Lasagna (o lo que pasó después)
La lasagna me sentó muy bien después del ejercicio en el parque y en la ducha. No había mucha pero fue más que suficiente como para recuperar fuerzas.
Recogimos los cacharros de la cena. Seguíamos tapados sólo por las toallas y aquel cuerpo me seguía volviendo loco, y no podía dejar de quitar la mirada de sus piernas, su espalda, sus pechos, su culo... ella se dio cuenta y de vuelta de la cocina se desvió, y en vez de dirigirse al salón me dijo "ven, acompáñame por aquí".
Llegamos a su habitación. Se quedó de pié, al lado de un espejo alto que reflejaba toda su figura, cerca de la cama. Con un movimiento imperceptible hizo que la toalla se deslizara hacia el suelo. "Mírame mejor así".

Me acerqué y comencé a besar su cuello, mientras mis manos acariciaban de nuevo sus pechos. Dí la vuelta y me coloqué a su espalda, situándomos los dos frente al espejo. Ella miraba mi boca en su cuello y mis manos agarrando sus pechos primero y luego provocando traviesamente a sus pezones.
Bajé a explorar sus caderas, su vientre. Mis manos alcanzaron la parte anterior de los muslos. Ella echaba la cabeza hacia atrás, y buscaba mi boca con la suya, lamiéndomela cuando la encontraba, buscando mi lengua.
Mis manos acariciaron su pubis, rondaron su sexo, pero sólo levemente, buscando sólo el roce.
Me deslicé hacia abajo con mi boca, recorriendo la espalda, pero sin detenerme hasta sus glúteos. Estaba deseando este momento: disfrutar de su culo, de su visión, de su tacto.
Ella se tumbó en la cama, con las piernas ligeramente abiertas y el culo levemente en pompa.

No dudé en disfrutar de ese regalo. Mis labios comenzaron a disfrutar de la piel de sus glúteos y de sus muslos: piel suave, cálida, sensible,
excitante... Mi lengua pugnaba por saborear la porción de su sexo así expuesto, consiguiendo en cada intento una mayor sensación de humedad y sabor.
Mis manos separaron levemente los glúteos y seguí explorando el canal que así quedaba expuesto. Me entretuve en rodear su agujero más secreto, esquivando el roce con la zona de sensibilidad más prohibida, sensibilidad sodomita, placer secreto.
Ella parecía expectante, y, el suspiro que exhaló en el momento que notó la humedad de mi lengua rozando su esfínter, le traicionó.
Conforme mi lengua ganaba confianza explorando su ano, sus movimientos se hicieron más patentes, el arquemiento de su espalda más pronunciado, su respiración más profunda.
Me encantaba la situación. Y a ella le gustaba que mi lengua follara su culo, que lo humedeciera, que lo preparara...
Su sexo estaba ahora muy expuesto, y avancé para saborearlo. Sus labios entreabiertos eran antesala a un mundo de olor, sabor y humedad sexual irresistible. Saboreé aquel paraiso para mis sentidos, hundí mi lengua en cada rincón que logré alcanzar. Alcancé los primeros centímetros de su vagina.
Se arqueó más y alcancé de nuevo su clítoris y ella agradeció la caricia de mi lengua con una serie de gemidos que seguían el ritmo de mis lametazos. Mientras, ella cogió mi mano y la dirigió a su culo, como suplicando que siguiera mi trabajo allí.
Su agujero estaba muy humedecido con mi saliva, por lo que fue tremendamente fácil penetrarlo con un dedo. La posición no era cómoda, pero logré introducir mi anular casi por completo.
La situación a mi me estaba poniendo cardiaco. Su sexo llenaba mi boca de sensaciones, y yo intentaba devolverle el máximo placer con mi lengua.
No sé de donde salió, me encontré con un bote de aceite corporal junto a mi. Lo cogí y vertí una pequeña cantidad en el canalillo del culo. Jugué con el lubricándolo y penetrándolo de nuevo con mi anular. Ahora entraba con tremenda suavidad. Sin dejar de lamer, intenté penetrar con dos dedos, el anular y el índice. No me costó casi ningún trabajo.
Ella se dio la vuelta. Cogió el aceite y derramó una generosa cantidad en mi capullo. Con su mano comenzó a distribuirlo, arrancándo de mi sensible glande increíbles pinchazos de placer. "Ahora quiero que poseas". Volvió a su posición original, con el culo expuesto y desafiante para mi. Volví a derramar un poco de aceite, excitado por el inesperado regalo que se me ofrecía. Volví a introducir un dedo, dos, e, inmediatamente, despacio, cuidadosamente, acerqué mi verga a su delicada entrada, y centímetro a centímetro gané entrada en tan placentero cobijo.

Ella lanzó unos pequeños gemidos con cada avance, gemidos de dolor y placer, de temor y deseo, de sometimiento y entrega. Yo sentía la sabrosa opresión que ejercía en mi polla, la sensación de acogida en ese maravilloso culo.
Poco a poco su esfínter se fue relajando, permitiendo que mis movimientos fueran ganando en intensidad, en recorrido. Sus gemidos acompañaban mis empujes, acrecentados por las sensaciones que su mano arrrancaba de su clítoris.
Alargué mi mano y sustituí a la suya en sus caricias. No protestó, aunque mis embestidas se vieron un poco penalizadas. Yo no podía más. Estaba a punto de correrme. Mi respiración me delató, y ella me dijo, casi en un suspiro, que quería que me corriera fuera.
Bajé un poco el ritmo. quería disfrutar un poco más. Me deleité un momento viendo la panoramica de mi polla penetrando en ese delicioso culo. Casi no podía más. Saqué mi poya. Ella intuyó el final y se dió la vuelta rápidamente. Mi mano agarró mi capullo para terminar mi inminente corrida. Yo estaba de rodillas, y ella había quedado tumbada casi debajo mía. Alargó su mano y comenzó a tocar su clítoris, con una intensidad y firmeza que me sorprendió. Yo me corrí casi de inmediato. Mi mano, experta en estos menesteres, arrancó mi desado orgasmo y mi eyaculado sobre el vientre de ella. Casi en ese instante, con la visión de mi poya escupiéndole el semen, su dedo se aceleró, su cabeza se arqueó hacia atrás, y un largo y gutural gemido delató su profundo y largo orgasmo.

Ella se quedó temblorosa, tumbada. Acercó sus dedos a su boca, probando sus fluidos, y me dijo "quédate a dormir".
Y así, empapados de sexo, sudor, semen, flujos y aceite, nos quedamos dormidos uno junto al otro.
Recogimos los cacharros de la cena. Seguíamos tapados sólo por las toallas y aquel cuerpo me seguía volviendo loco, y no podía dejar de quitar la mirada de sus piernas, su espalda, sus pechos, su culo... ella se dio cuenta y de vuelta de la cocina se desvió, y en vez de dirigirse al salón me dijo "ven, acompáñame por aquí".
Llegamos a su habitación. Se quedó de pié, al lado de un espejo alto que reflejaba toda su figura, cerca de la cama. Con un movimiento imperceptible hizo que la toalla se deslizara hacia el suelo. "Mírame mejor así".

Me acerqué y comencé a besar su cuello, mientras mis manos acariciaban de nuevo sus pechos. Dí la vuelta y me coloqué a su espalda, situándomos los dos frente al espejo. Ella miraba mi boca en su cuello y mis manos agarrando sus pechos primero y luego provocando traviesamente a sus pezones.
Bajé a explorar sus caderas, su vientre. Mis manos alcanzaron la parte anterior de los muslos. Ella echaba la cabeza hacia atrás, y buscaba mi boca con la suya, lamiéndomela cuando la encontraba, buscando mi lengua.
Mis manos acariciaron su pubis, rondaron su sexo, pero sólo levemente, buscando sólo el roce.
Me deslicé hacia abajo con mi boca, recorriendo la espalda, pero sin detenerme hasta sus glúteos. Estaba deseando este momento: disfrutar de su culo, de su visión, de su tacto.
Ella se tumbó en la cama, con las piernas ligeramente abiertas y el culo levemente en pompa.

No dudé en disfrutar de ese regalo. Mis labios comenzaron a disfrutar de la piel de sus glúteos y de sus muslos: piel suave, cálida, sensible,
excitante... Mi lengua pugnaba por saborear la porción de su sexo así expuesto, consiguiendo en cada intento una mayor sensación de humedad y sabor.
Mis manos separaron levemente los glúteos y seguí explorando el canal que así quedaba expuesto. Me entretuve en rodear su agujero más secreto, esquivando el roce con la zona de sensibilidad más prohibida, sensibilidad sodomita, placer secreto.
Ella parecía expectante, y, el suspiro que exhaló en el momento que notó la humedad de mi lengua rozando su esfínter, le traicionó.
Conforme mi lengua ganaba confianza explorando su ano, sus movimientos se hicieron más patentes, el arquemiento de su espalda más pronunciado, su respiración más profunda.
Me encantaba la situación. Y a ella le gustaba que mi lengua follara su culo, que lo humedeciera, que lo preparara...
Su sexo estaba ahora muy expuesto, y avancé para saborearlo. Sus labios entreabiertos eran antesala a un mundo de olor, sabor y humedad sexual irresistible. Saboreé aquel paraiso para mis sentidos, hundí mi lengua en cada rincón que logré alcanzar. Alcancé los primeros centímetros de su vagina.
Se arqueó más y alcancé de nuevo su clítoris y ella agradeció la caricia de mi lengua con una serie de gemidos que seguían el ritmo de mis lametazos. Mientras, ella cogió mi mano y la dirigió a su culo, como suplicando que siguiera mi trabajo allí.
Su agujero estaba muy humedecido con mi saliva, por lo que fue tremendamente fácil penetrarlo con un dedo. La posición no era cómoda, pero logré introducir mi anular casi por completo.
La situación a mi me estaba poniendo cardiaco. Su sexo llenaba mi boca de sensaciones, y yo intentaba devolverle el máximo placer con mi lengua.
No sé de donde salió, me encontré con un bote de aceite corporal junto a mi. Lo cogí y vertí una pequeña cantidad en el canalillo del culo. Jugué con el lubricándolo y penetrándolo de nuevo con mi anular. Ahora entraba con tremenda suavidad. Sin dejar de lamer, intenté penetrar con dos dedos, el anular y el índice. No me costó casi ningún trabajo.
Ella se dio la vuelta. Cogió el aceite y derramó una generosa cantidad en mi capullo. Con su mano comenzó a distribuirlo, arrancándo de mi sensible glande increíbles pinchazos de placer. "Ahora quiero que poseas". Volvió a su posición original, con el culo expuesto y desafiante para mi. Volví a derramar un poco de aceite, excitado por el inesperado regalo que se me ofrecía. Volví a introducir un dedo, dos, e, inmediatamente, despacio, cuidadosamente, acerqué mi verga a su delicada entrada, y centímetro a centímetro gané entrada en tan placentero cobijo.

Ella lanzó unos pequeños gemidos con cada avance, gemidos de dolor y placer, de temor y deseo, de sometimiento y entrega. Yo sentía la sabrosa opresión que ejercía en mi polla, la sensación de acogida en ese maravilloso culo.
Poco a poco su esfínter se fue relajando, permitiendo que mis movimientos fueran ganando en intensidad, en recorrido. Sus gemidos acompañaban mis empujes, acrecentados por las sensaciones que su mano arrrancaba de su clítoris.
Alargué mi mano y sustituí a la suya en sus caricias. No protestó, aunque mis embestidas se vieron un poco penalizadas. Yo no podía más. Estaba a punto de correrme. Mi respiración me delató, y ella me dijo, casi en un suspiro, que quería que me corriera fuera.
Bajé un poco el ritmo. quería disfrutar un poco más. Me deleité un momento viendo la panoramica de mi polla penetrando en ese delicioso culo. Casi no podía más. Saqué mi poya. Ella intuyó el final y se dió la vuelta rápidamente. Mi mano agarró mi capullo para terminar mi inminente corrida. Yo estaba de rodillas, y ella había quedado tumbada casi debajo mía. Alargó su mano y comenzó a tocar su clítoris, con una intensidad y firmeza que me sorprendió. Yo me corrí casi de inmediato. Mi mano, experta en estos menesteres, arrancó mi desado orgasmo y mi eyaculado sobre el vientre de ella. Casi en ese instante, con la visión de mi poya escupiéndole el semen, su dedo se aceleró, su cabeza se arqueó hacia atrás, y un largo y gutural gemido delató su profundo y largo orgasmo.

Ella se quedó temblorosa, tumbada. Acercó sus dedos a su boca, probando sus fluidos, y me dijo "quédate a dormir".
Y así, empapados de sexo, sudor, semen, flujos y aceite, nos quedamos dormidos uno junto al otro.
Comentario:
Cuánto me alegro de que haberte descubierto, mi erótico, consentido y mimado bloguero, jajajaa. Veo que cada vez más gente se rinde ante tus palabras y son más y más los enlaces que llevan a ti en la red.
Soberbio el relato "sodomita", se nota que eres un tío culto y que lee mucho, tienes un amplio vocabulario que así lo demuestra y das un toque a lo que escribes inigualable.
-Respecto a mi post, jamás delataría a nadie que haya tenido alguna relación conmigo, del tipo que sea, pero "ceporros" como el que describo...... ufff, es que no me entra que se pueda ser tan tonto, me da rabia y todo.
Muchos besurris.
Soberbio el relato "sodomita", se nota que eres un tío culto y que lee mucho, tienes un amplio vocabulario que así lo demuestra y das un toque a lo que escribes inigualable.
-Respecto a mi post, jamás delataría a nadie que haya tenido alguna relación conmigo, del tipo que sea, pero "ceporros" como el que describo...... ufff, es que no me entra que se pueda ser tan tonto, me da rabia y todo.
Muchos besurris.
Comentario:
Realmente una interesante historia, llena de matices, y cual mas caliente. te he incluído también en mi blog como enlace hot.. Qué ricas son las mujeres, no? Y cuando nos oferecen su cola,, así, levantadas, como resistirse?
Comentario:
Relato realmente incitante, y qué decir de la segunda fotografía, realmente bella.
Seguiré pasando por aquí.
Seguiré pasando por aquí.





