logotipo

img_google
cd ..
¿Quién soy yo?!
 Me gusta escribir y dibujar. No me gustan las montañas rusas ni nada que me haga vomitar. Me gustan los helados de menta con chocolate y leer mangas y libros, ver series anime y películas de casi todo tipo, me gustan los juegos y los videojuegos pero no me gusta el futbol ni los demás deportes, me gusta el cine pero veo más la tele. Espero que el resto lo encuentres en el blog y en sus links, recuerda que puedes dejar tu comentario en cada post y opinar si te atreves o si te merece la pena.
Sindicación
 
Gone (M83)
Senado y Pueblo Romano

Las pisadas de las sandalias sobre el suelo húmedo eran torpes y vacilantes, como el camino del hombre en la vida.

Juan era ahora su nuevo nombre, mientras fuera Juan no sería un soldado de Roma, tapaba su cuerpo con una oscura túnica que le llegaba hasta los pies y ocultaba su triste semblante, el frío de las catacumbas se calaba en sus huesos y un viento rancio azotaba la parte del rostro no cubierta provocándole nauseas no el olor del aire sino su génesis…

Delante de él, el hermano Julio sostenía una antorcha mientras descendían en silencio entre las paredes de piedra que escondían el lugar de oración de los cristianos. La secta había sido declarada prohibida y se perseguía a muerte a sus seguidores. Juan creía en el Maestro y en su mensaje de salvación y acudía desde hace meses sin que nadie de su entorno lo supiera.

El fulgor de la llama en la antorcha luchaba por no apagarse como el pez que se hunde en el abismo nadando cada vez bajo mayor presión; la danzante luz sobre las piedras de la pared dibujaba famélicas sombras que llenaban de escalofríos su cuerpo.

Descendieron por la catacumba y no tardaron en llegar a una puerta con el dibujo de un sencillo pez como único emblema. Llamaron con sigilo, tras un momento y una contraseña ambos pudieron pasar con los demás.

Fue allí cuando escuchó aquel grito, cuando estuvo rodeado de aquellas personas que se escondían y leían textos en griego, escuchó con nitidez aquel lamento tan real que le heló la sangre y le dejó blanco el rostro. Aquel llanto inacabado le pareció fruto de la desesperación y le hizo caer al suelo y cubrirse para llorar, como si los muertos a sus manos le clamaran y le pidieran justicia.

Este fue el último recuerdo que tuvo el hermano Juan antes de morir años más tarde por no practicar la religión oficial y conspirar contra el pueblo de Roma. Pero aquel desesperanzado grito pensó Juan, le advirtió a tiempo.

Lo que pasó después ya... es historia.
No