Me piro
Pues sí. Me voy. Hoy han comenzado mis vacaciones. Ninguna expectativa ni de buen rollito, ni de colegueo, ni mar, ni aceitunas en la hora del vermú. Y por supuesto ni rastro de Ibiza o de Palermo.
Un cagarro.
Hoy me puse nada más llegar a casa Crystal de New Order a volumen nuclear -mis vecinos me deben odiar- y me entró un buen rollito increíble que, a medida que se pasaban las horas, se iba desinflando como una colchoneta de playa (o sease, que me fui dando cuenta de la verdadera situación).
Me voy chicos/as, me voy. Pero, nada de lloros ni de plañideras tirándose del cabello: volveré en una semana. Besos. Cal.
PD. Odio hacerme mayor. ¿Dónde quedan aquellos maravillosos veranos? ¿dónde, dónde que no les encuentro?
Un cagarro.
Hoy me puse nada más llegar a casa Crystal de New Order a volumen nuclear -mis vecinos me deben odiar- y me entró un buen rollito increíble que, a medida que se pasaban las horas, se iba desinflando como una colchoneta de playa (o sease, que me fui dando cuenta de la verdadera situación).
Me voy chicos/as, me voy. Pero, nada de lloros ni de plañideras tirándose del cabello: volveré en una semana. Besos. Cal.
PD. Odio hacerme mayor. ¿Dónde quedan aquellos maravillosos veranos? ¿dónde, dónde que no les encuentro?
Provincias de segunda
Sigo desde lejos (esto significa que aún no he llamado a mi madre para que me cuente el chascarrillo mediático) y con total estupefacción lo que ha acontecido hace tres días en mi tierra. Al sur de Palencia, pero, en fin, aunque del norte, soy palentina (con “p” no con “v” que a más de uno he tenido que oir aquello de valenciana o, peor aún, palenciana).
Palencia, del mismo modo que Teruel, Soria y Zamora, existe. En Palencia no tenemos autovías ni autopistas. Bueno, empezamos a tener vías de comunicación relativamente decentes. Hace unos años atravesó la provincia la denominada Autovía de Santiago, una modernísima carretera que sigue el trayecto del Camino de Santiago desde Burgos hasta León, si mal no recuerdo. Curiosamente por el medio del trayecto bosquejado por ingenieros de carreteras y demás apareció esa zona desconocida denominada Palencia.
Ahora estamos construyendo otra autovía. Una que va a atravesar la provincia de norte a sur y unirá Santander con Valladolid. Por fin la playa va a quedar a menos de una hora y media larga de camino, pese a que Santander y mi pueblo sólo se distancian en 106 Kilómetros.
La Nacional 623/627 que une a Burgos con Aguilar de Campoo/Santander (vía Puerto del Escudo) tardó 10 años en hacerse. Cuando la finalizaron ya había que poner parches en uno de sus extremos.
De hospitales casi mejor ni hablamos. Todo el norte palentino está completamente desatendido. Como te dé un infarto en, no sé, Guardo, despídete porque el hospital “autorizado” más cercano –Hospital Río Carrión- está a ciento y pico kilómetros. Contando con que sólo existen carreteras comarcales y pocas ambulancias... Lo dicho, despídete o reza a San Judas Tadeo. Por ciertas zonas de Palencia encontrarás a mucha gente nacida en taxis, ambulancias, coches particulares o en Reinosa, localidad cántabra que tiene un hospital, pero, claro, está el tema de las competencias y la burocracia de mierda, así que más vale que te acerques a la capital campurriana con la cabeza en la mano que sino, hala, de nuevo para Palencia y a joderte porque te has tragado 60 kilómetros –ida y vuelta- a lo tonto.
Así que no me extraña absolutamente nada que haya descarrilado un tren en Villada. Podía haber pasado en cualquier lugar de Palencia. En Villada, en Dueñas, en Venta de Baños, en Monzón de Campos, en Aguilar de Campoo, en Alar del Rey o en Osorno.
Voy a ser muy franca: la RENFE en Palencia es una mierda. Tal cual. Soy usuaria desde que tengo uso de razón y sé de lo que hablo. Hablo de trenes del año de la pun, sin aire acondicionado ni calefacción, con asientos de los antiguos (de esos rojos de falsa piel; los están empezando a cambiar), con paredes de plástico imitando madera y mamparas de cristal para colgar publicidad (mira, este aspecto sí que le cuidan).
De trenes que, como los tengas que coger en puente o en fin/principio de vacaciones, la has cagado. Aquello es la guerra: no hay asientos suficientes para toda la gente que sube y, por supuesto, no enganchan más vagones porque dicen que la línea es deficitaria (posiblemente lo sea porque Palencia se está despoblando, pero no hay que haber estudiado en Oxford para saber la afluencia de usuarios en ciertas fechas). Las plataformas van a tope de personas y maletas.
De retrasos continuos de 10, 15, 20 minutos habituales sin opción a reclamar porque se ríen de ti a la cara: ja, ja, ja, ja.
Hablo en definitiva de que a Palencia va a parar todo aquello que en otras provincias ya no es válido. ¿Os imagináis hacer un trayecto de más de 300 kilómetros en un tren cercanías con sus duros asientos de plástico? Pues aunque parezca mentira se hacen (podrían rodar un anuncio de Hemoal, les va niquelado, oye: “hostias, tengo que coger el regional Santander-Madrid y se me ha olvidado el Hemoal en casa. Me voy a cagar de dolor y picor y no precisamente en silencio”).
Hablo de que los palentinos tenemos que emigrar porque no hay trabajo para los jóvenes, ni siquiera en el campo después de la famosa PAC de la Unión Europea. Hablo de tantas y tantas cosas que, porque os he dicho que estoy hablando de Palencia, pero si lo hubiera sustituido por Rumanía habría colado el post de hoy ¿sí o no?
Así que, repitiéndome más que el ajo, no, no me extraña lo más mínimo que haya descarrilado un tren. Ni que fuera al triple de la velocidad permitida. Me aventuro a decir que, lejos de ser un fallo humano, esto ha sido un fallo de la máquina. Pero claro, ya entraremos en el juego de la legalidad al límite los publicistas y jefes para hacer uso del maquillaje informativo y decir vete tú a saber qué, cualquier cosa con tal de no admitir que, insisto, la RENFE en la provincia Palentina es una auténtica, redonda y maloliente mierda.
Uff, qué a gusto me he quedado. Hale, besitos de una palentina orgullosa de serlo. Cal.
Palencia, del mismo modo que Teruel, Soria y Zamora, existe. En Palencia no tenemos autovías ni autopistas. Bueno, empezamos a tener vías de comunicación relativamente decentes. Hace unos años atravesó la provincia la denominada Autovía de Santiago, una modernísima carretera que sigue el trayecto del Camino de Santiago desde Burgos hasta León, si mal no recuerdo. Curiosamente por el medio del trayecto bosquejado por ingenieros de carreteras y demás apareció esa zona desconocida denominada Palencia.
Ahora estamos construyendo otra autovía. Una que va a atravesar la provincia de norte a sur y unirá Santander con Valladolid. Por fin la playa va a quedar a menos de una hora y media larga de camino, pese a que Santander y mi pueblo sólo se distancian en 106 Kilómetros.
La Nacional 623/627 que une a Burgos con Aguilar de Campoo/Santander (vía Puerto del Escudo) tardó 10 años en hacerse. Cuando la finalizaron ya había que poner parches en uno de sus extremos.
De hospitales casi mejor ni hablamos. Todo el norte palentino está completamente desatendido. Como te dé un infarto en, no sé, Guardo, despídete porque el hospital “autorizado” más cercano –Hospital Río Carrión- está a ciento y pico kilómetros. Contando con que sólo existen carreteras comarcales y pocas ambulancias... Lo dicho, despídete o reza a San Judas Tadeo. Por ciertas zonas de Palencia encontrarás a mucha gente nacida en taxis, ambulancias, coches particulares o en Reinosa, localidad cántabra que tiene un hospital, pero, claro, está el tema de las competencias y la burocracia de mierda, así que más vale que te acerques a la capital campurriana con la cabeza en la mano que sino, hala, de nuevo para Palencia y a joderte porque te has tragado 60 kilómetros –ida y vuelta- a lo tonto.
Así que no me extraña absolutamente nada que haya descarrilado un tren en Villada. Podía haber pasado en cualquier lugar de Palencia. En Villada, en Dueñas, en Venta de Baños, en Monzón de Campos, en Aguilar de Campoo, en Alar del Rey o en Osorno.
Voy a ser muy franca: la RENFE en Palencia es una mierda. Tal cual. Soy usuaria desde que tengo uso de razón y sé de lo que hablo. Hablo de trenes del año de la pun, sin aire acondicionado ni calefacción, con asientos de los antiguos (de esos rojos de falsa piel; los están empezando a cambiar), con paredes de plástico imitando madera y mamparas de cristal para colgar publicidad (mira, este aspecto sí que le cuidan).
De trenes que, como los tengas que coger en puente o en fin/principio de vacaciones, la has cagado. Aquello es la guerra: no hay asientos suficientes para toda la gente que sube y, por supuesto, no enganchan más vagones porque dicen que la línea es deficitaria (posiblemente lo sea porque Palencia se está despoblando, pero no hay que haber estudiado en Oxford para saber la afluencia de usuarios en ciertas fechas). Las plataformas van a tope de personas y maletas.
De retrasos continuos de 10, 15, 20 minutos habituales sin opción a reclamar porque se ríen de ti a la cara: ja, ja, ja, ja.
Hablo en definitiva de que a Palencia va a parar todo aquello que en otras provincias ya no es válido. ¿Os imagináis hacer un trayecto de más de 300 kilómetros en un tren cercanías con sus duros asientos de plástico? Pues aunque parezca mentira se hacen (podrían rodar un anuncio de Hemoal, les va niquelado, oye: “hostias, tengo que coger el regional Santander-Madrid y se me ha olvidado el Hemoal en casa. Me voy a cagar de dolor y picor y no precisamente en silencio”).
Hablo de que los palentinos tenemos que emigrar porque no hay trabajo para los jóvenes, ni siquiera en el campo después de la famosa PAC de la Unión Europea. Hablo de tantas y tantas cosas que, porque os he dicho que estoy hablando de Palencia, pero si lo hubiera sustituido por Rumanía habría colado el post de hoy ¿sí o no?
Así que, repitiéndome más que el ajo, no, no me extraña lo más mínimo que haya descarrilado un tren. Ni que fuera al triple de la velocidad permitida. Me aventuro a decir que, lejos de ser un fallo humano, esto ha sido un fallo de la máquina. Pero claro, ya entraremos en el juego de la legalidad al límite los publicistas y jefes para hacer uso del maquillaje informativo y decir vete tú a saber qué, cualquier cosa con tal de no admitir que, insisto, la RENFE en la provincia Palentina es una auténtica, redonda y maloliente mierda.
Uff, qué a gusto me he quedado. Hale, besitos de una palentina orgullosa de serlo. Cal.
Ella
Quiero terminar como una gata.
Beber leche en cuencos de barro.
Comer pescado fresco y helechos.
Quiero ser una gata para sentarme
entre los libros que esperan a ser leídos.
Dejar mis pelos por toda la casa.
Arañarte las piernas.
Quiero terminar como una gata,
para que me hables cuando estás solo,
convencido de que nunca te voy a comprender.
Romperte papeles importantes.
Esconder tus objetos de valor.
Quiero ser una gata para de noche subir a los tejados
Y oirte desesperado llamarme:
Miau, miau, miau..
Zoé Valdés

Ella es Tula. Mi gata. Nuestra gata (de mi adorado y mía).
Llegó a casa en el día de la bestia, antes incluso de que el nuevo zulo madrileño estuviera habitado definitivamente. Estuvo trasteando entre cajas, libros, cedés y ropa y ayudando -a su manera- a realizar la mudanza.
En estos meses ha ido acoplándose a la vida con sus nuevos hermanos, muy raros ellos. El uno con cuatro patas, pelo y orejas grandes, pero que en vez de decir miau dice guau y tiene unas babas grandísimas (el muy cochino, pensará, mientras se acicala con sus patitas). Los otros cuatro sólo tienen dos patas y ¡vuelan! (como me gustaría cogerlos, pensará, mientras escruta el terreno desde el puf rojo de casa).
Y a sus nuevos padres. No existe mejor sitio para sestear que la hinchada barriga de la nueva madre, ni mejor juguete que la mano de su nuevo padre.
Y de su abuela. Porque ahora ella está de vacaciones. Y duerme toda las noches en la cama con la abuela (que nunca había dejado entrar a un animal cuadrúpedo a su catre, ¡válgame el cielo, un animal!).
La echo de menos. Nadie viene ahora a la puerta a maullarme mimosamente cuando aparezco con los mil bártulos del trabajo cansada como la que más por la puerta negándome el descanso del guerrero en pro de miles de piruetas y juegos gatunos. Ya queda menos. Exactamente cinco días.
Feliz comienzo de semana. Cal.
PD. El poema de Zoé Valdés -no os lo vais a creer- sólo lo he encontrado en portugués, así que tiene una traducción ad hoc de las mías. Honestamente mi portugués no es muy bueno, así que si conocéis el original, os agradecería que me lo enviáseis: missscalamity(arroba)yahoo.es
Beber leche en cuencos de barro.
Comer pescado fresco y helechos.
Quiero ser una gata para sentarme
entre los libros que esperan a ser leídos.
Dejar mis pelos por toda la casa.
Arañarte las piernas.
Quiero terminar como una gata,
para que me hables cuando estás solo,
convencido de que nunca te voy a comprender.
Romperte papeles importantes.
Esconder tus objetos de valor.
Quiero ser una gata para de noche subir a los tejados
Y oirte desesperado llamarme:
Miau, miau, miau..
Zoé Valdés

Ella es Tula. Mi gata. Nuestra gata (de mi adorado y mía).
Llegó a casa en el día de la bestia, antes incluso de que el nuevo zulo madrileño estuviera habitado definitivamente. Estuvo trasteando entre cajas, libros, cedés y ropa y ayudando -a su manera- a realizar la mudanza.
En estos meses ha ido acoplándose a la vida con sus nuevos hermanos, muy raros ellos. El uno con cuatro patas, pelo y orejas grandes, pero que en vez de decir miau dice guau y tiene unas babas grandísimas (el muy cochino, pensará, mientras se acicala con sus patitas). Los otros cuatro sólo tienen dos patas y ¡vuelan! (como me gustaría cogerlos, pensará, mientras escruta el terreno desde el puf rojo de casa).
Y a sus nuevos padres. No existe mejor sitio para sestear que la hinchada barriga de la nueva madre, ni mejor juguete que la mano de su nuevo padre.
Y de su abuela. Porque ahora ella está de vacaciones. Y duerme toda las noches en la cama con la abuela (que nunca había dejado entrar a un animal cuadrúpedo a su catre, ¡válgame el cielo, un animal!).
La echo de menos. Nadie viene ahora a la puerta a maullarme mimosamente cuando aparezco con los mil bártulos del trabajo cansada como la que más por la puerta negándome el descanso del guerrero en pro de miles de piruetas y juegos gatunos. Ya queda menos. Exactamente cinco días.
Feliz comienzo de semana. Cal.
PD. El poema de Zoé Valdés -no os lo vais a creer- sólo lo he encontrado en portugués, así que tiene una traducción ad hoc de las mías. Honestamente mi portugués no es muy bueno, así que si conocéis el original, os agradecería que me lo enviáseis: missscalamity(arroba)yahoo.es
Saber o no saber. Esa es la cuestión
No voy a hacer una crítica a la archiconocida duda ontológica del teatro anglosajón –ser o no ser- que Hamlet, príncipe cliclotímico donde los haya, se cuestionaba frente a la calavera de un antepasado suyo encontrada en la cripta del palacio. No. Es infinitamente más simple.
Últimamente (tampoco quiero extenderme haciendo una retrospectiva del cine comprometido y/o con causa... No, no, no. Me gustan Costa Gavras y Ken Loach, entre otros, pero no estoy hablando del Séptimo Arte aquí) el cine trata de hacernos reflexionar sobre la situación actual (o pasada cercana) del mundo en el que vivimos. Yo no sé si es por eso de que se trata de un medio de comunicación de masas o qué, pero en poco tiempo he visto un par o tres de películas que, francamente, te hacen pensar si es importante o no saber lo que acontece en este cada día más podrido mundo.
La respuesta es, bajo mi punto de vista, que es mejor saber que no saber. Tal vez porque he estudiado periodismo, aunque no ejerza. Tal vez porque, en el fondo y por mucho que luche por no saber algunas cosas que me producen urticaria en el alma, soy tremendamente curiosa. Tal vez porque me siento humana y en cambio ajena a ciertas actuaciones de ciertos humanos. No lo sé.

Ayer fui a ver El Señor de la Guerra y lo mismo que me sucedió con películas como Syriana, El jardinero fiel -sobre todo en ésta-, Hotel Rwanda, Amar peligrosamente y Paradise now salí del cine desolada, muy triste y taciturna (y callarme a mí es un auténtico milagro).
Sinceramente no sé a qué atienden algunas actuaciones de los seres humanos que no respondan al poder y el dinero. Única y exclusivamente. No sé qué legado quieren dejar a sus hijos. Es más, no sé siquiera como son capaces de tener hijos. Creo que no se han parado a pensar en el mundo que van a heredar sus vástagos. A lo mejor es que ellos prefieren cerrar los ojos y dejar que todo fluya al tiempo... Y eso me duele, me duele infinitamente porque yo sí sé y sí tengo los ojos abiertos.
Da qué pensar, ¿no?
P.D. Os aconsejo que la vayáis a ver en versión original subtitulada pues sólo así podréis entender porqué se titula The Lord of War y no War Lord que es como correctamente se tendría que decir debido a que los anglo parlantes tienen una peculiaridad lingüística llamada genitivo sajón (y nosotros no).
Últimamente (tampoco quiero extenderme haciendo una retrospectiva del cine comprometido y/o con causa... No, no, no. Me gustan Costa Gavras y Ken Loach, entre otros, pero no estoy hablando del Séptimo Arte aquí) el cine trata de hacernos reflexionar sobre la situación actual (o pasada cercana) del mundo en el que vivimos. Yo no sé si es por eso de que se trata de un medio de comunicación de masas o qué, pero en poco tiempo he visto un par o tres de películas que, francamente, te hacen pensar si es importante o no saber lo que acontece en este cada día más podrido mundo.
La respuesta es, bajo mi punto de vista, que es mejor saber que no saber. Tal vez porque he estudiado periodismo, aunque no ejerza. Tal vez porque, en el fondo y por mucho que luche por no saber algunas cosas que me producen urticaria en el alma, soy tremendamente curiosa. Tal vez porque me siento humana y en cambio ajena a ciertas actuaciones de ciertos humanos. No lo sé.

Ayer fui a ver El Señor de la Guerra y lo mismo que me sucedió con películas como Syriana, El jardinero fiel -sobre todo en ésta-, Hotel Rwanda, Amar peligrosamente y Paradise now salí del cine desolada, muy triste y taciturna (y callarme a mí es un auténtico milagro).
Sinceramente no sé a qué atienden algunas actuaciones de los seres humanos que no respondan al poder y el dinero. Única y exclusivamente. No sé qué legado quieren dejar a sus hijos. Es más, no sé siquiera como son capaces de tener hijos. Creo que no se han parado a pensar en el mundo que van a heredar sus vástagos. A lo mejor es que ellos prefieren cerrar los ojos y dejar que todo fluya al tiempo... Y eso me duele, me duele infinitamente porque yo sí sé y sí tengo los ojos abiertos.
Da qué pensar, ¿no?
P.D. Os aconsejo que la vayáis a ver en versión original subtitulada pues sólo así podréis entender porqué se titula The Lord of War y no War Lord que es como correctamente se tendría que decir debido a que los anglo parlantes tienen una peculiaridad lingüística llamada genitivo sajón (y nosotros no).
La magia existe
No siempre que marcho para la Quinta de los Sustos es trabajo, trabajo y más trabajo. A veces el placer también hace acto de presencia. Tímido él siempre que voy a casa de mis padres, oye, pero este puente ha asomado su carita por mi vida.
Ni yo misma me lo puedo creer pero ¡hasta he disfrutado una tarde del jardín de mi casa en el pueblo! Eso sí, por la mañanita bien temprano –antes de que empezara a apretar el calor, no como en Córdoba, que en el norte de Palencia no pasamos de los treinta grados ni en sueños- podé el césped, aclimaté las aceras y pasillitos, regué los tiestos y saqué las tumbonas.
Por si fuera poco, hemos paseado por las eras ya huérfanas de trigo y cebada con mi enano pelirrojo, Floyd hasta el agotamiento más absoluto.
Hemos hecho las presentaciones oportunas entre mi gata, Tula (ya os la daré a conocer; es más moooona ella), la gata, Valentina, y la perra, Luna, de Nina, y el conejo enano, D’Artagnan, de Maitetxu (estamos planteándonos lo de cobrar entrada para ver el zoo que hay montado en casa, je, je). Parece que tras tres días de enfrentamientos mutuos, se empiezan a “querer. ¡Menuda es Tula! Ja, a ella con jerarquías, vamos hombre.
Hemos salido de fiesta hasta las tantas (hacía muchíiiisimo que no lo hacía en mi pueblo, cosa de la cual ya empezaban a quejarse mis amigos). Concretamente hasta que mis pies se calaron con el agua mezclada con algo más en una fiesta de la espuma.
Hemos disfrutado del buen tiempo sentándonos en las terrazas al lado del río Pisuerga y de la Plaza de España para degustar calamares a la romana, que en mi pueblo se llaman rabas.
Hemos visto teatro callejero gracias al Festival ARCA que se viene celebrando en los últimos años.

Parte del espectáculo "Spanish Blood Sangría" de la compañía Teatro del Azar
Como podéis ver, puritita magia. Feliz comienzo de mini semana. Miss Calamity.
Ni yo misma me lo puedo creer pero ¡hasta he disfrutado una tarde del jardín de mi casa en el pueblo! Eso sí, por la mañanita bien temprano –antes de que empezara a apretar el calor, no como en Córdoba, que en el norte de Palencia no pasamos de los treinta grados ni en sueños- podé el césped, aclimaté las aceras y pasillitos, regué los tiestos y saqué las tumbonas.
Por si fuera poco, hemos paseado por las eras ya huérfanas de trigo y cebada con mi enano pelirrojo, Floyd hasta el agotamiento más absoluto.
Hemos hecho las presentaciones oportunas entre mi gata, Tula (ya os la daré a conocer; es más moooona ella), la gata, Valentina, y la perra, Luna, de Nina, y el conejo enano, D’Artagnan, de Maitetxu (estamos planteándonos lo de cobrar entrada para ver el zoo que hay montado en casa, je, je). Parece que tras tres días de enfrentamientos mutuos, se empiezan a “querer. ¡Menuda es Tula! Ja, a ella con jerarquías, vamos hombre.
Hemos salido de fiesta hasta las tantas (hacía muchíiiisimo que no lo hacía en mi pueblo, cosa de la cual ya empezaban a quejarse mis amigos). Concretamente hasta que mis pies se calaron con el agua mezclada con algo más en una fiesta de la espuma.
Hemos disfrutado del buen tiempo sentándonos en las terrazas al lado del río Pisuerga y de la Plaza de España para degustar calamares a la romana, que en mi pueblo se llaman rabas.
Hemos visto teatro callejero gracias al Festival ARCA que se viene celebrando en los últimos años.

Parte del espectáculo "Spanish Blood Sangría" de la compañía Teatro del Azar
Como podéis ver, puritita magia. Feliz comienzo de mini semana. Miss Calamity.
Cuarenta y seis grados
A las siete y media de la tarde y a la sombra... Todavía tengo la neurona cerebral achicharrada de calor.

Córdoba, en fin, muy bonita, ¡qué se puede decir de la capital de Oriente en Occidente! pero estuve deseando todo el rato -sobre todo el domingo- que llegara la hora de coger el tren y regresar a la fresquita capital del reino.
Sólo os diré que ni fotografiar pude (apenas dos carretes y medio). Sólo pensaba en frías aguas saltando entre mis piernas mientras me mojaban el pelo. ¡Qué calor por dios!

Córdoba, en fin, muy bonita, ¡qué se puede decir de la capital de Oriente en Occidente! pero estuve deseando todo el rato -sobre todo el domingo- que llegara la hora de coger el tren y regresar a la fresquita capital del reino.
Sólo os diré que ni fotografiar pude (apenas dos carretes y medio). Sólo pensaba en frías aguas saltando entre mis piernas mientras me mojaban el pelo. ¡Qué calor por dios!
Me myself, vamos, yo misma

Sí, sí, así me ven mis compañeros de trabajo en versión South Park (lo que ellos no sabían es que me chiflan los South Park -Kenny McCormick es mi favorito- así que me ha hecho una ilusión de la leche).
En lo que fui y vine del baño y estuve trasteando por la cocina del ofi-chalet, el escritorio de mi Mac había cambiado y aparecía la imagen de aquí arriba. Para que luego digáis que no me descubro ante la blogocosa. :P
La verdad es que están muy acertados. Eso sí, mis ojos son VERDES. No me canso de repetirlo pese a que la gente siempre diga que son azules. Ah, y nunca me pondría una gorrita violeta. Me sienta taaan mal ese color. Je, je, je.
Si queréis haceros vuestro propio muñeco South Park, sólo tenéis que pinchar aquí y seguir las divertidas instrucciones.
Besos para todos. Miss Calamity.





