"Las ciudades son libros que se leen con los pies" Emilio Frugoni

De esta frase me acordé, Momo, al pasear por las calles de Madrid. Era una tarde agradable, pues a pesar del calor que hacía, corría una brisa que me refrescaba los sentidos. Ya había llegado la primavera a la ciudad, y acercándome por el barrio de La Latina, pasé por calles plagadas de terrazas donde la gente charlaba alegremente... hasta llegar a la Calle del Limón. Me llamó la atención el nombre de la calle, así que decidí seguir mi camino por ahí, sin querer llegar a ningún lugar exacto.
Mientras ojeaba escaparates distinguí un viejito a lo lejos. No pude conseguir adivinar su edad, y aún así supe que era un hombre muy mayor. Llevaba un traje de hilo color marfil, con chaleco por dentro, muy elegante, y con un sombrero de igual tono que lo demás. Deduje que era cubano, pues al verlo se me vinieron a la cabeza Ibrahim Ferrer, Compay Segundo, Bebo Valdés... era del estilo de estos maravillosos músicos. Él acababa de salir del nº 13 de la Calle del Limón por la que yo estaba paseando, y, tras andar unos pocos pasos, entró en el bar que había entre su casa y la tienda que yo cotilleaba.
La ternura fue lo primero que me inundó en una profunda curiosidad y me obligó a entrar también en aquél café. Vi que se había sentado en la mesa más cercana al pequeño escenario que había a un lado de la barra en el que unos músicos ambientaban con jazz. Disimulando me senté cerca de él. Sentí cómo desprendía un agradable olor a habano mezclado con una ligera fragancia dulzona.
Notó enseguida cómo le miraba de reojo y me hizo una señal para que me sentara a su lado. Se presentó como el señor Barbarito.
Continuará...
Filosofando no quiero llegar a ningún lugar
Casiopea, ¿es un mundo sin sentido un mundo incierto e inseguro? ¿Es la vida sin destino una vida sin sentido? ¿Vivimos para cumplir algún objetivo, alguna misión que nadie nos ha encomendado? ¿Hay algo que nos vaya a recompensar por lo que hayamos hecho alo largo de la vida? ¿Es realmente esencial que las cosas tengan un sentido determinado? ¿Es necesario plantearse estas preguntas mientras podríamos estar haciendo que el día a día no sea heterogéneo, uniforme y rutinario?¿Por qué hemos de preocuparnos por lo hagamos o lo que no hagamos?
Vivir, aprovechar el tiempo, hacer cosas que nunca volverás a hacer o que descubrirás que querrás hacer mil veces más, morir pensando que has podido hacer todo lo que deseaste con una gran sonrisa.
Ser hedonistas, buscar el placer como fin, ¿por qué más? ¿por qué buscar algo que nunca vamos a alcanzar realmente?
Vivir, aprovechar el tiempo, hacer cosas que nunca volverás a hacer o que descubrirás que querrás hacer mil veces más, morir pensando que has podido hacer todo lo que deseaste con una gran sonrisa.
Ser hedonistas, buscar el placer como fin, ¿por qué más? ¿por qué buscar algo que nunca vamos a alcanzar realmente?
Sueños
Metro. Interior. Día.
Barullo, locura, gentío, rutina, prisas...
Alguien me coge del brazo.
_¡Espera! No te vayas. Te conozco, no se cómo te llamas, pero te conozco. Te he visto varias veces en sitios diferentes. La primera vez que te vi, me costó varios días quitarte de la cabeza. Llevabas una camiseta verde y unos vaqueros grises desgastados. Desde entonces, supe que tenía que hablar contigo, que nos llevaríamos bien. Las otras veces que te he visto no me he atrevido a decirte nada por miedo al rechazo o la indiferencia, pero esta vez sabía que si no te decía nada, me arrepentiría toda la vida, que habría dejado escapar algo muy especial. No tengo nada que perder: soy Max. ¿Tienes algún plan ahora?¿Te apetece charlar un rato, tomar un café?
Todos lo hemos deseado, a tí te ha pasado, ¡ánimo Javi!, te queremos por ser como eres. Casiopea siempre cuidará de ti.
Barullo, locura, gentío, rutina, prisas...
Alguien me coge del brazo.
_¡Espera! No te vayas. Te conozco, no se cómo te llamas, pero te conozco. Te he visto varias veces en sitios diferentes. La primera vez que te vi, me costó varios días quitarte de la cabeza. Llevabas una camiseta verde y unos vaqueros grises desgastados. Desde entonces, supe que tenía que hablar contigo, que nos llevaríamos bien. Las otras veces que te he visto no me he atrevido a decirte nada por miedo al rechazo o la indiferencia, pero esta vez sabía que si no te decía nada, me arrepentiría toda la vida, que habría dejado escapar algo muy especial. No tengo nada que perder: soy Max. ¿Tienes algún plan ahora?¿Te apetece charlar un rato, tomar un café?
Todos lo hemos deseado, a tí te ha pasado, ¡ánimo Javi!, te queremos por ser como eres. Casiopea siempre cuidará de ti.





