Me visitó la vida una tarde de otoño,
me miró a los ojos
y me dejé seducir por ella.
Más temprano que tarde, tempus fugit,
la abandonaré voluntariamente porque ya no la amo.
Abres un río, una palabra cuyo roce pone sentido al tiempo y al espacio anfibios de la escritura. Viene en sus aguas, como el eco esperado, el rumor de la voz que acaricia y descompone la playa y su arena estremecida. Quiero sentir mi cuerpo habitado por la sombra de tus manos en la magia envolvente de una eterna caricia. Quiero tocar la distancia del espacio que nos separa.
Comentario:
La escritura, al final, le salva a uno de casi todo. Lya.