La casa
Jaime pasaba las horas muertas pensando en sus cosas. Salía poco con los amigos, prefería estar solo. Por las tardes bajaba a la facultad. Nadie se atrevía a hablar con él, y cuando se lo cruzaban, rumoreaban "¡qué chico más serio!, no le he visto sonreír ni una sola vez desde que empezó el curso." Pero simplemente era que no le gustaba relacionarse con la gente, era muy tímido. La verdad es que siempre iba con el ceño fruncido. Tenía una larga melena negra cogida en una coleta que le llegaba a mitad de la espalda.
Después de clase, se iba a trabajar a un videoclub en el que había conseguido un puesto de dependiente, con el que podía pagarse todos los CDs que iba amontonando en su pequeña discoteca. Coleccionaba también videos de todos los géneros. Secretamente solía escribir cuentos, la mayoría bastante tristes. Y lo que más le gustaba era tocar la guitarra.
Le gustaba ir al parque por las mañanas y sentarse siempre en el mismo banco para observar a la gente que pasaba por ahí. Alguna vez llevaba algún libro para entretenerse. Un martes, se sentó en el banco con él una chica.
_ No sé qué haces aquí solo con esa cara. ¿Qué haces aquí siempre? Todos los días paso y te encuentro en el mismo banco mirando al infinito o absorto con un libro.
_ Me gusta venir, ¿qué tiene de malo?
_ Nada, sólo era curiosidad. he pensado que si te lo preguntaba me lo dirías.
_ Pues ya ves. No es nada del otro mundo.
_ ¿Y después qué vas a hacer?
_ Irme a casa supongo.
_ Vente conmigo
_ ¿A dónde me vas a llevas?
Ella se dio la vuelta y Jaime pudo ver que en la espalda de la sudadera ponía NO TEMAS en letras muy grandes.
_ Te quiero enseñar algo. Me llamo Eva, ¿y tú?
_ Jaime.
Se levantaron y Eva le llevó en Metro a un barrio a las afueras de la ciudad en que ya no vivía mucha gente, en el que se veía que había sido un lugar donde vivían familias importante en otros tiempos. Tras andar por las calles estrechas de aquél sitio, Eva se paró delante de una puerta de hierro oxidada y escondida entre la yedra que había invadido la verja donde se encontraba.
_ Hemos llegado.
_ ¿Me has traído aquí para enseñarme una puerta? Tía estás como una regadera.
_ No espera. Mira, se puede entrar.
Eva abrió la puerta. Dentro había un jardín enorme y descuidado en el que la yedra ocupaba la mayor parte del espacio y cubría las paredes de una casa abandonada. Tenía un porche alargado donde aún estaban un par de butacas con el barniz de la madera levantado. Todo parecía colocado en el lugar donde había estado siempre. Como si nunca nadie hubiese tocado lo que un día se abandonó. Entraron al porche y fueron hacia la puerta de la casa. No fue difícil conseguir atravesarla y al entrar, tuvieron que encender uno de los mecheros para poder ver en el interior. Todo estaba cubierto de polvo. Al entrar en la cocina, vieron que la mesa seguía puesta, como si los dueños se hubiesen ido sin recoger nada.
_ Es increíble. Sólo había estado en el jardín. Cuando no sé que hacer vengo aquí.
_ ¿Qué pasaría? Lo dejaron todo tal cual. Como si hubiesen tenido que huir.
_ No lo sé. Mira, encima de la mesa hay un periódico. Es "El Socialista" del año 38. Quizá fueran unos republicanos que aguantaron aquí hasta el final de la guerra y tuvieron que marcharse para que no los cogieran. Sí, según las noticias tiene que ser cuando Franco ya estaba muy cerca. Éstos se lo olieron y prefirieron largarse antes.
_ O simplemente se fueron de vacaciones y no pudieron volver. No seas dramática.
_ No lo soy, mi abuelo no se fue cuando tomaron Madrid y lo fusilaron en la cárcel.
Continuaron investigando el resto de las habitaciones de la casa. El cuarto de los niños seguía igual, con los juguetes repartidos por el suelo. En el cuarto de los padres se veía la ropa del dueño preparada en una silla y el tocador de la mujer con la polvera aún abierta. A Eva se le ocurrió abrir uno de los cajones del tocador y descubrió que había un cuaderno cerrado con una cinta. Mientras tanto, Jaime seguía curioseando por las demás habitaciones. Y ella se puso a leer:
"… 10 de enero de 1938.
Hoy Luis ha vuelto a irse de repente a media tarde. Últimamente lo hace mucho. Le gusta pasar el rato en el Café de la calle del Limón con sus amigos. Cuando vuelve suele comentarme entusiasmado cómo avanzan los republicanos por aquí y allá. Pero ya lleva dos o tres días viniendo con el gesto preocupado. Al principio pensé que sería porque Franco avanza cada día más, pero ayer creí intuir un olor a perfume al lavarle la camisa. Sé que la señorita Carmen también acude a las reuniones del café ,¡ esa mujer tan liberal que ahora se pasea en pantalones! No quiero pensar que a mi Luis se le pase por la cabeza tener una amante. "
_ ¡Jaime! He encontrado el diario de la dueña.
_ No lo leas, es algo personal.
_ Qué más dará. Ella ya no se puede enterar. Venga, no seas rancio. Además se pone interesante, en el diario pone que sospechaba que el marido tuviera una amante.
Siguieron leyendo, aunque Jaime poco convencido de que estuviera bien hacerlo, y unas páginas más allá descubrieron que entre los relatos de días rutinarios, la mujer volvía a mencionar el tema:
"… Luis se fue ayer y no ha vuelto. No sé qué pensar. Estoy muy preocupada. A lo mejor le ha pasado algo. O se ha ido con ella. ¿Y los niños, qué será de ellos? No voy a poder soportarlo más tiempo. Cogeré ahora mismo a los niños y los llevaré a casa de mi madre, ella sabrá qué hacer con ellos. Y yo… me iré."
_ Ya está! Ella descubre que su marido se a fugado con la otra y decide dejar a los niños y abandonarlos a todos. Lo decidió tan rápido que no dejó que terminaran de comer siquiera.
_ Tienes una gotera importante Eva, eso es demasiado telenovelesco. Seguro que los dejó con la madre y se fue a buscar al cara ese y consiguió que la familia siguiera con la vida normal. Y ya está. Vámonos, que esto me está empezando a dar mal rollo.
_ Pero, ¿no te da curiosidad?
_ No, no me da ninguna curiosidad, vámonos. Yo me voy, tú quédate si quieres.
_ Vale, vale, nos vamos.
Eva y Jaime se fueron al fin. Se hicieron buenos amigos y volvieron al jardín muchas veces, pero nunca volvieron a entrar en la casa. Lo que nunca descubrieron fue que aquél día, al cerrar la puerta de la casa, del mueble que había en el recibidor cayó una carta al suelo, que decía así:
"Querido Luis,
Espero que al volver, si vuelves, puedas perdonarme por lo que he hecho. Los niños están con mi madre, ella los cuidará si no regresas. Porque yo no los voy a volver a ver más.
Me he marchado para siempre. Nunca he sido feliz a tu lado y por fin alguien me ha demostrado que en un mundo tal lleno de dolor y desgracia, que en medio de una guerra tan injusta aún cabe la posibilidad de ver la luz. Sí, me he enamorado, y ahora soy otra.
Perdóname si lees esto algún día. No estarás solo, siempre encontrarás señoritas que te hagan compañía, nunca te faltaron.
;Ana. "
Después de clase, se iba a trabajar a un videoclub en el que había conseguido un puesto de dependiente, con el que podía pagarse todos los CDs que iba amontonando en su pequeña discoteca. Coleccionaba también videos de todos los géneros. Secretamente solía escribir cuentos, la mayoría bastante tristes. Y lo que más le gustaba era tocar la guitarra.
Le gustaba ir al parque por las mañanas y sentarse siempre en el mismo banco para observar a la gente que pasaba por ahí. Alguna vez llevaba algún libro para entretenerse. Un martes, se sentó en el banco con él una chica.
_ No sé qué haces aquí solo con esa cara. ¿Qué haces aquí siempre? Todos los días paso y te encuentro en el mismo banco mirando al infinito o absorto con un libro.
_ Me gusta venir, ¿qué tiene de malo?
_ Nada, sólo era curiosidad. he pensado que si te lo preguntaba me lo dirías.
_ Pues ya ves. No es nada del otro mundo.
_ ¿Y después qué vas a hacer?
_ Irme a casa supongo.
_ Vente conmigo
_ ¿A dónde me vas a llevas?
Ella se dio la vuelta y Jaime pudo ver que en la espalda de la sudadera ponía NO TEMAS en letras muy grandes.
_ Te quiero enseñar algo. Me llamo Eva, ¿y tú?
_ Jaime.
Se levantaron y Eva le llevó en Metro a un barrio a las afueras de la ciudad en que ya no vivía mucha gente, en el que se veía que había sido un lugar donde vivían familias importante en otros tiempos. Tras andar por las calles estrechas de aquél sitio, Eva se paró delante de una puerta de hierro oxidada y escondida entre la yedra que había invadido la verja donde se encontraba.
_ Hemos llegado.
_ ¿Me has traído aquí para enseñarme una puerta? Tía estás como una regadera.
_ No espera. Mira, se puede entrar.
Eva abrió la puerta. Dentro había un jardín enorme y descuidado en el que la yedra ocupaba la mayor parte del espacio y cubría las paredes de una casa abandonada. Tenía un porche alargado donde aún estaban un par de butacas con el barniz de la madera levantado. Todo parecía colocado en el lugar donde había estado siempre. Como si nunca nadie hubiese tocado lo que un día se abandonó. Entraron al porche y fueron hacia la puerta de la casa. No fue difícil conseguir atravesarla y al entrar, tuvieron que encender uno de los mecheros para poder ver en el interior. Todo estaba cubierto de polvo. Al entrar en la cocina, vieron que la mesa seguía puesta, como si los dueños se hubiesen ido sin recoger nada.
_ Es increíble. Sólo había estado en el jardín. Cuando no sé que hacer vengo aquí.
_ ¿Qué pasaría? Lo dejaron todo tal cual. Como si hubiesen tenido que huir.
_ No lo sé. Mira, encima de la mesa hay un periódico. Es "El Socialista" del año 38. Quizá fueran unos republicanos que aguantaron aquí hasta el final de la guerra y tuvieron que marcharse para que no los cogieran. Sí, según las noticias tiene que ser cuando Franco ya estaba muy cerca. Éstos se lo olieron y prefirieron largarse antes.
_ O simplemente se fueron de vacaciones y no pudieron volver. No seas dramática.
_ No lo soy, mi abuelo no se fue cuando tomaron Madrid y lo fusilaron en la cárcel.
Continuaron investigando el resto de las habitaciones de la casa. El cuarto de los niños seguía igual, con los juguetes repartidos por el suelo. En el cuarto de los padres se veía la ropa del dueño preparada en una silla y el tocador de la mujer con la polvera aún abierta. A Eva se le ocurrió abrir uno de los cajones del tocador y descubrió que había un cuaderno cerrado con una cinta. Mientras tanto, Jaime seguía curioseando por las demás habitaciones. Y ella se puso a leer:
"… 10 de enero de 1938.
Hoy Luis ha vuelto a irse de repente a media tarde. Últimamente lo hace mucho. Le gusta pasar el rato en el Café de la calle del Limón con sus amigos. Cuando vuelve suele comentarme entusiasmado cómo avanzan los republicanos por aquí y allá. Pero ya lleva dos o tres días viniendo con el gesto preocupado. Al principio pensé que sería porque Franco avanza cada día más, pero ayer creí intuir un olor a perfume al lavarle la camisa. Sé que la señorita Carmen también acude a las reuniones del café ,¡ esa mujer tan liberal que ahora se pasea en pantalones! No quiero pensar que a mi Luis se le pase por la cabeza tener una amante. "
_ ¡Jaime! He encontrado el diario de la dueña.
_ No lo leas, es algo personal.
_ Qué más dará. Ella ya no se puede enterar. Venga, no seas rancio. Además se pone interesante, en el diario pone que sospechaba que el marido tuviera una amante.
Siguieron leyendo, aunque Jaime poco convencido de que estuviera bien hacerlo, y unas páginas más allá descubrieron que entre los relatos de días rutinarios, la mujer volvía a mencionar el tema:
"… Luis se fue ayer y no ha vuelto. No sé qué pensar. Estoy muy preocupada. A lo mejor le ha pasado algo. O se ha ido con ella. ¿Y los niños, qué será de ellos? No voy a poder soportarlo más tiempo. Cogeré ahora mismo a los niños y los llevaré a casa de mi madre, ella sabrá qué hacer con ellos. Y yo… me iré."
_ Ya está! Ella descubre que su marido se a fugado con la otra y decide dejar a los niños y abandonarlos a todos. Lo decidió tan rápido que no dejó que terminaran de comer siquiera.
_ Tienes una gotera importante Eva, eso es demasiado telenovelesco. Seguro que los dejó con la madre y se fue a buscar al cara ese y consiguió que la familia siguiera con la vida normal. Y ya está. Vámonos, que esto me está empezando a dar mal rollo.
_ Pero, ¿no te da curiosidad?
_ No, no me da ninguna curiosidad, vámonos. Yo me voy, tú quédate si quieres.
_ Vale, vale, nos vamos.
Eva y Jaime se fueron al fin. Se hicieron buenos amigos y volvieron al jardín muchas veces, pero nunca volvieron a entrar en la casa. Lo que nunca descubrieron fue que aquél día, al cerrar la puerta de la casa, del mueble que había en el recibidor cayó una carta al suelo, que decía así:
"Querido Luis,
Espero que al volver, si vuelves, puedas perdonarme por lo que he hecho. Los niños están con mi madre, ella los cuidará si no regresas. Porque yo no los voy a volver a ver más.
Me he marchado para siempre. Nunca he sido feliz a tu lado y por fin alguien me ha demostrado que en un mundo tal lleno de dolor y desgracia, que en medio de una guerra tan injusta aún cabe la posibilidad de ver la luz. Sí, me he enamorado, y ahora soy otra.
Perdóname si lees esto algún día. No estarás solo, siempre encontrarás señoritas que te hagan compañía, nunca te faltaron.
;Ana. "
Comentario:
Querida Casiopea...
La historia me ha puesto la carne de gallina (o los pelos de pollo, que casi me gustan más).
Seguire leyendo tus cuentos mi tortugita.
La historia me ha puesto la carne de gallina (o los pelos de pollo, que casi me gustan más).
Seguire leyendo tus cuentos mi tortugita.





