Me visitó la vida una tarde de otoño,
me miró a los ojos
y me dejé seducir por ella.
Más temprano que tarde, tempus fugit,
la abandonaré voluntariamente porque ya no la amo.
¡Pobre Yorick! ¿Quién iba a decirte a ti cuando triscabas alegre entre las bestezuelas del campo, huérfano de sinsabores, que tu nombre se deslizaría impúdicamente por los labios de no pocos estafermos que creían estar en medio de la gloria? ¡Ah, hermosa traición la de las luces de la batería que te impiden ver la mueca del público!