Me visitó la vida una tarde de otoño,
me miró a los ojos
y me dejé seducir por ella.
Más temprano que tarde, tempus fugit,
la abandonaré voluntariamente porque ya no la amo.
Cerraba los ojos y no quería dormir, sino soñar. Vivir el mundo mórbido, saltarín e intangible que sólo yo poseía, el universo claro que los defensores de la frialdad gris desprecian por considerarlo enfermizo y perturbado. Allí no se busca sexo a los colores y se admiten contradicciones labio a labio. Los naufragios son azules y se llenan botellas con pedazos de aurora. Abriré los ojos antes de que el sol evapore el lago de los sueños.
Comentario:
Menos mal que nos quedan los sueños.A veces, algunos sueños lúcidos ayudan a sobrellevar vigilias insoportables. Lya,