No querer no ser
Leerte ha sido delicioso y aún saboreo tus últimas palabras como un niño enfadado porque se termina su pastel.
Vaya, siempre asociando los pasteles a los niños. Creo recordar que cuando yo era niño prefería un bocadillo de jamón a un pastel.
¿Y por qué tengo que apechugar con los chascarrillos, los tópicos y los refranes tradicionales? El pastel a la puerta del colegio, nos ha jodido mayo con sus flores.
Y tengo que apechugar también con esos amigos que te empujan de modo inmisericorde sus gustos en forma de fotografías y canciones a través de sus correos electrónicos.
A estas horas de mi vida me he vuelto más tolerante. Pero me sigue molestando el afán de proselitismo, sea éste religioso, artístico, político o cultural. ¿Por qué demonios me tiene que gustar a mi la misma música que a ti? ¿por qué no paran de llegarme canciones de tus grupos favoritos? ¿por qué?
Creo que todo esto me sucede porque, en realidad, nunca fui niño. Tuve una infancia feliz pero no fui niño. O, no quiero haber sido niño. O, ... yo qué coño sé.