<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rdf:RDF xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:ti="http://purl.org/rss/1.0/modules/textinput/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:co="http://purl.org/rss/1.0/modules/company/" xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns="http://purl.org/rss/1.0/"><channel rdf:about="http://blogs.ya.com/casiopea/rss20.xml"><title><![CDATA[guiada por el canto de las dunas]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/casiopea/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Cuentos, desvaríos y demás incoherencias]]></description><dc:publisher><![CDATA[Publisher]]></dc:publisher><dc:creator><![CDATA[creator]]></dc:creator><dc:rights><![CDATA[rights]]></dc:rights><dc:date><![CDATA[12/12/2004]]></dc:date><sy:updatePeriod><![CDATA[hour]]></sy:updatePeriod><sy:updateFrequency><![CDATA[123]]></sy:updateFrequency><sy:updateBase><![CDATA[BASE]]></sy:updateBase><items><rdf:Seq><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/casiopea/c_39.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/casiopea/c_38.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/casiopea/c_37.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/casiopea/c_36.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/casiopea/c_35.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/casiopea/c_31.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/casiopea/c_25.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/casiopea/c_29.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/casiopea/c_28.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/casiopea/c_27.htm"/></rdf:Seq></items></channel><item rdf:about="http://blogs.ya.com/casiopea/c_39.htm"><title><![CDATA[Ladrón]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/casiopea/c_39.htm]]></link><description><![CDATA[Era un bar oscuro. El camarero, apoyado al final de la barra mientras masticaba un palillo, observaba con desdén el programa del corazón que estaba puesto en la televisión. Era la tarde del 4 de agosto y hacía calor fuera, lo que había obligado al camarero a encender el aire acondicionado, que ambientaba el bar con olor a polvo. <br/>El lugar estaba tan vacío como de costumbre, sólo había dos mesas ocupadas. Una de ellas con cuatro viejos del asilo que acostumbraban a ir las tardes a jugar a las cartas y beber chatos de vino, y en la otra, un hombre solo tomándose un licor de hierbas mientras se fumaba un cigarro Ducados tras otro. Nadie se había dado cuenta de que éste escuchaba con atención la conversación de los viejos. Hablaban sobre la Manuela. <br/><br/>Era una mujer que ya vivía los días de invierno de su vida en una casa a las afueras del pueblo, donde, según se rumoreaba, guardaba un tesoro. Se decía que todas las noches, antes de dormir, lo miraba para dormir en paz. Nadie sabía qué podía ocultar, pero seguramente tuviera un valor incalculable. <br/>Así, Arcadio, fumando sin parar, escuchó toda la conversación y, como buen ladrón que se consideraba, empezó a planear cómo ir a por el tesoro de la Manuela, sin poder evitar sonreir para sí...<br/><br/>A pesar de su edad, la Manuela era una mujer coqueta, a la que gustaba arreglarse para ir a por el pan por las mañanas. ¡Qué barbaridad salir sin pendientes a la calle, por dios! Los chiquillos, cuando la veían pasar por el parque del pueblo, reían y la seguían. Hay que admitir que la Manuela era una vieja extravagante. <br/><br/>Era la noche del 4 de agosto y seguía haciendo calor fuera, así que la Manuela había abierto las ventanas de su casa. Mientras la Manuela se aseaba después de su baño de sales habitual, Arcadio intentaba entrar por una de las ventanas. Una de ellas, a pesar de ser una segunda planta, tenía fácil acceso: una hiedra cubría la pared y Arcadio decidió trepar hasta ella. No estaba siendo tan sencillo como le había parecido al principio, y a mitad del ascenso, uno de sus pies resbaló y le dejó colgando, agarrado a una de las tuberías de la pared. Dios, ¿habré hecho mucho ruido? Efectivamente, la Manuela lo oyó, pero siguió con su aseo. Se había comprado esa tarde una mascarilla para la cara, ¡qué ganas de ver el resultado! Para obtener la máxima ventaja de la Mascarilla Anti-Arrugas, le recomendamos que antes de cada aplicación, limpie su piel con un exfoliador, seguido de Crema Exfoliante... Abra la mascarilla y aplíquela en el cutis y el cuello.  A todo esto, Arcadio ya había conseguido llegar a la ventana. La casa estaba aparentemente vacía, no contaba con la presencia de la Manuela. Por suerte, la ventana era la del dormitorio de Manuela, y comenzó a remover el armario y los cajones de la cómoda. Manuela ya había terminado de aplicarse la mascarilla, y, con la cara verde y tras haberse limpiado las manos, se puso las bragas y comenzó a dirigirse al cuarto. Si es posible, permanezca de 20 a 25 minutos con la mascarilla, en una atmósfera relajada (idealmente acostada). Me terminaré de vestir después de quitarme la mascarilla... pensó sonriendo.<br/>Arcadio ya lo había revuelto todo, sin encontrar nada de valor. Sólo faltaba mirar debajo de la cama. Ahí encontró una caja de madera vieja. Entusiasmado, la puso encima de la cama para abrirla. En el momento preciso en el que Arcadio iba a abrirla, la Manuela abrió la puerta del cuarto y al verle, su chillido llegó hasta el bar del pueblo, donde todos levantaron la cabeza con gesto de interrogación. Arcadio, por su lado, al oir la puerta, levantó la cabeza y al ver a la Manuela en bragas con la mascarilla en la cara, se llevó una mano al pecho con la cara desencajada y  cayó muerto del susto.<br/>Manuela, despreocupada por la situación de aquél desconocido, fue directa hacia su caja, la abrió y, aliviada, vio que su tesoro estaba a salvo. Tranquilamente se vistió y fue hacia el salón, donde llamó a la policía. <br/><br/>Una caja con llave, por favor. Metálica, si puede ser. Menudo susto, señora. Pues si, la verdad, no sé qué habría hecho yo si ese hombre se hubiese llevado mi colección de figuritas. Deben ser muy valiosas señora. Sí, llevo guardándolas desde la primera vez que me tocó una en el roscón de reyes. <br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/casiopea/c_38.htm"><title><![CDATA[Arte de Ayer y Arte Hoy]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/casiopea/c_38.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><br/><br/><object width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/k95usWr7338"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/k95usWr7338" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="350"></embed></object><br/><br/><object width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/RYCpo1u3G6A"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/RYCpo1u3G6A" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="350"></embed></object> <br/>(qué bestia)]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/casiopea/c_37.htm"><title><![CDATA[El Canto de las Dunas]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/casiopea/c_37.htm]]></link><description><![CDATA[Algunos desiertos del mundo emiten el llamado Canto de las Dunas, sobre todo en América y China. Marco Polo mencionó que en sus viajes le cantaban los desiertos a medida que los atravesaba. Un ligero zumbido llegaba a sus oídos, constante, envolvente, placentero. Lord Curzon también habló de este extraño fenómeno. <br/>El Canto de las Dunas siempre había sido una leyenda como la de las dulces melodías que las sirenas utilizaban para seducir a los marineros y luego ahogarlos en la mar o como los cuentos que los viejos contaban a sus nietos, en fin, un misterio.  <br/>Pero no es una melodía de tono ligero. Llegué a oir este Canto y comprobé que es un sonido fuerte y penetrante, pero que al escucharlo atrapa y traslada a un estado embriagador durante unos segundos. Parece que los espíritus de la arena quisieran alimentarse de tus sensaciones, tragarte y envolverte en sus cálidas dunas, mientras murmullan una melodía mágica.<br/>Escúchalo, que aún creo oirlo...<br/><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/casiopea/http://blogs.ya.com/casiopea/files/arena_huellas.jpg" alt="" border="0" width="425" height="283"/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/casiopea/c_36.htm"><title><![CDATA[Binta y la Gran Idea]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/casiopea/c_36.htm]]></link><description><![CDATA[<object width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/6T7PmiYzN38"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/6T7PmiYzN38" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="350"></embed></object><br/><br/>A Casiopea también le gusta que le cuenten historias, y más si son como ésta.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/casiopea/c_35.htm"><title><![CDATA[imbecilidad]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/casiopea/c_35.htm]]></link><description><![CDATA[- Ves? Te ha castigado Dios.<br/>- Pero si Dios no existe.<br/>- Ya, eso mismo me dijo él. <br/>- Sí?<br/>- Si.<br/>- Joder, pues cuándo te lo he dicho?<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/casiopea/http://blogs.ya.com/casiopea/files/dios.jpg" alt="" border="0" width="614" height="498"/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/casiopea/c_31.htm"><title><![CDATA[Puta]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/casiopea/c_31.htm]]></link><description><![CDATA[Una puta llamada Vejez pasea su cuerpo cansado chillándole a los cuatro vientos que no somos nada. <br/>Va regalando melancolía y soledad, afeando lo que toca. Y tú vas y te la encuentras. <br/>Una puta llamada Vejez vuelve blanco tu pelo y lo vuelve lacio, pliega la piel de tu cara y tu cuerpo en pequeñas arrugas. Roba el brillo y la ilusión de tus ojos y se lleva sin piedad tus gestos, cualquier signo de lo que sientes. No te deja sonreir o llorar, tampoco deja que puedas hablar con fluidez, entorpeciendo tus palabras y poniéndole muros a la claridad de tus frases. Con esta técnica, una puta llamada Vejez ha querido que la acompañes en un mutismo tu día a día y que no puedas ofrecer más que largos silencios o un habla baja y monótona a los que te rodean. <br/>Una puta llamada Vejez te ha regalado una silla de ruedas de la que no quieres levantarte porque te la dio acompañada de miedo e inseguridad. Tú no lo sabes, pero con esto, cada vez que vuelve a visitarte, sonríe al observar que esa silla absorbe la fuerza de tus piernas, atrofiando tus músculos y ofreciéndoles rigidez. <br/>Una puta llamada Vejez ha envenenado tu cerebro, quitándole el don del equilibrio y el control de tus acciones. <br/>Una puta llamada Vejez no se ha querido llevar lo que más te hace sufrir: tu lucidez; una lucidez que te permite escuchar cómo te susurra al oído su nombre y ver todo lo que te ha regalado y se ha llevado a cambio de su compañía.<br/><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/casiopea/http://blogs.ya.com/casiopea/files/vejez.jpg" alt="" border="0" width="364" height="377"/><br/><br/><br/><br/>***La enfermedad (o mal) de Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa que se produce en el cerebro, por la pérdida de neuronas en la sustancia negra (también conocida por su nombre latino de substantia nigra) cerebral. La enfermedad suele comenzar entre los 50 y 65 años, afecta a todas las razas y se observa en todas las regiones del mundo sin que tenga predilección por uno de los dos sexos. Afecta a una de cada cien personas mayores de 65 años.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/casiopea/c_25.htm"><title><![CDATA[toxicomanía II, corregida]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/casiopea/c_25.htm]]></link><description><![CDATA[El síndrome de abstinencia, una toxicomanía mucho más frecuente que conocida...<br/>Admito que fui lo que los expertos de la Psicología Social llaman una “adicta romántica”. Dependía del proceso de enamoramiento y de todo lo que éste producía, me había acostumbrado a vivirlo una y otra vez. En cuanto me encontraba con el síndrome de abstinencia, es decir, al sufrir un desamor, hacía lo posible por paliarlo, por volver a comenzar el ciclo con otra persona que produjese los mismos efectos en mí. <br/>Esta enfermedad o dependencia aún se encuentra en terreno desconocido para los especialistas de la materia, aunque ya hay síntomas y comportamientos identificados que desenmascaran la existencia de esta dolencia. Existen y se conocen factores fisiológicos que se dan en el enamoramiento, muchos más poderosos y efectivos en el cuerpo humano que los sentimentales. En primer lugar, la víctima del amor sufre una drástica elevación de la actividad fisiológica general, lo que conlleva excitación, nerviosismo, sudoración de manos ,aceleración cardiaca, euforia... <br/>También se ha observado una activación sexual, es decir, que aumenta el deseo y la excitación sexual. Las mujeres en concreto, pasamos a ser creadoras de una ovulación silenciosa, ausencia del periodo estro y, mira tú qué bien, adquirimos la capacidad de tener orgasmos múltiples. <br/>Se produce igualmente una activación de los receptores sensoriales. La vista influye en la importancia de la atracción; sentimos más necesidad de dar y recibir caricias o besos en lo que se refiere al tacto; las feromonas actúan poderosamente en el olfato, como “sustancias químicas que nuestros cuerpos producen en el proceso de enamoramiento y que tienen como única misión afectar nuestro comportamiento sexual y atraer al sexo opuesto” (usadas actualmente en las fórmulas de algunos perfumes); el oído se agudiza para captar cada uno de los susurros y gemidos que puedan provenir del amado y los besos hacen activar nuestro sentido del gusto. <br/>Si quisiéramos hablar de qué partes de nuestro cuerpo actúan en este fenómeno, habría que hablar sin duda de las estructuras de la anatomía cerebral: el cortex como responsable de los aspectos cognitivos, el sistema límbico como posada del dolor y el placer, la hipófisis, donde se crean las hormonas que condicionan nuestro comportamiento, que a su vez está situado en el hipotálamo, regulador de éste. Y, cómo no, el tejido neuronal, que controla las neurotransmisiones. <br/>He aquí cuando debemos preguntarnos si no es verdaderamente el cerebro nuestro principal órgano sexual...<br/>En fin, cuando hablamos de los síntomas del enamorado y posible adicto romántico, enseguida nos vienen a la cabeza los producidos por algunas de las sustancias psicotrópicas más conocidas actualmente, como la cocaína y la morfina: euforia, hiperactividad, falta de concentración, exageración, vivencias intensas, obnubilamiento, pérdida del sueño, del hambre y del cansancio físico, “subidas”, síndrome de abstinencia y tolerancia. Esto porque el cuerpo, cuando entra en contacto con el amor, crea una serie de sustancias químicas que si se producen de manera repetitiva, muchas de ellas llegan a ser altamente adictivas. Las más comunes y conocidas_quedan muchas por descubrir_, son las endorfinas, la progesterona, los estrógenos, la dopamina, la noradrenalina, la serotonina y la feniletilamina, sustancias que a la larga pueden convertir al enamorado común en un posible “adicto romántico”, es decir, un yonqui del amor. Un toxicómano que tras el desamor (abstinencia), necesita buscar una y otra vez a alguien que le enamore, a alguien que le obligue a producir esas sustancias nombradas para quitarse ese mono horrible que le hunde en la más profunda tristeza y que a muchos, como podemos observar sólo como ejemplo, a lo largo de la Historia de la Literatura, ha llevado al suicidio. <br/>Lo admito de nuevo. Fui una adicta romántica. Necesitaba que me ayudase alguien a rehabilitarme de esta dependencia. Que alguien tomase en serio mis esfuerzos, que nadie me diera consejos para cambiar mi comportamiento. Que evitarae controlar mis progresos o ponerlos a prueba, sólo que reconozciese y alabase mi lucha. Que ignorasen recaídas temporales y no criticasen mis deslices. Que me pidiera qué era lo que quería que hiciera o dijera para ayudarme. Era yo quien tenía la responsabilidad sobre mi vida, no quería que nadie cargase con mi dependencia, sólo que tuviera una actitud positiva y de estímulo. <br/>Esto ya no es un grito de auxilio, es de agradecimiento, a todos los que me habéis ayudado a plantarle cara a la vida con una sonrisa. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/casiopea/http://blogs.ya.com/casiopea/files/munch.gif" alt="" border="0" width="358" height="480"/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/casiopea/c_29.htm"><title><![CDATA[Casiopea. (Composición: Silvio Rodríguez)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/casiopea/c_29.htm]]></link><description><![CDATA[Como una gota fui de la marea<br/>la playa me hizo grano de la arena.<br/><br/>Fui punto en multitud por donde fui<br/>nadie me detectó y así aprendí.<br/><br/>Cuando creí colmada la tarea<br/>volví mi corazón a Casiopea.<br/><br/>Cumplí celosamente nuestro plan:<br/>por un millón de años esperar.<br/><br/>Hoy llevo el doble dando coordenadas<br/>pero nadie contesta mi llamada.<br/><br/>¿Qué puede haber pasado a mi señal?<br/>¿Será que me he quedado sin hogar?.<br/><br/>Hoy sobrevivo apenas a mi suerte<br/>lejano de mi estrella de mi gente.<br/><br/>El trance me ha mostrado otra lección:<br/>el mundo propio siempre es el mejor.<br/><br/>Me voy debilitando lentamente<br/>Quizás ya no sea yo cuando me encuentren.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/casiopea/c_28.htm"><title><![CDATA[marco]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/casiopea/c_28.htm]]></link><description><![CDATA[Por las mañanas, como solía llevar el tiempo pegado, Marco salía de casa y cogía el autobús número 54 en la acera de su portal hasta la Plaza de la Libertad. Ahí se bajaba para andar a paso rápido unos 200 metros hasta su facultad, intervalo en el normalmente se fumaba un pitillo a medias que la mayoría de las veces le revolvía el estómago. Pero el camino de vuelta era distinto. A pesar de tener hambre a la hora de regresar, se lo tomaba con tranquilidad. Caminaba despacio hasta la boca del metro, donde se adentraba para coger la línea circular. Dos paradas antes de la suya se bajaba para dar un paseo hasta su casa, durante el cual tenía como rutina repasar las cosas que haría por la tarde mientras se fumaba otro pitillo que normalmente también le revolvía el estómago.<br/>Aquél día se entretuvo más de la cuenta al volver a casa porque hacía un día especialmente bonito después de unos días nublados y fríos. Cuando llegó al portal estuvo un buen rato buscando sus llaves en el fondo de su mochila, y al entrar al portal, miró el buzón como tenía por costumbre, a pesar de que nunca le llegaran cartas. Pero aquél día sí había una. Lo abrió impaciente y descubrió dentro un sobre en blanco bastante arrugado. Mientras esperaba el ascensor lo abrió, y una vez dentro, empezó a leer. Estaba escrita en sucio, con muchos tachones y una mala letra por una escritura inquieta y rápida que reconoció al instante. Marco sintió como los pelos de sus brazos se erizaban a la vez que se le hacía un nudo en la garganta. <br/><br/>He aquí la copia literal de la carta que había recibido: <br/><br/>"Noche de insomnio. (Otra más).<br/>Pensamientos de ascensor. Son aquellos que te vienen a la cabeza después de que te haya pasado algo y no hayas sabido reaccionar al instante, debería haber dicho tal o debería haber hecho cual; después de situaciones tan inesperadas que te has quedado en blanco, sin saber cómo actuar. <br/>¿Y aquéllos que imaginas durante una noche de insomnio, seguramente provocado por éstos? ¿Cómo llamarlos? ¿Pensamientos de almohada quizá? Éstos son en los que imaginas cosas que vas a hacer y decir. Suelen ser sobre vivencias inacabadas, remordimientos, orgullos, espinitas al fin y al cabo. Las que quieres arreglar... o vivir. Situaciones que sueñas que ocurran, en las que todo es perfecto, exactamente como tú deseas que sean. Y cuando por fin amanece o consigues reconciliar el sueño, se quedan ahí, en lo más profundo del inconsciente y al día siguiente parecen haber desaparecido. Pero vuelven noche tras noche, entre días de cansancio.<br/>Marco, me vuelvo loco, a lo mejor escribiéndote dejen de perturbarme:<br/>He cambiado. Ya no soy el mismo. No me conoces porque ya no queda nada de lo que era. Solamente he guardado aquellas cosas que creo que hacía bien, que son pocas, las que me hacen sentir a gusto conmigo mismo y que tú nunca quisiste descubrir. Me he mirado al espejo y he corregido mi egoísmo, mi miedo, mi imprudencia. Ya no hablo tan rápido, pienso más las cosas. Quiero dejar de culparme por haber sido como era, pues no era más que inmadurez. He hecho daño y he pasado miedo, mucho miedo, me he quedado solo para averiguar cómo quiero ser, en quién debo confiar y encontrar apoyo.  Tú puedes descubrir cómo he evolucionado. Quiero que lo hagas. Quiero que veas y admires cómo he avanzado y cómo sigo apartando las piedras que no me dejaban avanzar. Pero con la condición de que no dejes que me aparte de ese camino y de que nadie se interponga para seguir haciéndome daño. Quiero que me preguntes por qué desaparecí, que por qué no he vuelto. Tienes que saber que nunca volveré, porque aquello que conociste ya no existe. Si lo hago, no será una vuelta, sino una llegada, y podremos conocernos de nuevo. Lo mejor será que conservaremos los buenos momentos, que no se pueden borrar. <br/>A la vez me contradigo y te echo de menos, desearía volver a vivirlo todo otra vez."<br/><br/>Una lágrima tardó exactamente 5 segundos en bajar por la mejilla de Marco hasta la comisura de sus labios. Posó la carta sobre su escritorio, fue a buscar el teléfono y, temblando, marcó.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/casiopea/c_27.htm"><title><![CDATA[mmmmmmmm................]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/casiopea/c_27.htm]]></link><description><![CDATA[el cosquilleo del momento justo en que escuchas el principio de una canción que te gusta<br/>cantar en la ducha<br/>por fin estornudar<br/>encontrar una solución <br/>la risa de un niño pequeño<br/>acordarte de lo que has soñado<br/>charlar sin notar que han pasado horas y horas<br/>ser el primero en dejar tus huellas sobre la nieve<br/>que haya chocolate en casa cuando te apetece algo dulce <br/>la lagrimilla de después de una peli que te ha gustado mucho<br/>recordar algo que tenías en la punta de la lengua desde hace un rato<br/>sentir mariposas en el estómago cuando piensas en alguien más de la cuenta<br/>echar una carrera<br/>oir silbar a alguien por la calle<br/>que te susurren un secreto al oído<br/>leer cuentos de cuando eras pequeño<br/>que te digan que te han echado de menos<br/>sonreir hacia dentro por algo de lo que te has acordado<br/>que haga mucho frío cuando estas bien abrigado<br/>escuchar batallitas de personas mayores<br/>la ilusión de ver una estrella fugaz<br/>el olor a café desde la cama<br/>hacer planes y cumplirlos<br/>que te acaricien el pelo<br/>pasear sin rumbo<br/>reconciliarse<br/>comprar un libro nuevo<br/>una mirada de complicidad<br/>oler las hojas del libro nuevo<br/>escuchar una buena frase<br/><br/><br/>]]></description></item></rdf:RDF>
