos de sorpresa, en sus labios rojos, rodeando una boca grande, sugerente, y un pelo ahora sujeto pero que se adivinaba bastante largo.

"Por qué no". Nos presentamos y comenzamos a hacer ejercicios juntos, ayudándonos el uno al otro a estirar. Ella controlaba y me enseñó algunos movimientos. Charlábamos de nuestra afición por correr, del poco tiempo que nos deja la vida, de lo tarde que llagamos a casa si a las 9 de la noche te vienes al parque, de que ahora tengo que hacer la cena... "¿Hacer la cena? Yo tengo lasagna hecha, si quieres te invito". De nuevo me sorprendió, y no lo pude disimular. "Te vienes conmigo a casa, te duchas y cenamos". Ahora mi imaginación se aceleraba como los latidos de mi corazón.

Una chica preciosa y sugerente, que me invita a cenar y ducharme en su casa, con la que he conectado bien, buena conversación...

"Pero..."

"De pero nada: tu tienes que ducharte y hacete la cena en casa. No te
espera nadie, ¿que más te da hacerlo en la mia? ¿Te doy miedo?"

"La verdad es que sí", y me eché a reir. "Vamos".

Ella había venido paseando al parque y fuimos en mi coche. Su piso estaba relativemente cerca. Era un piso pequeño pero coqueto, bien decorado, con muy buen gusto.

Me dio una toalla y me indicó el camino al cuarto de baño. Saqué mi ropa de calle y la dejé preparada para vestirme. Me duché, e imaginando su cuerpo, no pude evitar tener una erección. Intenté quitérmela de la cabeza. Salí de la ducha, me sequé y puse la toalla alrededor de la cintura mientras me peinaba.

En ese momento entró ella y me dijo "te importa que me duche mientras acabas". "Adelante"

Dios mio. Mi imaginación me había traicionado. Se desnudó y a través del espejo pude comprobar que sus pechos lucían unos pezones grandes y deliciosos, que su cuerpo era un auténtico iman para mi mirada, y que el efecto se había dejado notar inmediatamente en mi pene.

Ella comenzó a ducharse, pero en el hueco entre la cortina y la pared, a través del espejo, podía vislumbrar perfectamente la escena: como sus manos recorrían su cuerpo, lo enjabonaban y se delizaban por todos sus recovecos.

Ella me cazó: me miró a los ojos, sonrió, y miró mi entrepierna. La toalla no pudo ocultar mi erección.

"Ven". Deslizó su mano fuera de la ducha, y cogiéndome la mia tiró de mi hacia ella. Dejé caer la toalla y de nuevo me vi bajo la reconfortante
ducha, pero esta vez con unos labios rondando mi polla, besando su tallo, racorriéndolo hacia mis huevos, succionando, lamiendo, y finalmente dando un húmedo abrazo a mi capullo.. Comenzó a mover su boca, su lengua, sus labios saboreando cada milímetro de mi glande, buscando los puntos donde mis temblores delataban mi placer, incidiendo en los puntos secretos de tan rosada anatomía, llenándose la boca con mi sexo.

Su mano buscó mis huevos, los sopesó, jugó con ellos. Buscó un poco de jabon y me los enjabonó, para sigilosamente buscar mi culo, enjabonar la zona lentamente y clavarme suavemente un dedo. Me pareció ver las estrellas de gusto, la sensación era descomunal.

Paró cuando yo ya creía que no aguantaba un segundo más. Se puso de pie y me besó. Mis manos buscaron sus pechos. Bajo el jabón y el agua eran suaves, excitantes. Me agaché y los besé. Busqué sus pezones duros, grandes, llenos en unos pechos llenos, sensibles, cálidos bajo aquella ducha. Los devoré, quería tenerlos en mi boca, quería que ella sintiera mi lengua en cada punto sensible de sus aureolas. Acerqué mi mano a su sexo y comprobé que estaba terriblemente húmedo. Comencé a recorrerlo: introduje un dedo entre unos labios turgentes y encontré el calor de un sexo expectante, ansioso por encontrar una recompensa. Su vagina estaba completamente abierta, expuesta, y su clítoris asomaba desafiante. No me pude resistir a acariciarlo y comprobar el efecto en el resto del cuerpo: el jadeo, el imperceptible contorneo, el temblor... La ducha no me dejaba mucho espacio para lamerlo, pero lo deseaba con toda mi
alma.

Bajé mi boca hacia tan sabroso bocado, ella arqueó su cintura y expuso su coño: allí estaba, esperando mi lengua. No defraudé a su delicioso botón, y le obsequié con unos lametazos largos al principio, con mi lengua totalmente fuera, llana sobre el clítoris, recorriéndolo entero. Luego fue la traviesa punta la que se encargó, con sus rápidos pero suaves movimientos, de acelerar los templores, los movimientos y jadeos de mi nueva amiga.

De pronto me cogió la cabeza, me hizo levantar y, una vez de pie se dió la vuelta, se arqueó y me invitó con esa posición a que se la clavara por detrás... Era delicioso: mi polla entró entera, suavemente, sin
resistencia, en una vagina Hambrienta que me la devoraba deliciosamente.

Con mi mano alcancé a acariciar su clítoris, y manteniendo el ritmo de la manos y de mis embestidas, rápidamente noté sus gemidos, sus movimientos y el tremendo orgasmo que recorría ese cuerpo sensual y sexual, delicioso, cálido. Se dió la vuelta y se derrumbó en el suelo de la ducha, sonriendo, jadeando y cogiéndome la polla comenzó a menearla. Apenas bastaron 4 o 5 movimientos para que me sorprendiera una sabrosa corrida. Mi semen salió disparado hacia ella, agachada: a su cara, a su pecho, por sus manos. Me lamió la polla ligeramente, arrancándome mis últimos gemidos.

Nos miramos, y me dijo: "no te creas que invito a cenar a cualquiera...".

"Ni que yo me voy a cenar con cualquiera".

"Vamos, espera la lasagna". Nos terminamos de duchar juntos, salimos y fuimos semidesnudos, sólo con la toalla, a cenar al salón.
 
Comentario:
Jajajja.
 
Comentario:
Ufff, tío, vaya duchita, de esas que por mucho que te seques sigues mojada, jajajaa. Relatas tan bien que leerte es un placer tan agradable como el follar.
Besurris.
 
Comentario:
A ver si va a ser verdad y me tengo que poner a correr como una loca por los parques de mi ciudad.

Aunque preferiría correrme sin tener que correr...

BeSoTes.
 
Comentario:
Con razón dicen que el deporte es salud.... ahora me explico, porque veo a tanta gente corriendo corriendo por los parques por las noches.....

Un encuentro muy sensual.

Un besito.
No