logotipo

img_google
Casado de noche y solo
Soy casado, pero por por la noche estoy solo... ¿qué hago? Pues imaginarlo...
Acerca de
Hola majet@s. Soy un casado de 37 tacos, sin hijos, que por la noche a veces navega y ha decidido crear su blogg. Lo que meobsesiona un poco es el sexo, por que lo practico poco con mi mujer, y no me queda más remedio que hacerlo solo... Me teneis tambien en arnand32es@yahoo.es
Sindicación
 
Fin de la 3ª parte.
Nos quedamos acurrucados un buen rato. Charlamos, descansamos, nos acariciamos, bebimos, recuperamos. Era ya tarde y habíamos pasado un buen rato juntos. Me había encantado tener sexo de esta manera contigo, disfrutando de nuestros cuerpos y nuestros sexos. Creía que me ibas a decir que ya te ibas, cuando me dijiste "ahora me toca jugar a mi".

Me quedé un poco sorprendido. "Voy a atar tus manos. No quiero que las utilices para nada". Dicho y hecho: ataste mis manos al cabecero de la cama, no muy fuerte, pero en tu juego yo no podía utilizarlas.

Me tenías totalmente a tu disposición. Y me regalaste uno de los momentos más placenteros de mi vida.

Te acercaste a mi oido. Me susurraste "déjate hacer", e inmediatamente, tu boca comenzó un delicioso recorrido por todo mi cuerpo. Sentí tus labios en mis orejas, en mi cuello, mis labios, mis hombros. Seguiste por mi torso, buscaste mis pezones, los mordisqueaste, los sorbiste disfrutando de su coqueta erección. Recorriste mis costados, mis caderas, mis muslos, mis piernas. Sentí como cada movimiento de tus labios y de tu lengua en mi piel arrancaba pinchazos de placer de cada milímetro.

Mi respiración, mis movimientos, animaban tu recorrido. Subiste de nuevo desde mis pies, esta vez buscando la cara interna en tu camino. Entreabrí mis piernas dejándote via libre.

Noté tu lengua en la cara interna de mis muslos, llegando casi hasta mis huevos. Los rodeaste. Yo me arqueé buscando tu contacto. Te hiciste de rogar pasando tu lengua siempre cerca, nunca rozando.

Por fin noté tu lengua en mi escroto, en la sensible piel que cubre mis testículos. Primero uno, luego otro. La zona media, sensible, delicada. La recorriste desde muy atrás hasta el nacimiento de mi polla. Levanté mis piernas, arqueé mi cintura y facilité que tu boca sorbiera un tetículo, el otro. Mi excitación empezaba a ser agobiante. empezaba a necesitar tu lengua, tu boca, tu vagina en mi verga.

Por fin lamiste el tallo de mi polla, pero a dos milímetros de mi sensible y erecto capullo, paraste.

"Yo tambien estoy excitada, ¿sabes?". Yo estaba loco por sentir tu lengua, pero te incorporaste y, a horcajadas sobre mí, entreabriste tu coño y me lo enseñaste. "Estoy muy mojada, ¿te gustaría tocarlo?".

"Por supuesto, y lamerlo... me encanta lamerlo". Me moría por sentirte y lamerte, por saborearte. Pero querías seguir jugando.

Estaba absorto, deseando como un loco sentir el sabor de tu sexo en mis labios, y no me defraudaste... lo sentí pero no como esperaba.

Así, a horcajadas sobre mi, me quedé extasiado cuando dirigiste una mano a tus pezones y comenzaste a masajearlos, y la otra a tu sexo húmedo. Primero recorriste con un dedo tu raja entreabierta. Se notaba lo húmeda que estabas en el brillo que recubría tu travieso dedo.

De repente lo hundiste en tu vagina, y pronto le acompañó un segundo dedo. Te miraba extasiado. Esa es una visión que me vuelve loco. Me excitaba sobremanera ver como tus dedos rondaban tu sexo. Me volví de nuevo loco cuando los acercaste a mi boca, los lamí, los limpié completamente. Volviste a introducirlos y esta vez los dirigiste a tu boca y los saboreaste.

Mi polla estaba a punto de estallar. Me volvía loco por tocármela, por desahogar la terrible excitación que se apoderaba de mi con esa visión.

La cosa fuá a más cuando tus dedos abandonaron el hueco de tu vagina para buscar la sensibilidad de tu clítoris. Así, sin decirme nada, encima de mi, a horcajadas, disfrutando de mi excitación, de mi desesperación por tocarme, por que me tocaras, por que me follaras o porque mi polla encontrase desahogo, comenzaste a masturbarte.

Mi excitación crecía, por segundos, viéndote disfrutar con tus dedos, con el sabor de tu sexo. De vez en cuando acercabas un dedo a mi boca, como dándome un pequeño premio. Mi boca secuestraba tu dedo, buscando cada molécula de tí, saboreándolo, chupándolo, lamiéndolo. Yo te rogué que pararas, que dejaras que me masturbara, que me masturbaras, que me la mamaras, que me follaras. Tú cada vez te excitabas más con mis ruegos, pero alargaste tu placer al máximo.

Por un par de veces me pareció que te corrías, al sentir tus jadeos, tus gemidos, el movimiento de tus dedos ligeramente acelerados.

La visión de tu sexo, tu clítoris encendido, el roce con el que lo premibas, tus jadeos, la humedad que empapaba tu sexo, tus dedos y tu entrepierna. Estabas disfrutando con el espectáculo que me estabas dando. Y yo estaba gozando con su visión, sufriendo con mi represión, excitado, atado, erecto, húmedo, necesitado, hambriento.

De repente introdujiste dos dedos de una mano en tu vagina. O tres. La otra, mientras tanto, seguía masajeando tu botón, tu delicioso punto, tu clítoris. Me mirabas de vez en cuando, y me encontrabas extasiado y desencajado. Tus dedos entraban y salían de tu vagina, brillantes, húmedos. Tus dedos aceleraron ligeramente, aumentaron su presión. Tus jadeos se aceleraron, aumentaron de intensidad, de tono, haciéndose más agudos,. Los dedos de repente disminuyeron su velocidad, y sin relajar su presión, te regalaron un largo, delicado, profundo, agónico orgasmo. Tus jadeos y tus gemidos poco a poco se apagaron. Te quedaste extasiada encima de mi, dejándote caer.

"¿Te ha gustado, cariño?". Yo no podía hablar. Estaba excitado como nunca. Mi polla estaba a punto de reventar, húmeda, cubierta del líquido transparente que delata su excitación.

De nuevo sentí tu boca en mi cuello. Y de nuevo su recorrido hacia mi torso y mi vientre. Esta vez fue más directa. Sentí tu lengua recorriendo mi glande, lamiéndolo, saboreándolo. Sentí como crecía un poco más con tus lametazos. Me deshacía de placer con tu lengua y tus labios.

Acomodaste tu mano alrededor de mi capullo, y dirigiste tu boca hacia mis huevos. De nuevo los saboreaste, pero esta vez, tu lengua buscaba más profundamente. Doblé mis piernas para facilitarte el acceso a zonas más escondidas. Buscaste la parte más recóndita de mi escroto, pero querías llegar más allá.

Elevé un poco las caderas, y entonces pudiste seguir tu camino hacia lo más escondido. Yo creía que estallaba con cada avance, con cada sensación nueva, con la humedad de tu lengua.

Me sorprendió la sensación de tu lengua en mi culo. Jamás pensé que se pudiese despertar tanta sensibilidad. Noté como recorría la delicada piel que rodea mi estrecha entrada. Notaba la reciente humedad. Notaba el movimieno y las placenteras oleadas que recorrían mi cuerpo con cada lametazo.

Tu mano no abandonaba mi verga. Lubricada con tu saliva, tenía cogido mi glande, y a ratos lo estrujabas, a ratos movías de arriba abajo. Mi respiración era jadeante, profunda. Gemía cada vez que tu lengua atacaba mi culo, con cada movimiento de tu mano. Notaba mi corazón a mil, mi respiración se entrecortaba con el placer que me proporcionabas.

Entonces cambiaste. Tu boca buscó mi polla. La introdujiste, poco a poco, saboreándola, y la aprisionaste con tus carrillos, tu lengua, tus labios, comenzando un lento movimiento de arriba a abajo.

Entonces buscaste mi culo de nuevo, con la mano. Tu dedo encontró la lubricación que había dejado tu lengua. Yo me tensé un poco, pero pronto me dejé llevar. Noté como tu dedo se introducía lentamente en mi culo. Para mi sorpresa, aquello aumentaba mi placer, mi excitación, profundizaba mis jadeos. Me estaba volviendo loco.

Tu dedo se acomodó dentro de mi. Sabía donde buscar. Encontró su punto y comenzaste un leve movimiento que masajeaba mi recóndito punto.

Mi polla estaba a punto de reventar. No podía más. Las placenteras sensaciones que recorrían mi cuerpo eran de una intensidad inimaginable. Tu boca, tus dedos, la excitación a la que ma habías provocado me estaban llevando al límite.

Quería dejarme llevar, llegar al orgasmo que me diese por fin reposo. Jamás había estado tan excitado.

Tu boca y tu dedo lograron lo que deseaba. Sentí como una deliciosa sensación emanaba desde el interior, desde donde presionabas, subiendo por mi polla, alcanzando mi capullo aprisionado en tu boca. Sentí como quería hincharse un poco más justo en el momento en que sentía que me corría de la manera más deliciosa que había experimentado nunca.

Tú exprimiste mi polla, recogiste cada gota de semen que eyaculé, mientras me retorcía con un placer y en un concierto de jadeos y gemidos que me sorprendieron a mi mismo.

Me quedé extasiado. Exhausto. Rendido. Lamiste cada centímetro de mi polla.

Te acercaste a mi y me besaste. Te confesé "Cielo, esto que me has hecho es lo más delicioso que he sentido nunca".

Te acurrucaste junto a mi, y nos quedamos dormidos.
 
Comentario:
Sencillamente fantastico,excitante...
Gracias por derretirme
 
Comentario:
Genial, me has dejado las pulsaciones aceleradas... lo he sentido... y me he quedado húmeda, excitada.

A mi me gusta que me mires cuando me me masturbo, cuando me acaricio...

Un beso profundo, intenso.. y muchas gracias, me han escantado los tres.
No