logotipo

img_google
guiada por el canto de las dunas
Cuentos, desvaríos y demás incoherencias
Acerca de
Casiopea
Nº visitas
Sindicación
 
Casiopea. (Composición: Silvio Rodríguez)
Como una gota fui de la marea
la playa me hizo grano de la arena.

Fui punto en multitud por donde fui
nadie me detectó y así aprendí.

Cuando creí colmada la tarea
volví mi corazón a Casiopea.

Cumplí celosamente nuestro plan:
por un millón de años esperar.

Hoy llevo el doble dando coordenadas
pero nadie contesta mi llamada.

¿Qué puede haber pasado a mi señal?
¿Será que me he quedado sin hogar?.

Hoy sobrevivo apenas a mi suerte
lejano de mi estrella de mi gente.

El trance me ha mostrado otra lección:
el mundo propio siempre es el mejor.

Me voy debilitando lentamente
Quizás ya no sea yo cuando me encuentren.
 
marco
Por las mañanas, como solía llevar el tiempo pegado, Marco salía de casa y cogía el autobús número 54 en la acera de su portal hasta la Plaza de la Libertad. Ahí se bajaba para andar a paso rápido unos 200 metros hasta su facultad, intervalo en el normalmente se fumaba un pitillo a medias que la mayoría de las veces le revolvía el estómago. Pero el camino de vuelta era distinto. A pesar de tener hambre a la hora de regresar, se lo tomaba con tranquilidad. Caminaba despacio hasta la boca del metro, donde se adentraba para coger la línea circular. Dos paradas antes de la suya se bajaba para dar un paseo hasta su casa, durante el cual tenía como rutina repasar las cosas que haría por la tarde mientras se fumaba otro pitillo que normalmente también le revolvía el estómago.
Aquél día se entretuvo más de la cuenta al volver a casa porque hacía un día especialmente bonito después de unos días nublados y fríos. Cuando llegó al portal estuvo un buen rato buscando sus llaves en el fondo de su mochila, y al entrar al portal, miró el buzón como tenía por costumbre, a pesar de que nunca le llegaran cartas. Pero aquél día sí había una. Lo abrió impaciente y descubrió dentro un sobre en blanco bastante arrugado. Mientras esperaba el ascensor lo abrió, y una vez dentro, empezó a leer. Estaba escrita en sucio, con muchos tachones y una mala letra por una escritura inquieta y rápida que reconoció al instante. Marco sintió como los pelos de sus brazos se erizaban a la vez que se le hacía un nudo en la garganta.

He aquí la copia literal de la carta que había recibido:

"Noche de insomnio. (Otra más).
Pensamientos de ascensor. Son aquellos que te vienen a la cabeza después de que te haya pasado algo y no hayas sabido reaccionar al instante, debería haber dicho tal o debería haber hecho cual; después de situaciones tan inesperadas que te has quedado en blanco, sin saber cómo actuar.
¿Y aquéllos que imaginas durante una noche de insomnio, seguramente provocado por éstos? ¿Cómo llamarlos? ¿Pensamientos de almohada quizá? Éstos son en los que imaginas cosas que vas a hacer y decir. Suelen ser sobre vivencias inacabadas, remordimientos, orgullos, espinitas al fin y al cabo. Las que quieres arreglar... o vivir. Situaciones que sueñas que ocurran, en las que todo es perfecto, exactamente como tú deseas que sean. Y cuando por fin amanece o consigues reconciliar el sueño, se quedan ahí, en lo más profundo del inconsciente y al día siguiente parecen haber desaparecido. Pero vuelven noche tras noche, entre días de cansancio.
Marco, me vuelvo loco, a lo mejor escribiéndote dejen de perturbarme:
He cambiado. Ya no soy el mismo. No me conoces porque ya no queda nada de lo que era. Solamente he guardado aquellas cosas que creo que hacía bien, que son pocas, las que me hacen sentir a gusto conmigo mismo y que tú nunca quisiste descubrir. Me he mirado al espejo y he corregido mi egoísmo, mi miedo, mi imprudencia. Ya no hablo tan rápido, pienso más las cosas. Quiero dejar de culparme por haber sido como era, pues no era más que inmadurez. He hecho daño y he pasado miedo, mucho miedo, me he quedado solo para averiguar cómo quiero ser, en quién debo confiar y encontrar apoyo. Tú puedes descubrir cómo he evolucionado. Quiero que lo hagas. Quiero que veas y admires cómo he avanzado y cómo sigo apartando las piedras que no me dejaban avanzar. Pero con la condición de que no dejes que me aparte de ese camino y de que nadie se interponga para seguir haciéndome daño. Quiero que me preguntes por qué desaparecí, que por qué no he vuelto. Tienes que saber que nunca volveré, porque aquello que conociste ya no existe. Si lo hago, no será una vuelta, sino una llegada, y podremos conocernos de nuevo. Lo mejor será que conservaremos los buenos momentos, que no se pueden borrar.
A la vez me contradigo y te echo de menos, desearía volver a vivirlo todo otra vez."

Una lágrima tardó exactamente 5 segundos en bajar por la mejilla de Marco hasta la comisura de sus labios. Posó la carta sobre su escritorio, fue a buscar el teléfono y, temblando, marcó.
 
mmmmmmmm................
el cosquilleo del momento justo en que escuchas el principio de una canción que te gusta
cantar en la ducha
por fin estornudar
encontrar una solución
la risa de un niño pequeño
acordarte de lo que has soñado
charlar sin notar que han pasado horas y horas
ser el primero en dejar tus huellas sobre la nieve
que haya chocolate en casa cuando te apetece algo dulce
la lagrimilla de después de una peli que te ha gustado mucho
recordar algo que tenías en la punta de la lengua desde hace un rato
sentir mariposas en el estómago cuando piensas en alguien más de la cuenta
echar una carrera
oir silbar a alguien por la calle
que te susurren un secreto al oído
leer cuentos de cuando eras pequeño
que te digan que te han echado de menos
sonreir hacia dentro por algo de lo que te has acordado
que haga mucho frío cuando estas bien abrigado
escuchar batallitas de personas mayores
la ilusión de ver una estrella fugaz
el olor a café desde la cama
hacer planes y cumplirlos
que te acaricien el pelo
pasear sin rumbo
reconciliarse
comprar un libro nuevo
una mirada de complicidad
oler las hojas del libro nuevo
escuchar una buena frase