Ô_ô
¡¡¡¡¡¡¡¡Me acaban de regalar un MacBook Pro de 1GB de ram y 2,16 GHz de velocidad!!!!!!!
Ya conocéis mi manía de poner nombre a cualquier objeto al que tomo aprecio (este lleva media hora conmigo y ya le quiero muuuucho, ja,ja,ja), ¿alguna sugerencia?
Hale, os dejo que mirad qué horas son estas y tengo que hacer un favorcillo por aquí a una personita (adorado tormento mío, ¡prepárate!) y levantarme dentro de, hmm, cinco horas y media (¡socorro!).
Ay, ay, ay.
Actualización a las 13.42 horas
Además del Mac, ¡¡¡me han renovado!!! Ja, ja, ni he leído el contrato (indefinido, si es que, no me lo merezco...) -sé que hago mal-, ni he hablado con los jefes, ni ná, pero en fin, ¿se puede entrar de mejor manera en los 31?
Sí, para los despistados, hoy es mi cumple.
Ya conocéis mi manía de poner nombre a cualquier objeto al que tomo aprecio (este lleva media hora conmigo y ya le quiero muuuucho, ja,ja,ja), ¿alguna sugerencia?
Hale, os dejo que mirad qué horas son estas y tengo que hacer un favorcillo por aquí a una personita (adorado tormento mío, ¡prepárate!) y levantarme dentro de, hmm, cinco horas y media (¡socorro!).
Ay, ay, ay.
Actualización a las 13.42 horas
Además del Mac, ¡¡¡me han renovado!!! Ja, ja, ni he leído el contrato (indefinido, si es que, no me lo merezco...) -sé que hago mal-, ni he hablado con los jefes, ni ná, pero en fin, ¿se puede entrar de mejor manera en los 31?
Sí, para los despistados, hoy es mi cumple.
Autobombo
Estamos -yo y mi circunstancia- en uno de esos días en los que te pones a hacer recuento de lo que ha ido aconteciendo en los últimos 365 días (Seis mil y pico archivos he borrado entre Mac y PC. Decenas de revistas y periódicos pasados de fecha que he tirado. Ropa y calzado que ya no se usa para aquellos que sí lo van a usar. Trastos fuera. Recolocación de libros y cedés. Llamadas pendientes y cálculos por aceptar. Etcétera) cuando ¡oh sorpresa! leyendo a Tato –perdóneme usted la familiaridad, José Tato, pero el tiempo da cierta confianza- me pone en un aprieto: que escoja el texto de esta sacro santa bitácora que más me gusta, del que más orgullosa me siento.
Esto hace inevitable que también revise lo que he ido escribiendo en este último año y medio. He tenido que hacer paradas técnicas, listas, sufragio y tomar decisiones (cosa que no me agrada mucho, soy muy cobarde), verme atacada por un acoso spam (¿?), darme cuenta que dos de los que más me gustan (uno sobre la Quinta de los Sustos y mi madre y otro sobre Alejandro Magno) están en mi anterior y muerto blog, irrecuperables para que al final...
the winner is ...
(se admiten sugerencias)
Después de esta relectura de mis atroces comeduras de tarro, he de agradecer in aeternum a muchos de vosotros que todavía sigáis leyendo este engendro cuya única función es enmascarar los relatos que nunca escribiré porque, por más que lo quiera, aspire, pretenda, desee, sufra y patalee, yo no soy escritora.
Además de la revisión, la cadena me insta a que apunte en la misma a dos blogueros más. Hmm, hay un refrán inglés que dice algo así como que cuando señalas a alguien con el dedo, otros tres estarán señalándote a ti... Me gustaría invitar a tal “tortura” a Amanda porque una vez recibí una misiva suya que, en fin, muy largo de explicar y si acaso se lo explicaré a ella, y a mi poeta Rythmduel. Por supuesto, siempre que ellos quieran.:)
He de admitir que ha sido tremendamente complicado escoger sólo uno. Os doy un poco la vara y os dejo con otros que también me han gustado mucho:
Finalistas
Nostálgicos
Simpáticos
Reivindicativos
Y una foto de mi propia cosecha que me encanta (cuanto más la miro, más me gusta).

Besillos a puntapala. Miss Calamity. :*********
PD.: Si es que, no puedo ser breve, por más que me lo proponga, ¡leches!. Se lo pediré este próximo año a los Reyes Magos de Oriente.
Esto hace inevitable que también revise lo que he ido escribiendo en este último año y medio. He tenido que hacer paradas técnicas, listas, sufragio y tomar decisiones (cosa que no me agrada mucho, soy muy cobarde), verme atacada por un acoso spam (¿?), darme cuenta que dos de los que más me gustan (uno sobre la Quinta de los Sustos y mi madre y otro sobre Alejandro Magno) están en mi anterior y muerto blog, irrecuperables para que al final...
the winner is ...
(se admiten sugerencias)
Después de esta relectura de mis atroces comeduras de tarro, he de agradecer in aeternum a muchos de vosotros que todavía sigáis leyendo este engendro cuya única función es enmascarar los relatos que nunca escribiré porque, por más que lo quiera, aspire, pretenda, desee, sufra y patalee, yo no soy escritora.
Además de la revisión, la cadena me insta a que apunte en la misma a dos blogueros más. Hmm, hay un refrán inglés que dice algo así como que cuando señalas a alguien con el dedo, otros tres estarán señalándote a ti... Me gustaría invitar a tal “tortura” a Amanda porque una vez recibí una misiva suya que, en fin, muy largo de explicar y si acaso se lo explicaré a ella, y a mi poeta Rythmduel. Por supuesto, siempre que ellos quieran.:)
He de admitir que ha sido tremendamente complicado escoger sólo uno. Os doy un poco la vara y os dejo con otros que también me han gustado mucho:
Finalistas
B.S. no O. Con los ojos de aquel que nunca ha visto
Nostálgicos
La descripción de una curva Chale El último eclipse del Siglo XX Las mejores amigas (I). Anita Terremoto
Simpáticos
Black & Decker Debate ontológico sobre el Discurso del Método Cartesiano Necedades Él
Reivindicativos
En un autobús Uno de diciembre (este también estaba entre mis finalistas)
Y una foto de mi propia cosecha que me encanta (cuanto más la miro, más me gusta).

Besillos a puntapala. Miss Calamity. :*********
PD.: Si es que, no puedo ser breve, por más que me lo proponga, ¡leches!. Se lo pediré este próximo año a los Reyes Magos de Oriente.
Coincidencias forzadas
Si, cuando acabe de escribir este documento, han llegado ya mis jefes, es que me van a renovar el contrato.
Este tipo de condicionante es lo que yo denomino una coincidencia forzada, esto es, tú deseas que suceda algo y para ello te pones un pequeño reto que en parte dependa de ti, pero en parte –gran parte- dependa del, digámoslo así, destino. Si consigo salir de casa antes de las 8.30 (y todavía estaba tres minutos antes con las planchas alisándome el pelo y sin vestir), llegaré puntual al curro. Cerré la puerta tras de mí a las 8.31. He llegado tardísimo.
¿Por qué me ha dado hoy por esta sublime estupidez cuando hay tantas cosas interesantes de las que hablar? Muy sencillo: en menos de tres días he visto dos películas en las que los personajes también se autoimponen este tipo de condiciones. Anoche veíamos en casa mi adorado y yo Largo domingo de noviazgo y nos quedamos atónitos cuando Matilde, el personaje interpretado por la archiconocida Audrie Tatou, pensaba para sus adentros “si entra Garbanzo –el perro- en mi habitación antes de que mi tío me venga a decir que está la comida lista, no-sé-qué”. Su tío entró a anunciarle lo previsto mientras que el perro se lo llevaba por delante para avasallar con amorosos lametazos a su dueña.

El sábado nos pasó lo mismo con otro film, esta vez de procedencia canadiense francófila, C.R.A.Z.Y.. ¿No lo habéis visto? Pues no sabéis lo que os perdéis. Por lo pronto una gozada de película aderezada con una banda sonora cerca de lo sublime (al menos para mí. Me acordé mucho de H., que me tiene enlazada con la estampa del prisma pinkfloydiano que tanto me gusta). Eso por no hablar de la belleza del actor Marc-André Grondin (vaya bollito de criatura).
El caso es que Zac, el personaje de Grondin, también se carga con retos del estilo. No os cuento más por si acaso la queréis ver.
De camino a casa sólo una pregunta rompió el silencio entre mi paquete y yo:
Con eso fue más que suficiente.
Ahora una curiosidad, ¿os pasa esto también a vosotros?
Por cierto, son las 10.35 y por aquí todavía no ha asomado ningún jefe...
Este tipo de condicionante es lo que yo denomino una coincidencia forzada, esto es, tú deseas que suceda algo y para ello te pones un pequeño reto que en parte dependa de ti, pero en parte –gran parte- dependa del, digámoslo así, destino. Si consigo salir de casa antes de las 8.30 (y todavía estaba tres minutos antes con las planchas alisándome el pelo y sin vestir), llegaré puntual al curro. Cerré la puerta tras de mí a las 8.31. He llegado tardísimo.
¿Por qué me ha dado hoy por esta sublime estupidez cuando hay tantas cosas interesantes de las que hablar? Muy sencillo: en menos de tres días he visto dos películas en las que los personajes también se autoimponen este tipo de condiciones. Anoche veíamos en casa mi adorado y yo Largo domingo de noviazgo y nos quedamos atónitos cuando Matilde, el personaje interpretado por la archiconocida Audrie Tatou, pensaba para sus adentros “si entra Garbanzo –el perro- en mi habitación antes de que mi tío me venga a decir que está la comida lista, no-sé-qué”. Su tío entró a anunciarle lo previsto mientras que el perro se lo llevaba por delante para avasallar con amorosos lametazos a su dueña.

El sábado nos pasó lo mismo con otro film, esta vez de procedencia canadiense francófila, C.R.A.Z.Y.. ¿No lo habéis visto? Pues no sabéis lo que os perdéis. Por lo pronto una gozada de película aderezada con una banda sonora cerca de lo sublime (al menos para mí. Me acordé mucho de H., que me tiene enlazada con la estampa del prisma pinkfloydiano que tanto me gusta). Eso por no hablar de la belleza del actor Marc-André Grondin (vaya bollito de criatura).
El caso es que Zac, el personaje de Grondin, también se carga con retos del estilo. No os cuento más por si acaso la queréis ver.
De camino a casa sólo una pregunta rompió el silencio entre mi paquete y yo:
- Rober, ¿tú haces como Zac en la peli, vamos, que si también eres de los que se ponen condiciones para que salgan o no cosas? Es que yo lo hago contínuamente.
- Mira, Cal, cuando salíamos del cine me dije a mi mismo que si había 18 escalones de bajada desde la Plaza de los Cubos hasta Martín de los Heros es que no estabas enfadada. Había sólo 16. Y estás cabreada, ¿me equivoco?
Con eso fue más que suficiente.
Ahora una curiosidad, ¿os pasa esto también a vosotros?
Por cierto, son las 10.35 y por aquí todavía no ha asomado ningún jefe...
Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto
Anoche, mientras doblaba la ropa que había tendido al menos dos días atrás, me asaltaba la idea de la mediocridad una y otra vez.
No es la primera vez que me pasa y estoy convencida de que no será la última que tal concepto irrumpa en mi quehacer cotidiano (¿será mi cercana onomástica la que me obliga a hacer recuento de la vida y sus avatares?).
Para no variar tales pensamientos tornaron mi carácter en absorto y taciturno.
Por supuesto que nadie, jamás, será excelente en todo lo que haga. Estoy convencida de que, no sé, Einstein sería un desastre con las tareas domésticas y que a Da Vinci le tendrían que recordar continuamente su agenda personal. Todos y cada uno de nosotros tenemos una parte, cuando no muchas o incluso todas, de mediocridad.
Pero sin duda la mediocridad que a mí me fastidia es aquella en la que precisamente no quieres serlo. A mí me da exactamente igual ser una curranta de clase media-media, tener un zulo (alquilado) de características vulgares, vestir a la moda sin ser un fashion victim, conducir un coche que no está ni bien ni mal, hablar por un móvil que no es el último modelo pero tampoco es jurásico, trabajar con un Mac hecho a medida con los componentes de otras cpu’s de Apple. Bah, esas son –como diría mi compañera de trabajo MC- boludeces (de la misma manera que es una soberana estupidez aquello de los 15 minutos de fama que Warhol escupió en vete tú a saber qué momento de su existencia).
Me refiero a lo verdaderamente importante, a lo que llama tu interés y te hace olvidarte del resto de cosas. A ti mismo, a tus pasiones internas. ¿Por qué aquí, en esas parcelas de la vida que cuidamos con mimo y ahínco, uno no tiene ni siquiera una pizca de brillantez?
Tal vez es que estoy cansada de empezar cientos (exagerada que soy. Dejémoslo en decenas) de proyectos que no conducen a ninguna parte, que, a la larga, te hacen sentir tremendamente mediocre y ridícula tan siquiera por haber imaginado que podrías hacerlo...
No sé si me explico (putas pajas mentales).
Perdonad mi abandono bloguero de los últimos días. Estoy de trabajo hasta las trancas y cuando llego a casa, raro es el día que me apetece encender el ordenata. Y, aunque me apeteciese, uno siempre tiene que rendirse a los deberes mediocres si quiere ir por la vida bien comido, bien vestido y bien apañado... Volvemos a lo mismo. ¡Ay, señor!
Mediocre:
(Del latín mediocris)
1. Adj. De calidad media.
2. Adj. De poco mérito, tirando a malo.
No es la primera vez que me pasa y estoy convencida de que no será la última que tal concepto irrumpa en mi quehacer cotidiano (¿será mi cercana onomástica la que me obliga a hacer recuento de la vida y sus avatares?).
Para no variar tales pensamientos tornaron mi carácter en absorto y taciturno.
Por supuesto que nadie, jamás, será excelente en todo lo que haga. Estoy convencida de que, no sé, Einstein sería un desastre con las tareas domésticas y que a Da Vinci le tendrían que recordar continuamente su agenda personal. Todos y cada uno de nosotros tenemos una parte, cuando no muchas o incluso todas, de mediocridad.
Pero sin duda la mediocridad que a mí me fastidia es aquella en la que precisamente no quieres serlo. A mí me da exactamente igual ser una curranta de clase media-media, tener un zulo (alquilado) de características vulgares, vestir a la moda sin ser un fashion victim, conducir un coche que no está ni bien ni mal, hablar por un móvil que no es el último modelo pero tampoco es jurásico, trabajar con un Mac hecho a medida con los componentes de otras cpu’s de Apple. Bah, esas son –como diría mi compañera de trabajo MC- boludeces (de la misma manera que es una soberana estupidez aquello de los 15 minutos de fama que Warhol escupió en vete tú a saber qué momento de su existencia).
Me refiero a lo verdaderamente importante, a lo que llama tu interés y te hace olvidarte del resto de cosas. A ti mismo, a tus pasiones internas. ¿Por qué aquí, en esas parcelas de la vida que cuidamos con mimo y ahínco, uno no tiene ni siquiera una pizca de brillantez?
Tal vez es que estoy cansada de empezar cientos (exagerada que soy. Dejémoslo en decenas) de proyectos que no conducen a ninguna parte, que, a la larga, te hacen sentir tremendamente mediocre y ridícula tan siquiera por haber imaginado que podrías hacerlo...
No sé si me explico (putas pajas mentales).
Perdonad mi abandono bloguero de los últimos días. Estoy de trabajo hasta las trancas y cuando llego a casa, raro es el día que me apetece encender el ordenata. Y, aunque me apeteciese, uno siempre tiene que rendirse a los deberes mediocres si quiere ir por la vida bien comido, bien vestido y bien apañado... Volvemos a lo mismo. ¡Ay, señor!
...
Aún hoy se me ponen los pelos como escarpias cuando veo las imágenes de un avión entrando en las Torres Gemelas del World Trade
Center de Nueva York como un cuchillo se clavaría dentro de un bloque de mantequilla. No lo puedo evitar.
Pocas personas -al menos de las que habitan en eso que llamamos Primer Mundo- no sabrán decirnos qué es lo que estaban haciendo el 11 de Septiembre de 2001 a la hora en que dos aviones se estampaban contra dos rascacielos neoyorquinos, un tercero lo hacía contra el Pentágono (este sí que es un misterio) y un cuarto acababa con la vida de toda la tripulación chocando contra el frío suelo de Pensilvania.
Yo estaba comiendo con mi adorado (que por aquel entonces era un puro y duro rollete). Después de comer había quedado con unos amigos para matar el tiempo en su casa. Estaba en el paro. Mientras el camarero servía los postres mi móvil registraba un mensaje sms en el que Mano -uno de los amigos- me decía: atntado cntra torres gemelas. q fuert. pon la tv. Ilusa de mí pensé que algo estaba pasando en la Torres Kio de Madrid.
Seguí comiendo más o menos tranquila. Rauda, eso sí, porque necesitaba saber qué estaba pasando, pero no asustada. Encaminé mis pasos hacia la boca de Metro más cercana y allí estaba todo el mundo paralizado viendo por la pantallas de la televisión lo que estaba sucediendo. Mi instinto me hizo creer que era una película con unos efectos especiales cojonudos... pero no. En la mayor parte de las ocasiones la realidad supera la ficción. Mis pies se quedaron clavados al pavimento del suburbano. No podía creerlo...
Cuando llegué a la casa de mis amigos en la calle Francos Rodríguez acababa de suceder algo extraño en el Pentágono. Jamás olvidaré aquella tarde.
Ni la del 11 de Marzo...
Ni el 7 de Julio...
Ni el 11 de Julio...
Ni tantos y tantos 11S que se producen continuamente en el mundo.
Os dejo con un link muy interesante. Se trata de un cómic que se titula The 9/11 Report en el que se cuenta la historia a modo de historieta (aún no lo he leído completamente, espero que no sea muy pro-bush, por dios). Pinchad aquí.
También Art Spliegleman –Premio Pullitzer por su cómic sobre el holocausto Maus- ha editado su visión particular del 11S a golpe de viñeta. No he encontrado ningún link interesante.
Y vosotros, ¿qué hacíais el 11S a las tres de la tarde?
Center de Nueva York como un cuchillo se clavaría dentro de un bloque de mantequilla. No lo puedo evitar.
Pocas personas -al menos de las que habitan en eso que llamamos Primer Mundo- no sabrán decirnos qué es lo que estaban haciendo el 11 de Septiembre de 2001 a la hora en que dos aviones se estampaban contra dos rascacielos neoyorquinos, un tercero lo hacía contra el Pentágono (este sí que es un misterio) y un cuarto acababa con la vida de toda la tripulación chocando contra el frío suelo de Pensilvania.
Yo estaba comiendo con mi adorado (que por aquel entonces era un puro y duro rollete). Después de comer había quedado con unos amigos para matar el tiempo en su casa. Estaba en el paro. Mientras el camarero servía los postres mi móvil registraba un mensaje sms en el que Mano -uno de los amigos- me decía: atntado cntra torres gemelas. q fuert. pon la tv. Ilusa de mí pensé que algo estaba pasando en la Torres Kio de Madrid.
Seguí comiendo más o menos tranquila. Rauda, eso sí, porque necesitaba saber qué estaba pasando, pero no asustada. Encaminé mis pasos hacia la boca de Metro más cercana y allí estaba todo el mundo paralizado viendo por la pantallas de la televisión lo que estaba sucediendo. Mi instinto me hizo creer que era una película con unos efectos especiales cojonudos... pero no. En la mayor parte de las ocasiones la realidad supera la ficción. Mis pies se quedaron clavados al pavimento del suburbano. No podía creerlo...
Cuando llegué a la casa de mis amigos en la calle Francos Rodríguez acababa de suceder algo extraño en el Pentágono. Jamás olvidaré aquella tarde.
Ni la del 11 de Marzo...
Ni el 7 de Julio...
Ni el 11 de Julio...
Ni tantos y tantos 11S que se producen continuamente en el mundo.
Os dejo con un link muy interesante. Se trata de un cómic que se titula The 9/11 Report en el que se cuenta la historia a modo de historieta (aún no lo he leído completamente, espero que no sea muy pro-bush, por dios). Pinchad aquí.
También Art Spliegleman –Premio Pullitzer por su cómic sobre el holocausto Maus- ha editado su visión particular del 11S a golpe de viñeta. No he encontrado ningún link interesante.
Y vosotros, ¿qué hacíais el 11S a las tres de la tarde?
Larga vida a iPop
Esta es la frase que salía de la garganta de J -cantante de los Planetas- hace apenas cinco minutos. Ahora suenan como una puñetera apisonadora mientras aparecen los últimos títulos de crédito de uno de los mejores programas musicales que han existido en los últimos años en esta pútrida televisión que tenemos (¿y nos merecemos? quizá).
Ayer por la tarde mientas escuchaba "Diario Pop" en Radio 3 Jesús Ordovás, su director y -aunque no comulgue a pies juntillas con sus gustos musicales- visionario musical español nos hacía partícipes de una noticia: hoy iba a ser el último iPop. Este magnífico programa que nos ha acompañado durante ciento y pico programas echa el cierre.
Pues, qué quereis que os diga. Que me parece una pena. Que me da lástima que nos cierren una puerta más hacia la Cultura. Que me horroriza que los únicos programas "válidos" sean enjendros guionísticos como las mejores 40 canciones de la historia presentado por la insípida Sira en las que cuando hablan de, por ejemplo, música de baile sólo aparecen los Bee Gees y Beyoncé. ¡Venga hombre!
Comentaba Ordovás que no le habían dado ninguna justificación al cierre del programa. Creo que, visto lo visto, casi no hace falta. Hoy en día o te rindes a OTes espantosos o programas aquello que se vende como rosquillas o nada, a la mierda.
Siento enormemente que un gran programa como ha sido iPop haya desaparecido de la parrilla televisiva. Sólo espero que cadenas más inteligentes que no se rinden ante el vil metal únicamente -sin contar con La 2 por razones obvias- concedan un espacio a este magnífico programa.
Qué rabia.
Ayer por la tarde mientas escuchaba "Diario Pop" en Radio 3 Jesús Ordovás, su director y -aunque no comulgue a pies juntillas con sus gustos musicales- visionario musical español nos hacía partícipes de una noticia: hoy iba a ser el último iPop. Este magnífico programa que nos ha acompañado durante ciento y pico programas echa el cierre.
Pues, qué quereis que os diga. Que me parece una pena. Que me da lástima que nos cierren una puerta más hacia la Cultura. Que me horroriza que los únicos programas "válidos" sean enjendros guionísticos como las mejores 40 canciones de la historia presentado por la insípida Sira en las que cuando hablan de, por ejemplo, música de baile sólo aparecen los Bee Gees y Beyoncé. ¡Venga hombre!
Comentaba Ordovás que no le habían dado ninguna justificación al cierre del programa. Creo que, visto lo visto, casi no hace falta. Hoy en día o te rindes a OTes espantosos o programas aquello que se vende como rosquillas o nada, a la mierda.
Siento enormemente que un gran programa como ha sido iPop haya desaparecido de la parrilla televisiva. Sólo espero que cadenas más inteligentes que no se rinden ante el vil metal únicamente -sin contar con La 2 por razones obvias- concedan un espacio a este magnífico programa.
Qué rabia.
Nada para los pobres. Todo con los pobres.
Con esta frase tan significativa nos invita a pasear Nicolás Castellanos –ex obispo de Palencia desde 1991- por los caminos del proyecto Hombres Nuevos, su nueva utopía.
Mirad, os podría hablar de miles de cosas, baladíes la mayoría, de que hoy me voy de concierto (Sabina. Albanta, pensaré en ti) y de que mañana también (Pearl Jam. Sí, conseguí una entrada, de hecho conseguí cinco). De que me ha sentado fenomenal la vuelta al cole, que estoy lejos, muy lejos, de depresiones post vacacionales, de que me siento cada vez mejor en mi nuevo zulo madrileño tras tres meses de (súper)vivencia en él... Lo que pasa es que cuando oyes por la radio a personas como éste señor toda tu vida se relativiza y comienzas a pensar en otras cosas.
Hace ya mucho tiempo que dejé de creer en Dios (sí con mayúsculas puesto que así lo denominan los cristianos). De hecho ciertas manifestaciones religiosas (católicas la mayoría por ser la más cercana a mi ser, lo cual no significa que estén exentas todas las demás) me producen una repulsa absoluta. Eso sí, apostaría mis dos brazos a que si las cúpulas del –en este caso- catolicismo estuvieran “gobernadas” por personas como monseñor Castellanos sería una fiel y devota seguidora de sus enseñanzas. Fijo.
Nicolás Castellanos fue durante mucho tiempo nuestro obispo (aquí una palentina :D). Lo recuerdo perfectamente un día, muy de mañana, bajando los peldaños del tren en la estación de RENFE en mi pueblo. Él, con su traje gris, sus gafas cuadradas con cristales ligeramente tintados y con alzacuellos, se mostró cercano y familiar con todos los que allí nos encontrábamos. Sin aspavientos, sin periodistas persiguiendo, ni coches con chofer. Sin secretario. Sin halo de divinidad. Sin haber anunciado a los cuatro vientos que iba a dar una misa en la colegiata de mi pueblo. Cálido y humano.
Aún resuenan en mi cabecita el regaño de mis padres cuando, ni corta ni perezosa, me acerqué a aquel señor, le tiré de la chaqueta y, mirando hacia arriba (tendría unos seis u ocho años) le pregunté con la más absoluta normalidad: “Oye, tú eres el obispo ¿no?”. Y él sonriendo me dijo que sí y charló un rato conmigo ante el estupor de mis padres que no sabían donde meterse de la vergüenza.
Toda mi (corta) vida de católica convencida soñé con que ese hombre me confirmara (sí, estoy confirmada, qué pasa). Pero no fue así. Nicolás Castellanos dejó su cómodo puesto en la archidiócesis de Palencia para dedicarse a quien verdaderamente lo necesita. Nos dejó y se fue a Bolivia hace ya 13 años. Pero nadie que haya seguido sus pasos de cerca puede echárselo en cara.
Hace poco le han empezado a reconocer su labor. Todos aquellos que lo conocemos siempre le hemos admirado. Por su valentía y arrojo. Por su decisión. Por, en definitiva, ser como es.
Os dejo con una frase suya que podréis encontrar en la página web www.hombresnuevos.org:
Ah, por cierto, que todo esto viene, entre otras cosas, porque el próximo viernes día 8 es el Día Internacional del Cooperante (yo me pregunto ¿existirá algún día del calendario que no sea día internacional de algo? inquietante).
Besos a mares. Cal.
Mirad, os podría hablar de miles de cosas, baladíes la mayoría, de que hoy me voy de concierto (Sabina. Albanta, pensaré en ti) y de que mañana también (Pearl Jam. Sí, conseguí una entrada, de hecho conseguí cinco). De que me ha sentado fenomenal la vuelta al cole, que estoy lejos, muy lejos, de depresiones post vacacionales, de que me siento cada vez mejor en mi nuevo zulo madrileño tras tres meses de (súper)vivencia en él... Lo que pasa es que cuando oyes por la radio a personas como éste señor toda tu vida se relativiza y comienzas a pensar en otras cosas.
Hace ya mucho tiempo que dejé de creer en Dios (sí con mayúsculas puesto que así lo denominan los cristianos). De hecho ciertas manifestaciones religiosas (católicas la mayoría por ser la más cercana a mi ser, lo cual no significa que estén exentas todas las demás) me producen una repulsa absoluta. Eso sí, apostaría mis dos brazos a que si las cúpulas del –en este caso- catolicismo estuvieran “gobernadas” por personas como monseñor Castellanos sería una fiel y devota seguidora de sus enseñanzas. Fijo.
Nicolás Castellanos fue durante mucho tiempo nuestro obispo (aquí una palentina :D). Lo recuerdo perfectamente un día, muy de mañana, bajando los peldaños del tren en la estación de RENFE en mi pueblo. Él, con su traje gris, sus gafas cuadradas con cristales ligeramente tintados y con alzacuellos, se mostró cercano y familiar con todos los que allí nos encontrábamos. Sin aspavientos, sin periodistas persiguiendo, ni coches con chofer. Sin secretario. Sin halo de divinidad. Sin haber anunciado a los cuatro vientos que iba a dar una misa en la colegiata de mi pueblo. Cálido y humano.
Aún resuenan en mi cabecita el regaño de mis padres cuando, ni corta ni perezosa, me acerqué a aquel señor, le tiré de la chaqueta y, mirando hacia arriba (tendría unos seis u ocho años) le pregunté con la más absoluta normalidad: “Oye, tú eres el obispo ¿no?”. Y él sonriendo me dijo que sí y charló un rato conmigo ante el estupor de mis padres que no sabían donde meterse de la vergüenza.
Toda mi (corta) vida de católica convencida soñé con que ese hombre me confirmara (sí, estoy confirmada, qué pasa). Pero no fue así. Nicolás Castellanos dejó su cómodo puesto en la archidiócesis de Palencia para dedicarse a quien verdaderamente lo necesita. Nos dejó y se fue a Bolivia hace ya 13 años. Pero nadie que haya seguido sus pasos de cerca puede echárselo en cara.
Hace poco le han empezado a reconocer su labor. Todos aquellos que lo conocemos siempre le hemos admirado. Por su valentía y arrojo. Por su decisión. Por, en definitiva, ser como es.
Os dejo con una frase suya que podréis encontrar en la página web www.hombresnuevos.org:
Miro para adelante y me seduce la utopía en este mundo de después de las utopías o de la "utopía cautiva". Todo es gracia, todo es don; llamada a la esperanza creativa, a la militancia de la vida, a la amistad, como manera de ser y estar en el mundo, a la itinerancia por el camino de los pobres, donde sin querer sueñas con una Iglesia, Misterio y Pueblo de Dios, más "pequeña", más profética, que promueve el protagonismo de la mujer y de los laicos, con gestos concretos, y se pierde, identifica y es Reino, sólo Reino, que es lo que anunció Jesús.
Ah, por cierto, que todo esto viene, entre otras cosas, porque el próximo viernes día 8 es el Día Internacional del Cooperante (yo me pregunto ¿existirá algún día del calendario que no sea día internacional de algo? inquietante).
Besos a mares. Cal.
De vuelta
Ay -suspiro profundo y quejoso- ya estamos por aquí de nuevo. No me pidáis que os cuente lo que han sido las mini vacaciones porque, aunque no os lo creáis, han sido aún peores que lo que vaticinaba en mi anterior entrada. Encima de aburidíiiiiisimas me he llevado algún que otro chasco que no viene a bien contar aquí. C'est la vie que diría un francés.
Eso sí, vengo reivindicativa. Mucho (mierda de mundo, leche, qué pena ver las noticias, en serio). Así que me uno a las propuesta que desde su bitácora ha hecho Ernesto y que, por lo que en el poquito tiempo que llevo blogueando he podido ver, han seguido varios de los bloggers a los que habitualmente leo.

Parafraseando a Santos Domínguez, poeta que se ha sumado a esta propuesta: "abstenerse anónimos recalcitrantes y expertos en bibliografía sobre conflictos".
He dicho. Besotes para todos. Miss Calamity
Eso sí, vengo reivindicativa. Mucho (mierda de mundo, leche, qué pena ver las noticias, en serio). Así que me uno a las propuesta que desde su bitácora ha hecho Ernesto y que, por lo que en el poquito tiempo que llevo blogueando he podido ver, han seguido varios de los bloggers a los que habitualmente leo.

Parafraseando a Santos Domínguez, poeta que se ha sumado a esta propuesta: "abstenerse anónimos recalcitrantes y expertos en bibliografía sobre conflictos".
He dicho. Besotes para todos. Miss Calamity





