Conejos
Llevo pasando por los mismos lugares camino del trabajo aproximadamente los tres últimos años, pero desde hace unas semanas -concretamente desde que murió el conejo enano de Tetxu, mi hermana, a causa de un cáncer- casi todos los días me encuentro con conejitos paciendo y mirando al tren en medio del espacio que separa la Ciudad de la Imagen de Montepríncipe.
Trato de buscar significado a éste hecho y sólo consigo dos resultados: o bien que mi vida va a atravesar en breve una racha de buena suerte o bien que llego tarde siempre a todos los sitios.
Hmmm.
Pásenme un buen fin de semana. Yo, por lo pronto, me voy al Summercase Madrid (escuchando con los casos algunas actuaciones del FIB). Ya os contaré.
Cal.
Trato de buscar significado a éste hecho y sólo consigo dos resultados: o bien que mi vida va a atravesar en breve una racha de buena suerte o bien que llego tarde siempre a todos los sitios.
Hmmm.
Pásenme un buen fin de semana. Yo, por lo pronto, me voy al Summercase Madrid (escuchando con los casos algunas actuaciones del FIB). Ya os contaré.
Cal.
De pequeña me enseñaron a querer ser mayor
Echo de menos los tiempos de estudiante. ¿Cómo, ahora, después de ocho años sin estudiar (al menos en serio)?
Ay, sí, la echo terriblemente de menos. Poder hacer pellas siempre que a uno le apeteciese, levantarme a la hora que me diera la gana. Lo mismo para acostarse. Las partidas de mús, los jueves de kinito (nosotros hacíamos kinito en vez de botellón). Las charlas interminables hasta las tantas tumbadas en la cama del cuarto de alguna compañera de residencia. Los amoríos sin solución de continuidad. Las olimpiadas y los campeonatos internacionales de fútbol o lo que fuese... Pese a que tal vez ahora viva más "cómoda", prefiero mil veces aquello.
Hace poco, gracias a la web 2.0 y sus infinitas redes sociales, he conseguido volver a tener una conversación fluida con varias de mis mejores amigas de la Universidad. A una de ellas ya le dediqué un post enterito (y muchos más le podría dedicar en exclusiva). Podría dedicar otros tantos a AmEva, a Myrimyri, a Mariu, a Lucifer... Excepto a Myri, que me figuro que seguirá llevando su arte flamenco por las tablas de medio mundo, con todas las demás vuelvo a tener contacto casi diario. Y me alegra, pero a la vez me pone un poco triste por ver la transfiguración de la mayoría de nuestros sueños en realidades más cotidianas.
Nos encontrábamos en situaciones privilegiadas, esto es, con gastos pagados bien por becas o bien chupando de la teta de nuestros padres. Vidas de lujo. Y aún así recuerdo que AmEva decía que "Stupid Girl" -Garbage- era su canción; Anita Terremoto se identificaba con "Ironic" -Alanis Morrissette- y yo sentía que "Charmless Man" -Blur- había sido escrita pensando en alguien como mi persona, salvando las distancias, claro. Ahora que el colchón mullido de la despreocupación y la libertad se ha ido endureciendo poco a poco, ¿cuáles serán nuestros himnos?
Ay, sí, la echo terriblemente de menos. Poder hacer pellas siempre que a uno le apeteciese, levantarme a la hora que me diera la gana. Lo mismo para acostarse. Las partidas de mús, los jueves de kinito (nosotros hacíamos kinito en vez de botellón). Las charlas interminables hasta las tantas tumbadas en la cama del cuarto de alguna compañera de residencia. Los amoríos sin solución de continuidad. Las olimpiadas y los campeonatos internacionales de fútbol o lo que fuese... Pese a que tal vez ahora viva más "cómoda", prefiero mil veces aquello.
Hace poco, gracias a la web 2.0 y sus infinitas redes sociales, he conseguido volver a tener una conversación fluida con varias de mis mejores amigas de la Universidad. A una de ellas ya le dediqué un post enterito (y muchos más le podría dedicar en exclusiva). Podría dedicar otros tantos a AmEva, a Myrimyri, a Mariu, a Lucifer... Excepto a Myri, que me figuro que seguirá llevando su arte flamenco por las tablas de medio mundo, con todas las demás vuelvo a tener contacto casi diario. Y me alegra, pero a la vez me pone un poco triste por ver la transfiguración de la mayoría de nuestros sueños en realidades más cotidianas.
Nos encontrábamos en situaciones privilegiadas, esto es, con gastos pagados bien por becas o bien chupando de la teta de nuestros padres. Vidas de lujo. Y aún así recuerdo que AmEva decía que "Stupid Girl" -Garbage- era su canción; Anita Terremoto se identificaba con "Ironic" -Alanis Morrissette- y yo sentía que "Charmless Man" -Blur- había sido escrita pensando en alguien como mi persona, salvando las distancias, claro. Ahora que el colchón mullido de la despreocupación y la libertad se ha ido endureciendo poco a poco, ¿cuáles serán nuestros himnos?
¡Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!

Fotografía propiedad de Euro 2008
Esta vez sí que sí.
(mañana colgaré fotos de la celebración nocturna en Madrid; hoy estoy muerta).
La banda sonora de nuestras vidas
Festival Indyspensable, Madrid, 06-07/06/08
Festival Indyspensable, Madrid, 06-07/06/08
En los tiempos que corren en los cuales nadie hace nada gratis (estoy de mudanza así que os lo puedo asegurar), nadie da duros a peseta (salvo para engañarte) y los grandes festivales pop-rock de este país están a degüello los unos con los otros (a ver si se dan cuenta que el único perjudicado en todo esto es el consumidor final y que, espero –por cabrones avariciosos-, eso les perjudicará a la media y larga) se consolida el festival gratuito de música independiente (¿?) Indyspensable, que ya va por su quinta edición.
El cartel ha sido de lo más apetecible: Russian Red, Aaron Thomas, Jet Lag, The Right Ons, etcétera. Casi todo producto nacional y del bueno. Pero yo, con una lumbalgia de tres pares de narices, de estas que les da a la gente mayor y les hacer ir tiesos como un palo, no me podía permitir el lujo de ir a todos los conciertos, así que me decidí por The Sountrack Of Our Lives, un grupo sueco liderado por una especie de gurú hippie -Ebbot Lundberg- dos guitarristas, bajista, teclista y batería, todos ellos de sobrada pericia, que tenía un montón de ganas de ver actuando.

Llegamos al final de concierto de The Right Ons (¡mierda, con lo que me gustan, arg!) y, oye, todo genial. El sitio estaba muy bien, los precios eran populares (¿cuánto hace que no veis un litro de cerveza por 10 eurillos?) y, para ser un recinto abierto, sonaba bastante bien, de hecho mucho mejor que muchas “salas de conciertos”. Muchos papis con sus niños con cara de “a ver qué están montando aquí”, abueletes despistados sentados en las gradas, mucha gafapasta y algún que otro amante de lo gratuito.
Los componentes del grupo empezaron a calentar motores con guitarras afiladas y Hammond inquieto para presentar entre purpúreas luces y montones de humo al líder, envuelto en una chilaba al más puro estilo Demis Roussos, pero rubio y sin tanta barba, que hizo rugir a la marabunta de gente. Si de algo pecan TSOOL es de no ser comedidos en nada. Están a punto de sacar su sexto álbum tras haber publicado una especie de recopilatorio de canciones inéditas y/o caras B en A Present For The Past, momento en el que yo les conocí.
El concierto se desarrolló con canciones que abarcaron parte de su amplio repertorio regalándonos literalmente una perla -digo literal porque se encargaron de tirar al público durante toda la actuación varios ejemplares de un 7” con la maqueta de la canción: la interpretación del single de salida de su nuevo trabajo, “Utopia”.
Los momentos de máxima expectación y exaltación se alcanzaron con la interpretación de canciones como “Galaxy Gramophone” y “Avenger Hill Street Blues”, verdaderas odas a la psicodelia sesentera. Y, por supuesto, con el paseíto que se hizo el señor Lundberg entre las primeras filas de gente.
Nada de relajo en la actuación ni siquiera cuando hablaba en relativo silencio su líder, con esa aúrea de nuevo mesías (mira, “New Mesiah” no la interpretaron). Ni siquiera cuando se rompieron las cuerdas de la guitarra de Ian Person –con espeso mostacho, como mandan los canones del indy más actual- y salieron a cambiársela en mitad del escenario. Ni siquiera al final cuando Lundberg mismo se colocó la acústica y tocó unos arpegios mientras los técnicos desmontaban el escenario para dar paso a Krakovia…
Todo un show.
El cartel ha sido de lo más apetecible: Russian Red, Aaron Thomas, Jet Lag, The Right Ons, etcétera. Casi todo producto nacional y del bueno. Pero yo, con una lumbalgia de tres pares de narices, de estas que les da a la gente mayor y les hacer ir tiesos como un palo, no me podía permitir el lujo de ir a todos los conciertos, así que me decidí por The Sountrack Of Our Lives, un grupo sueco liderado por una especie de gurú hippie -Ebbot Lundberg- dos guitarristas, bajista, teclista y batería, todos ellos de sobrada pericia, que tenía un montón de ganas de ver actuando.

Llegamos al final de concierto de The Right Ons (¡mierda, con lo que me gustan, arg!) y, oye, todo genial. El sitio estaba muy bien, los precios eran populares (¿cuánto hace que no veis un litro de cerveza por 10 eurillos?) y, para ser un recinto abierto, sonaba bastante bien, de hecho mucho mejor que muchas “salas de conciertos”. Muchos papis con sus niños con cara de “a ver qué están montando aquí”, abueletes despistados sentados en las gradas, mucha gafapasta y algún que otro amante de lo gratuito.
Los componentes del grupo empezaron a calentar motores con guitarras afiladas y Hammond inquieto para presentar entre purpúreas luces y montones de humo al líder, envuelto en una chilaba al más puro estilo Demis Roussos, pero rubio y sin tanta barba, que hizo rugir a la marabunta de gente. Si de algo pecan TSOOL es de no ser comedidos en nada. Están a punto de sacar su sexto álbum tras haber publicado una especie de recopilatorio de canciones inéditas y/o caras B en A Present For The Past, momento en el que yo les conocí.
El concierto se desarrolló con canciones que abarcaron parte de su amplio repertorio regalándonos literalmente una perla -digo literal porque se encargaron de tirar al público durante toda la actuación varios ejemplares de un 7” con la maqueta de la canción: la interpretación del single de salida de su nuevo trabajo, “Utopia”.
Los momentos de máxima expectación y exaltación se alcanzaron con la interpretación de canciones como “Galaxy Gramophone” y “Avenger Hill Street Blues”, verdaderas odas a la psicodelia sesentera. Y, por supuesto, con el paseíto que se hizo el señor Lundberg entre las primeras filas de gente.
Nada de relajo en la actuación ni siquiera cuando hablaba en relativo silencio su líder, con esa aúrea de nuevo mesías (mira, “New Mesiah” no la interpretaron). Ni siquiera cuando se rompieron las cuerdas de la guitarra de Ian Person –con espeso mostacho, como mandan los canones del indy más actual- y salieron a cambiársela en mitad del escenario. Ni siquiera al final cuando Lundberg mismo se colocó la acústica y tocó unos arpegios mientras los técnicos desmontaban el escenario para dar paso a Krakovia…
Todo un show.
Igualdad
"Ahora hay una mujer". Esto es lo que me decía el padre de mi adorado tormento el miércoles pasado mientras hacíamos zapping entre Muchachada Nui y Caiga Quien Caiga (por cierto y aunque no venga a cuento: ¿quién coño ha hecho el casting de esta edición de CQC? Que lo despidan, por favor).
El comentario no debería de chocar. ¿Que hay de malo (o de bueno) en que haya una mujer en un grupo de reporteros caraduras vestidos de traje y escondidos detrás de unos cristales negros de Ray-Ban que regalan al primero que se pone a tiro? Pues eso, que no hay nada malo (ni bueno). Pero choca, ¿verdad? Un programa que en sus no sé cuántos años de emisión lo más parecido que han tenido a una mujer ha sido Deborah Ombres...
El tema está ya más pasado de moda que llevar un palestino anudado al cuello y no ser de Palestina. Lo sé, pero es que si no lo escribo, reviento.
Me hace gracia que tengamos un Ministerio de la Igualdad. Si necesitamos tal ministerio, es porque no hay igualdad. Esto es una tautología puesto que sabemos, vemos, palpamos que igualdad no hay. Pero, de veras, ¿quién quiere que haya igualdad en según qué niveles? ¿es que queremos ser todos iguales a todos? ¿no somos lo suficientemente borregos adocenados por nuestras forma de vida gris y anodina? Yo no quiero ser igual a nadie, quiero ser única dentro de mi normalidad como homo sapiens hembra.
Otra cosa diferente son los derechos y los deberes. Aquí sí que deberíamos estar todos (hombres, mujeres, foráneos, nativos, etc) en igualdad de condiciones. Porque lo que hoy por hoy es normal es que si dentro de una empresa hay que promocionar a alguien, y Fulanita y Menganito tienen las mismas características laborales, casi siempre escogerán primero a Menganito (posiblemente por ser hombre) que a Fulanita (posiblemente por ser mujer).
Porque no es normal que yo cobre bastante menos que mis compañeros varones -que tienen la misma categoría y desarrollan los mismos trabajos que yo- por no sé qué extraña razón.
Porque no es normal que si yo quiero tener hijos sea visto como una baja maternal de no sé cuantas semanas, vamos, como algo negativo, y si un hombre quiere tenerlos se vea como un ser entrañable que se preocupa por los suyos. ¿Qué pasa, que él no va a tener que cambiar pañales, ir al médico con los rorros, llevarles al médico si se ponen malos? Yo creo que sí... Aunque si me pongo a analizar mi contexto más cercano... siempre son ellas las que se "sacrifican".
Pero por otro lado tampoco estoy de acuerdo con la paridad. Tendemos demasiado a mirar la entrepierna de la persona cuando lo que deberíamos hacer es fijarnos en su mente.
Y sí, estoy muy orgullosa de ser mujer, pero definitivamente, si hoy alguien me hiciera aquella pregunta de la niñez "¿qué quieres ser de mayor?" le respondería sin ninguna duda: hombre.
El comentario no debería de chocar. ¿Que hay de malo (o de bueno) en que haya una mujer en un grupo de reporteros caraduras vestidos de traje y escondidos detrás de unos cristales negros de Ray-Ban que regalan al primero que se pone a tiro? Pues eso, que no hay nada malo (ni bueno). Pero choca, ¿verdad? Un programa que en sus no sé cuántos años de emisión lo más parecido que han tenido a una mujer ha sido Deborah Ombres...
El tema está ya más pasado de moda que llevar un palestino anudado al cuello y no ser de Palestina. Lo sé, pero es que si no lo escribo, reviento.
Me hace gracia que tengamos un Ministerio de la Igualdad. Si necesitamos tal ministerio, es porque no hay igualdad. Esto es una tautología puesto que sabemos, vemos, palpamos que igualdad no hay. Pero, de veras, ¿quién quiere que haya igualdad en según qué niveles? ¿es que queremos ser todos iguales a todos? ¿no somos lo suficientemente borregos adocenados por nuestras forma de vida gris y anodina? Yo no quiero ser igual a nadie, quiero ser única dentro de mi normalidad como homo sapiens hembra.
Otra cosa diferente son los derechos y los deberes. Aquí sí que deberíamos estar todos (hombres, mujeres, foráneos, nativos, etc) en igualdad de condiciones. Porque lo que hoy por hoy es normal es que si dentro de una empresa hay que promocionar a alguien, y Fulanita y Menganito tienen las mismas características laborales, casi siempre escogerán primero a Menganito (posiblemente por ser hombre) que a Fulanita (posiblemente por ser mujer).
Porque no es normal que yo cobre bastante menos que mis compañeros varones -que tienen la misma categoría y desarrollan los mismos trabajos que yo- por no sé qué extraña razón.
Porque no es normal que si yo quiero tener hijos sea visto como una baja maternal de no sé cuantas semanas, vamos, como algo negativo, y si un hombre quiere tenerlos se vea como un ser entrañable que se preocupa por los suyos. ¿Qué pasa, que él no va a tener que cambiar pañales, ir al médico con los rorros, llevarles al médico si se ponen malos? Yo creo que sí... Aunque si me pongo a analizar mi contexto más cercano... siempre son ellas las que se "sacrifican".
Pero por otro lado tampoco estoy de acuerdo con la paridad. Tendemos demasiado a mirar la entrepierna de la persona cuando lo que deberíamos hacer es fijarnos en su mente.
Y sí, estoy muy orgullosa de ser mujer, pero definitivamente, si hoy alguien me hiciera aquella pregunta de la niñez "¿qué quieres ser de mayor?" le respondería sin ninguna duda: hombre.





