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guiada por el canto de las dunas
Cuentos, desvaríos y demás incoherencias
Acerca de
Casiopea
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yupi
Soy un muñeco de trapo. Estoy hecho de tela vaquera desgastada, por eso mi tacto es suave. Mi ojo derecho es un botón de nácar imitado y el izquierdo es otro botón forrado de tela azul oscuro, un poco más pequeño que el otro. No tengo nariz. Mi boca está bordada con hilo rojo, pero los puntos hacen parecer que la tengo cosida. Así contado, parece que soy mounstruoso, pero en realidad soy bastante mono. Mi cuerpo es redondo, como si tuviera la tripa hinchada, efecto producido por mi relleno, que está compuesto de lentejas pequeñas y cuscús seco. Tengo una hilera de botones con formas como los que se usan para trajes de niño pequeño en el centro, así, aunque no me hayan puesto ropa parece que estoy vestido, cosa que me reconforta, qué vergüenza sino, no? También me han bordado la forma de un bolsillo en lo que sería mi culo, así también parece que llevo pantalones. Mis extremidades son cilindros hechos con la misma tela desgastada, pero claro, como hacer dedos sería complicado, pues no tengo.
Me cuesta mantenerme en pie, asi que casi siempre estoy sentado con la cabeza ligeramente caída, eso en el caso de que no esté tirado por el suelo, porque como mi lugar impuesto por mi dueño es estar en la cama, en la parte de las almohadas, ya sabes, a veces sobro. Pero aparte de estas pequeñas incidencias y lo de ser testigo de algunas cosas algo violentas que hace mi dueño en su cuarto, llevo una vida tranquila. No dejo de sonreir, claro, no puedo, pero no es algo que contradiga las emociones que suelo sentir, porque como ya he dicho, llevo una vida agradable.
A veces el chico al que le sirvo de muñeco me coge y me mira mucho, me da un poco de vergüenza la verdad, supongo que seré un regalo especial que le han hecho, pero no lo tengo muy claro. Otras veces, juega conmigo como si yo fuera una especie de Neo de Matrix, me hace volar, dar piruetas y cosas por el estilo, todo acompañado de ruidos rarísimos que él hace para ambientar, eso sí que me divierte, lo único es que me preocupa un poco porque el chaval ya tiene sus 21 años cumplidos y, en fin, no sé, puede llegar a ser un poco patético. Aun así, suele pasar bastante de mí. Eso sí, todas las tías que vienen a visitarle suelen decir cosas como ayyy qué monoooo y sobarme un rato, pero luego me dejan tirado en el suelo y como si no me hubiesen visto nunca. Cosas de la vida, qué se le va a hacer, yo no voy a dejar de sonreir.
Oh, dios mío, ¡acaba de subirse el animal peludo a la cama y no para de morderme el ojo! Qué desagradable, ay. Joder, me lo va a arrancar, menuda bestia. Y ahora el brazo... ojalá pudiera darle una patada para que me dejara en paz.
En fin, soy un muñeco de trapo. Yupi.
No