Me visitó la vida una tarde de otoño,
me miró a los ojos
y me dejé seducir por ella.
Más temprano que tarde, tempus fugit,
la abandonaré voluntariamente porque ya no la amo.
"Por naturaleza, el más débil es también el peor... No obstante lo cual, en el Estado son los débiles y la gran masa los que dan las leyes, haciéndolo en su propio provecho y determinando así lo que es bueno y lo que es malo. Por ello tratan de amedrentar a los fuertes, es decir, a aquellos que tienen fuerza en sí para poseer más que los otros, a fin de que no aspiren a más. Con este propósito afirman que el deseo a tener más es vergonzoso e injusto... y se sienten felices de poseer, al menos, lo mismo que los otros, aun siendo como son los peores. La naturaleza, sin embargo, prueba que es justo que el hombre hábil posea más que el que no lo es, y el más fuerte más que el más débil... Desde la infancia procuramos desnaturalizar a los mejores y más fuertes, los domesticamos como a leones con toda suerte de conjuros y artimañas, predicándoles, una y otra vez, que todos tienen que poseer lo mismo, y que esto es lo bueno y lo justo... Cuando, sin embargo, un día se alza un hombre que tiene por naturaleza la fuerza suficiente, vemos entonces cómo se quita todo de encima, rompiendo sus cadenas, haciéndose libre y pisoteando toda nuestra mala literatura, todas nuestras mentiras, todos los conjuros y todas las leyes antinaturales. Hasta entonces nuestro esclavo, ahora se pone en pie y se nos muestra como nuestro señor. Es, entonces, cuando de repente brilla en todo su esplendor el Derecho de la naturaleza..."