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Como vaca sin cencerro
¡Qué pena hija mía, tan joven y ya estás como vaca sin cencerro!
Acerca de
Me gusta hablar. Muchas veces hablo conmigo mismo con tal de escucharme y soy tan inteligente que a veces no entiendo lo que digo.
-Oscar Wilde


No sé cuál es la clave del éxito, pero la clave del fracaso es intentar agradar a todo el mundo.
-Bill Cosby


La búsqueda de la perfección suele obstaculizar la mejora.
-George F. Will



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Rinconcillos de la cuadra descencerrada
Sindicación
 
Desconcierto
Ayer por la tarde-noche me propuse a continuar con el trasvase de objetos Tajo-Segura, vamos, con la mudanza (hay que ver qué ganas de metaforizar todo, coño). Ya sólo me quedan unos cuantos libros (para mí, pocos; para mi madre, demasiados) y varios tupers dispersos por las estanterías del anterior zulo.

Poco antes de ir a una cena con amigos -¿recordáis aquellos que se casaron un lunes, Milo y Sol, y de los cuales todavía sigo esperando un par de fotos sobre tan magno evento?-, cargué mi espalda con un par de bolsas del gimnasio vacías y encaminé mis pasos hacia la otra escalera. Yo soy así de chula: me mudo de un piso a otro, ambos en el mismo edificio, en la misma planta, en diferente escalera.

Al entrar en el zulo ya no lo sentí como mío. Me pareció un lugar ajeno a mí, como que nunca hubiera vivido allí, como que esos libros de los estantes, que me eran familiares, pertenecieran a otras personas con idénticos gustos a los míos.

Allí seguían todas las cosas tal y como yo las había dejado a mediados de junio: los sofás en el mismo sitio e igualmente arrugados, la mesa con el mismo mantel, el espejo del baño con las mismas señales de cal reseca en sus espejos, el cubo del papel para reciclar igualmente repleto de periódicos pidiendo con gritos silenciosos que alguien les lleve al contenedor azul de una vez. Y mi compañero de piso en la misma postura en la que se quedó el día que la puerta del piso se cerró para siempre a mis espaldas.

Parece que, desde que ambos sabemos que me voy, tenemos más cosas que contarnos. ¿Nostalgia del tiempo no aprovechado? Hmm, tal vez. Esta vez fue él quien inició la conversación. Todo empezó con un he estado hablando con el casero y la consecuente y obvia respuesta-pregunta que salió de mis labios y, ¿qué te ha dicho?.

Ayer mi (todavía) compañero de piso me dio una lástima tremenda. Cuando paquete y yo marchábamos en el coche en dirección a la calle Cartagena, no pude más que decirle una y otra vez lo apenada que estaba. Mi compi ha decidido cortar por lo sano, romper con todo atisbo de pasado, ponerse el mundo por montera y dejar trabajo, casa y ciudad a la vez para empezar de nuevo aún no sabe dónde ni en qué exactamente. Por lo pronto se va a pasar el mes de agosto meditando sobre su futuro en nuestro pueblo de origen... Una decisión arriesgada, pero valiente, no lo dudo.

A estas alturas es posible que os estéis preguntando el porqué de mi congoja. Es muy sencillo: siempre que yo he pensado en hacer este tipo de suicidios por partes –tal y como lo llama mi almohada- es porque estaba francamente hastiada de absolutamente toooooooooodo lo que me rodeaba. Y cuando digo todo es todo, empezando por la ropa que te pones, terminando por la propia familia y/o allegados y pasando, lógico, por tu puesto de trabajo y aspiraciones. ¡A la mierda todo! Una especie de día Feng Shui a lo bestia: todo lo que sobra, a tomar po’l culo.

Entiendo a la perfección por lo que pueda estar pasando y me da una pena infinita. Huimos y a la vez deseamos ser gente corriente.

Pulp- Common People



Besos. C.
 
Tanto remar, tanto remar...
...para morir a la orilla. Este es un dicho, no sé si popular, que en mi cuadrilla utilizamos cuando tras una mano de Mus en la que se ha luchado mucho para llegar a los cuarenta amarracos (qué pasa, en mi pueblo de juega a cuarenta y La Real puede a cualquier 31; además tenemos seña para los duples con y sin juego, je, je) pierdes la vaca con pocos puntos de diferencia.

Siete años, ¡siete ni más ni menos!, he esperado para saltar de nuevo la purificadora hoguera de San Juan que año tras año, inmutable al paso del tiempo, se celebra en aquel sitio en el que viví hasta los 17 años.

Salir de la capital del reino el viernes ya fue toda una epopeya. Una hora y media larga tardé en llegar a mi casa desde el trabajo (normalmente se tardan unos cincuenta minutos). Había fútbol.

En mi casa –el mini zulo II- teníamos visita que llegó casi a la par que yo misma con lo cual casi no tuve ni tiempo de quitarme el disfraz del trabajo y ponerme cómoda (lo hice que conste). Advertí a las visitas que yo iba a seguir con lo mío, esto es, la maleta, comer y demás, pese a saber de antemano que no iba a ser igual. No lo fue.

Nos fuimos mi adorado y yo tarde y enfurruñados.

Llegamos a mi pueblo muy tarde. Con el tiempo pegado al culo. Lo justo para meter algo en la boca y salir pitando hacia la hoguera (sí, sí, sí) porque el desfile de antorchas ya se había ido a la mierda más absoluta. Al punto de salir llegó mi familia de Barna. Besos y achuchones políticamente correctos. Un qué tal estás que más tarde se transformaría en un catálogo de intenciones findesemaneras que parecía no comenzar nunca.

Por fin, a la una de la madrugada, salimos de casa mi tato pequeño (Nenén), su novia, paquete y yo. Ellos fueron por su lado y nosotros dos nos apresuramos hacia la purificación de nuestras penas.

En lo que llegamos y no llegamos a la Ciudad Deportiva, nos dimos de bruces con las puertas del recinto cerradas a cal y canto, el camión de los bomberos, olor a chamusquina y un par de bolsillos rellenos de insatisfacciones que habremos de quemar el año que viene (esta vez en Zugarramurdi, supongo, a ver si hay más suerte).

Oooooh.

Pero aún hay más. La abajo firmante acabó a las cuatro de la mañana como un trapillo verbenero tirada por los suelos de un pub con una cascada en la puerta. No, no era por el alcohol, era que justo la mágica noche de San Juan mi cuerpo había decidido ir por libre y declararse en huelga de brazos caídos. “De aquí no paso”, me dijo el muy impertinente y me tuvo todo el fin de semana de la cama a la mesa, de la mesa al baño (para hacer pis, conste) y del baño a la cama de nuevo.

Cuando el cansancio aprieta... ni fiesta, ni San Juan, ni mamitis, ni nada de nada.

Besitos para todos. C.
 
Painful
Llevo un montón de años detrás de este disco. Que yo recuerde la primera vez que escuché la titánica Big day coming corría el año 1.996 ó 97 y el elepé ya tenía unos tres añitos de vida. Al instante me quedé atrapada por los sonidos lisérgicos a medio camino entre la Velvet Underground y Pink Floyd, cuando Syd Barrett lideraba la banda.

Nunca lo he comprado, aunque siempre he tenido ganas de que se hiciera hueco en mi discoteca el largo que encumbró (si es que se puede decir esto) a Yo La Tengo en ciertas listas nada comerciales de música tanto en Estados Unidos –su país de origen- como en Europa. He de decir que tampoco lo he pirateado. Ciertos discos no pueden ser ultrajados de tal manera. Las pocas veces que él y yo nos hemos topado en alguna estantería –principalmente de la Fnac Callao- tenía un precio tan desorbitado y yo una economía tan de subsistencia que no lo he podido adquirir.

El sábado pasado por fin decidí hacerme con una copia (original) del “Painful”. No tuve suerte: está descatalogado y ni siquiera se puede pedir de encargo. Con un poco de buena estrella lo encontraré recorriéndome las tiendecitas pequeñas de Música (sí, Música con mayúsculas) en las cuales sí que te puedes tropezar con ciertas piezas que rara vez, por no decir nunca, habitarán en los estantes de las tiendas de música del El Corte Inglés o la Fnac.

¿Qué trato de decir con esto? Por supuesto la intención está muy lejos de mover a nadie a que se vuelva loco buscando el disquito de los cojons para regalármelo. Esta es mi guerra y la he de ganar yo sola. Los tiros van por otras lides: el 21 de Junio es el Día de la Música. Yo siempre había pensado que era el 22 de Noviembre, Santa Cecilia, Patrona de los Músicos (y de mi pueblo), pero no. A los franceses se les ocurrió, hace 25 años, que la fiesta se trasladaría al día en el que se produce el Solsticio de Verano, osease, hoy.

¿Y, qué? diréis algunos de vosotros. Bien, trato de hacer una crítica, a poder ser constructiva, de cómo está el sector musical de este país. Todo se pude reducir a tres palabras: una auténtica mierda. Sí, sí, una cagarruta grande y maloliente que nos ataca a los amantes de este bello arte por varios flancos.

Por un lado, yo creo que el más importante, están las grandes discográficas que -no digo que no sean creativas, pues a veces (muuuuuy de vez en cuando) lo son- se agarran como un clavo ardiendo a las fórmulas que funcionan y dejan totalmente aparcadas ideas potentes e increíblemente buenas que no se aclimatan al canon establecido por ellas mismas. ¿Miedo a perder cuota de mercado? Cualquiera diría que Virgin Records empezó con un autoestopista y su guitarra que más tarde conoceríamos como Bob Dylan. Si la humanidad se hubiese regido por este tipo de normas, todavía estaríamos viviendo en cavernas y haciendo fuego chasqueando dos piedras porque así funciona y punto. Si me permitís una opinión personalísima, se les está de narices que exista el Top Manta (que yo no estoy a favor de la piratería, ¡ojo!). Estas empresas son tan usureras que sólo piensan en el margen de beneficio y no en lo que debería ser, esto es, la Música que se supone que es a lo que se dedican.

Y, ya que ha salido el Top Manta, no podría faltar aquí el señor Teddy Bautista, la SGAE y su famoso canon de no sé qué de los cojones que, lejos de favorecer el sector, lo perjudica ostensiblemente. Me explico con un clarísimo ejemplo: yo soy, no sé muy bien si diseñadora gráfica o directora de arte o creativa o en fin, tantos nombres para designar el mismo oficio: publicista. Si cobrara derechos de autor cada vez que se reproduce uno de los logotipos en los que yo he participado, o en la emisión de algún anuncio realizado, o cuando un eslogan es dicho por alguien, vamos, me podría retirar hoy mismo (y eso que no he hecho nada importante ni sonoro, que no he inventado la sopa de ajo publicitáriamente hablando). No sé a quien se lo oí o si lo he soñado, pero la canción Every breath you take de The Police genera unos tres mil euros al día en concepto de derechos de autor. :O En fin, no me imagino los herederos de los Beatles y Paul McCartney la cantidad de dinero que tienen que estar ganando cuando se dice, se comenta, se rumorea que en cualquier momento del día está sonando alguna canción del cuarteto de Liverpool en alguna parte del mundo.

Las radio fórmulas tampoco se salvan de la criba, que conste. Sobre todo si te encuentras todo el santísimo día de dios en el trabajo escuchando M80 y los 40 Principiantes. Voy a ser muuuy generosa diciendo que la idea primigenia de cadenas de música como M80 o incluso Cadena Dial no es del todo mala. La primera sólo emite, en teoría, música de los 70, 80 y 90. ¡Si a mí me fascina la música publicada en estas tres décadas, no entiendo porque no me gusta lo más mínimo M80!, en serio, me encantan Led Zeppelín, Janis Joplin, Jimmi Hendrix, Doors, Cure, Ramones, Stooges, Lou Reed (con y sin la Velvet), Kinks, Who, Cramps, Jesus and Mary Chain, Nirvana, Sound Garden. B’52 (por nombrar la milésima y más conocida parte de los grupos que me gustan)... Jamás, jamás de los jamases, he escuchado una canción de estos grupos o solistas (o sólo las que de vez en cuando resucita alguna campaña publicitaria, alguna banda sonora, alguna horrible versión cantada por niñatas chupapollas o los hermanos Auserón). La segunda –Cadena Dial- emite música en español, creo recordar. Genial, ¿qué pasa entonces con grupos como, no sé, La Buena Vida, Fresones Rebeldes, Manta Ray, Planetas, Iván Ferreiro (con o sin Piratas)...? Son grupos españoles que cantan en español (Manta Ray sólo a ratos).

Resumiendo, que no me extraña que, parafraseando a mis odiados Astrud –otro grupo que en la vida sonará en Cadena Dial-, todo me parezca una mierda.

Hale que realmente lo que trataba de decir es ¡feliz día de la Música para todos! De regalito, voy a intentar incrustar aquí mismo un video muy cachondo de los Yo La Tengo (se necesita nivel medio alto de inglés os ser fan fatal de YLT, como yo, para cogerle la gracia).



Besos a diestro y siniestro, Miss Calamity.
 
Hartita
Aquí estoy en mi casa sintiéndome como una extraña... por enésima vez. Séptima mudanza en mi vida. Séptimo desengaño.

Ni tengo tele (pese a que no me importaría estar viendo -cómoda- el partido de España-Túnez). Ni tengo cocina. Ni tengo habitación (tampoco mis discos y mis libros, mi espacio en definitiva). Ni siquiera estoy con mi ordenador.

Conclusión: voy a echar de nuevo el currículum para la National Geographic. La vida normal no está hecha para una anormal como yo.

Adiós.
 
Y no olviden vitaminarse y mineralizarse
El otro día viendo la televisión (¡oh, viendo la televisión!) llamó mi atención un anuncio. No recuerdo a los personajes, ni el estilo de decoración, ni si era interior, exterior o yo qué sé. Me causó sorpresa una particularidad del producto: café soluble con vitaminas. Ô_Ô

A ver, no sé si es que yo soy un poquito corta y tal, pero, que yo sepa el café ya tendrá sus propias “vitaminas”, ¿no? o en su defecto elementos biológicos que hacen que el café sea café (trigonelina, ácido clorogénico, ácidos fenólicos, aminoácidos, hidratos de carbono, minerales… ah, y cafeína) . Quicir, que no hará falta añadirle nada para que sea café-café, ¿verdad? Pues resulta que no es así, que ahora a los alimentos “naturales” (osease, tal cual la madre naturaleza nos les brinda) hay que añadirles algo que hacen que sean mucho mejor para nuestra salud.

¿Perdón?

Yo no sé si es que en el fondo sigo siendo más de pueblo que un arado y que de pequeñita mis desayunos se componían de leche prácticamente recién ordeñada y hervida, de café pasado al momento por el molinillo, de cacao en polvo, de miel o de azúcar de caña, de tostadas recién hechas con el pan de la panificadora El Negrito…, pero últimamente todos los productos de consumo humano que anuncian en la caja tonta me parecen de todo menos normales y naturales.

A ver, cómo es posible que la leche sea desnatadíiiiiisima hasta el punto casi inalcanzable del cero por ciento graso y que lleve vitamina A –vitamina que se adhiere como una lapa a los lipocitos del cuerpo humano llegando a ser tóxica si se toma en exceso. Leche con melisa y tila para dormir. Con jalea real para que nos de energía. Con Omega 3 y Omega 6 -ácidos grasos propios del pescado- para desatascar el atasco que se produce en nuestro sistema circulatorio (lo de las leches de hoy en día es que es un mundo, en serio).

Yogures con no sé qué bichitos que hacen que llegues puntual a todas tus citas (laborales y personales), con pétalos de rosa y a saber qué más plantas (el día menos pensado nos pondrán esencia de tejo y la palmaremos todos)… Pechuga de pavo sin grasas. Colacao con fibra y miles de frutitas pulverizadas entre sus infinitos copitos marrones. Café con vitaminas, café sin cafeína. Té con sabor a melocotón, frutas del bosque y regaliz con pera. Té para dormir y valeriana para empezar puntualmente el día…

No entiendo nada.

Yo quiero mi leche-leche, sí, ese líquido blanco y cremoso cada día más raro de ver que se obtiene de las ubres de los animales mamíferos, normalmente vacas. Quiero yogures naturales, de esos que se obtienen con la fermentación de la nata y que saben, ¡¿a qué van a saber?!, a yogur. Quiero mayonesa con todas su calorías. Quiero repostería hecha con huevos de los de verdad, no con huevina o no sé qué ingrediente sustitutivo de la yema del huevo. Y por supuesto quiero un café de tipo arábica, canephora o libérica que sepa a café y punto.

Besitos. Cal.
 
El día de la bestia
Pues al parecer hoy es ese día (según el calendario gregoriano, esto es, el nuestro, porque según otros calendarios vigentes hoy no es el 6 del 6 del 6).

Hoy, según cuentan los agoreros de origen cristiano, nacerá el anticristo. Vamos, que el mismísimo demonio se va a personar en esta tierra nuestra en carne y hueso. Y lo más curioso ni va a ser rojo, ni va a tener cuernos, ni rabo, ni será una cabra malhumorada, ni nada de nada. Será un precioso bebé recién nacido que ya desde muy temprana edad despuntará maneras.

Yo me pregunto quién será su madre... Si el hijo de dios nació -al parecer- de una virgen, ¿de qué tipo de cuerpo surgirá Belcebú?¿Nacerá en Meggido donde dice San Juan que se producirá el fatal desenlace apocalíptico? Pues como nazca allí lo tiene clarinete para llegar a ser alguien influyente en el avanzadíiiiisimo y ultramoderno mundo occidental.

Hace un tiempo me puse a indagar sobre las representaciones artísticas que de ambos personajes –Dios y Satán- se han llevado a cabo a lo largo de la historia. El Medioevo me abrumó y ahí se quedó el tema (como tantos y tantos temas que empiezo a estudiar y se quedan tan sólo en buenas intenciones). Seguramente Vailima os podrá ilustrar muchísimo mejor sobre tal asunto.



De cualquier forma, enfocando todo este tinglado desde la cultura pop que nos inunda, pensadlo bien, ¿con quién os quedaríais vosotros: con un viejo apoyado en un cayado, medio calvo y con pinta de que le queden tres telediarios o con un mozuelo apuesto, seductor, ilustrado y resuelto? Definitivamente yo me quedaría con el segundo, por muy demonio que fuese. ;)

Besos para todos y ¡feliz día de la bestia, ja, ja, ja! Miss Calamity.

PD. Si queréis saber algo más sobre la maravillosa y única escultura dedicada en nuestro occidental mundo al diablo, visitad este link.

PD. Ah, la foto es mía. Es que, modestia aparte, es muy pero que muy chula (y para que diga yo esto o bien estoy borracha -que no es el caso- o bien estoy medio tonta. Debe de ser eso último. Qué osadía).
 
De heridas y de sangre
Existe una cita popular que apunta que un buen amigo es como la sangre, que acude a la herida para taponarla sin necesidad de que la llamen. Lo reconozco, no soy una buena amiga (o bien, el cuerpo que me contiene es hemofílico, cosa harto difícil tratándose de un ser femenino). Suelo enterarme tarde, mal y casi nunca de las heridas de mis amistades. Pocas veces descuelgo el teléfono sin ningún motivo aparente. Un par de llamadas son las veces en mi vida en las que habré descolgado el auricular para hablar con alguien sin nada que contarle ni que preguntarle. Y en las dos ocasiones la conversación ha sido tan baldía como llevar un cenicero en una moto.

Si volteamos la moneda, menos son aún las veces en las que yo he telefoneado a alguien para hacerle saber que me encuentro mal o en apuros. Mis problemas de verdad me los como yo solita en el momento. Otra cosa es que a través de una conversación surja el tema y entonces me pseudo desahogue.

Lo reconozco (aunque no lo creáis muchos de vosotros): me cuesta un triunfo expresarme por teléfono. Eso sí, mensajes y correos electrónicos son más fáciles de obtener -motu propio- de mí hacia los demás. Me gusta hacer lo que mi círculo de amistades denomina mensajes masivos. Por ejemplo: enviar el mismo recado a toda la cuadrilla junta. Incluso a los que estén casados, con lo cual les llega por duplicado obteniendo yo, casi de manera mecánica, un remite acordándome de dicho estado civil.

He de admitir mi fracaso. Sí, sí, mi fracaso con las amistades. El primero y más gordo (y no el único, qué mal se me da esto de la convivencia): la triste desilusión con mi compañero de piso. En tanto tiempo juntos el 98 % de las veces que me he intentado comunicar con él ha sido infructuoso. Un poco menos pero muy de cerca –digamos que el 93% de las ocasiones- su respuesta ha sido negativa ante un ¿vienes al cine? ¿te apetece tomar una cerveza abajo? ¿te traigo algo de la calle? ¿damos una vuelta? Llevamos cinco años juntos, pero somos unos completos desconocidos que lo único que hacen es compartir techo y gastos (alquiler y luz y punto) a medias. Nada más. Una auténtica pena. Pero no quiero hablar de batallas perdidas.

Y he de admitir también mi desidia. Si bien los últimos cinco años han sido bastante jodidos, y no sólo a nivel salarial sino también personal, en el último medio año voy despegando mis alas del suelo. Me encuentro mejor, dispongo de más liquidez, estoy más segura (según sea el día, vamos) de lo que quiero y sobre todo de lo que no quiero... Pero voy dejando siempre para el último lugar esa llamada que debería hacer –aunque no tenga nada que contar-, esa visita que tendría que realizar –dejando un poco de lado tanto proyecto personal, bien mirado y a la larga, baladí pues para nada sirven-, esa carta –de las de verdad, nada de emails- que habría de escribir, los dibujos que parece que nunca llegan, la foto que en la vida se revela... el momento en el que la amistad empieza a perderse y es posible que no vuelva, al menos no de la misma manera que antes fue...

Muchos besos para todos. Cal.

Ah, por cierto, ya que de lazos fraternales hablamos, felicidades a mi amiga (¿?, permitidme que lo interrogue después de semejante perorata) Apa porque el pasado día 30 dio a luz a su primogénita (me enteré por purita casualidad, bendición de blogocosa para según que menesteres). Conociendo a sus padres, seguro será una niña preciosa.