Mi padre estaría orgulloso. The Who Live in Madrid, 27/07/06
Poco más puedo decir... Todavía me tiemblan las canillas (es posible que sea debido también a que hoy sólo he dormido un par de horas).

Casi se me saltan las lágrimas con ese pedazo de versión de 5:15 en plan acústico con Pete Townshend sólo ante las 10.000 almas que allí estábamos...
Babeaba cuando Love reign O'er me -mi favorita del cuarteto convertido, inevitablemente, en dúo- enfilaba sus últimos acordes con un Roger Daltrey pletórico, como que no hubiese pasado el tiempo por él...
My generation hizo que el epicentro del terremoto que se registró en la capital del reino anoche tuviera origen en el mismísimo Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid...
Increíble, increíble, increíble. Prometieron volver y, cuando eso suceda, allí estaré.
Ahora, si me lo permitís, me voy a morir un poquito frente a la insípida pantalla del ordenata. Besos a montones (con una pizca de rebeldía mod, ¡faltaría más!). Cal.

Casi se me saltan las lágrimas con ese pedazo de versión de 5:15 en plan acústico con Pete Townshend sólo ante las 10.000 almas que allí estábamos...
Babeaba cuando Love reign O'er me -mi favorita del cuarteto convertido, inevitablemente, en dúo- enfilaba sus últimos acordes con un Roger Daltrey pletórico, como que no hubiese pasado el tiempo por él...
My generation hizo que el epicentro del terremoto que se registró en la capital del reino anoche tuviera origen en el mismísimo Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid...
Increíble, increíble, increíble. Prometieron volver y, cuando eso suceda, allí estaré.
Ahora, si me lo permitís, me voy a morir un poquito frente a la insípida pantalla del ordenata. Besos a montones (con una pizca de rebeldía mod, ¡faltaría más!). Cal.
Holidays, sweet holidays (just sometimes)
Cuando Unamuno y Pirandello escribían Niebla y Seis personajes en busca de autor respectivamente ninguno de los dos sabía de la existencia del otro y por ende de sus respectivos proyectos literarios y/o teatrales. Bueno, si acaso Unamuno había oído hablar de un fulano de Italia que había escrito una obra de teatro en la que los personajes se “revelaban” contra el autor de la misma, pero, al parecer, no le dio mayor importancia.
Vale, vale. Empecemos por el principio. Vacaciones. Si escogí los pasados días para tomarme un respiro, fue para ir al FIB. Sí, por fin un año tenía verdaderas ganas de acercarme a Benicàssim y soportar a la cantidad de colgados que allí se aglutinan durante cuatro días para, a parte de drogarse y desfasar, escuchar música. Pues no, no pude ir: se acabaron los abonos (y mira que me lo dijeron por activa y por pasiva, ¿verdad, Txarly?).
Pasamos al plan B: si no podemos irnos de farra, nos iremos a relajar, concretamente aquí. Pues, miren ustedes, tampoco. Resulta que a mi madre le dio un vahído reumático que le afectó las extremidades superiores –y de qué manera- en el precioso momento en el que la Quinta de los Sustos no podía quedarse desatendida. La abajo firmante se encargó de jardín, perdón, selva virgen, plantas, perro, gata, pericos (por ahora un placer) y de compras, cocina, limpieza, orden... Pues mira qué bien, a tomar po’l c..o lo de relajarse. Eso sin hablar de la sentencia del juicio que, incomprensiblemente, desfavorece a mi madre sin razón aparente. Esto se merece un auténtico post él solito... Ay qué ver cómo está la justicia y los nacionalismos en este sacro santo país. Y hasta aquí puedo leer, Mayra.
Pero ¡que aquí no acaba la historia, no, qué va!, si me ha debido de mirar un tuerto. El sábado se acercó al pueblo mi adorado tormento con dos “buenas” nuevas: la primera que es muy posible que cierren la empresa en la que trabaja. No por nada en especial. No hay desfalcos, ni falta de clientes y proyectos. Lo que hay es un director general al frente que, discúlpenme, había que llevarlo al paredón, sin miramientos de ningún tipo. Tremendo pelamanillas al frente de una multinacional fruto del nepotismo reinante en, de nuevo, este sacro santo país. Dios da bragas a quien no tiene culo, que se dice por ciertas zonas del norte de Palencia.
Segunda, ay (profundo suspiro), me trae mi paquete una noticia recortada del diario El País del sábado pasado: me acaban de pisar mi estudio fotográfico; aquel del que hablaba entre bisbiseos y del que no daba demasiadas indicaciones. Seis años de mi vida como fotógrafa a la mierda. Está claro que yo le iba a dar otro matiz gráfico que el que le aporta Diego Caballo (pincha aquí y aquí si quieres ver la noticia contada de dos formas), pero, en fin, que me gustaría sentirme como don Miguel de Unamuno ante la presencia de Luigi Pirandello, pero sólo me puedo sentir como Señorita Calamidad. :S
Besos para todos. Miss Calamity
Vale, vale. Empecemos por el principio. Vacaciones. Si escogí los pasados días para tomarme un respiro, fue para ir al FIB. Sí, por fin un año tenía verdaderas ganas de acercarme a Benicàssim y soportar a la cantidad de colgados que allí se aglutinan durante cuatro días para, a parte de drogarse y desfasar, escuchar música. Pues no, no pude ir: se acabaron los abonos (y mira que me lo dijeron por activa y por pasiva, ¿verdad, Txarly?).
Pasamos al plan B: si no podemos irnos de farra, nos iremos a relajar, concretamente aquí. Pues, miren ustedes, tampoco. Resulta que a mi madre le dio un vahído reumático que le afectó las extremidades superiores –y de qué manera- en el precioso momento en el que la Quinta de los Sustos no podía quedarse desatendida. La abajo firmante se encargó de jardín, perdón, selva virgen, plantas, perro, gata, pericos (por ahora un placer) y de compras, cocina, limpieza, orden... Pues mira qué bien, a tomar po’l c..o lo de relajarse. Eso sin hablar de la sentencia del juicio que, incomprensiblemente, desfavorece a mi madre sin razón aparente. Esto se merece un auténtico post él solito... Ay qué ver cómo está la justicia y los nacionalismos en este sacro santo país. Y hasta aquí puedo leer, Mayra.
Pero ¡que aquí no acaba la historia, no, qué va!, si me ha debido de mirar un tuerto. El sábado se acercó al pueblo mi adorado tormento con dos “buenas” nuevas: la primera que es muy posible que cierren la empresa en la que trabaja. No por nada en especial. No hay desfalcos, ni falta de clientes y proyectos. Lo que hay es un director general al frente que, discúlpenme, había que llevarlo al paredón, sin miramientos de ningún tipo. Tremendo pelamanillas al frente de una multinacional fruto del nepotismo reinante en, de nuevo, este sacro santo país. Dios da bragas a quien no tiene culo, que se dice por ciertas zonas del norte de Palencia.
Segunda, ay (profundo suspiro), me trae mi paquete una noticia recortada del diario El País del sábado pasado: me acaban de pisar mi estudio fotográfico; aquel del que hablaba entre bisbiseos y del que no daba demasiadas indicaciones. Seis años de mi vida como fotógrafa a la mierda. Está claro que yo le iba a dar otro matiz gráfico que el que le aporta Diego Caballo (pincha aquí y aquí si quieres ver la noticia contada de dos formas), pero, en fin, que me gustaría sentirme como don Miguel de Unamuno ante la presencia de Luigi Pirandello, pero sólo me puedo sentir como Señorita Calamidad. :S
Besos para todos. Miss Calamity
Mini vacaciones
Al haber cambiado de trabajo este año me toca quedarme de rodríguez por los madriles. De hecho ya estoy de vacaciones y, fíjaos, qué horas y ya llevo despierta un par de ellas (esto no son vacaciones).
Mañana a mi pueblo. Sorpresa total para mi ma que no sabe nada. Y el sábado me voy aquí (creo). Me haría un tratamiento anticelulítico, que es el que realmente necesito, pero directamente me voy a pasar al antistress. La neurona me lo agradecerá.
Nos vemos el lunes. Besos a mares. Cal.
Mañana a mi pueblo. Sorpresa total para mi ma que no sabe nada. Y el sábado me voy aquí (creo). Me haría un tratamiento anticelulítico, que es el que realmente necesito, pero directamente me voy a pasar al antistress. La neurona me lo agradecerá.
Nos vemos el lunes. Besos a mares. Cal.
Piensa en Verde. Summer Case, Madrid 15/07/06
De mayor quiero ser como Adam Green. Qué buen rollo me dio al cuerpo su concierto, en serio. El enfant terrible del nuevo jazz –que más que jazz es no sé qué, coño, que a todo hay que ponerle nombre- salió al escenario con un par de co---es y una melopea del uno (ya se están planteando los de Espasa Calpe poner una fotografía del susodicho crooner para ilustrar la entrada ‘borrachera’). Hablando continuamente en un spanglish más que aceptable, improvisando una canción guitarra en mano en español, llevando colgadas las llaves de casa en la trabilla del pantalón –como si acto seguido de su actuación marchara para su keli a dormir la resaca- y enseñándonos el culo a todos los allí presentes. Subió a dos chavalas al escenario (luego me encontré con una de ellas en otro concierto y estuvimos charlando. Muy maja Patricia) y les hizo cantar Let’s dance; no lo hicieron nada mal... Qué suerte, siempre he deseado que los U2 me subieran a su escenario a interpretar con ellos Bullet the blue sky.
Una vez finalizado el show de Adam teníamos dos opciones: irnos a ver a los (vomitivos) Belle & Sebastian o conocer a un nuevo grupo que, no por ser la primera vez que actuaban en España eran noveles, no: los Sparks, tienen en su haber 20 discos. Ni más ni menos. La elección a estas alturas resultaba más que obvia: fuimos a ver a Sparks a la carpa donde anoche habían actuado los Chemical. Madre mía qué conciertazo. Una pasada, una pasada, una pasada. Se trata de dos hermanos –Ron y Russel Mael- (junto a una banda contratada y fantástica) que tienen poco que ver el uno con el otro. Uno de ellos, hiperactivo, encargado de animar el cotarro y cantar; el otro, de cartón piedra en plan ejecutivo agresivo, se ocupaba de los teclados (ay, los 80, los 80). Me encantó toda la banda, pero el que más tilín me hizo fue uno de los guitarristas (encargado básicamente de los punteos y tal): el hombre es que lo vivía, se tiraba por los suelos con su Fender, aporreaba el instrumento en plan guitarrista de heavy metal, el flequillo le iba para arriba y para abajo sin miedo a la gravedad. Bueno, bueno, un show él solito. El público allí presente les hicimos hacer un bis –cosa poco habitual en cualquier festival- y salir unas tres veces al escenario para saludar y despedirse.
El cartel de sábado no me atraía especialmente en un principio. Tenía interés por ver a Massive Attack, Sigur Ros y poco más, pero poco después, investigando, me di cuenta de que quería ver, por ejemplo, a James Murphy (genio inventor de LCD Sound System), pero entonces no podría bailar con Fat Boy Slim; y que si quería disfrutar de Mäximo Park –banda revelación del momento-, los de Bristol se me iban al garete; que los Cardigans no me interesaban lo más mínimo, ídem con los Super Furry Animals que ya los vi una vez y casi me duermo, pero no me importaría ver a Daft Punk, claro, si eso no suponía perderme a Sigur Ros. Qué estrés, oye.
Al final Paquete y yo decidimos separarnos. Él se fue a ver el final del concierto de Cardigans (luego me comentó que había sido muy flojo, ya se lo dije yo) y a Daft Punk. Yo me quedé flipando con Sigur Ros. No estaba muy segura de que me fueran a gustar. Sus discos me encantan, pero tenía entendido que en directo defraudan un poco. Nada que ver. Una auténtica joya musical. Estaban ellos cuatro, pero además se habían traído a toda una mini orquesta con sección de cuerda y viento completa. El alucine total fue ver el espectáculo de sombras chinescas del principio. Una leve tela cubría todo el escenario. Sólo se podían apreciar a los cuatro músicos islandeses aporreando sus instrumentos. La tela cayó al tiempo que el primer son terminaba y dejó ver cómo uno de los guitarristas tocaba con un arco de violín las cuerdas del instrumento (me recordó inmediatamente a Sonic Youth tocando con un destornillador, je, je). Perdonad, pero no sé sus nombres.
Pocas veces he asistido a algo tan especial. La emoción musical vivida (y mi lesión en el menisco) me estaban dejando agotada. Tuve que sentarme, no por aburrimiento, qué va. Me tuve que sentar porque en ese momento me di cuenta de que había sucumbido totalmente al rock que vino del frío. Una vez terminado el concierto y los más de cinco minutos de ovación del público y escuchando de lejos la caña que estaban metiendo los Daft Punk todavía estuve sentada un buen rato. No me podía creer lo que acababa de presenciar (me figuro que una aparición mariana no me causaría tanto estupor).
Con los pelos todavía de punta me dirigí hacia el punto de encuentro con Paquete. Un escenario lleno de neones y proyecciones al más puro estilo 2001, una odisea en el espacio marcaban el espectáculo del dúo tecno francés. De entre el gentío salía eufórico mi adorado, bailando como un loco y emocionado. En ese momento pensé que arrastrarle para ver a Massive Attack, osease, los padres del trip hop, no iba a ser una buena opción.
El principio del concierto de los Massive no me entusiasmo demasiado, pese a que les acompañaba Beth Fraser, de los Cocteau Twins, posiblemente la cantante femenina (junto con PJ Harvey y Beth Gibbons) que más me gusta. Demasiada gente, además gente no interesada en la música, coño, que no sé para qué diantre se gastan 110 euros en una entrada (tenía a una piba al lado mío que ya le puede ir agradeciendo a quien sea que no tuviera un arma en mi haber porque hoy hubieran estado celebrando su entierro. A veces me doy miedo). Pero como esa gente viene básicamente a ponerse pedo y a bailar, al poco rato se dieron cuenta de que los Massive no son precisamente David Bustamante.
Pese a todo se me hizo cortíiiiisimo el recital. Fue subiendo poco a poco tras la interpretación de Inertia Creeps. Hicieron acopio de sus grandes éxitos sin indagar demasiado en el repertorio de sus cinco discos. Momentos de crítica política, que no viene mal que muchos jóvenes se enteren de lo que está pasando porque sus ídolos –y no el señor del telediario- les cuenten las cosas, arroparon a una espectacular versión de una de las canciones que les lanzó a la fama Safe from harm. Pero lo mejor, el éxtasis, la embriaguez, la suspensión de las almas sobre el plúmbeo cielo se produjo justo al final con la interpretación de Group Four. Sólo de recordarlo me entran de nuevo escalofríos.
Como colofón a todo el tinglado éste que se han montado los de Sinammon Records el ex Housemartin Fat boy slim, alguien a quien perfectamente te podrías encontrar apostado en la barra de un bar, Guiness en mano, charlando de lo divino y lo humano, nos deleitó a todos con una sesión deejay que ya les gustaría a muchos. Pedazo rave que montó el músico con un par de platos y una muy cuidada selección de imágenes. Derrochó simpatía por doquier, nos llevó al público por donde le dio la santa gana, mezcló sus éxitos de ayer y de hoy con sones de otros autores como Gorillaz, Underworld, Gnarls Barkley (yuuuuuuumeikmicreisiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, para mí la canción del verano sin lugar a dudas), hasta la Velvet Underground salió a colación. Una auténtica apisonadora.
Total y como resumen: el Summer Case 06 una pasada de festival. Oyesssss, que me gustó, sí, sí, sí.
Besotes para todos. Cal.
Una vez finalizado el show de Adam teníamos dos opciones: irnos a ver a los (vomitivos) Belle & Sebastian o conocer a un nuevo grupo que, no por ser la primera vez que actuaban en España eran noveles, no: los Sparks, tienen en su haber 20 discos. Ni más ni menos. La elección a estas alturas resultaba más que obvia: fuimos a ver a Sparks a la carpa donde anoche habían actuado los Chemical. Madre mía qué conciertazo. Una pasada, una pasada, una pasada. Se trata de dos hermanos –Ron y Russel Mael- (junto a una banda contratada y fantástica) que tienen poco que ver el uno con el otro. Uno de ellos, hiperactivo, encargado de animar el cotarro y cantar; el otro, de cartón piedra en plan ejecutivo agresivo, se ocupaba de los teclados (ay, los 80, los 80). Me encantó toda la banda, pero el que más tilín me hizo fue uno de los guitarristas (encargado básicamente de los punteos y tal): el hombre es que lo vivía, se tiraba por los suelos con su Fender, aporreaba el instrumento en plan guitarrista de heavy metal, el flequillo le iba para arriba y para abajo sin miedo a la gravedad. Bueno, bueno, un show él solito. El público allí presente les hicimos hacer un bis –cosa poco habitual en cualquier festival- y salir unas tres veces al escenario para saludar y despedirse.
El cartel de sábado no me atraía especialmente en un principio. Tenía interés por ver a Massive Attack, Sigur Ros y poco más, pero poco después, investigando, me di cuenta de que quería ver, por ejemplo, a James Murphy (genio inventor de LCD Sound System), pero entonces no podría bailar con Fat Boy Slim; y que si quería disfrutar de Mäximo Park –banda revelación del momento-, los de Bristol se me iban al garete; que los Cardigans no me interesaban lo más mínimo, ídem con los Super Furry Animals que ya los vi una vez y casi me duermo, pero no me importaría ver a Daft Punk, claro, si eso no suponía perderme a Sigur Ros. Qué estrés, oye.
Al final Paquete y yo decidimos separarnos. Él se fue a ver el final del concierto de Cardigans (luego me comentó que había sido muy flojo, ya se lo dije yo) y a Daft Punk. Yo me quedé flipando con Sigur Ros. No estaba muy segura de que me fueran a gustar. Sus discos me encantan, pero tenía entendido que en directo defraudan un poco. Nada que ver. Una auténtica joya musical. Estaban ellos cuatro, pero además se habían traído a toda una mini orquesta con sección de cuerda y viento completa. El alucine total fue ver el espectáculo de sombras chinescas del principio. Una leve tela cubría todo el escenario. Sólo se podían apreciar a los cuatro músicos islandeses aporreando sus instrumentos. La tela cayó al tiempo que el primer son terminaba y dejó ver cómo uno de los guitarristas tocaba con un arco de violín las cuerdas del instrumento (me recordó inmediatamente a Sonic Youth tocando con un destornillador, je, je). Perdonad, pero no sé sus nombres.
Pocas veces he asistido a algo tan especial. La emoción musical vivida (y mi lesión en el menisco) me estaban dejando agotada. Tuve que sentarme, no por aburrimiento, qué va. Me tuve que sentar porque en ese momento me di cuenta de que había sucumbido totalmente al rock que vino del frío. Una vez terminado el concierto y los más de cinco minutos de ovación del público y escuchando de lejos la caña que estaban metiendo los Daft Punk todavía estuve sentada un buen rato. No me podía creer lo que acababa de presenciar (me figuro que una aparición mariana no me causaría tanto estupor).
Con los pelos todavía de punta me dirigí hacia el punto de encuentro con Paquete. Un escenario lleno de neones y proyecciones al más puro estilo 2001, una odisea en el espacio marcaban el espectáculo del dúo tecno francés. De entre el gentío salía eufórico mi adorado, bailando como un loco y emocionado. En ese momento pensé que arrastrarle para ver a Massive Attack, osease, los padres del trip hop, no iba a ser una buena opción.
El principio del concierto de los Massive no me entusiasmo demasiado, pese a que les acompañaba Beth Fraser, de los Cocteau Twins, posiblemente la cantante femenina (junto con PJ Harvey y Beth Gibbons) que más me gusta. Demasiada gente, además gente no interesada en la música, coño, que no sé para qué diantre se gastan 110 euros en una entrada (tenía a una piba al lado mío que ya le puede ir agradeciendo a quien sea que no tuviera un arma en mi haber porque hoy hubieran estado celebrando su entierro. A veces me doy miedo). Pero como esa gente viene básicamente a ponerse pedo y a bailar, al poco rato se dieron cuenta de que los Massive no son precisamente David Bustamante.
Pese a todo se me hizo cortíiiiisimo el recital. Fue subiendo poco a poco tras la interpretación de Inertia Creeps. Hicieron acopio de sus grandes éxitos sin indagar demasiado en el repertorio de sus cinco discos. Momentos de crítica política, que no viene mal que muchos jóvenes se enteren de lo que está pasando porque sus ídolos –y no el señor del telediario- les cuenten las cosas, arroparon a una espectacular versión de una de las canciones que les lanzó a la fama Safe from harm. Pero lo mejor, el éxtasis, la embriaguez, la suspensión de las almas sobre el plúmbeo cielo se produjo justo al final con la interpretación de Group Four. Sólo de recordarlo me entran de nuevo escalofríos.
Como colofón a todo el tinglado éste que se han montado los de Sinammon Records el ex Housemartin Fat boy slim, alguien a quien perfectamente te podrías encontrar apostado en la barra de un bar, Guiness en mano, charlando de lo divino y lo humano, nos deleitó a todos con una sesión deejay que ya les gustaría a muchos. Pedazo rave que montó el músico con un par de platos y una muy cuidada selección de imágenes. Derrochó simpatía por doquier, nos llevó al público por donde le dio la santa gana, mezcló sus éxitos de ayer y de hoy con sones de otros autores como Gorillaz, Underworld, Gnarls Barkley (yuuuuuuumeikmicreisiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, para mí la canción del verano sin lugar a dudas), hasta la Velvet Underground salió a colación. Una auténtica apisonadora.
Total y como resumen: el Summer Case 06 una pasada de festival. Oyesssss, que me gustó, sí, sí, sí.
Besotes para todos. Cal.
A los New Order se les perdona todo. Summer Case Madrid, 14/06/07
Incluso que metan la pata en la segunda canción de su repertorio Road to ruin. Dios, qué pedazo concierto. No me suelo emocionar en plan tirarme de los pelos en los conciertos, pero estos abueletes de la música lo han conseguido. Estoy afónica aún hoy.
Empecemos por el principio, esto es, porqué fui. Vale, que tampoco me voy a poner aquí a hacer un tratado filosófico sobre ir o no ir a los macrofestivales (esto para otro día). La razón fue simple: tenía dinerete fresco (bendita extra de verano), quedaban abonos y era salir del trabajo, cruzar un par de calles a pie y plantarme en tan “magno” evento. Así que cogí a mi Paquete y nos plantamos allí cuando The Divine Comedy enfilaban la segunda mitad de su concierto. Coñe, me gustaron, sí señor. Tampoco esperaba menos, siempre me han gustado. ;) Neil Hannon se portó como un auténtico gentleman. Majo, majísimo fue el rubito. Ya a las tantas de la mañana en casa –tuve el valor de conectarme a internet a esas horas- averigüé que el chavalín no es inglés sino irlandés (ya me figuraba yo).
Entre unos y otros fuimos un ratillo a ver a Starsailor. Pschsss, ni chica ni limoná. Correctos, diría yo, pero no emocionantes.
Con Rufus Wainwright, en fin, a mí me estaba gustando un montón, pero es lo que tiene ir a los conciertos como que Paquete y yo fuéramos Pin y Pon, que nos largamos a ver a los Happy Mondays. Yo pensaba que estaban acabados, básicamente por el uso y abuso que han hecho de las drogas durante toda su vida, pero qué va. Moló. Era un poco caótico el escenario. No se sabía muy bien si iban o venían (estarían pedo, para variar) pero el poquito rato que nos quedamos allí bailamos como descosidos.
Carrera hacia el escenario de la Terminal O. Actuaba prácticamente dios. Esto es, New Order. Ay, ay, ay, ay. Podría escribir una crónica en plan desglose de canciones y tal, pero no quiero aburrir al personal. Yo casi me meo en las bragas de gusto, así en plan basto. En fin, he de decir que posiblemente, si me gustaron tanto, es porque en el repertorio que ejecutaron sobre las tablas incluyeron varias canciones de Joy División (vamos, de dios, qué coño) como Transmission y después Love will tear us apart. Si me hubiera muerto después de escuchar Love will tear us apart en mi epitafio habrían de poner “murió en estado de absoluta felicidad”.
Como te digo una co, te digo la o –que diría Sabina (cómo coño se habrá colado éste aquí)-, los New Order ya no están para muchos trotes. El concierto empezó guitarrero a más no poder (Crystal, una de mis favoritas, sonó en primer lugar) y fue decreciendo hasta las segunda parte, más electrónica, poco a poco. Después de terminar el repertorio divisionero desconectaron las cuerdas y enchufaron los sintetizadores; el recital había ido perdiendo a pasos agigantados. En fin que Bernhard Summer y Peter Hook son mayorcetes... Pero, cual ave fénix, el final del concierto fue apoteósico musicalmente hablando: Bizarre love triangle, True Faith y Blue Monday se solaparon la una a la otra para provocar una ola orgiástica total a los que allí estábamos.
Después de ver esto mi cabeza sólo pensaba en que en vez de haber nacido en el 1.975 tenía que haberlo hecho 10 años antes. Pero, claro, si hubiera nacido en el 1.965 es muy posible que no hubiera tenido el enorme placer de conocer a Bobbie Gillespie. Quicir, a Primal Scream. Su “Screamadelica” es para mí la panacea contra el mal rollo. ¿Que te encuentras alicaído? Pues pincha este disco y disfruta. Era la segunda vez que los veía y, francamente, iba un poco con la mosca detrás de la oreja. La primera vez que los vi, no me gustaron prácticamente nada. Acababan de publicar “Xtrmntr” –léase extermineitor-, su disco más duro, y en aquel concierto se notó. Demasiada tralla, incluso para mí (fan fatal de todo lo que se denomine “hard”, je, je).
Resumiendo que me gustó mogollón, mogollón, mogollón el nuevo montaje de Primal Scream. Un buen rollo increíble para el cuerpo. Hicieron una versión de Svastika eyes más parecida al remix que de aquella hicieran en su momento los Chemical Brothers (que también estaban sonando por ahí en otro escenario) que fue de agradecer. Cómo me mola esta canción, sí, sí. Los movimientos del cantante quizá demasiado Brett Anderson, pero, en fin, cada uno tiene sus ídolos. ;)
Después del rock más psicodélico y bailón nos encaminamos a ver a los Chemical Brothers. Tenía especial curiosidad por ver si la gente iba igual de puesta que la primera vez que los vi. Sí. Parece como que para escuchar cierta música tienes que ir de speed y anfetas hasta las cejas. Duré allí lo que dura un pedo en la mano. Estaba hasta las trancas y, total, para ver a dos pibes apostados contra una mesa de mezclas que no levantan la cabeza de allí ni para respirar, puff, mejor me piro. Conste que me entusiasman los Chemical hasta la extenuación, pero según en qué condiciones y éstas no eran precisamente las adecuadas.
Nos dirigimos a olisquear lo que nos podían ofrecer los Razorlights. Yo no les conocía (es lo que tiene estar escuchando los 40 Principiantes todo el puto día en el curro), pero mi adorado me dejó sorprendida tarareando de pe a pa una de sus canciones. Me dejaron indiferente. A lo mejor es que estaba muy cansada, digo yo, porque en el trocito de camino que lleva del Summer Case a mi casa (apenas 15 minutos de coche, salvo atascos) me quedé totalmente dormida. Como un bebé.
Ah, sí, que también tocaron los Keane, es verdad... En fin, que uno también tiene que hacer caso a las necesidades del cuerpo y mientras actuaban estos tres pedorros nos dedicamos a comer y a ir al baño. Sin duda acciones mucho más interesantes que perdernos entre la marabunta de abducidos por el mainstream musical.
Hale, mañana lo de ayer. Besos para todos. Cal.
PD. Siempre me encuentro con alguien. En el Summer Case fue con Lagarto Chinaski y con Dawu (ex bloguero). Y con un chaval que viene conmigo todos los días en el autobús del trabajo que tiene unas patillas en plan Curro Jiménez y que, de entre todo el tipo de ganado que se monta en dicho autobús, es de lo más potable.
Empecemos por el principio, esto es, porqué fui. Vale, que tampoco me voy a poner aquí a hacer un tratado filosófico sobre ir o no ir a los macrofestivales (esto para otro día). La razón fue simple: tenía dinerete fresco (bendita extra de verano), quedaban abonos y era salir del trabajo, cruzar un par de calles a pie y plantarme en tan “magno” evento. Así que cogí a mi Paquete y nos plantamos allí cuando The Divine Comedy enfilaban la segunda mitad de su concierto. Coñe, me gustaron, sí señor. Tampoco esperaba menos, siempre me han gustado. ;) Neil Hannon se portó como un auténtico gentleman. Majo, majísimo fue el rubito. Ya a las tantas de la mañana en casa –tuve el valor de conectarme a internet a esas horas- averigüé que el chavalín no es inglés sino irlandés (ya me figuraba yo).
Entre unos y otros fuimos un ratillo a ver a Starsailor. Pschsss, ni chica ni limoná. Correctos, diría yo, pero no emocionantes.
Con Rufus Wainwright, en fin, a mí me estaba gustando un montón, pero es lo que tiene ir a los conciertos como que Paquete y yo fuéramos Pin y Pon, que nos largamos a ver a los Happy Mondays. Yo pensaba que estaban acabados, básicamente por el uso y abuso que han hecho de las drogas durante toda su vida, pero qué va. Moló. Era un poco caótico el escenario. No se sabía muy bien si iban o venían (estarían pedo, para variar) pero el poquito rato que nos quedamos allí bailamos como descosidos.
Carrera hacia el escenario de la Terminal O. Actuaba prácticamente dios. Esto es, New Order. Ay, ay, ay, ay. Podría escribir una crónica en plan desglose de canciones y tal, pero no quiero aburrir al personal. Yo casi me meo en las bragas de gusto, así en plan basto. En fin, he de decir que posiblemente, si me gustaron tanto, es porque en el repertorio que ejecutaron sobre las tablas incluyeron varias canciones de Joy División (vamos, de dios, qué coño) como Transmission y después Love will tear us apart. Si me hubiera muerto después de escuchar Love will tear us apart en mi epitafio habrían de poner “murió en estado de absoluta felicidad”.
Como te digo una co, te digo la o –que diría Sabina (cómo coño se habrá colado éste aquí)-, los New Order ya no están para muchos trotes. El concierto empezó guitarrero a más no poder (Crystal, una de mis favoritas, sonó en primer lugar) y fue decreciendo hasta las segunda parte, más electrónica, poco a poco. Después de terminar el repertorio divisionero desconectaron las cuerdas y enchufaron los sintetizadores; el recital había ido perdiendo a pasos agigantados. En fin que Bernhard Summer y Peter Hook son mayorcetes... Pero, cual ave fénix, el final del concierto fue apoteósico musicalmente hablando: Bizarre love triangle, True Faith y Blue Monday se solaparon la una a la otra para provocar una ola orgiástica total a los que allí estábamos.
Después de ver esto mi cabeza sólo pensaba en que en vez de haber nacido en el 1.975 tenía que haberlo hecho 10 años antes. Pero, claro, si hubiera nacido en el 1.965 es muy posible que no hubiera tenido el enorme placer de conocer a Bobbie Gillespie. Quicir, a Primal Scream. Su “Screamadelica” es para mí la panacea contra el mal rollo. ¿Que te encuentras alicaído? Pues pincha este disco y disfruta. Era la segunda vez que los veía y, francamente, iba un poco con la mosca detrás de la oreja. La primera vez que los vi, no me gustaron prácticamente nada. Acababan de publicar “Xtrmntr” –léase extermineitor-, su disco más duro, y en aquel concierto se notó. Demasiada tralla, incluso para mí (fan fatal de todo lo que se denomine “hard”, je, je).
Resumiendo que me gustó mogollón, mogollón, mogollón el nuevo montaje de Primal Scream. Un buen rollo increíble para el cuerpo. Hicieron una versión de Svastika eyes más parecida al remix que de aquella hicieran en su momento los Chemical Brothers (que también estaban sonando por ahí en otro escenario) que fue de agradecer. Cómo me mola esta canción, sí, sí. Los movimientos del cantante quizá demasiado Brett Anderson, pero, en fin, cada uno tiene sus ídolos. ;)
Después del rock más psicodélico y bailón nos encaminamos a ver a los Chemical Brothers. Tenía especial curiosidad por ver si la gente iba igual de puesta que la primera vez que los vi. Sí. Parece como que para escuchar cierta música tienes que ir de speed y anfetas hasta las cejas. Duré allí lo que dura un pedo en la mano. Estaba hasta las trancas y, total, para ver a dos pibes apostados contra una mesa de mezclas que no levantan la cabeza de allí ni para respirar, puff, mejor me piro. Conste que me entusiasman los Chemical hasta la extenuación, pero según en qué condiciones y éstas no eran precisamente las adecuadas.
Nos dirigimos a olisquear lo que nos podían ofrecer los Razorlights. Yo no les conocía (es lo que tiene estar escuchando los 40 Principiantes todo el puto día en el curro), pero mi adorado me dejó sorprendida tarareando de pe a pa una de sus canciones. Me dejaron indiferente. A lo mejor es que estaba muy cansada, digo yo, porque en el trocito de camino que lleva del Summer Case a mi casa (apenas 15 minutos de coche, salvo atascos) me quedé totalmente dormida. Como un bebé.
Ah, sí, que también tocaron los Keane, es verdad... En fin, que uno también tiene que hacer caso a las necesidades del cuerpo y mientras actuaban estos tres pedorros nos dedicamos a comer y a ir al baño. Sin duda acciones mucho más interesantes que perdernos entre la marabunta de abducidos por el mainstream musical.
Hale, mañana lo de ayer. Besos para todos. Cal.
PD. Siempre me encuentro con alguien. En el Summer Case fue con Lagarto Chinaski y con Dawu (ex bloguero). Y con un chaval que viene conmigo todos los días en el autobús del trabajo que tiene unas patillas en plan Curro Jiménez y que, de entre todo el tipo de ganado que se monta en dicho autobús, es de lo más potable.
Agenda
¡¡¡Me voy al Summer Case!!!
Besitos. Cal.
PD. Y el 27 a ver a los Who. Y en otoño a Mogwai, Muse (por tercera vez en mi vida), a Jamie Cullum, a Calexico (¿no tienen página web? Ay, dios mío en pleno siglo 21)... Eso sí, me pierdo el FIB y su pedazo cartelón de este año. Sniff, sniff.
PD 2. Aprovechando la coyuntura, ¿hay alguien por ahí al que le sobre una entrada para ver a Pearl Jam el próximo 7 de Septiembre? ¿Sí? Pues que se ponga en contacto conmigo que ¡¡¡se la compro!!!
Besitos. Cal.
PD. Y el 27 a ver a los Who. Y en otoño a Mogwai, Muse (por tercera vez en mi vida), a Jamie Cullum, a Calexico (¿no tienen página web? Ay, dios mío en pleno siglo 21)... Eso sí, me pierdo el FIB y su pedazo cartelón de este año. Sniff, sniff.
PD 2. Aprovechando la coyuntura, ¿hay alguien por ahí al que le sobre una entrada para ver a Pearl Jam el próximo 7 de Septiembre? ¿Sí? Pues que se ponga en contacto conmigo que ¡¡¡se la compro!!!
Un viernes cualquiera
Viernes noche, mi pueblo. Sesión golfa del cine –el multisala y único que queda- viendo sola francamente no sé qué película (algún bodrio de los que me suelen interesar para que no viniera ninguno de mis colegas conmigo).
Tres adolescentes a punto de abandonar la pubertad con palomitas de maíz para dar de comer a todo un regimiento se sientan a mi lado. Muy monas ellas, arregladitas para salir después a ligotear por ahí. Me figuro.
Una de ellas –la que se sienta en medio- lleva una alucinante camiseta de la gira The Dark Side of the Moon con el característico prisma lanzando un haz de luz irisada sobre un fondo negro que no sé de dónde demonios a podido sacar (ni yo había nacido cuando aquella gira recorría el ancho mundo). Preciosa, y no es amor de fan, que conste.
La más bajita de todas le pregunta a la de en medio:
- ¿Y esa camiseta de qué es?
- No sé... Me parece que de un grupo de música de la época de mis padres... –esta es la dueña del trapillo.
- Qué chula –sisea desinteresada la tercera mientras se apagan las luces.
- Pshsss...
¿Chula? ¿Sólo chula?

El post se iba a quedar aquí. Lo escribí hace un montón de tiempo, poco después de que aconteciera, pero hoy adquiere una dimensión especial pues un viernes cualquiera, concretamente el pasado día 7, se moría Syd Barret –plácidamente- en su casita de Cambridge. Sólo es un pequeñísimo, diminuto, homenaje al que para mí ha sido uno de los mayores creadores musicales del siglo pasado hasta que el abuso de LSD le jugara una mala pasada.
Allá donde estés, y aunque tu cuelgue no va a dejar que lo aprecies, un beso tan especial como las sensaciones que tu música me han hecho apreciar. Cal.
Tres adolescentes a punto de abandonar la pubertad con palomitas de maíz para dar de comer a todo un regimiento se sientan a mi lado. Muy monas ellas, arregladitas para salir después a ligotear por ahí. Me figuro.
Una de ellas –la que se sienta en medio- lleva una alucinante camiseta de la gira The Dark Side of the Moon con el característico prisma lanzando un haz de luz irisada sobre un fondo negro que no sé de dónde demonios a podido sacar (ni yo había nacido cuando aquella gira recorría el ancho mundo). Preciosa, y no es amor de fan, que conste.
La más bajita de todas le pregunta a la de en medio:
- ¿Y esa camiseta de qué es?
- No sé... Me parece que de un grupo de música de la época de mis padres... –esta es la dueña del trapillo.
- Qué chula –sisea desinteresada la tercera mientras se apagan las luces.
- Pshsss...
¿Chula? ¿Sólo chula?

El post se iba a quedar aquí. Lo escribí hace un montón de tiempo, poco después de que aconteciera, pero hoy adquiere una dimensión especial pues un viernes cualquiera, concretamente el pasado día 7, se moría Syd Barret –plácidamente- en su casita de Cambridge. Sólo es un pequeñísimo, diminuto, homenaje al que para mí ha sido uno de los mayores creadores musicales del siglo pasado hasta que el abuso de LSD le jugara una mala pasada.
Allá donde estés, y aunque tu cuelgue no va a dejar que lo aprecies, un beso tan especial como las sensaciones que tu música me han hecho apreciar. Cal.
España, pandereta y olé
Acudo espantada a esta plaza pública. ¡Dios mío, qué imagen debemos dar los españolitos de a pie por ahí fuera! No voy a hablar de política, perdón, politiqueo (me muerdo la lengua hasta hacerme sangrar porque ganas me sobran con creces) ni de accidentes provocados por autoridades untadas de dinero en B que firman inspecciones sin ni siquiera mirar lo que están dando por bueno (que también me muerdo la lengua).
Estoy, digamos, avergonzada, tremendamente sofocada. Fijaos lo que me he encontrado en la bitácora Halón Disparado (asidua lectora, aunque no comentarista):

¿No os parece espantoso, horrible, espeluznante, abominable? Ya sin entrar en consideraciones técnicas a nivel de dirección de arte y grafismo... Dado que es mi oficio, podría escribir una tesina sobre el mal gusto con el único uso de este vomitivo anuncio.
Hale niños y niñas, después de esta horripilante imagen, desearos que paséis un feliz fin de semana. Ah, y si os acercáis o estáis en Valencia, en fin, me vuelvo a morder la lengua, total, ¿para qué?
Besos a raudales. Calamity.
Estoy, digamos, avergonzada, tremendamente sofocada. Fijaos lo que me he encontrado en la bitácora Halón Disparado (asidua lectora, aunque no comentarista):

¿No os parece espantoso, horrible, espeluznante, abominable? Ya sin entrar en consideraciones técnicas a nivel de dirección de arte y grafismo... Dado que es mi oficio, podría escribir una tesina sobre el mal gusto con el único uso de este vomitivo anuncio.
Hale niños y niñas, después de esta horripilante imagen, desearos que paséis un feliz fin de semana. Ah, y si os acercáis o estáis en Valencia, en fin, me vuelvo a morder la lengua, total, ¿para qué?
Besos a raudales. Calamity.
Desastre
En el hipotético caso de que estallara una guerra nuclear que asolara el noventa por ciento de la Tierra ( y yo fuera una superviviente...), que unos malvados terroristas consiguieran cargarse todos los sistemas informáticos que gestionan nuestras deudas e ingresos, nuestras hipotecas y lastres económicos, que los ríos no llevaran el suficiente agua como para abastecer a la población y los bosques no dieran abasto para purificar el aire que respiramos, que volviéramos a ser trogloditas y cazáramos animales salvajes para podernos alimentar... En ese no tan poco probable caso yo no serviría para absolutamente nada. Vamos, ni yo ni la totalidad de todos aquellos que gastamos ocho (o más) horas diarias de nuestra vida en proporcionar servicios a otras empresas.
Da que pensar, ¿no?
Besos para todos. Cal.
Da que pensar, ¿no?
Besos para todos. Cal.





