Qué de sin razón
El día más agradable del mundo, el paseo más cálido (y a la vez pasado por agua) que pueda existir, el Oporto más vintage que se pueda degustar y un sinfín de eventos agradables, se pueden ver truncados de golpe cuando al llegar al Hotel (precioso hotel) en el que estamos alojados enciendes el televisor y ves las noticias.
De nuevo el horror. El horror en Espanha (en Portugal no existe la tecla "enhe"). El aparcamiento de la T4 reventado. Caos. Dos personas, ecuatorianos que nada tienen que ver en esta particular "batalla" desaparecidos. La ansiada Paz a la mierda.
Otegui, chico, me da igual que digáis que todavía estáis abiertos al diálogo cuando ayer sólo demostrásteis entender un único lenguaje: la violencia. Qué triste me siento ahora, decepcionada, después de haber creído que en vosotros, sí vosotros etarras, todavía existía una pizca de humanidad.
Qué impotente viendo cómo nuestros dirigentes han desprovechado esta magnífica oportunidad sólo por ganar unos cuantos votos más... Únicamente polémica cuando lo que tenía que a haber exitido era consenso y apoyo...
(y no quiero hablar del extanjero que tela marinera. Quitar la vida a un asesino, por mucho juicio que haya por el medio, es ponerse a su altura).
De nuevo el horror. El horror en Espanha (en Portugal no existe la tecla "enhe"). El aparcamiento de la T4 reventado. Caos. Dos personas, ecuatorianos que nada tienen que ver en esta particular "batalla" desaparecidos. La ansiada Paz a la mierda.
Otegui, chico, me da igual que digáis que todavía estáis abiertos al diálogo cuando ayer sólo demostrásteis entender un único lenguaje: la violencia. Qué triste me siento ahora, decepcionada, después de haber creído que en vosotros, sí vosotros etarras, todavía existía una pizca de humanidad.
Qué impotente viendo cómo nuestros dirigentes han desprovechado esta magnífica oportunidad sólo por ganar unos cuantos votos más... Únicamente polémica cuando lo que tenía que a haber exitido era consenso y apoyo...
(y no quiero hablar del extanjero que tela marinera. Quitar la vida a un asesino, por mucho juicio que haya por el medio, es ponerse a su altura).
A lo Colombo
Por suerte o por desgracia en mi trabajo no me exigen ir disfrazada. Por suerte porque así vengo como me da la gana (respetando unas normas no escritas que casi todos conocemos). Por desgracia porque ponerse el uniforme, en este caso traje de chaqueta, te evita algún que otro quebradero de cabeza matinal.
Vamos, que raro es el día en el que me tengo que esconder tras la careta del hombre gris. Así que difundo el Calamity’s Style :P allá por donde mis posaderas se asientan. Ah, que, ¿cómo es ese estilo? Pues no sé. Como buena hija de mi tiempo que soy (y no os creáis que vosotros no lo sois, que os estoy viendo) el eclecticismo marca la pauta en mi vestimenta. No en vano el Grunge -eso sí, cuidado y limpio- era lo que se estilaba por aquellos ya lejanos años 90 (me estoy acordando ahora de mi Nick Cave... y no me preguntéis porqué).
El caso es que hoy han confluido una serie de elementos para que dicho estilo se haya ido a la mierda directamente: me he puesto cienes y cienes de veces mi camisa blanca (de hecho es una camisa que fuera del trabajo, qué curioso, utilizo con corbata y tal, pero no dentro), otras tantas mi rebeca de punto verde Amena (ahora Orange), algo menos un pañuelo cooooorto tipo cowboy rancio (no penséis) del mismo tono verde. Vaqueros as usual y botas negras de caña alta y tacón ídem por debajo de los pantalones. Todo ello aderezado con un trench –es que ahora decir gabardina no es nada cool, ¡ainsss!- y un moño desvencijado en la coronilla de mi cabeza acompañado de mi últimamente habitual flequillo a lo Betty Page (estoy hasta el moño, nunca mejor dicho, de dejarme crecer el pelo, ojjj, harrrta).
Bien pues todos esos elemento juntos hacen que mi look sea de... ¡¡¡PIJA!!! Tal cual.
Y lo que es peor, que en curro ya me hayan dicho dos féminas que estoy monísima de la muerte y que dicha indumentaria les gusta mucho más que la que llevo habitualmente...
:0
Recordadme cuando llegue a casa, a eso de las ocho y pico si unas pintas no se entrometen en mi camino- que adelante seis meses y medio la hoguera de San Juan.
Vamos, que raro es el día en el que me tengo que esconder tras la careta del hombre gris. Así que difundo el Calamity’s Style :P allá por donde mis posaderas se asientan. Ah, que, ¿cómo es ese estilo? Pues no sé. Como buena hija de mi tiempo que soy (y no os creáis que vosotros no lo sois, que os estoy viendo) el eclecticismo marca la pauta en mi vestimenta. No en vano el Grunge -eso sí, cuidado y limpio- era lo que se estilaba por aquellos ya lejanos años 90 (me estoy acordando ahora de mi Nick Cave... y no me preguntéis porqué).
El caso es que hoy han confluido una serie de elementos para que dicho estilo se haya ido a la mierda directamente: me he puesto cienes y cienes de veces mi camisa blanca (de hecho es una camisa que fuera del trabajo, qué curioso, utilizo con corbata y tal, pero no dentro), otras tantas mi rebeca de punto verde Amena (ahora Orange), algo menos un pañuelo cooooorto tipo cowboy rancio (no penséis) del mismo tono verde. Vaqueros as usual y botas negras de caña alta y tacón ídem por debajo de los pantalones. Todo ello aderezado con un trench –es que ahora decir gabardina no es nada cool, ¡ainsss!- y un moño desvencijado en la coronilla de mi cabeza acompañado de mi últimamente habitual flequillo a lo Betty Page (estoy hasta el moño, nunca mejor dicho, de dejarme crecer el pelo, ojjj, harrrta).
Bien pues todos esos elemento juntos hacen que mi look sea de... ¡¡¡PIJA!!! Tal cual.
Y lo que es peor, que en curro ya me hayan dicho dos féminas que estoy monísima de la muerte y que dicha indumentaria les gusta mucho más que la que llevo habitualmente...
:0
Recordadme cuando llegue a casa, a eso de las ocho y pico si unas pintas no se entrometen en mi camino- que adelante seis meses y medio la hoguera de San Juan.
Diez cosas por hacer
El jueves pasado se celebró en mi empresa la ansiada cena de Navidad. Sí, sí, ansiada. Nuestras cenas, por lo visto (y lo pude comprobar), son un tanto sui generis: nadie habla de lo bien o mal que marchan las cuentas, no existen jefes y empleados (de hecho los jefes demostraron ser algo más gamberros que alguno de sus empleados) y dura un día y medio, esto es, que nos vamos por ahí con todos los gastos pagados a hacer alguna actividad. Este año tocó circuito termal. Una gozada.
Durante la cena se otorgaron los premios NombreDeLaEmpresaTravestido 2006: al cachondo mental, al charlatán, al juerguista, al indeciso, al cliente más coñazo (este todavía no lo hemos entregado in person, je, je), al matrimonio feliz, al pijo, al trastornado mental... Y al menos ecológico. No os voy a decir cuáles me llevé yo (se admiten apuestas). Sólo apuntaré que no fue al menos ecológico (por fortuna).
Justo antes de la celebración de nuestra cena de empresa había ido al cine a ver Una verdad incómoda, la película del casi presidente de los EEUU Al Gore. No se puede hablar de ella con lenguaje cinematográfico, pero sí desde el punto de vista, digamos, moral. Verdades como puños.
Al día siguiente visité la web (pincha aquí, si quieres hacer lo mismo) y me encontré con un interesante decálogo:
1. Cambia las bombillas
Reemplaza las bombillas normales por bombillas de bajo consumo. Este simple gesto hará que 69 kilos/año de dióxido de carbono no contaminen la atmósfera.
2. Conduce menos
Muévete en bicicleta, camina, toma el trasporte público. Ahorrarás 460 gramos de dióxido de carbono por cada kilómetro que no conduzcas.
3. Recicla más
Puedes dejar de aportar 1.104 kilos de dióxido de carbono por año a la atmósfera con sólo reciclar la mitad de tu gasto doméstico.
4. Mantén a punto los neumáticos
Si tienes los neumáticos correctamente hinchados puedes ahorrarte hasta un 3% de combustible.
5. Usa poco el agua caliente
Se destina muchísima energía al mantenimiento del agua caliente. Utiliza menos agua caliente instalando un grifo en la ducha que dispense gotas finas de agua y lava tus prendas en ropa templada o fría.
6. Escoge productos sin embalaje
Puedes evitar que 550 kilos de dióxido de carbono vayan a la atmósfera si reduces tu basura un 10%.
7. Ajusta el termostato
Mueve el termostato únicamente dos grados de invierno a verano. Con este sencillo gesto puedes evitar que 920 kilos de dióxido de carbono por año contaminen la atmósfera.
8. Planta árboles
Un solo árbol absorbe una tonelada de dióxido de carbono durante su vida.
9. Apaga los electrodomésticos
Simplemente apagando el televisor, el DVD, la cadena musical y el ordenador (pero no con el mando a distancia, que no quede ningún pilotillo rojo en señal de standby) ahorrarás a la atmósfera montones de dióxido de carbono por año.
10. ...
En esta parte el señor Gore –me figuro que su departamento comercial- ofrece amablemente a los lectores que hablen a sus amigos de la película... En fin, doña mercadotecnia que todo lo puede.
Yo sólo os digo una cosa que un día oí a alguien (¿?) y me gustó: la Tierra no es un regalo de nuestros padres sino la herencia para nuestros hijos. Y sólo tenemos una...
Durante la cena se otorgaron los premios NombreDeLaEmpresaTravestido 2006: al cachondo mental, al charlatán, al juerguista, al indeciso, al cliente más coñazo (este todavía no lo hemos entregado in person, je, je), al matrimonio feliz, al pijo, al trastornado mental... Y al menos ecológico. No os voy a decir cuáles me llevé yo (se admiten apuestas). Sólo apuntaré que no fue al menos ecológico (por fortuna).
Justo antes de la celebración de nuestra cena de empresa había ido al cine a ver Una verdad incómoda, la película del casi presidente de los EEUU Al Gore. No se puede hablar de ella con lenguaje cinematográfico, pero sí desde el punto de vista, digamos, moral. Verdades como puños.
Al día siguiente visité la web (pincha aquí, si quieres hacer lo mismo) y me encontré con un interesante decálogo:
1. Cambia las bombillas
Reemplaza las bombillas normales por bombillas de bajo consumo. Este simple gesto hará que 69 kilos/año de dióxido de carbono no contaminen la atmósfera.
2. Conduce menos
Muévete en bicicleta, camina, toma el trasporte público. Ahorrarás 460 gramos de dióxido de carbono por cada kilómetro que no conduzcas.
3. Recicla más
Puedes dejar de aportar 1.104 kilos de dióxido de carbono por año a la atmósfera con sólo reciclar la mitad de tu gasto doméstico.
4. Mantén a punto los neumáticos
Si tienes los neumáticos correctamente hinchados puedes ahorrarte hasta un 3% de combustible.
5. Usa poco el agua caliente
Se destina muchísima energía al mantenimiento del agua caliente. Utiliza menos agua caliente instalando un grifo en la ducha que dispense gotas finas de agua y lava tus prendas en ropa templada o fría.
6. Escoge productos sin embalaje
Puedes evitar que 550 kilos de dióxido de carbono vayan a la atmósfera si reduces tu basura un 10%.
7. Ajusta el termostato
Mueve el termostato únicamente dos grados de invierno a verano. Con este sencillo gesto puedes evitar que 920 kilos de dióxido de carbono por año contaminen la atmósfera.
8. Planta árboles
Un solo árbol absorbe una tonelada de dióxido de carbono durante su vida.
9. Apaga los electrodomésticos
Simplemente apagando el televisor, el DVD, la cadena musical y el ordenador (pero no con el mando a distancia, que no quede ningún pilotillo rojo en señal de standby) ahorrarás a la atmósfera montones de dióxido de carbono por año.
10. ...
En esta parte el señor Gore –me figuro que su departamento comercial- ofrece amablemente a los lectores que hablen a sus amigos de la película... En fin, doña mercadotecnia que todo lo puede.
Yo sólo os digo una cosa que un día oí a alguien (¿?) y me gustó: la Tierra no es un regalo de nuestros padres sino la herencia para nuestros hijos. Y sólo tenemos una...
Yo también
Lo confieso: pertenezco a la secta blanca. Vale, en mi caso: negra. Mi Pospos (nombre con el que he bautizado a mi cacharrillo iPod de ni más ni menos que 80Gb) es negra.

Y soy feliz. Muuuuuuy feliz. Ja, ja, ja.

Y soy feliz. Muuuuuuy feliz. Ja, ja, ja.
Montañas rusas.
Yo la tengo en directo. Madrid, La Riviera, 02/12/06
Ir a un concierto sin los deberes hechos es lo que tiene: que no te enteras muy bien de lo que allí está pasando. Precisamente eso es lo que mi cabeza sufrió (muy entrecomillado esto de sufrir) el pasado sábado dos de diciembre en el concierto que Yo la tengo ofrecieron en La Riviera de Madrid. Apenas hacía dos días que me había comprado I’m not afraid of you and I will beat your ass, el último largo del la banda yanqui, y lo había llegado a escuchar tres o cuatro veces solamente. Ninguna sin demasiado detenimiento debido a mis quehaceres cotidianos que, oye, a una le gustaría dedicarse a esto de la música, pero también tiene que comer y tal.

La impresión de las primeras escuchas de este último disco fue que los Yo la tengo están más yo la tengo que nunca, que pasan de dimes y diretes musicales y que se lo han pasado bomba haciendo semejante engendro que va desde la balada más melancólica y triste (poso me figuro de su sublime And then nothing turned itself inside-out) al punk más desatado pasando por los guiños no ocultos a las maracas de Machín a ritmo de bossanova. Vamos, un disco difícil de escuchar para aquellos que no están acostumbrados a los cambios repentinos y chocantes.
Pues la misma sensación –sí, esa de estar de repente arriba de la montaña rusa para acto seguido caer en la más absoluta de las bajuras psicomentales- fue el recital que Ira, James y Georgia nos ofrecieron.
Lo que al principio parecía que iba a ser un recuerdo de toda la carrera de Yo la tengo terminó siendo un repaso por sus tres últimos discos (obviando bastante su Summer Sun, sin lugar a dudas su disco más flojo). Ira Kaplan, líder indiscutible de los tres de Hoboken, nos agradeció que estuviéramos allí (¡leche, nosotros tendríamos que ser los agradecidos!) y nos explicó brevemente que hace 20 años ellos también tocaron aquí y que precisamente de la misma forma iban a comenzar el concierto. Pero sólo fue el principio ya que más tarde pasearon ampliamente por “Everyday” y dejaron patentes los delirios de Kaplan con sus guitarras y su infinitud de pedales con “Pass the hatchet, “I think I’m goodkind”. Varias canciones más de And then nothing... salpicadas de las chispas eléctricas de I’m not afraid... se sucedieron para impregnar la estancia de una melancolía extraña que se vio rota de repente con la ejecución de “Tom Courtnenay”, corte pop donde los haya de su aclamado lp Electr-o-Pura, tomando entonces las riendas del cotarro James McNew, el bajista, teclista etc de los Yo la tengo (no os penséis que en esta banda cada uno tiene su instrumento adjudicado, qué va, aquí todos son multimúsicos). El público enloqueció. Más, he de añadir.
Quizá decayó un tanto el asunto cuando Ira abandonó sus guitarras y se acopló al asiento del piano. Siempre digo que los Yo la tengo tienen unas cuantas canciones espectaculares para ser ejecutadas en la quietud de tu casa, tranquilamente, tú contigo mismo, pero que no dan muy buen resultado en un concierto. Piezas como “Sometimes I don’t get you”, una preciosidad de canción para ser escuchada con alguien al que brindar tu ñoñería más absoluta, como “Beanbag chair” o “Songs for Mahila” o “Mr. Tough” o “Black Flowers” (será que como estaba sola en el concierto no las disfruté lo suficiente; tampoco era cuestión de babear al de al lado, ¿no?).
Pero nada que no se pudiera solucionar. Simplemente se trataba de la calma que precede a la tormenta -en este caso huracán- más absoluto. El solipsismo se rompió de repente con “Watch out for me Ronnie”, con “I should have known better”, con “The room got heavy”... Con la visita de amigos músicos de la banda (me vais a disculpar, pero ya no me acuerdo de los nombres; la próxima llevaré cuaderno de notas) que ayudaban a tocar la batería o a silbar el soniquete de “My little corner of the World”, corte que sirvió de banda sonora en la serie “Las chicas de Guilmore”.
Haciendo un guiño a los allí presentes –que, vamos, nos tenían a sus pies, os lo puedo asegurar- Ira se acercó al público y solicitó una canción que tocaron, por supuesto, como que aquello estuviera ensayado de antemano (que no, no lo estaba). “You can have it all” hizo que Georgia abandonase su silla de la batería y su timidez, se cogiera unas maracas e interpretara la canción al público.
Hicieron uno, dos y hasta tres bises. Sinceramente creo que ni ellos se creían lo que allí estaba pasando. No había manera de echarnos del recinto. Fuera de guión, sin tener las canciones preparadas, agradeciendo continuamente y de todo corazón el calor que le estábamos brindando desde el público, Kaplan seguía rindiéndose a nuestras peticiones. Las últimas canciones las elegimos nosotros (cause we worth it).
La hecatombe, la apoteosis, el redoble final llegó con “Sugarcube” el único hit que interpretaron en las dos horas largas que duró el concierto [pinchad aquí si queréis ver el vídeo ;)]
Pese a no escuchar ninguna de mis favoritas de la banda de New Yersey (ni “Big day coming” –eso que la pedimos a gritos desde el público-, ni “Pablo and Andrea”, ni “Green Arrow”, ni “Flying lesson (hot chicken #1)”...) y que el sonido de la sala dejó mucho que desear –hasta el propio Kaplan pidió disculpas- el concierto fue de 10. Vale, de 9,5. Vamos, un sobresaliente. Me dejó tan estupefacta que hasta el martes no pude recuperarme anímicamente de aquello (es una pena darse cuenta de que va a ser difícil ver algo tan fabuloso otra vez en tu vida).
Besos para todos y pásenme un buen fin de semana. C.
Ir a un concierto sin los deberes hechos es lo que tiene: que no te enteras muy bien de lo que allí está pasando. Precisamente eso es lo que mi cabeza sufrió (muy entrecomillado esto de sufrir) el pasado sábado dos de diciembre en el concierto que Yo la tengo ofrecieron en La Riviera de Madrid. Apenas hacía dos días que me había comprado I’m not afraid of you and I will beat your ass, el último largo del la banda yanqui, y lo había llegado a escuchar tres o cuatro veces solamente. Ninguna sin demasiado detenimiento debido a mis quehaceres cotidianos que, oye, a una le gustaría dedicarse a esto de la música, pero también tiene que comer y tal.

La impresión de las primeras escuchas de este último disco fue que los Yo la tengo están más yo la tengo que nunca, que pasan de dimes y diretes musicales y que se lo han pasado bomba haciendo semejante engendro que va desde la balada más melancólica y triste (poso me figuro de su sublime And then nothing turned itself inside-out) al punk más desatado pasando por los guiños no ocultos a las maracas de Machín a ritmo de bossanova. Vamos, un disco difícil de escuchar para aquellos que no están acostumbrados a los cambios repentinos y chocantes.
Pues la misma sensación –sí, esa de estar de repente arriba de la montaña rusa para acto seguido caer en la más absoluta de las bajuras psicomentales- fue el recital que Ira, James y Georgia nos ofrecieron.
Lo que al principio parecía que iba a ser un recuerdo de toda la carrera de Yo la tengo terminó siendo un repaso por sus tres últimos discos (obviando bastante su Summer Sun, sin lugar a dudas su disco más flojo). Ira Kaplan, líder indiscutible de los tres de Hoboken, nos agradeció que estuviéramos allí (¡leche, nosotros tendríamos que ser los agradecidos!) y nos explicó brevemente que hace 20 años ellos también tocaron aquí y que precisamente de la misma forma iban a comenzar el concierto. Pero sólo fue el principio ya que más tarde pasearon ampliamente por “Everyday” y dejaron patentes los delirios de Kaplan con sus guitarras y su infinitud de pedales con “Pass the hatchet, “I think I’m goodkind”. Varias canciones más de And then nothing... salpicadas de las chispas eléctricas de I’m not afraid... se sucedieron para impregnar la estancia de una melancolía extraña que se vio rota de repente con la ejecución de “Tom Courtnenay”, corte pop donde los haya de su aclamado lp Electr-o-Pura, tomando entonces las riendas del cotarro James McNew, el bajista, teclista etc de los Yo la tengo (no os penséis que en esta banda cada uno tiene su instrumento adjudicado, qué va, aquí todos son multimúsicos). El público enloqueció. Más, he de añadir.
Quizá decayó un tanto el asunto cuando Ira abandonó sus guitarras y se acopló al asiento del piano. Siempre digo que los Yo la tengo tienen unas cuantas canciones espectaculares para ser ejecutadas en la quietud de tu casa, tranquilamente, tú contigo mismo, pero que no dan muy buen resultado en un concierto. Piezas como “Sometimes I don’t get you”, una preciosidad de canción para ser escuchada con alguien al que brindar tu ñoñería más absoluta, como “Beanbag chair” o “Songs for Mahila” o “Mr. Tough” o “Black Flowers” (será que como estaba sola en el concierto no las disfruté lo suficiente; tampoco era cuestión de babear al de al lado, ¿no?).
Pero nada que no se pudiera solucionar. Simplemente se trataba de la calma que precede a la tormenta -en este caso huracán- más absoluto. El solipsismo se rompió de repente con “Watch out for me Ronnie”, con “I should have known better”, con “The room got heavy”... Con la visita de amigos músicos de la banda (me vais a disculpar, pero ya no me acuerdo de los nombres; la próxima llevaré cuaderno de notas) que ayudaban a tocar la batería o a silbar el soniquete de “My little corner of the World”, corte que sirvió de banda sonora en la serie “Las chicas de Guilmore”.
Haciendo un guiño a los allí presentes –que, vamos, nos tenían a sus pies, os lo puedo asegurar- Ira se acercó al público y solicitó una canción que tocaron, por supuesto, como que aquello estuviera ensayado de antemano (que no, no lo estaba). “You can have it all” hizo que Georgia abandonase su silla de la batería y su timidez, se cogiera unas maracas e interpretara la canción al público.
Hicieron uno, dos y hasta tres bises. Sinceramente creo que ni ellos se creían lo que allí estaba pasando. No había manera de echarnos del recinto. Fuera de guión, sin tener las canciones preparadas, agradeciendo continuamente y de todo corazón el calor que le estábamos brindando desde el público, Kaplan seguía rindiéndose a nuestras peticiones. Las últimas canciones las elegimos nosotros (cause we worth it).
La hecatombe, la apoteosis, el redoble final llegó con “Sugarcube” el único hit que interpretaron en las dos horas largas que duró el concierto [pinchad aquí si queréis ver el vídeo ;)]
Pese a no escuchar ninguna de mis favoritas de la banda de New Yersey (ni “Big day coming” –eso que la pedimos a gritos desde el público-, ni “Pablo and Andrea”, ni “Green Arrow”, ni “Flying lesson (hot chicken #1)”...) y que el sonido de la sala dejó mucho que desear –hasta el propio Kaplan pidió disculpas- el concierto fue de 10. Vale, de 9,5. Vamos, un sobresaliente. Me dejó tan estupefacta que hasta el martes no pude recuperarme anímicamente de aquello (es una pena darse cuenta de que va a ser difícil ver algo tan fabuloso otra vez en tu vida).
Besos para todos y pásenme un buen fin de semana. C.
No podemos volver a casa por Navidad porque todavía no nos hemos marchado de ella
Nunca he sido muy partidaria de tener una casa. Por supuesto que no me importaría, pero no es una cosa que me quite el sueño. Si los alquileres fueran justos -que no lo son-, no tendríamos la necesidad imperiosa de poseer unos cuantos metros cuadrados de tierra para acomodar nuestras posaderas.
Sin embargo no soy en absoluto ajena al problema de la vivienda en este país. Sobre todo en las grandes capitales. Así que copio textualmente un texto, al parecer de Forges, que me ha llegado vía email. Ustedes mismos podrán juzgar:

Ahí queda eso. Hay una serie de manifestaciones convocadas para el día 23 de Diciembre en las plazas principales de las capitales españolas. El lema de dicha manifestación es el título de este post de hoy. No puedo poner ahora mismo el link -si es que existe- de dicha convocatoria.
Yo estaré. ¿Y tú?
Actualización, 18.10 horas.
Ahí van unos links, por si os apetece mirar algo:
• V de Vivienda
• Zulitos. El nuevo concepto inmobiliario
• Vivienda Digna.es
Besos a todos. C.
Sin embargo no soy en absoluto ajena al problema de la vivienda en este país. Sobre todo en las grandes capitales. Así que copio textualmente un texto, al parecer de Forges, que me ha llegado vía email. Ustedes mismos podrán juzgar:

La nómina de mi padre en diciembre de 1979 era de 38.000 pesetas. Él trabajaba como peón en una obra. En ese mismo momento le ofrecieron comprar una casa. Le pedían un total de 500.000 pesetas por ella.
Decidió no arriesgar y continuar viviendo en régimen de alquiler, en unas condiciones muy buenas. Se trataba de una casa modesta pero muy bien ubicada, en pleno centro de un pueblo cercano a Barcelona. A los pocos meses mi padre y mi madre compraron un terreno en otro pueblo de la misma provincia y en menos de cinco años de esfuerzo ya habían levantado y pagado una vivienda de 120 metros cuadrados.
Han pasado 27 años. En 2006 y en el mismo pueblo donde viven, un piso modesto de 75metros cuadrados a las afueras no se encuentra por menos de 35 millones de pesetas, y estoy siendo muy generoso.
En el año 1979 el coste de un piso era del orden de 14 mensualidades de un peón de obra:38.000 pts/mes x 14 meses = 532.000 pts.
El sueldo en 2006 de un universitario recién titulado en ingeniería informática sin experiencia profesional no llega a las 200.000 pesetas mensuales (INCISO PERSONAL. Si lo llego a saber estudio informática porque yo, con casi siete años de experiencia, no he cobrado jamás esa cantidad y, sinceramente, creo que no la cobraré en mucho tiempo. Y no me quejo, conste. FIN DEL INCISO).
En el año 2006 una vivienda modesta cuesta 175 mensualidades (14 anualidades!!!) de un ingeniero informático:200.000 pts/mes x 175 meses = 35.000.000 pts
Los jóvenes de hoy necesitaríamos cobrar 2,5 millones de pesetas
mensuales para estar en igualdad de condiciones con nuestros padres que compraron una vivienda a principios de los años 80.2.500.000 pts/mes x 14 meses = 35 Mill. de pts
Los pisos en el año 2006 deberían costar 2,8 millones de pesetas para que los jóvenes de hoy estemos en igualdad de condiciones con nuestros padres en 1979:200.000 pts/mes x 14 meses = 2.800.000 pts
No encuentro adjetivo alguno en el año 2006 para calificar lo que mi
padre consideró arriesgado en 1979. Está claro que los pisos no van a pasar a costar de la noche a la mañana 30 veces menos, de 35 a 3 millones.
También está claro que no voy a cobrar 2,5 millones de pesetas mensuales, por muy buen trabajo que encuentre y por muchos estudios que tenga. Lo primero que se le ocurre a uno es seguir viviendo en casa de sus padres y ahorrar el 100% del sueldo durante los próximos 14 años, para el año 2020 (yo rondaré ya los 40 años de edad) tendré el dinero suficiente para comprar una vivienda al coste del año 2006 pero, por supuesto, no al coste del año 2020.
Evidentemente esta ocurrencia la desecha uno antes de hacer cualquier cálculo. Aunque un joven bienintencionado consiga ahorrar 2, 4 ó 6 millones con mucho esfuerzo en pocos años, a día de hoy nunca podrá evitar lo siguiente:
• Pedir un préstamo al banco a 40 o 50 años (si consigues ahorrar 2, 4 ó 6 millones puedes reducir el período a 35 - 45 años, pero 5 años no suponen prácticamente nada cuando estamos hablando de medio siglo de pago). Te darás cuenta de que no vives en una democracia sino en una dictadura. El dictador no se llama Francisco Franco o Fidel Castro sino La Caixa, BSCH, Banc de Sabadell o, en general, "la banca". Ni siquiera tendrás la libertad de decir lo que piensas a, por ejemplo, tu jefe, no vaya a ser que cierre el grifo y no puedas pagar al dictador.
• La otra solución es pagar un alquiler de por vida. En este caso el dictador se llamará Juan García, José Pérez o Pablo el arrendador. La situación no es distinta a la primera.
Después de esta reflexión ten la delicadeza de no decir a un joven que su problema es que no ahorra, eso fue válido para ti en 1979, incluso era válido para algunos jóvenes en 1999, pero no en 2006; en 2006 sólo consigues cargar con más impotencia, si cabe, al muchacho. El esfuerzo de nuestros padres, sin duda alguna admirable, no era estéril (podían obtener una vivienda de propiedad en un período de 5 años). El mismo esfuerzo realizado por nosotros, los hijos, sólo llega para quizá reducir en 5 años una hipoteca de medio siglo.
La vivienda nunca fue un objeto para enriquecerse, sino para vivir y es de lo poco material que sí necesitamos. La ley del libre mercado puede establecer el precio de los televisores de plasma al precio que quiera... yo no los compraré... pero nunca tuvimos que permitir que esa misma ley fijara el precio de la vivienda, porque todos necesitamos vivir en una y no todos podemos pagarla. Los jóvenes, incluso aquellos que tenemos estudios superiores, no podemos competir.
Ahí queda eso. Hay una serie de manifestaciones convocadas para el día 23 de Diciembre en las plazas principales de las capitales españolas. El lema de dicha manifestación es el título de este post de hoy. No puedo poner ahora mismo el link -si es que existe- de dicha convocatoria.
Yo estaré. ¿Y tú?
Actualización, 18.10 horas.
Ahí van unos links, por si os apetece mirar algo:
• V de Vivienda
• Zulitos. El nuevo concepto inmobiliario
• Vivienda Digna.es
Besos a todos. C.
Ya era hora
Entre pitos y flautas la bitácora de ésta vaca descencerrada surca los pastos por sus propios derroteros (un poco extraviada, todo hay que decirlo) y no me deja a mí -su dueña, escritora, llamémoslo X- publicar a su antojo.
Crónica medio escrita de mi visita a Ibiza (vamos, da para un cortometraje de lo más almodovoriano). Crónica escrita del súper concierto de los Yo la tengo (me figuro que a la inmesa mayoría de la gente que por aquí pasa se las traen el pairo los yolas). Infinitud de cosas por contar...
Pues nada que ahora le da a Pinochet por morirse. Hoy mismo me enteré, a la una de la madrugada, mientras intentaba conciliar el sueño con las noticias de la radio puestas. Y esto, que me perdonen todos los piadosos, católicos, compasivos y etc. de gente, pero es motivo de celebración. Así que nada, a celebrar se ha dicho.
Venía yo creyendo ya aquello de que "mala hierba nunca muere", pero, en fin, que habrá que pensar mejor en lo de "todo cerdo tiene su San Martín". Mas por desgracia descreer lo de que "el tiempo pone a cada uno en su sitio". Lástima que ciertos derechos y deberes prescriban con la muerte de las personas...
Crónica medio escrita de mi visita a Ibiza (vamos, da para un cortometraje de lo más almodovoriano). Crónica escrita del súper concierto de los Yo la tengo (me figuro que a la inmesa mayoría de la gente que por aquí pasa se las traen el pairo los yolas). Infinitud de cosas por contar...
Pues nada que ahora le da a Pinochet por morirse. Hoy mismo me enteré, a la una de la madrugada, mientras intentaba conciliar el sueño con las noticias de la radio puestas. Y esto, que me perdonen todos los piadosos, católicos, compasivos y etc. de gente, pero es motivo de celebración. Así que nada, a celebrar se ha dicho.
Venía yo creyendo ya aquello de que "mala hierba nunca muere", pero, en fin, que habrá que pensar mejor en lo de "todo cerdo tiene su San Martín". Mas por desgracia descreer lo de que "el tiempo pone a cada uno en su sitio". Lástima que ciertos derechos y deberes prescriban con la muerte de las personas...
Off
Mirad, podría hablaros de estupendísimo, apoteósico, mágico concierto de Yo la tengo en Madrid (lo haré, que lo sepáis). De que ya está aquí, como quien dice, la Navidad. De que tengo un trancazo fabuloso y febril, pero no.
Chicos, chicas, me voy aquí:

(fotografía prestada por Ibiza Dream)
Adiós. C.
Chicos, chicas, me voy aquí:

(fotografía prestada por Ibiza Dream)
Adiós. C.