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Casado de noche y solo
Soy casado, pero por por la noche estoy solo... ¿qué hago? Pues imaginarlo...
Acerca de
Hola majet@s. Soy un casado de 37 tacos, sin hijos, que por la noche a veces navega y ha decidido crear su blogg. Lo que meobsesiona un poco es el sexo, por que lo practico poco con mi mujer, y no me queda más remedio que hacerlo solo... Me teneis tambien en arnand32es@yahoo.es
Sindicación
 
Dedicado (II) (Sin fotos)
Llegamos a la habitación del hotel. Durante el trayecto en el ascensor nos abalanzamos el uno sobre el otro, besándonos, buscando bajo las ropas la piel del otro, acariciando lo imaginado y ahora deseado.

Una vez dentro nos quedamos de pie, igual que en el ascensor, besándonos, acariciándonos, pero ahora ya, sin furtivismos, yo desabroché tu blusa, la deslicé por tus brazos y alcancé el cierre de tu sujetador, desprendiéndome del último impedimento para disfrutar de la visión, del tacto y del sabor de tus deliciosos pechos.

Seguí con tu falda. Dejé que se deslizara hasta el suelo, y, agachándome, deslicé tu tanga hasta el suelo, despacio, acariciando tus muslos conforme bajaban mis manos y de nuevo conforme subía para besar tu cuello.

Tus manos lucharon con los botones de mi camisa y con los de mi pantalón. Tiré mi camisa al suelo, y tiraste hacia abajo de mi pantalón y mi calzoncillo. Nos quedamos expuestos, el uno para el otro, besándonos y acariciándonos.

“Galilea, me dejas jugar un poco contigo”

Me miraste curiosa. “Sí”.

Te tumbé en la cama. Me quedé mirando, disfrutando del festín que me iba a dar. Quería devorarte.

Cogí un pañuelo negro y vendé tus ojos. Me acerqué a tu oído y te susurré: “Sólo quiero que tengas un sentido. El tacto. Tacto de mi boca y mis manos recorriéndote. Tacto de mis labios y mi lengua saboreándote”. Lanzaste un suspiro excitado y te dejaste hacer.

No me moví mucho. Mi boca buscó tu cuello, la delicada piel detrás de tu oreja, besándote mientras mis manos recorrían tus axilas hacia los brazos primero, para volver por el mismo camino buscando tus pechos, suavemente, delicadamente, hasta rozar tus pezones semi erectos.

Recorrí toda tu piel con mis labios y mi lengua, camino de los pezones que ahora abandonaban mis manos. Los besé, los lamí, los succioné. Jugué con su erección en mi boca, con la excitante sensación de su suave piel en mis labios.

Mis manos avanzaban por tu vientre y tus caderas, como abriendo camino a mi boca, que no dejaba poro ni centímetro sin recorrer, sin saborear.

Me situé entre tus piernas. Las entreabriste expectante. La visión de tu sexo húmedo y expuesto para mi me hizo que tuviera que reprimir el impulso de dedicarme a el… pero todavía no.

Quería recorrer tus muslos, tus piernas, tus pies. Acariciarlos y besarlos, avanzar con mi boca lentamente, besando tus rodillas, subiendo por la sensible cara interna de los muslos, acercándome peligrosamente a tu sexo expectante.

Recorrí con mi lengua los pliegues que marcan la excitante frontera hacia tu sexo. El olor de tu sexo era embriagador. Tú te retorcías levemente, intentando adelantarte a mí.

Tu sexo estaba totalmente abierto, húmedo, expectante. La turgencia de tus labios y de tu clítoris eran una sabrosa invitación a saborearlos, y no quería ni podía esperar más.

Coloqué mi lengua en la entrada de tu vagina, buscando su sabor, su calor. Avancé lamiendo, golosamente, casi compulsivamente, robándote cada gota de flujo sexual que cubría tu coño, el delicioso surco que me llevaba al casi pulsante botón que coronaba mi recorrido.

Lo alcancé con mi lengua y diste un respingo, un suspiro, un gemido. Comencé a mover mi lengua en la suave superficie y tus movimientos y tus gemidos se aceleraron. Me nombrabas, me pedías que no parara, te retorcía con cada lametazo. Mis dedos buscaron la entrada de tu vagina, y, mientras mi lengua no se separaba de tu clítoris, te penetré primero con uno y luego con dos.

Estabas disfrutando. Me lo transmitías, y no pensaba dejar de lamer hasta que te corrieras. Tus manos avanzaron y tocaron tus pechos. La visión desde mi posición entre tus piernas me excitó tremendamente.

Seguí lamiendo y penetrándote con mis dedos a la par que tus jadeos se aceleraban, tus gemidos aumentaban en intensidad. El movimiento de tus caderas delataba de la inmediatez de tu orgasmo. Tu coño destilaba sexo, sabía y olía a sexo, y se preparaba para el orgasmo.

No tardó en llegar ese delicioso momento de placer que recorrió tu cuerpo desde la punta de mi lengua hacia tu clítoris, y desde allí como un tremendo escalofrío se extendió por cada uno de tus nervios.

Quedaste exhausta y mi boca saciada. Lamí el aporte extra de flujo que me regaló tu orgasmo, y avancé hasta tu boca. Te besé compartiendo el delicioso sabor de tu sexo. Bebiste de mi boca el sabor de tu orgasmo, y, sin quitarte todavía el pañuelo de tus ojos, abriste tus piernas y me dijiste “penétrame”.

Fue fácil penetrarte. Estabas deseosa de sentir mi polla totalmente erecta dentro de ti. Me aprisionaste con tus piernas alrededor de mis caderas, tus brazos alrededor de mi espalda y tu vagina aprisionándome.

Comencé a moverme, primero despacio, disfrutando del roce de tus paredes en mi capullo, notando el avance de cada embestida dentro de ti. Mis gemidos se mezclaron con los tuyos. Con cada embestida, nuestros alientos nos delataban. Delataban nuestro goce, nuestro placer.

Mi polla estaba a punto de estallar. Creía que me podía ir en cualquier momento, y me separé de ti.

Te di la vuelta. Quería tenerte así de espaldas. A cuatro patas, con el culo en pompa, con tu sexo hambriento de nuevo de mi.

Busqué tu clítoris con mi mano. Lo rocé un poco y comprobé el delicioso efecto que te producía.

Antes de metértela quería seguir lamiendo. Sin dejar de acariciar tu placentero botón, hundí mi lengua entre tus nalgas, recorriendo el camino que me dejó en tu secreto y sensible agujero. Recorrí haciendo círculos la estrecha entrada, acercándome con cada vuelta al centro, humedeciendo y empujando con mi lengua hasta lograr acceso a tu delicioso culo.

Tus movimientos delataban tu placer. Mi mano y mi lengua excitaban tus zonas sensibles, despertando de nuevo deliciosas sensaciones.

Me retiré e introduje un dedo. Tu movimiento hacia atrás facilitaron que desapareciera dentro, que se hundiera con facilidad. Aquello me estaba excitando mucho.

Era momento de volver a follarte. Así, de espaldas, busqué de nuevo la entrada de tu coño. Cogí tus caderas y volví a sentir la deliciosa sensación de mi glande, sensible y tremendamente erecto, aprisionado en tu cálida vagina.

Te enderezase un poco y pude alcanzar tus tetas, deliciosas, sujetas ahora por mi mano. Pellizqué levemente tus pezones, arrancando un gemido de tu garganta. Seguimos así, jadeando de nuevo. Mi polla estaba a punto de estallar, y por mis jadeos y mis movimientos intuiste la inmediatez de mi corrida. Yo estaba a punto de irme, cuando me cogiste la mano y la dirigiste a tu clítoris. Entendí y continué mi fricción, aunque por poco tiempo.

Noté como mi polla se llenaba con la inmediatez de mi eyaculación. Tus gemidos se aceleraban cuando un gemido casi ahogado salió de mi garganta. Noté como me derramaba en tres tiempos dentro de ti, inundando tu vagina con mi semen caliente. No dejé de empujar y de acariciarte, y cuando los estertores de mi delicioso orgasmos me abandonaban, y mi polla bombeaba con más fuerza, te derrumbaste con una larga y sonora serie de espasmos y gritos nada disimulados.

Quedamos quietos, jadeando, callados, durante unos minutos. Te quité la venda de los ojos y besé tus labios.

“Quieres beber algo” “Sí”.

Y así, bebiendo unas cervezas, nos quedamos charlando un rato.

Sin embargo, tú aun tenías una sorpresa para mí.
 
Comentario:
Uuuffff, buena manera de empezar el día... leyendote y excitandome.

Todavia quedan más sorpresas????

Me encanta, lo sabes...

Un beso.
No