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Como vaca sin cencerro
¡Qué pena hija mía, tan joven y ya estás como vaca sin cencerro!
Acerca de
El crimen llamado blasfemia fue inventado por sacerdotes con el propósito de defender las doctrinas que no pueden cuidar de sí mismas.
-Robert Ingersoll, Los dioses.


Me gusta hablar. Muchas veces hablo conmigo mismo con tal de escucharme y soy tan inteligente que a veces no entiendo lo que digo.
-Oscar Wilde


No entiendes algo hasta que eres realmente capaz de explicárselo a tu abuela.
Albert Einstein


In my dream I was drowning my sorrows. But my sorrows, they learned to swim.
U2. Until the end of the World


Si quieres saber algo más de la sin cencerro, visita su difunto blog
Sindicación
 
Tenemos tele nueva
Hola amigos blogueros.
Hoy puedo confesar con satisfacción que por fin tenemos una nueva tele en mi –perdón, nuestro- piso alquilado. Sí. Como alguno de vosotros sabéis el 21 de Marzo es un día importante para mi, pero además es el día en el que vence el contrato de arrendamiento del actual piso (por llamarlo de alguna manera ya que es un estudio prácticamente) donde vivo –uy, vivimos. Este año mi compañero pensó que sería interesante comentarle al casero el hecho de que nuestra vieja televisión no funcionaba con normalidad. Hombre, la verdad es que era muy saleroso ver como contraía y descontaría las imágenes la pantalla de la tele a modo de bomba a punto de estallar. Y también era muy gracioso ver cómo cada vez que se iba la luz -algo frecuente por otro lado- se desmemorizaban todos los canales.

El caso es que el compañero, con su jeta habitual, le pidió una tele nueva al casero. Y el casero que es un santo varón nos ha comprado una Telefunken nuevita que te cagas con sistema dual, pantalla plana (pero no LCD) y teletexto. Y yo que soy una especie de idiota andante me hice cargo de esperar al señor de la tele, cargar la tele antigua y poner la tele nueva mientras mi desvalido compañero estaba de vacaciones de Semana Santa.

En fin, que como después me fui yo también de vacaciones, dejé la tele en su sitio y sin polvo y con los canales básicos (La1, La 2, La 3, TeleMadrid, Telefive y el Pus) sintonizados. De paso también conecté el video y el deuvedé de mi compañero.

Pasaron los días y volví de la France. La tele seguía en su sitio. Mando a distancia, video y demás también. Y mi compañero de piso aún no había regresado de sus mega vacaciones largas que te cagas. Pero el lunes cuando arribé a casa me encontré con una curiosa estampa: mi compañero de piso tumbado en el sofá, mando en mano. Y diréis: ¿¡qué tiene de curioso eso si es lo único que hace?! No queridos, lo curioso no era eso, lo curioso era su cara de desbordante felicidad. No cabía en sí de gozo. Se le dibujaba una sonrisilla de oreja a oreja y estaba absorto mirando toooooodas las funcionalidades del mando a distancia (mirar croquis adjunto).




A medida que iba yo deshaciendo la maleta y salía y entraba de mi habitación, que está al lado del salón, vamos que está dentro del salón qué coño, veía diferentes menús y submenús en la pantalla de la tele y la sonrisa burlesca en la facciones de mi compañero de piso.

El martes vino mi paquete a buscarme a casa y mientras yo desayunaba él me decía: “estará pletórico tu compañero con la nueva tele, ¿no?”. A lo que yo le respondía entre galleta y galleta “ni te lo imaginas, seguro que ya ha sintonizado todos los canales basura de esta ciudad”. Y paquete me dice “no creo”. Mientras me encendía mi cigarro matutino le digo “mira”. Y sí, efectivamente se había sintonizado tooodos los canales de la tele en Madrid, inclusive Tele Sierra. Un ‘dechadito” de virtudes, sí, sí.

Y ayer mientras cenaba viendo el partido España-Serbia el hombre estaba todo emosionao explicándome todas y cada una de las funcionalidades de nuestra nueva tele. Ay, angelico, cuidado que eres simple.

Mañana más y mejor (eso espero). Besitos mil, C.
 
La foto que te debía
Hola a todos y especialmente a Jartos que es a quien le debo la foto.

Pues allá va:


Para aquellos que no lo localicen, decir que es el claustro (parte, se entiende) del Monasterio de San Zoilo en Carrión de los Condes (Palencia. Sí, que también existe como Teruel y como Soria y como Zamora) y está justo por donde pasa el Camino de Santiago.

No os asustéis por su opulencia. Parece que si entras te puedan mirar mal, pero no es así. Es actualmente un hotel restaurante de lujo, pero merece la pena entrar aunque sea a tomar un café. Y si tenéis presupuesto a comer (delicatessen varias en la carta sobre todo de caza y huerta).

Y después de estos momentos publicitarios de mi tierra palentina totalmente gratuítos la menda se pira a su casita a atender a sus cuatro enanos periquitiles y a su desvalido compañero de piso (y a buscar curro, je, je).

Besitos, Calamity.

PD: En preparación súper post de París. Vamos ni las guías Conde Nást lo harían tan bien. Uy, a lo mejor he vuelto a exagerar...
 
Dudas existencio-laborales

Todos aquellos que me leéis habitualmente (gracias por ello) conoceréis el momento crítico en el que me hallo: se me acaba el contrato laboral este viernes. Mucha gente podría estar pensando ‘qué bien ahora unos mesecillos a cobrar el paro’ y ese tipo de cosas, pero yo ya estoy (llevo así al menos el último mes) un poco fastidiada y no sé qué hacer.



Prácticamente toda la vida me he querido dedicar a lo que estoy haciendo ahora salvo breves momentos de locura transitoria en los que mis vocaciones fueron desde ser astronauta a monja (mi familia es muuuy religiosa. He tenido cinco tías monjas y ahora sólo me queda una que no se haya divorciado de nuestro señor dios que, por cierto, vive en Francia. Mi tía. Dios ya sabéis que está en todas partes, que es omnipresente, coño). En fin también tuve una gran vocación para ser veterinaria (siempre he pensado que es mucho menos traumático que se te muera una oveja a que lo haga un ser humano), pero la Física de COU me abrió los ojos tras obtener puntuaciones tan bajas como 0,5 en Cinemática (que conste que es de las partes de la Física que más me gusta).



A lo que voy. Como os iba diciendo el viernes finaliza mi andadura en esta empresa. Por primera vez en mucho tiempo (casi 6 años) puedo decir que me he sentido como en casa. Somos sólo tres trabajando: mis dos directoras creativas y yo, que hago las veces de directora de arte, diseñadora gráfica y redactora. En seis meses puedo decir que ambas dos me han tratado a cuerpo de reina y que han sido las primeras que me han pagado un sueldo “digno” y me han hecho contrato laboral con pagas extra y vacaciones. Todo muy legal (cosa poco abundante en el sector en el que me muevo).



Pero –siempre hay algún pero- no me han dicho absolutamente nada de renovación o cese de contrato. Claro yo tampoco he abierto la boca. Y es que tengo auténtico pavor a expresar mis dudas laborales. Servilismo, tal vez (fui a un colegio de monjas, de nuevo hemos topado con el clero). Y NO SÉ QUÉ HACER. Sé que tarde o temprano tendré que enfrentarme a la dura realidad. Sé que llevo prácticamente un mes y medio tocándome las narices sin ningún nuevo proyecto (y esto siempre es un mal agüero), sé que con dos se sobran y se bastan para sacar adelante los encargos de la clientela.



Mi paquete me dice que el hecho de decirlo denota profesionalidad por mi parte. Pero es que para tres cochinos días que me quedan, igual mejor no decir nada y despedirme con un flemático adiós el viernes (ha sido un placer, ya sabéis donde estoy, si algún día necesitáis de alguien aunque sea en plan freelance, Calamity deja de lamer el culo)…



Vamos que estoy harta de tener que ponerme a buscar por enésima vez trabajo. No me apetece nada de nada tener que hacer de nuevo el currículum, no me apetece descolgar el teléfono y tener que suplicar una mísera visita pseudoentrevista, no me apetece lo más mínimo tenerme que ‘vestir de traje’ e ir a presentar mi carpeta (los trabajos y/o proyectos gráficos que he ido haciendo) a un tipo que sé de antemano que no va a opinar con sinceridad arguyendo: “no necesitamos gente en este momento”. Ay que no puedo más. Que no sé qué hacer. Que sigo como vaca sin cencerro.


 
Esto es vicio y lo demás cuento

Queridos blogeros:

Estoy a punto de embarcar rumbo a la France (París para ser más exactos) y aquí me tenéis cual loca del interné escribiendo unas líneas en mi bitácora...

Santa Bárbara bendita, recordadme cuando vuelva que pida cita en el psiquiatra o psicólogo o lo que sea.

No he podido responder a vuestros comentarios por falta de tiempo. Prometo volver con energías renovadas (seguro que algún kilo de más lo atestiguará) y ponerme las pilas para retomar mi búsqueda de trabajo y este blog que me está dando la vida ultimamente.

Besitos para todos y au revoir!, Calamity.

PD. Jartos querido, tengo una cuenta pendiente contigo: te debo una foto. Que sepas que la tengo en casa y sólo me falta escanearla y colgarla (ya verás como tienes que volver al Monasterio de San Zoilo en Palencia para verlo in situ).

 
Madrid y el 21 de Marzo

Ya es Primavera. Ahora sí que sí. Aunque El Corte Inglés nos anuncie en medio de los rigores del invierno con una modelo tan despampanante como Gisele Bündchen que ya es primavera, sólo desde ayer podemos decir con certeza que lo es.

Para mi el día 21 de Marzo anuncia muchas más cosas que la llegada de la estación. El día 21 de Marzo de 1.991 fue la primera vez que vine a Madrid en mi vida. Fue en una excursión del colegio y yo venía acojonada. Me habían dicho que Madrid era una ciudad muy peligrosa y que tenía que ir con mil ojos para que no me robaran o me violaran o cosas por el estilo. Así que Calamity fue todo el día ojo avizor para que por lo menos no le robaran la cámara de fotos que llevaba colgada al cuello. La excursión fue lo más típica posible de un colegio de menesianos (unos frailes que daban clase): por la mañana Museo de Cera y paseo por el Palacio Real. El mediodía lo pasamos en El Retiro en plan picnic. Fue buenísimo. Los curas nos dejaron alquilar unas barcas y ¿a qué no os imagináis quién fue a parar con sus huesos al lago, repletito de peces mutantes, de El Retiro? No hace falta que le echéis mucha imaginación. Y por la tarde el parque de atracciones. Mis padres no me habían dejado nunca montarme en una montaña rusa, así que, aprovechando que ellos no estaban, me monté OCHO veces seguidas en la Siete Picos (de echo creo que no me monté en ninguna atracción más). Salí con un mareo tal que mis compañeros de 1º de BUP creían que iba pedete. Casi vomito el bocata que me había hecho mi madre con todo su amor.

El día 21 de marzo de 2.000 desembarqué en Madrid pero esta vez fue con una particularidad: para quedarme. Antes siempre había venido a la capital del reino pero para otros menesteres: la matrícula de la Universidad, de excursión con el cole, a ver alguna exposición en alguno de sus museos, algún concierto e incluso al rastro para encontrar alguna ganga, pero nunca me había planteado venirme aquí a vivir. Así que aquí me presenté con Berta, la maleta muerta (se llama así porque ya de vacía pesa un montón la condenada) a mi primera casa de prestado en la Plaza de España. Me fui a trabajar. El primer trabajo remunerado que tenía algo que ver con mi profesión y lo pasé fatal. No sabía ni encender un ordenador. El día se me hizo larguíiiiiisimo, me sentía con la cabeza como una gigantesca lenteja a punto de explotar. Todavía recuerdo la pregunta de un compañero de trabajo que me sonó tan “marciana” que a punto estuve de tatuármela: “¿tienes el pluggin’ de sockwave?”. En ese momento pensé que había sido abducida por unos extraterrestres que venían de la constelación de Orión e iban a hacer experimentos guarros conmigo.

Cuando salí del trabajo llovía muchísimo en Madrid. Para mi fue una bendición. Había una tormenta gigantesca con truenos y relámpagos y caían chuzos de punta. Pero Calamity salió de su piso alquilado junto a otras cuatro chicas más y fue a dar una vuelta por la Gran Vía. No había ni un alma y yo llegué calada hasta las bragas. Pero fue genial. Esa lluvia ácida me quitó toda la pesadumbre del día y me trajo consigo la nostalgia de mi tierra, mi madre, mi perro...

El día 21 de Marzo significa también para mi el nacimiento a una nueva vida. Uy, qué expresión así como de la iglesia de la cienciología me ha salido. Justo ese día fue cuando me operaron de la vista. Después de estar con gafas desde la más tierna infancia y no ver ni un pimiento, me decidí por operarme. La verdad es que fue una decisión que tomaron mi madre y el médico que me operó. La pobrecilla ya estaba hartita de hacerme de lazarillo (mis gafas eran en plan culo de botella) y de verme continuamente dándome golpes con las paredes, lo pitochos de las calles y de pegarme ostias al querer subir un escalera que no veía. Todavía recuerdo a un novio que tuve que me ayudaba a cruzar las carreteras al final de cualquier noche de sábado, bien porque no aguantaba las lentillas y me las quitaba, bien porque iba con un trozo que paqué e igualmente no veía una mierda.

Ese día fue muy simpático porque en el preoperatorio las enfermeras me decían: “Calamity, tú no te preocupes que en la operación te damos un tranquilizante flojito para que te calmes”. Ay ilusas. El día de la operación, antes de que esas buenas mujeres me administrasen un Tranquimazin 0,50 mg, yo ya llevaba en mi cuerpo serrano dos lexatin 3 mg, todo un blister (que no una caja) de valerianas, un concentrado de tilas y, no debería decirlo, en fin, de alguna sustancia por ahí que ese suele fumar. Pero nada. Los nervios deben de ser algo subjetivo porque yo llegué a las 16 horas que parecía que me iba de fiesta en vez de a una operación dado mi grado de exaltación. Eso sí, una vez que pasó la operación, me quedé dormida como un angelito (cosa que no debía de hacer). Cuando salía de la clínica llevaba un ciego de tranquilizantes bastante considerable y me daba por reírme de todo. El paquete se percató de la situación y disuadió a su madre diciendo: “pobre Calamity que se ha quedado para allá de la emoción”. Qué coño. El viaje por la M30 fue de lo más fastuoso: fui leyendo tooooooodos y cada uno de los carteles porque ¡los veía! Y por la noche no pude dormir porque veía el techo de mi casa y esa era una sensación que nunca había tenido. Buah, y por la mañana fue genial porque me metí en la bañera con paquete y me di cuenta de que veía sus pelitos del pecho!!! Todo un mundo de nuevas sensaciones.

Pero el día 21 de Marzo es muy importante para mi porque ése día es el cumpleaños de mi mejor amigo: L. L es el mejor tipo del mundo y ayer era su cumpleaños. 31 añitos que cumplía el chavalote, pero no pude felicitarlo. Tuvo todo el día el teléfono desconectado. Le mandé un simple sms que espero haya recibido.

Y ayer 21 de Marzo hizo un mes que tengo abierta mi bitácora “Como vaca sin cencerro” (y sin cencerro sigo por estos mundos de dios). ¿Se puede pedir algo más a un día?

Besitos y felices vacaciones a todos, Calamity.

PD: Por cierto mi más sincera enhorabuena a Fernando Alonso. ¡¡¡CAMPEÓN!!!

 
Ya estoy aquí (pero me marcho de nuevo)

Ay. Vaya día el de ayer... A las cinco de la tarde acabé el puñetero manual de estilo del bufete... Oy, qué coñarro... Y después en casa del paquete poniendo bonito el blog... Vaya fotos, ¿eh? (goooooooooooooooool de Giuly) Como se suele decir en estos casos: "no vuelvo a beber más". Claro, hasta esta noche.

Ya me estoy metamorfoseando (de gusano a mariposa) y hala, a la calle, de fiestilla de nuevo. Ya he ido a la pelu (estoy cada día más rubia), me he comprado un par de camisetas (t shirt fan fatal) y esta noche será mi noche... Je, je, TIEMBLA MADRID. Desde luego como siga con este ritmo de vida me voy a fundir los pocos ahorros que tenía.

Ostras, si corre Alonso en Malasya esta madrugada... Uy, uy, uy, tendré que hacer lo que Dawu: ponerme el despertador o venir de empalmada...

Como decía el título de un elepé de un grupo musical (Gabinete Cagalera, tal vez) del que ahora no me acuerdo: NOS VEMOS EN LOS BARES.

Besitos, C.

 
Catatonia

Buenos días (no sé si días, noches o tardes).

Acabo de llegar al curro ahora mismito... Uff, me he levantado muy tarde y todavía un pelín pedete (me he dado un peazo ostión con una de las paredes del pasillo, imaginad)...

Lo de ayer, sin nombre, para variar... De lo que me acuerdo: de que he llegado a casa con una baqueta que me dió PutoRober en la súper mega fiesta de la asociación a la que pertenecemos porque me puse de rodillas para que me la diera (al lorito el grado etílico que debía alcanzar mi sistema cardiovascular). PutoRober: ERES MI ÍDOLO (una breve reseña de quien es PutoRober: un tío majísimo que conocí en un curso de creatividad y que desde ese momento me pareció un genio. Ahora puedo afirmar que lo es).

Bueno chatos, os dejo. Voy a programarme un salvapantallas que haga como que estoy haciendo cositas con el ordenador y yo me voy a dedicar a estar en estado catatónico frente a la pantalla y esforzándome lo mínimo posible para que mi cabeza no se dé ningún golpe contra la mesa en plan caída libre. Uff, que lleguen las tres, por favor. Qué resacón (el que no está acostumbrado a bragas, las costuras le hacen llagas). Besitos, C.

PD. Hoy voy a leeros a vosotros y como estoy poco inspirada, pues eso, que os comentaré a vosotros (si no me he muerto ya)

PD. A ver si esta noche estoy más recuperada y escribo algo decente... ¡Coño, esto es el vacile de un borrachuzo!

PD. Uf, me voy.

 
El día de San Patricio. Que viva Irlanda (¡¡viva, viva!!)

Pues sí queridos, hoy es SANT PATRICK’S DAY.

Vamos a vestirnos todos de color verde hierba, a buscar a un enanito barbudo y pelirrojo con pinta de gnomo y a beber cerveza verde hasta que no sepamos cuantos dedos tenemos en la mano.

Hoy ya tengo plan, bueno dos planes. Por un lado los del equipo de rugby de mi paquete que, con eso de que Irlanda tiene una buenísima selección de rugby, se mimetizan con los dublineses y demás conciudadanos de Eyre y se van a un garito celta hasta que acaban las reservas de cerveza y licores varios. O bien tengo una súper fiesta privada mega guay (y que conste que no lo digo con rintintín) de una asociación a la cual pertenezco desde hace dos o tres años y que promete igualmente. Vaya dilema. O no salgo nunca o se me juntan las citas. Ja.

Y a todo esto Stephan, el alemán, el que nos ayudó a empujar el coche aquel día en medio de la Castellana a paquete y a Calamity, se apuntará a cualquiera de las dos. El hombre se tiene que ir a Alemania pasado mañana y ya está empezando a echar las primeras lagrimitas.

Todo un dilema. El año pasado opté por irme a la fiesta mega guay con algunos compañeros de oficio y con paquete. Por la mañana conferencias y colegueo entre colegas, valga la redundancia. Conocimos a gente muy interesante y después de tanta conferencia y tanta palmada en la espalda: convite y barra libre. Los canapés estaban de vicio (no en vano eran de un cocinero muy conocido en este país). Pero lo realmente interesante llegó a partir de las diez de la noche. En ese momento nos juntamos todos los que quedábamos en el bar y se abrió la veda: güisqui, ron, ginebra, vozka y todo tipo de licores gratuitos a los presentes. Por aquel lapso yo ya llevaba unas cuantas cervecitas y unos cuantos chatos de buen vino tinto de Rioja. Estaba, cómo decirlo, contentilla.

Tan contentilla que acabé llamando a Ameva que se vino a la fiesta de gorra. Sobornamos un pelín al de la puerta montándonos un espectáculo medio porno lésbico y al final Ameva consiguió colarse en el fiestón.

En el fiestón me presentaron a un enchufado que me quitó un puesto de trabajo, amigo de Ameva (un mundo un pelín endogámico este en el que me muevo), y que se autopresentó como “El Enchufado”. Total que acabamos el enchufado, Ameva, el paquete, el entrevistador que no me contrató, y varios antiguos ex compañeros míos (L, E y C) de un curso que hicimos juntos borrrrrrachas como perras en el coche del paquete andando por la A6 dirección A Coruña buscando una antigua discoteca que resultó que al final no existía o que se había convertido en un burdel.

No estoy muy segura porque yo a esas alturas ya iba en el asiento del copiloto con la cabeza colgando por fuera de la ventanilla del coche para que me diera el fresco y a ver si así espabilaba un poco. Eso sí, Ameva y yo nos hicimos con el picaporte de uno de los baños de chicas (puro aburrimiento al hacer la cola) que nos regalamos cual anillo de compromiso y que estaba unido a mi mano como se unen dos piezas de un puzzle (y que todavía conservo un año después). Al final la trouppe decidió volver a Madrid capital. En la glorieta de Bilbao yo tiré la toalla, pero por el bien del grupo, que conste. Quicir, no encontrábamos aparcamiento así que se decidió aparcar en doble fila y, claro, yo con lo sannnnta que soy, decidí quedarme en el coche para por si acaso. Y por supuesto con la cabeza colgando al fresco de la noche. Total que paquete, siempre a mi lado, optó por llevarme a casa.

Nos teníais que ver por la M30 a 30 por hora. En el momento que el velocímetro pasaba de esa velocidad el metabolismo de Calamity se aceleraba de tal manera que el estómago se empezaba a subir hasta el esófago. Así que a 30 y pisando huevos.

Y llegamos a mi casa. Con un moco antológico, lloviznando en Madrid y Calamity apoyada en la primera pared que parecía que no se movía echando los riquísimos canapés del famoso cocinero catalán por el mismo sitio por el que habían entrado.

Pues eso chicos, que feliz día de San Patricio (veremos a ver mañana cómo andamos por la blogosfera), C.

PD. Y a todo esto el apañero de piso en casita durmiendo porque al día siguiente tenía que trabajar. Ay infeliz, ¡¡¡qué yo también fui a currar a Leganés dos horas después!!!

PD 2: Luego os pongo una fotos de irlandeses “ilustres” y no tan ilustres, a ver qué tal me sale, je, je.

PD 3: Qué plasta estoy. Son las 12 de la mañana y ya me ha llamado E para quedar a las 15.30 para largarnos al mega fiestón súper guay (y por supuesto he quedado)… Ay, con la de curro que tengo yo hoy… Si me da tiempo, las fotos.

 
Porque yo lo valgo o cariño, la niña es pelirroja

Leyendo hoy a Carol B se me ha antojado poner una anécdota de mi más tierna infancia referente a mi color de pelo. Ya, ya sé que es una sublime memez, pero este es mi blog, ¿no? Cuando era un bebé no tenía ni un pelo.

Era una bebita totalmente calva, calva. Mi madre, pobre mujer, ya desesperada con que después de haber cumplido un añito no tuviese más que una pelusilla blancuzca y ni una pestaña, cuando me bañaba me pasaba la maquinilla de afeitar por la cabeza para que, según ella, se me pusiese el pelo más duro y me creciese con más fuerza. He de decir que no lo ha conseguido. Tengo un pelo bastante lánguido aún y salvo unos desordenes hormonales que tuve (la adolescencia que es muy jodida), nada ha conseguido que mi cabello tenga cuerpo.

Lo de las pestañas ya era un mundo aparte. Hace poco mi ma me confesó que hasta hace un par de años todavía se levantaba furtivamente por las noches, tijera en mano, para cortarme las puntas de las pestañas para que así se me espesasen. Así que yo con 20 años (y con más) notaba fenómenos extraños en mis pestañas. Por más rimel que me echase, éstas parecían siempre pobres.

Pero lo más gracioso fue un día que, según me contó mi padre, me madre se llevó el disgusto del siglo: el día que me empezó a salir pelo en la cabeza y ¡¡¡ERA PELIRROJO!!! Estaba mi pobre progenitora dándome el biberón (nunca me gustaron demasiado las tetas) sentada en una butaca al lado de la ventana de la cocina y un rayo de sol cruzó el cristal iluminando mi pequeña cabecita y dando a entender que, por fin, me empezaba a salir pelo (qué bucólico, imagináoslo). Mientras mi padre viendo la tele, of course. Pero se levantó cual cohete de la NASA cuando oyó desde la salita de estar un grito estertóreo de mi madre: “¡CAAAAARTA, VEEEEEN, CORRRRE!” . Arturo, mi padre, fue en cero coma segundos a la cocina y se encontró a mi ma, todo desolación, con los ojos prácticamente bañados en lágrimas o a punto y mirándole como cuando los corderos cuando los llevan al matadero exclamó: “Calamity es pelirroja”. Sniff, sniff.

Y es que antiguamente en los pueblos existía la creencia de que las pelirrojas éramos una especie de bestia demoníaca enviada por el mismísimo Belcebú para hacer cosas malas en la tierra. En mi vecindario había una señora pelirroja y era mala malísima (todo leyenda urbana) y otra chica joven que iba por su mismo camino. Y ahora llegaba yo, Calamity, el sueño de mis progenitores y les chafaba toda la ilusión saliendo pelirroja y convirtiéndome ipso facto en una adoradora del maligno.

Por suerte o por fortuna el tiempo lo cambia todo y éste se encargó de cambiarme el color del pelo de un canela intenso a un castaño cobrizo ceniza o algo así. Y luego los peluqueros que han pasado por mi testa se encargaron de hacer todas las barbaridades que yo les pedía. Mi primer tinte fue rojo, pero no un rojo cualquiera rojo tipo Marlboro. Vale, ahora son muy típicos, pero en el 92 fue todo un cantazo. He probado todos los pelirrojos posibles. Color berenjena (este no me queda muy bien). Negro zaino. Mechas rojas, rojas a con raíces a medio kilómetro (a posta, que la peluquera cuando se lo pedí se quedó aluciná), decolorado por completo, vamos blanco. Gris perla (uff, muy mayor me hacía). Mitad rubio, mitad natural (tipo Mónica Naranjo y me lo quité precisamente por ella. Yo quería parecerme a Cruella De Vil). Azul petróleo, azul cielo, verde moco, rubio canario. Rubio platino. Mechas rubias doradas, rubias beige, chocolate. Uff, qué mareo (eso sin contar con los cambios de largura y los rizos-permanente-canichera). Y ahora, después de estar tres años con mi color de pelo natural (mi madre y la madre del paquete estaban encantadas), fui la pelu y le dije al chico: “quiero ser rubia”. Y así estoy, más rubia que Paula Vázquez (pelín exagerada que estoy hoy).

Y vosotros, ¿habéis hecho alguna vez alguna locura con vuestro pelo?

Besitos, Calamity.

 
Amigo Félix

Hoy hace 25 años que nos dejó bruscamente una de las personalidades de este país que más se merecen una mención, una estatua, un homenaje por pequeño que sea. Por eso hoy mi post está dedicado (con toda la humildad) a un casi paisano mío: FÉLIX RODRÍGUEZ DE LA FUENTE.

Félix es una de esas figuras que forman de manera inconsciente la personalidad de la mayoría de la gente que ronda ahora los treinta y tantos años de edad. En mi casa ver “El hombre y la Tierra” era una religión, lo mismo que ir a misa los domingos por la mañana. Yo era muy enanuca y no recuerdo con claridad casi nada. Creo que parte de la serie la emitieron los martes…

Recuerdo la banda sonora a la perfección (combinación de percusión africana mezclada furiosamente con la instrumentación de viento). Recuerdo la imagen de un águila real llevando una cabra montesa por los aires. Recuerdo a Félix como el gran amigo de los lobos. Recuerdo, aunque vagamente, muchas cosas, matices, colores y casi hasta olores de la jungla y el bosque retransmitidos por televisión. Por supuesto recuerdo la canción que hicieron Enrique y Ana a Félix Rodríguez de la Fuente cuando éste se mató en Alaska cuando estaba trabajando. ¡Lo que podía llorar al oirla!

Desde aquí me gustaría agradecer a Félix –me vais a permitir que lo trate con tanta familiaridad- que haya crecido siendo una grandísima amante de la naturaleza, que mi amor hacia los animales no tenga parangón posible con otro amor en el mundo, que las plantas inunden mi casa y mi biblioteca, que quisiera estudiar Veterinaria (aunque la Física de COU me jugara una mala pasada), que pueda decir a los cuatro vientos y con todo el orgullo que sí, que soy ecologista y que lo seguiré siendo más aún mientras existan personas que no piensan que la Tierra no es un regalo de nuestros padres sino la herencia que vamos a dejar a nuestros hijos.

Por todo ello, GRACIAS FÉLIX.

P.D: Como estoy en el trabajo, muchos sabéis que no puedo editar el post directamente, os pongo aquí un link que deberíais visitar. Hacéis copypaste en el navegador, le dais al intro y ya está: www.felixrodriguezdelafuente.com

 
Heridas que duelen

Hay heridas que tardan en cerrarse y que parecen doler eternamente. Mi tío Mariano sufrió una herida en la Guerra Civil Española que le causó que le amputaran el brazo derecho. Poco antes de morir, hace escasamente dos años, todavía me decía que de vez en cuando sentía su brazo derecho, que le picaba y hacía ademán de rascarse el brazo imaginario.

Mis heridas no son físicas (salvo una operación de la vista, pero he de decir que para nada echo de menos lo que me quitaron). Mis heridas son psicológicas a falta de una palabra que las denomine mejor. Me vais a llamar rencorosa y es posible que lo sea, pero tengo heridas que no sanan. Todavía recuerdo el día, era pequeñina, en el que fui a jugar con mis “amigos” del barrio y éstos se dedicaron a quemarme el pelo por un asunto que ahora no viene a cuento. También recuerdo otro día en el que mis compañeras de clase de cuarto de EGB, junto a sus hermanas mayores de octavo, me “apalearon” en el patio del colegio ante la mirada indiferente de las monjas cuidadoras. Recuerdo perfectamente el día que mi padre me preguntó: “Calamity, me estoy muriendo, ¿verdad?” y yo le eché una sonrisa y dije “Pero qué tonterías dices”. Y por supuesto recuerdo sus últimos días y concretamente su último día (otro día 11).

Y existe una herida que creía cerrada –de hecho llevo luchando toda esta última semana autoconvenciéndome de que está cerrada-, pero hoy me he dado cuenta de que no. Me he levantando por la mañana con el tañido de las campanas del Convento de Santa Clara. He venido al curro, en Atocha, y he visto tooooodas las furgonetas con sus antenas retransmitiendo desde uno de los lugares de la tragedia. El año pasado no me sucedió nada. Sólo llegué una hora y media tarde al trabajo –entonces trabajaba entre Leganés y Alcorcón- y no tenía ni idea de lo que estaba pasando. Sólo veía mucha gente en el metro y en las pantallas decían que estaba cortada la Línea Uno. A lo cual yo pensé “joder con las averías del metro”, y además fue lo que dije cuando conseguí llegar al trabajo: “peazo atasco hoy en la eemete”. Fue entonces cuando me enteré del horror. Y lo demás ya os lo podéis imaginar, creo que todos hicimos lo mismo ese día: localizar a toda la gente querida y después, después, después no sé, intentar ayudar en lo posible.

Mi mejor amiga de Madrid, llamémosla Ameva (sí, ameva con "v", no os vayáis a creer que es un microorganismo), y yo no pudimos llorar hasta que pasaron varios días.

Besitos y perdón por lo triste del post de hoy… (es una manera de exorcizar los demonios que uno lleva dentro, creo), Calamity.

 
Mejor solo que mal acompañado, ¿no?

En mis cerca de treinta años de existencia no he tenido la sublime experiencia de vivir sola apenas un par de fines de semana. Si echamos la cuenta, bah, mejor no, es desmoralizante.

Vivir acompañado tiene sus ventajas, por supuesto que sí, pero tiene una serie de inconvenientes que se van acrecentando con el paso de los años y de las diversas compañías. Me explico: a tus hermanos les puedes llegar a soportar el hecho de que todos los domingos por la tarde estén viendo sin cesar Estudio Estadio y demás programas deportivos. A los que tenéis el Plus, la liga dichosa. Pero, ¿qué me decís del compañero de piso, eh? Ese ser encontrado en la calle – la mayoría de las veces debido a un papel mal impreso con infinidad de números de teléfono recortables llamame-si-te-interesa-, ese individuo prácticamente anónimo que se cuela en tu vida prácticamente por arte de magia prometiendo ser un compañero ideal y que se transforma en la diana de todas tus ansiedades marujiles...

Y es que vivir acompañado por, digamos, un ser ajeno, tiene tela. Mis compañeros de piso son unos personajillos encantadores. Vamos, hay que decir que a mi me caen muy bien, unos mejor que otros. Por lo pronto eso tan útil que se escribe en los primeros días de convivencia y que se cuelga gracias a un imán en la puerta de la nevera, llamado Plan de Tareas, no sirve para nada. Sí queridos bloggers, para absolutamente nada. “Yo me encargo de hacer la comida los jueves y los viernes”, “No, déjame a mí hacer la cena los viernes que es el único día que libro”, “Vale, entonces los viernes ya friego yo”. En resumen: Baño: una semana cada uno. Comidas: cada uno que se apañe Cenas: los miércoles y viernes cenamos todos juntos. Nada, pura palabrería. El viernes vienes religiosamente a la cena de “confraternización” y en tu casa no está ni Rita la cantaora. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que te encuentras la nevera saqueada, un montón de envases de comida basura encima de la mesita de la sala, tooooooodos, absolutamente todos los ceniceros de la casa llenos de colillas malolientes y el gato de tu compañera arañando tu querida manta nórdica de plumas de oca. Ay.

Otro motivo de conflicto: el baño. Sí, ese cubículo pequeño y adusto que nos sirve de Salón de Lectura, porque en mi casa el baño es el Salón de Lectura. A punto estoy de colocar un revistero y todo (y no sería la primera casa que lo tiene, ¿verdad?). Tú te levantas con tiempo pegado al culo y la legaña al lagrimal y, qué te encuentras, el baño cerrado a cal y canto. Es Fulanito que, igual que tú, se ha levantado tarde y aún está en el baño. Pero, qué va, Fulanito no tiene ninguna prisa. Tú ya estás viendo a tu jefe con cara de pocos amigos diciéndote “Calamity, vuelve usted a llegar tarde”. Y además sabes que vas a llegar tarde porque además de entrar tarde al baño nunca sabes en qué condiciones te lo vas a encontrar... Eso si no está cercenado por los malos olores.

Y qué me decís del estupendo y cultural planning que se suele hacer de la televisión. Pues nada. Que no se cumple lo más mínimo. Lo primero y fundamental es que siempre hay alguien que ya tiene en su poder el mando cuando tú te dispones a escuchar a Julia Hortero en Las Cerezas. Joder, qué mala suerte. Es que los Martes ponen La isla-selva-atolón de los famosos. Hala, a tragarse a diez imbéciles creyéndose Robinson Crusoe (una cosa: si realmente están tan aislados como puede ser que ellas siempre salgan divinas de la muerte sin raíces negras y ni un mísero pelito en la sobaquera). Y los viernes, quién va a aguantar a al cada vez más oxigenada Cayetain Guillén Cuervo estando los Cruz y Raya haciendo payasadas en la tele. Nada, que eso de la cultura es una falacia. Nadie ve Gran Hermano, pero los jueves ver Off Cinema cuesta más que que te toque la Primitiva.

Pues eso, la vida en compañía que es una maravilla… Y sobre todo ahora que tenemos unas cuantas compañeras más de piso; silenciosas, eso sí, marroncitas, con más de dos patas y antenas en la cabeza y que al pisarlas (porque por muy silenciosas que éstas sean nadie las quiere como compañeras de piso) crujen. Qué ascazo. Qué poco glamour, por Dior (que diría Zapp).

Besitos mil, Calamity.

 
Haciendo dos cosas a la vez

Cuando era pequeña tenía una profesora que siempre que me regañaba –quizá más a menudo de lo que la paciencia de cualquiera estaría dispuesto a aguantar- me decía que era imposible hacer dos cosas a la vez.

Ahora mismo le tendría que decir que mientras estoy haciendo la comida, estoy pensando en un artículo que tengo que escribir para una entrevista de trabajo y además estoy pendiente de la tele porque ponen un partido de la Champions League (AC Milán-Manchester United), todo esto sin contar con que estoy escribiendo el post que colgaré mañana (hoy, para los que estáis leyendo). Pero no es mi actitud de mujer orquesta lo que me tiene completamente obnubilada. Es la actitud de mi compañero de piso la que me tiene en absoluto flipada.

He visto muchas maneras de “visionar” fútbol en mi vida: en directo, por la televisión, grabado en el video, en los bares, la radio, tándem radio-teleconsonidooff, … Pero lo de hoy no tiene un nombre específico (no al menos que yo sepa): mi compañero está viendo el Milán-Manchester en la caja tonta mientras está escuchando por la radio (la SER con el histriónico repugnante de Pepe Domingo Castaño pepe-un-purito) el partido Chelsea-Barça y cuando tienen alguna jugada interesante cambia INMEDIATAMENTE al Canal Plus. Vale. Pero lo chungo es que en mi casa NO TENEMOS CANAL PLUS, vamos, que lo está viendo ¡¡¡codificado!!!. Vamos, vamos, vamos…

No voy a ser hipócrita diciendo que nunca he visto el Canal Plus codificado (y no sólo los viernes por la noche), pero esta táctica radio-partido-que-no-es-partido-televisado-que-es-codificado ES QUE NO TIENE NOMBRE.

Besitos, Calamity.

PD. Y encima han eliminado al Barça de la liga de campeones. Mecagüentoloquesemenea…

 
En honor a mi nombre

Supongo que alguno de vosotros vive por Madrid… No sé yo si ayer fuisteis uno de los miles de coches que pasaba por la Castellana en dirección norte, me figuro que hacia el Bernabeu… Bien, pues yo también iba en uno de esos coches (pero no al Bernabeu. Ja). Un coche nuevo, negro, chulísimo que era muy difícil que tuviese una avería en medio del cebollón que había en el la carretera. Pero, se averió. Sí. Un coche sacado del concesionario el 3 de enero del presente año y va el cabronazo y se avería en medio de la Castellana, justo en el carril de en medio, quedándose parado y no haciendo caso a la llave de contacto (ni a mis insultos, claro).

Menos mal que no iba sola en el coche, aunque no sé qué es peor. Conducia mi paquete y detrás iba Stephen, un alemán que no le echamos de España ni con agua hirviendo (se está planteando dejar a su churri y venirse aquí a vivir. Claro, con un pisito en la calle Montera cualquiera no). Así que ahí me tenéis a mi intentando defenderme en mi inglés de pueblo con un alemán en medio de la Castellana atascada y esperando a que mi súper paquete (héroe ande les haiga) nos salvase.

Que sepáis que sólo fue la gasolina. Sí queridos: LA GASOLINA. Como que no diese suficiente lata un coche cuando se le enciende la lucecita (ruiditos, parpadeo, incordio) de la reserva, pues paquete y yo no nos dimos cuenta en un día y medio (ay, como para trabajar de detectives).

Y lo tengo que decir porque si no reviento. Íbamos a ver a un mito de este país, a un genio de la música, a un músico con mayúsculas, a un ídolo de mi adolescencia y juventud. Único, inigualable y que, francamente, me dejó muy pero que muy satisfecha con su concierto en petit comité en Moby Dick (cuando llegue a casa pondré el link para que veáis los pedazo conciertos que van a venir): JOSELE SANTIAGO, antiguo vocalista de Los Enemigos. Bueníiiiisimo, alucinante. Francamente está en mi Top Five de conciertos. Tocaron sólo él y Novoa (un guitarrista cojonudo), pero es que no hacía falta nada más. Ellos solos llenaban lo suficiente la sala. Rock en estado puro.

Disfrutamos, no se puede negar. Y a Stephen, que lo único que conoce de España son los Héroes del Silencio y Los del Río, le encantó. Trabajo cumplido. Enhorabuena Josele.

 
El espíritu de Alejandro Magno y éste nuestro Siglo XXI

Hoy en día se habla mucho de la figura de Alejandro III Rey de Macedonia. Y parte de la culpa de esta fama, después de llevar 2.300 años muerto, la tiene el señor Stone con la recreación cinematográfica que ha hecho del personaje. No voy a entrar en críticas a la película. A mi me parece correcta. Le hubiese dado más carácter a Hefestión, simplemente. Y, ya puestos, hubiera hecho una auténtica peli para eruditos que no pudieran entender más que los expertos en Historia Antigua (total, el hombre ha intentando “aligerar” el personaje histórico y le han criticado de igual manera).

Alejandro Magno propugnó en su tiempo la igualdad y el mestizaje de culturas. Eso que nos parece una nueva corriente de pensamiento llamada mestizaje empezó hace más de 22 siglos. Alejandro fue adquiriendo por medio de conquistas, algunas muy sangrientas, nuevos territorios para su imperio. Una vez conquistados se los devolvía a sus “dueños” ya que consideraba que él no tenía la suficiente potestad como para llegar e instaurar las normas macedónicas allá por donde ganase la guerra. En vez de construir cárceles, fundaba Academias (no en vano fue pupilo de Aristóteles) y Bibliotecas. Y uno de los arrepentimientos más grandes que tuvo en vida fue incendiar el Palacio de Babilonia donde había vivido el entonces muerto Rey Darío. En su momento quizá lo hizo para reafirmarse en una dura batalla ganada como fue Gaugamela, pero cuando se dio cuenta de la barbaridad que había cometido (y que Stone no cuenta en su película porque, francamente, es imposible resumir 33 años en tan poco tiempo), intentó suplantar su fallo con creces: instaló en Babilonia la nueva corte del imperio macedónico (para rabia de su mami Olimpia).

Desde Babilonia hasta el Hindu Kush, pasando por Egipto, Alejandro fue anexionando terrenos a la corona griega-macedónica. Y de la misma manera que había luchado fieramente –siempre en primera línea de batalla-, conseguía que los “conquistados” lo adorasen por su tolerancia con las costumbres locales. Cuando llegó a Sogdiana (no recuerdo si fue Sogdiana o Ecbatana), se casó con una muchacha –vale, era la princesa- del lugar.

Pues bien, hoy en día todos esos nombres nos resultan ajenos a nuestra realidad común. Nadie habla de esos lugares, o quizá sí. Miremos un poco un mapa y situemos las ciudades. Sorpresa: estamos hablando de Irán, Irak, Afganistán, suroeste de India, parte de Albania, parte de Turquía, Egipto, sur de Sudán, Siria, parte de Libia, Israel, Palestina, etc. Ahora sí que nos suena, ¿verdad?

Sí. Todos o casi todos son países en conflicto. La guerra de Irak parece una “amiga” inseparable en las noticias del mundo. Ayer murieron 136 personas en un atentado terrorista, uno de los más sangrientos de la historia universal. En Afganistán las mujeres, muchas, todavía tienen que taparse para salir a la calle. En Irán se habla de si hay o no hay capacidad para construir armas nucleares. Los libios se acaban de cargar a un primer ministro con la consecuente revuelta en el país. Los turcos y los kurdos andan a la gresca; nadie habla del genocidio cerca del monte Ararat. En India la población se muere de hambre. Israel y Palestina se pelean por unos trozos de tierra que ambos creen que les pertenece…

Y yo me pregunto, ¿dónde quedó el espíritu conciliador e ilustrado de Alejandro Magno? ¿qué ha sido de esa tolerancia cultural, vital? ¿por qué no hemos sido capaces de mantener ese espíritu conciliador durante los 22 siglos de historia que siguieron a la muerte de Alejandro III? Y lo que es peor, ¿por qué me da a mí la impresión de que tampoco queremos promulgar dicho espíritu pacificador? No sé. ¿Qué opináis vosotros?

En fin. Os mando muchos besos conciliadores, Calamity.

PD.: Siento mucho que se vean la mayoría de los post sin punto y aparte. Cuando escribo desde el curro lo hago con Mac y con Mac no puedo ver la barra de edición de texto. Los que tenéis un blog sabéis a lo que me refiero, ¿verdad? Si me da tiempo, ya lo pondré bonito desde casa.